Alas 8:00 de la mañana ya estaba en la cancha, listo para realizar su primer entrenamiento en la sede de Nacional, en Guarne. Y lo hizo con intensidad, a tope, así estuviera apenas con Juan David Valencia, el arquero juvenil Juan Carrasquilla, el preparador físico Carlos Tabares y el utilero Wilmar Osorio.
Aunque sus compañeros de Nacional le llevan tres semanas de ventaja en la pretemporada, la impresión que dejó en los trabajos con balón, con énfasis en definición, fue muy positiva. "Lo vi muy bien, llega en buenas condiciones. Juan Pablo Ángel es muy profesional, se cuida mucho y no va a necesitar un proceso largo de adaptación", dijo Tabares.
Esa disciplina que caracteriza a Juan Pablo es la que lo ha mantenido vigente durante casi 20 años de carrera futbolística, con pasos exitosos por Argentina, Inglaterra y E.U.
Su caso es especial. De los últimos compañeros que tuvo en Nacional, campeón de la Copa Interamericana en 1997 -es decir hace 15 años-, antes de fichar con River Plate, solo dos se mantienen en la alta competencia: Néider Morantes y Samuel Vanegas. El resto cumplió su ciclo, algunos más jóvenes que otros. La mayoría optó por seguir en el fútbol en cargos de entrenadores, formadores de talentos o empresarios.
"Ángel es un gran profesional, un tipo verraco y echado para adelante. Con su esfuerzo e inteligencia, si Nacional le ofrece alternativas de juego, tiene todo para justificar su contratación", advirtió su excompañero Diego Osorio.
Con 37 años de edad, Juan Pablo es ejemplo de cuidado personal y disciplina. Por eso hoy disfruta de lo que él llama, "un cuento de hadas" que le da la posibilidad de concluir su carrera en el equipo que lo vio nacer. Un sueño que no pudieron cumplir otros ídolos verdolagas, a pesar de sus insistencias, como sucedió con René Higuita y el mismo Faustino Asprilla que, aunque tuvo un segundo ciclo en el club, no se retiró vestido de verde.
El honor que empieza a vislumbrar Juan Pablo es el mismo que experimentaron en el pasado reciente Víctor Aristizábal y Mauricio Chicho Serna, quienes, luego de triunfar en el exterior, vinieron a poner la última huella en su cuna.
Aristi le augura un buen año: "cuando la hinchada lo recibe a uno con cariño, eso ayuda mucho, porque uno llega sin presión. Juan conoce el club, se cuida mucho, y tiene todo para triunfar".
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