El Mundial también tiene sus héroes anónimos. Fueron muchas las mañanas de julio en las que Jorge Eliécer Velásquez estuvo pendiente de que el Atanasio Girardot tuviera más verdor en sus afueras.
Este humilde hombre hincha del Nacional como todos los de su casa, permaneció hasta ocho horas diarias en posición de cuclillas para hacer su trabajo del que la gente cuando pasaba por su lado le decía: "eso le está quedando muy bonito".
Jorge Eliécer, con el mazo dando y a Dios rogando para que los 350 metros de prado le quedaran bien puestos y le brindarán una cara de nueva esperanza como el color que siembra, a esos prados que están apenas a metros del epicentro mundialista.
El moreno Jorge Eliécer lleva cinco años en estas, en los que ha estado afiliado a una microempresa especializada en el mantenimiento de jardines y zonas verdes.
"Es mucho el placer que siento al hacer este trabajo. A la gente le parece difícil, pero lo hago con mucho ánimo y cariño para que el estadio se vea cada vez más bonito, sobre todo porque llegará gente de otros lados a estos partidos del Mundial".
El jardinero está ahí, pegado del prado, a pocos metros de un escenario al que no le gusta entrar, "porque a veces es peligroso".
Pero en esta cita del Mundial de todas maneras vendrá a echar un ojito con su señora y sus hijos, hinchas del Nacional, para ver así sea, por una rendija, a la vez que les podrá mostrar a los suyos el verdor de un trabajo que también para esta clase de personajes anónimos es un orgullo para el país, ese al que le hace fuerza con el fin de que pueda tener brillo por su fútbol ante el mundo.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8