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SIN AÑORANZAS
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SIN AÑORANZAS

Por FERNANDO HENRIQUE CARDOSO | Publicado el 24 de diciembre de 2012

Es casi una constante empezar un año nuevo con un balance sobre lo que agoniza y con votos de esperanza para el futuro. En este enero, de no ser por la reiteración de la esperanza, habría dificultades en mantener el ánimo. Es mejor imaginar que ocurrirá algo positivo en el futuro, pues del año que terminó poco queda de bueno. En la vida personal es distinto. Cada quien hará el balance que más le agrade; en lo personal no tengo nada qué lamentar. Pero en los acontecimientos públicos, ¡cuánto desaliento… Aunque es bueno que la historia no se repita automáticamente. ¡Vade retro…

Comencemos con la economía y las finanzas internacionales. Cuando parecíamos estar saliendo de la recesión que arrastrábamos desde 2008, la recuperación mundial resultó más lenta y la crisis en Europa aun más profunda. Hay desolación por todos lados. Los estadounidenses, más pragmáticos, nadan de brazada en un mar de dólares convertidos en títulos de difícil solvencia, a costa del resto del mundo. Este no sabe qué hacer con la tasa de cambio para defenderse de la inundación de dólares, mientras E.U. posterga el día del ajuste final. Su índice de desempleo se mantiene elevado y aunque ya no aumenta; no muestra una recuperación vigorosa de la economía, sin caer todavía en el abismo fiscal vaticinado por la prensa, el temido "fiscal cliff". Los dos partidos no se ponen de acuerdo para definir una política fiscal que alivie las aperturas de la Tesorería. La sociedad parece bloqueada.

Los europeos pretenden hacer en serio lo que los estadounidenses dicen, no lo que hacen. Dirigen la economía con rienda corta, ortodoxos como nadie lo pudo ser antes. Y la economía, como el caballo del inglés que murió cuando estaba aprendiendo a no comer, va de austeridad en austeridad, deshaciendo el modelo social europeo, tan difícilmente construido, rompiendo, o mejor dicho, sofocando el Estado benefactor y destruyendo las bases de un pacto de convivencia aceptable. Y nada de crecimiento del Producto Interno Bruto ni de mejoría en las cuentas nacionales. De la crisis de liquidez del sector bancario los europeos pasaron a la quiebra de las tesorerías nacionales, mientras el euro continúa intrépido, como si fuera la bandera de la Alemania triunfante.

Incluso China, cuyo aparato productivo basado en las exportaciones fue creado en alianza con las multinacionales, tuvo que ajustarse a las circunstancias, pues hoy le falta el vigor del mercado externo de antaño. Trata de aumentar el consumo interno y crear una red de protección social, indispensable para infundir ánimo en la gente y hacer que consuma, en lugar de ahorrar para la vejez.

Si por lo menos la situación política mundial diera indicios de mejoría, podríamos tener consuelo. A fines de 2011, mis votos fueron por la construcción de un mejor gobierno mundial, proceso que se vislumbraba. No fueron escuchados, dimos marcha atrás. Las esperanzas suscitadas por el grupo de los Veinte se hicieron polvo y la regulación del mercado financiero quedó en rumores.

En el plano de las relaciones de poder, no hubo avances significativos, a pesar de los logros ya alcanzados: las relaciones razonables entre China y E.U., el desplazamiento del eje mundial a Asia, la aceptación gradual de Rusia como parte del juego de poder mundial y el reconocimiento del peso político específico de algunos de los países de economía emergente, como es Brasil. Lo que parecía un resurgimiento que permitiría el reconocimiento del mundo árabe-musulmán como actor global -la llamada primavera árabe- todavía es una incógnita. Como si no bastaran la desprolija intervención europea en Libia, que derivó en faccionalismo y violencia, la revuelta fomentada en Siria con un enorme costo humano, el fracaso de la intervención en Afganistán y el congelamiento de la precaria situación política en Irak, está también el estancamiento de las relaciones palestino-israelíes.

Hay, sin embargo, buenas razones para sospechar que 2013 nos prepare días mejores. Nos queda el consuelo de que, entre los brasileños, a despecho de lo ya dicho y del decepcionante Productito Interno Bruto, que parece trazar apenas una pequeña mejoría para el año en curso, el poder judicial desempeñó su papel. Sin regocijarme por lo que no me anima es forzoso reconocer que sí funcionaron las instituciones republicanas. Hay llanto y chirriar de dientes entre algunos poderosos. Hay tentativas desesperadas de negar las evidencias y acusar de farsa lo que es correcto. Pero prevaleció la serenidad de los que acreditan, como dice la bandera de los mineros sobre la libertad, que la justicia puede tardar pero no falla. Esos son mis votos.

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