El gobierno de Obama -consternado por la violencia en aumento en Siria y el bloqueo de una acción más dura contra el gobierno sirio por parte de Rusia y China durante el fin de semana- se comprometió el domingo a “redoblar esfuerzos” para sacar al presidente Bashar Asad del poder.
Hacerlo sin la fuerza de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no obstante, podría significar tener que hacerse de la vista gorda mientras otros países arman a la oposición siria, lo cual proporcionaría una receta para una guerra civil generalizada, dijeron algunos expertos en Siria.
El domingo, el gobierno de Obama buscó ir más allá del veto de Rusia y China un día antes de una resolución del Consejo de Seguridad al apoyar un plan de la Liga Árabe para un arreglo político en Siria. La secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton calificó al veto como una “farsa”.
Clinton, en declaraciones hechas el domingo en Sofía, Bulgaria, culpó directamente a Rusia y China del deterioro de la situación. “Esos países que se niegan a apoyar el plan de la Liga Árabe tienen toda la responsabilidad por proteger al régimen brutal de Damasco”, dijo Clinton. “Y es trágico que después de todo el trabajo que hizo el Consejo de Seguridad hubiera una votación de 13 a 2”.
Sin embargo, aun mientras Clinton y otros funcionarios gubernamentales prometían incrementar los esfuerzos para evitar que el gobierno sirio obtenga más armamento y reprima a los manifestantes, algunos expertos en Siria indicaron que Estados Unidos podría tener que ir más lejos. Cuando menos, podría tener que aprobar tácitamente que se arme la oposición siria.
Dicha acción llevaría a la guerra civil. Sin embargo, también podría crear las condiciones de una potencial guerra por poder en una región inestable, mientras Estados Unidos y sus aliados en Europa y el golfo respaldan a la oposición siria contra Asad, a cuyo gobierno apoyan Irán y Rusia.
“Hay un poco de Afganistán aquí”, dijo Robert Malley, el director del programa para Oriente Próximo y el norte de África en el Grupo Internacional de Crisis, refiriéndose a la lucha en 1980 de los combatientes muyahidines respaldados por Estados Unidos que resistían la invasión soviética de Afganistán.
“Estados Unidos continuará aumentando la presión sobre Asad, pero no son el tipo de cosas que cambiarán el comportamiento del régimen sirio”, señaló Malley. “La verdadera pregunta surgirá a medida que se intensifique la violencia. Habrá presión para hacer algo más”.
Funcionarios del gobierno de Obama han sido inflexibles hasta ahora en cuanto a que Estados Unidos no intervendrá militarmente en Siria. “Mire, no espere otra Libia”, dijo un funcionario gubernamental el domingo, quien habló a condición del anonimato.
Sin embargo, agregó: “Existe un peligro en aumento de que, si continúa la matanza que ha realizado Asad, otros podrían ofrecerse a ayudar a la oposición”. Esos otros, dicen él y expertos en Oriente Próximo, incluyen a Arabia Saudita, Catar y Turquía.
Clinton, al llamar “neutro” al Consejo de Seguridad, dijo que Estados Unidos trabajaría con sus aliados en nuevas sanciones contra Siria que buscarán eliminar las fuentes de dinero para el gobierno, así como los embarques de armamento que han permitido que Asad golpee con fuerza a los manifestantes. Insistió en que Estados Unidos “apoyaría los planes políticos pacíficos de la oposición para el cambio”.
Sin embargo, Clinton también indicó que se prepara ahora para una guerra civil. “Muchos sirios, bajo ataque de su propio gobierno, se movilizan para defenderse, lo que era de esperarse”, dijo.
Desde que se propagaron las protestas por la democracia a Siria hace 11 meses, el gobierno de Obama se ha esforzado para no parecer que Estados Unidos trata de organizar lo que sucederá después en Siria, por temor a que la imagen de una intervención estadounidense pudiera dañar más a la oposición siria que hacerle un bien. En particular, funcionarios gubernamentales dijeron que no quieren darle una excusa al gobierno iraní para intervenir, el mismo que tiene un interés enorme en el gobierno sirio y es el mayor partidario de Asad.
Funcionarios gubernamentales dijeron que no esperan que Asad capee el temporal y permanezca en el poder. Sin embargo, reconocieron que muchos factores dificultan su salida más que la de otros dos presidentes, Hosni Mubarak en Egipto y Zine el Abidine ben Ali en Túnez.
Irán está en el centro de las preocupaciones sobre Siria. Mientras los gobiernos de Túnez, Egipto, Libia y Yemen caían, los estallidos que llevaron a ese resultado fueron, en gran medida, internos, y sus ramificaciones más significativas se limitaron al ejemplo que dieron en el mundo árabe.
En contraste, un colapso en Siria podría llevar a una explosión externa que afectaría a Irán, Líbano, Jordania, Israel e, incluso, a Irak, dicen expertos en política exterior, particularmente si se convierte en una guerra civil del estilo de la iraquí.
Sin embargo, igualmente importante, dado que Irán y Hizbulá respaldan al gobierno sirio, Estados Unidos y Occidente -que ya batallan para frenar las ambiciones nucleares de Teherán, mientras aumenta el volumen del redoble del tambor de un posible ataque militar israelí-, deben calcular cómo una interferencia en Siria podría cambiar el juego contra Irán.