Familiares, docentes, compañeros y amigos acompañaron por última vez a los menores, víctimas de la violencia en Villa Liliam.
Una mujer vestida de luto recogió del suelo la foto de uno de los dos jóvenes asesinados el pasado sábado en el barrio Villa Liliam, de la comuna 8. Entre el gentío que se reunía ayer en el atrio de la iglesia Jesús Nazareno para darles el último adiós, volvió a recostar contra una columna la imagen del adolescente, con la camisa del Atlético Nacional, equipo que fue su pasión.
“Te decimos adiós para toda la vida, aunque toda la vida sigamos pensando en ti”. La frase, escrita junto a la fotografía, encerraba el sentir de familiares, profesores, compañeros y amigos del muchacho, a quien muchos de estos últimos lo llamaban Cuchara, apodo con el cual le dieron un lugar en su barra.
Afuera, en las escalinatas abundaban las camisetas rayadas de verde y blanco, mientras que adentro el luto ocupaba la mayoría de los lugares.
Hubo lágrimas de niños junto a los dos féretros en que estaban los cuerpos de los estudiantes de la Institución Educativa San Francisco de Asís, que el domingo fueron encontrados descuartizados a la orilla de una cañada en el barrio Villa Liliam. Y es que la juventud y la infancia y la tristeza, predominaban en los rostros de los asistentes que llenaron el templo.
Desde el púlpito, el sacerdote recogió las preguntas por el valor de la vida y las razones que pueda tener cualquiera para arrebatar la alegría, los sueños y las ganas de vivir; interrogantes que embargaban a los presentes. Para dar consuelo se apoyó en una cita de San Mateo, aludiendo al texto en que el evangelista escribió: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”.
El párroco propuso a los docentes de los muchachos, dedicar esta semana en su memoria, ya que correspondía a sus fiestas patronales, en cuya preparación los dos adolescentes pusieron su talento junto a sus compañeros.
Descansen en paz
Con una mano puesta en el ataúd que tenía encima la camiseta verde y blanca con la que Cuchara alentaba a su equipo en el estadio, su madre lo despidió de pie.
A su lado, también junto al féretro con el cuerpo de su hijo, el padre del otro adolescente asesinado, también le dio la despedida que ya no escucharía el muchacho a quien sus compañeros le decían Tabú, que sus familiares recordarán por su carácter callado, así como por su talento para pintar grafitis.
Antes de recibir las condolencias de sus allegados, ambos padres sellaron en un abrazo el dolor que en adelante compartirán las dos familias.
Quienes acompañaban a uno y otro adolescente se separaron para estar con ellos por última vez en el cementerio San Pedro y Jardines Montesacro.
Un último coro se repitió cuatro veces en el atrio de la iglesia: “Cuchara no se ha ido, para nosotros sigue vivo” cantaron los muchachos con los que compartía su afición por el fútbol.
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me pregunto hacerca de la contrainteligencia militar,,mmmmm ya la comprarian tambien,,espero que sea pronto el tiem`po de la gente ...no de los corruptos y asesinos,,
Que triste Dios mio, hasta cuando tanta violencia.
NUNCA VAMOS A VER PAZ EN ESTE PUEBLO,MIENTRAS MUCHOS MIEMBROS DE LA FUERZA PUBLICA ESTEN ALIADOS CON TODOS ESOS BANDIDOS DE LOS COMBOS.
Descancen en PAZ. Dios de mucha fortaleza a estas dos familias.....
Estamos llevaos con los gobernantes de Medellín, tienen mas palabra los traquetos que las mismas autoridades.


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