Durante estos últimos años la economía colombiana ha venido transitando por una senda de crecimiento relativamente satisfactoria. Sin embargo, la misma está lejos de ser la óptima. Con una utilización más adecuada de los recursos y las capacidades disponibles, además de las que creen, el país tiene la posibilidad de crecer a tasas aún mayores.
Aunque el crecimiento se ha venido soportando cada vez más en las actividades minero-energéticas, los otros sectores productivos y de servicios, y en particular la industria manufacturera, tienen mucho que aportarle al desarrollo del país.
Según la ANDI, hasta octubre de 2011 el desempeño de la industria mostraba que la producción y las ventas crecían por encima del 6 por ciento, la utilización de la capacidad instalada era mayor al promedio histórico, el nivel de los pedidos venía en aumento y se percibía un clima favorable para los negocios. Adicionalmente, se observaba una tendencia a la internacionalización de las empresas.
Sin embargo, estudios recientes, como el liderado por José Antonio Ocampo y el Informe Nacional de Competitividad (INC) 2011-2012, muestran que a la industria nacional la aquejan problemas estructurales que le impiden alcanzar una mayor proyección y un crecimiento más dinámico.
Durante las últimas décadas la industria manufacturera ha venido perdiendo participación en el PIB total, asunto este que algunos interpretan como un proceso progresivo de desindustrialización. Adicionalmente, el aparato productivo y exportador está concentrado en bienes industriales de baja y mediana sofisticación. Las manufacturas de media tecnología participan con el 4,15 por ciento de las exportaciones totales y las de alta tecnología con 1,5 por ciento.
Lograr un crecimiento económico en el que el sector industrial cumpla un papel destacado requiere que las políticas públicas impulsen el cambio hacia una industria manufacturera altamente productiva y competitiva, capaz de incursionar en los mercados externos con productos que se caractericen por un creciente grado de sofisticación tecnológica. Para ello es indispensable, como lo sugiere el INC, que Colombia adelante un proceso de cambio estructural en su aparato productivo. En otras palabras, es necesario impulsar procesos de transformación productiva dinámica en el sector industrial.
Esto demanda la puesta en marcha de una activa política industrial y productiva que tenga como propósito el crecimiento vigoroso y sostenible de la industria manufacturera, el cual, necesariamente, deberá soportarse en la incorporación creciente de conocimiento a través de la innovación y en la exposición a la competencia abierta tanto en el mercado interno como en el mundial.
Para ello, la política industrial deberá crear las condiciones para que la inversión privada fluya hacia las distintas ramas industriales, florezca el emprendimiento en las actividades manufactureras con alto contenido tecnológico y se fortalezcan las relaciones de las empresas con las universidades, de tal forma que la generación de conocimiento sirva a los propósitos del desarrollo productivo. La creación y la acumulación de capacidades tecnológicas regionales y sectoriales constituyen el fin último de la política industrial.
Esto requiere del Estado la utilización de un variado y dinámico arsenal de instrumentos de política, en donde, siguiendo países exitosos, debe haber espacio para una aplicación más selectiva de los mismos. Esto deberá complementarse con la generación de una base institucional fundada en la creación de alianzas público-privadas.
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