La intención que tenía el pastor anglicano, Terry Jones, de quemar el Corán el 11 de septiembre, día de la conmemoración de la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York, era, ni más ni menos, equivalente a quemar la paz.
Inmediatamente después de la amenaza del pastor, se disparó la paranoia de los grupos extremistas islámicos, los mismos que efectuaron, o que aplauden, el ataque del 11 de septiembre y quienes no desperdician ocasión para afilar sus cuchillos y recordarnos que no descansarán hasta ver de rodillas a los occidentales, corruptores e infieles. Esa es su "Jihad", o guerra santa, la cual jamás se debe tomar a la ligera.
El absurdo acto que pretendía llevar a cabo el pastor de Gainesville, un tranquilo y bucólico pueblo del Estado de la Florida, era un acto propio del peor oscurantismo. Oscurantismo y fanatismo como aquel que, durante el Renacimiento florentino, incitó al monje Savonarola a ordenar las "hogueras de las vanidades", en las cuales se quemaron pilas de libros, entre ellos obras de Bocaccio y Petrarca, teniendo como excusa que corrompían el espíritu. La misma intolerancia y fanatismo llevó a la persecución del Popol Vuh, libro sagrado de los mayas-quiché, ordenada por Fray Diego de Landa en 1562 durante la colonización de la península de Yucatán y Guatemala.
Hoy, gracias a nuestro Dios y a todos los dioses buenos, en los cuales otros creen, el famoso pastor se retractó y, seguramente, encantado con su nueva notoriedad, declaró en Today, uno de los programas más vistos de la televisión norteamericana, que ya no hará dicha quema.
Ahora, yo les propongo analizar qué causó que este hombre llegara a hacer dicha amenaza. Sucede que el imán Feisal Abdul Rauf, director religioso de la comunidad musulmana que habita cerca a la zona donde solían estar las Torres Gemelas, en Nueva York, hoy conocida como la "Zona Cero", proyecta construir a cinco cuadras del lugar un Centro Comunitario Musulmán que incluye una gran mezquita. Naturalmente, esto tiene enfurecida a gran parte de los estadounidenses, como ya lo vimos por la actitud del pastor. ¿Es acaso este otro intento de acabar con la paz? ¿Por qué no hacer el famoso centro un poco más alejado de ese lugar donde tantos inocentes perdieron la vida a manos de fanáticos musulmanes? Claro que todos saben que los asesinos fueron exaltados terroristas cargados de odio contra Occidente. También comprenden que la mayoría de musulmanes condenan dicho acto, sin embargo la "Zona Cero" se ha convertido en un lugar casi sagrado para muchos, ¿por qué buscar un enfrentamiento construyendo una mezquita tan cerca? Esta mezquita será siempre una espina dolorosa en el dorso de Nueva York y una excusa para la exaltación.
Tolerancia y sentido común es lo que tanto unos, como otros, deben ejercer, para evitar lo que a veces parece inevitable, la aniquilación de la raza humana en una guerra mundial, que puede prenderse por una estupidez tan pequeña como cualquiera de estos dos actos, la quema del Corán o la construcción de dicha mezquita.