Análisis Para llegar al título con el DIM en el 2004, mi sensación de campeón fue motivada por el instinto. Eran mariposas, un sentimiento muy especial el que se sentía en el estómago y el pecho cuando se logró amalgamar ese formidable equipo. Fue mucha la mística que rodeó al grupo. Ante todo éramos unos amigos del fútbol que querían hacer un gran equipo y una excelente campaña. En esto tuvo mucho que ver como cabeza don Javier Velásquez, quien le dio el visto bueno a todo lo que le propusimos.
Ante todo tuvimos canchas para trabajar, un cuerpo técnico que se entendía a la perfección y jugadores muy aplicados en lo táctico. Yo creo que una clave fue la inteligencia del elenco. Desde el primero hasta el último de los entrenamientos y los partidos hubo una expresión de amistad, colegaje y optimismo.
Yo era de los que jugaba cartas con los jugadores. Las concentraciones eran entretenidas, con las canchas al lado y al final de los entrenamientos se jugaba al futbolito de forma obligatoria por parte de todo el cuerpo técnico y auxiliares. Así logramos formar una familia para llegar al partido final ante el Atlético Nacional, que será recordado por mucho tiempo, pues era ganarle al rival de patio. Algo que no se olvida nunca. En esta final entre el DIM y el América el asunto está demasiado parejo. El rojo antioqueño que tiene fluidez, debe sacar dos goles de diferencia para tener alguna ventaja, porque al América no le da pena tener el balón, porque saber jugar bien. |