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Y del Planetario, ¿qué?

09 de noviembre de 2009
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Regresar al Planetario de Medellín, después de varios años de ausencia, fue una experiencia traumática, desalentadora y preocupante. Primero, los excesivos controles de entrada que dejan ver una entidad hostil al visitante: que a qué va, que para donde quién va. Vengo a pensar, a meditar.

El Planetario es el templo de la ciencia, el aula del Universo, no una empresa comercial ni un fortín político. Si no hubiera tenido la buena suerte de encontrarme con un conocido, cuando fui en mis pasadas vacaciones, no lo habría podido visitar. Ya adentro del edificio, la sensación fue de vacío. ¿Dónde está la biblioteca? ¿Dónde la colección de minerales? Ya no hay observatorio ni terrazas para la observación del cielo. Ahora, para mirar las estrellas hay que compartir espacio con los que escuchan un concierto de rock o con los que juegan en los chapoteaderos externos.

El Planetario retrocede. Hace unas semanas cumplió 25 años y, como toda institución, celebró la efeméride con un acto protocolario, pero éste fue una ceremonia lánguida a la que, cosa increíble, no asistió ni el propio director de la institución.

Es indudable que el Planetario agoniza ante la mirada impávida de sus actuales gestores. Para darse cuenta de esta dura realidad basta con meditar en las palabras de uno de los ponentes de la ceremonia de celebración, confrontado a la pregunta "cómo le gustaría que fuera el Planetario dentro de 25 años". Con una sinceridad que le brotaba del alma dijo: "me gustaría que dentro de 25 años, el Planetario fuera como fue hace 15". Una frase dura, en especial cuando es pronunciada por un hombre de ciencia cuya vocación de astrofísico nació, cuando era aún niño, en el Planetario de Medellín y allí se cultivó. Y más dura todavía la frase de uno de los directivos de la institución, que no tuvo el coraje de pronunciar en público: "me sentí como si estuviera asistiendo, no a la celebración, sino al entierro del Planetario".

El Planetario es de la ciudadanía y nosotros, los ciudadanos, debemos hacer dos exigencias a las autoridades: primero que se le entregue a una entidad dedicada a la divulgación científica, pero no a un instituto cuya misión es la enseñanza media o superior, no la divulgación. Es cierto que hay instituciones educativas que tienen sus planetarios, pero éstos son de tamaño pequeño, aptos para la enseñanza a sus propios estudiantes o, por convenio, a estudiantes de otros centros educativos. Los planetarios para el público suelen ser, en todas partes del mundo, entidades independientes o adscritas a un centro divulgativo y sus puertas están abiertas para la entrada libre de la gente sin las restricciones que se tienen para el acceso a las universidades y colegios.

Lo segundo que debemos exigir es un llamado a la responsabilidad de quienes promovieron y permitieron el retroceso del Planetario hasta su actual estado; el Planetario debe ser para el bien de todos y sus puertas -intelectuales y físicas- deben estar abiertas sin restricciones para quienes se interesen por las ciencias del cielo y del espacio. Actuemos rápidamente, o el Planetario acabará siendo, o bien un estorbo para la ciudad, o bien, como ya se planteó alguna vez, una empresa ajena a la ciencia o (no sería de descartar) un centro de frivolidades.

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