No tiene teléfono inteligente. Tampoco concibe los mínimos detalles que la gente puede compartir en Facebook. Y se desespera si tiene que hacer una presentación en Power Point. Es Radia Perlman, a quien apodan como la madre de internet, aunque ella no esté de acuerdo con esa denominación.
Es la creadora de algunos de los protocolos que dieron vida a la red de redes, entre ellos, el Spanning tree (SPT), que sirve para construir el mapa de la red para saber por qué rutas puede viajar la información.
"Sueño con que la tecnología sea fácil de usar", dice esta mujer a la que le ha tocado hacer parte de múltiples grupos de ingeniería, en los que nunca se amilanó a pesar de que sus compañeros enviaban un mail colectivo y lo encabezaban con el saludo: ¡Hola chicos…!
Y también se ríe de que la gente la pase por alto, a pesar de su impresionante hoja de vida con más 100 patentes, un doctorado en Ciencias de la Computación en el MIT y dos libros: Interconnections y Network Security, que resultan ser fuente de consulta permanente y de inspiración por su gran sentido del humor.
Más que programar, analizar
Más que equipararla con la típica "nerd" apasionada por "tirar código", ella prefiere definirse como una "pensadora", a quien le gusta aproximarse a los problemas, desde una perspectiva analítica y con todos los puntos de vista sobre la mesa.
De hecho, cree que no hay que enseñar a programar necesariamente a los más pequeños. Basta con promover el leer juntos o sentarse en la mesa a la hora de la cena y en vez de preguntar ¿cómo les fue hoy? discutir algún problema y buscar nuevas perspectivas para resolverlo.
Cree que llenar a los niños de dispositivos es una forma "inocente" de pensar que serán de gran utilidad para su futuro. Sugiere instalarles una app educativa, dejarlos que la expriman por dos horas y luego limitarles el uso del teléfono o la tableta. "Estos gadget suelen ser adictivos".
Tampoco es una científica aislada, le gusta socializar y odia los estereotipos: "Trato a todo el mundo por igual". Aún recuerda las anécdotas de sus hijos en la adolescencia. Una vez su hija dijo frente a toda la clase "mi mamá es una famosa científica de los computadores y sabe todo sobre ellos". Al día siguiente, los amiguitos de su hija la llamaban para decirle que si por favor le ayudaban a instalar la impresora.
Ríe con facilidad y está dispuesta a que le hagan preguntas básicas. Le fascinan porque le permiten "reconsiderar" las cosas de nuevo, aún las complejas.
La privacidad
Radia. Su nombre salió de una partida de scrabble, el juego para crear palabras. Sus padres querían que tuviera todas las letras del nombre Rubén, el del abuelo, y por ello llegaron a esa combinación, que parece no tener homónimo.
Cree que esa manera de documentar la vida, cada segundo, en estados de Facebook, resulta "mundana y aburrida". Asegura que de por sí ya hay tanta información sobre cada uno de nosotros en internet que no se necesita resumirla en Facebook, y antes bien, podría facilitar la tarea a quienes quieren hacer un poco de "minería de datos" y extractar algo de provecho.
La privacidad es una de sus preocupaciones, al punto de que creó el sistema denominado como Ephemerizer, para que la gente pueda guardar los datos y fijar una fecha de expiración, asegurándose de que de verdad desaparezcan a partir de la destrucción de las claves. De hecho, la criptografía es otra de sus pasiones.
Y con ello vuelve a ese sueño colectivo de que los aparatos "hablen entre sí", ¿pero quién quiere que el vecino controle la temperatura de mi casa?, cuestiona. El asunto es simple como concepto: lograr que solo los de mi casa se conecten entre sí. Ella es la científica que logra todo esto. Su ambición es que sea todo más simple.
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