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Sobre meros y capos

27 de mayo de 2009
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Semana tras semana se anuncia la captura del mero mero o se proclama la guerra contra un nuevo tirano. Este ejercicio se repite de manera consciente y se espera que la opinión se mueva al vaivén de la exposición del capo de turno derrotado (ya sea muerto o aprehendido).

No hay la menor duda de que es legítimo y deseable asestar duros golpes a la criminalidad organizada en el país. Lo que trae incertidumbre es el anuncio que se hace tercamente después de cada golpe: ¡ahora sí (antes no) se derrumbará la estructura y triunfarán las fuerzas del bien!

No hay ciudadano que no quiera ver una versión criolla de la Liga de la Justicia, incluyendo el inevitable desenlace de cualquier episodio en el que algún superhéroe vence merecidamente al malo del paseo.

El problema es que la historieta no consulta lo que sabemos a partir de la criminología y que no todos los buenos son buenos y no todos los malos son malos. La criminalidad organizada que hoy enfrentamos es un bicho más sofisticado y más difícil de vencer que el Sindicato de la Injusticia (el liderado por el mago), Lex Luthor (el magnate millonario) o Kanjar Ro (el pirata espacial y traficante de segunda).

Claro que es colorido el ejemplo, pero nuestro mundo de Flechas, Mellizos, Iguanos y Tuertos también lo es.

Todos los estudios medianamente serios sobre criminalidad organizada enfatizan que, salvo excepciones, estas redes no cuentan con una estructura jerárquica rígida que se desempeña de manera piramidal. La estructura jerárquica clásica en la cual el poder se concentra en unos pocos y las órdenes fluyen verticalmente de arriba hacia abajo es cosa del pasado. Por lo tanto, derrotar al mero mero ya no es posible. Y con cada mero que se atrapa saltarán varios otros a la vista y otros intentarán mantener su control desde su escondite.

Extrañamente nos hemos acostumbrado a que la vida criminal se vive públicamente y a que todos conocemos un poquito sobre sus entuertos. Los malos del paseo cuelgan en su página web su estructura orgánica y nos la creemos. A manera de ejemplo, recuerden que las entonces Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá y, luego, la coalición efímera de las Autodefensas Unidas de Colombia facilitaron amablemente que el mundo entero conociera su estructura clandestina por medio del internet.

Ah, ¡clandestinidad! Lo peor, no obstante, es que esta versión quedó como el mapa del aparato organizado de poder que hoy intentamos desmantelar. Los malos por vía de propaganda nos dijeron cómo era el monstruo por dentro y esa es la versión con la que estamos trabajando.

Los estudios sobre criminalidad organizada nos dicen que las redes de hoy reflejan estructuras jerárquicas dinámicas basada en sincretismos identitarios y conexiones de conveniencia o espontáneas.

Se trata de relaciones dinámicas producto de transacciones entre grupos disímiles cuyos referentes principales pueden ser variantes (un enemigo común, un negocio deseado, etcétera). Los liderazgos personales son compartidos e inestables, se trata de redes criminales circunstanciales e instrumentales más que programáticas y finales.

Y en este contexto extraer a un supuesto capo no trae los resultados prometidos.

Recientes estudios confirman que la política de sustraer a los capos del narcotráfico no trae consigo los resultados deseados de disminuir el tráfico ilegal, incrementar el precio de la droga o disminuir la violencia. Por el contrario, la centralidad de la violencia en la regulación de los mercados ilegales conduce a resultados no esperados: reposicionamiento de los individuos que más efectivamente utilicen la violencia coercitiva e incremento de la ganancia para aquellos que sepan llenar el vacío.

Este es conocimiento que podemos usar o podemos continuar en la espiral eterna de perseguir el mal sin reflexión. Es necesario hacer frente a la lógica del mercado ilegal de manera integral (incluyendo, la captura y judicialización efectivas de los narcotraficantes), pero también debemos atender los temas de salud pública y conflictividad social que están íntimamente ligados con la lucha contra el narcotráfico.

* Director del Centro Internacional para la Justicia Transicional en Colombia y Profesor de la Universidad Externado de Colombia

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