Era el Medellín de finales de los años ochenta, los bombazos, las amenazas, del colegio a la casa, de la casa al club, 16 ciudades con fronteras. Sandra Uribe sentía que su espíritu creativo estaba encapsulado en la violencia de aquella ciudad y decidió irse a vivir a Estados Unidos.
Llegó a Miami siendo una adolescente y ya se graduó del colegio para luego pasar a vivir sus cuatro años de carrera universitaria más al norte, en Boston.
Hecha una profesional en comunicaciones volvió a la ciudad costera para casarse con un músico que le mostró el mundo de los sonidos. Ahí creó proyectos que la llevaron a varios países del mundo y a explotar su efusividad creativa para Discovery Network.
Creando promocionales y trabajando en el arte del canal siempre se acompañó de productores colombianos, principalmente paisas, que la mantenían aún cerca de Medellín. Realmente nunca se fue porque Sandra ha vivido unas dos décadas por fuera de Medellín pero al menos tres veces al año visitaba su cuna.
Por sus viajes y el trabajo siempre estuvo cerca de productores musicales como los de Estudio Uno y las voces de los niños de Cantoalegre. Entre tanta cercanía apareció un proyecto que le aplacó las alas y le está fertilizando las raíces.
En una de las lluvias de ideas de la empresa familiar se le ocurrió una propuesta para los Juegos Suramericanos de 2010: un musical que contara cómo Medellín estaba rasgando las cintas de los límites físicos y culturales, cómo los nuevos espacios estaban permitiendo el encuentro de sus habitantes y propiciaba un espíritu libre.
La empresa no obtuvo el contrato para los Juegos pero la idea de Sandra resultó ganadora porque uno de los creativos del proyecto le sugirió que la proyectara a toda la ciudad.
Fue una oportunidad inmejorable para salir de otra "burbuja" -así lo dijo ella- esta vez no propiciada por la violencia, sino por pasar la mayoría del tiempo en la casa o el escritorio de su trabajo.
Otro elemento que propició el proyecto que la tiene hoy trabajando sin jornada libre fue la reseña que leyó del libro Barro de Medellín, del escritor Alfredo Gómez Cerdá, que cuenta la historia dura y conmovedora de dos niños que se relacionan con los libros en el barrio Santo Domingo.
"Esa es la historia", pensó Sandra cuando la leyó, con tan buena suerte que el mismo Gómez Cerdá se la adaptó para teatro. Ella se acompañó de amigos y familiares para empezar a adaptar el guión al musical Barro de Medellín, que cuenta esa renovación que ella percibe en la ciudad.
En la idea se han unidos empresas, entidades, fundaciones y gente de a pie. Se han unido fuerzas de diversos grupos y las voces de niños de diferentes estratos.
Los niños de 4 Elementos Skuela, el proyecto de Henry Arteaga, de Crew Peligrosos, que ofrece clases de break, rap y grafiti a 200 niños de Aranjuez, son los protagonistas de esta idea junto a los integrantes de Canto Alegre.
Sandra se mueve con un gran equipo que trabaja por la idea buscando recursos y dirigiendo los ensayos. En noviembre será el lanzamiento de esta idea renovadora pero en el próximo Desfile de Silleteros se podrá conocer un adelanto de Barro Medellín, la idea que aterrizó a Sandra en su ciudad.
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