El cielo de Medellín se acostumbra al vuelo de los drones

  • Dron sobrevolando el cielo de Medellín. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Dron sobrevolando el cielo de Medellín. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
Por DIEGO ZAMBRANO BENAVIDES | Publicado el 22 de septiembre de 2018
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permisos otorgó la Aerocivil a operadores en Antioquia para volar drones; 13 en Medellín.

en definitiva

En Medellín hay cursos en universidades como UPB y Eafit para pilotar drones. La gente los busca más para recreación que por trabajo, en ese caso no requieren licencia de la Aerovicil para volarlos.

El pequeño artefacto ha llegado al punto de caber en el bolsillo de un pantalón. Solo basta con desplegar sus cuatro motores, sus hélices, y por medio de un control remoto es elevado verticalmente desde el suelo. Algunos modelos tienen apenas 900 gramos de peso surcando el aire. De esta sencilla manera vuela un indeterminado número de drones en Medellín.

La Aeronáutica Civil, entidad que controla el espacio aéreo en Colombia y regula su uso, no tiene registro del total de estos dispositivos en el país —solo de los operadores con autorización de explotarlos en alguna actividad—, pero para tener una idea de la cantidad que pueden existir en la ciudad, la tienda Sky Motion reveló que, en promedio, al mes venden cerca de 80 del tipo semiprofesional; no obstante, en modelos de juguete, la cifra sube casi hasta 150.

Los hay de todo tipo: industriales, militares, profesionales o recreativos. Hace apenas tres años la cadena de Hamburguesas del Oeste fantaseaba con entregar volando sus domicilios, deseo frenado por la norma. ¿Para qué se están usando en Medellín? ¿Cómo están reglamentados? ¿Qué riesgos y cuidados se debe tener con estos equipos?

De militares a cotidianos
Así como el reloj de pulsera para hombres —que antes lo era de bolsillo— fue un invento de la Primera Guerra Mundial, o el Internet que inició como un proyecto militar estadounidense de finales de la década de los 60, los drones también partieron siendo instrumentos bélicos para volverse aparatos cotidianos.

Comenzaron como torpedos teledirigidos, en 1912; se les introdujo cámaras para espiar al enemigo en la Guerra de Vietnam (1955-1975); y aunque siguen siendo empleados por los ejércitos como aeronaves no tripuladas para disparar misiles, hoy son usados, también, para obtener el croquis de un siniestro vial.

Así es como Felipe Acevedo, fundador de Drone Studios en Medellín, comenzó con los drones en 2013, impulsado por el interés que existía en la ingeniería de hallar herramientas que permitieran capturar datos geográficos desde el aire, para generar y analizar mapas, de forma sencilla.

“Estos aparatos permiten no perder ningún detalle gracias a las tomas aéreas. Hemos trabajado como operadores con entidades públicas y privadas. Con el Área Metropolitana lo hicimos para medir la cantidad de escombros sobre el río Medellín que generaba riesgo de inundación”, explicó.

En 2016, la Secretaría de Movilidad de Medellín empleó cuatro equipos con el fin de obtener los croquis de accidentes de tránsito; sin embargo, ese despacho confirmó que ya no emplean la herramienta, sin dar más detalles.

Por otro lado, los drones son eficientes para labores de vigilancia. Por ello, dentro de las 16 compañías en Antioquia registradas ante la Aeronáutica Civil para operarlos (13 en Medellín) está la Empresa de Seguridad Urbana, ESU.

Preferencias y costos

En la tienda Sky Motion, ubicada en un centro comercial de El Poblado, más de la mitad de los compradores llegan interesados en adquirir los drones con fines recreativos; luego, alrededor del 25 % los buscan para trabajos audiovisuales, mientras que los usuarios restantes los necesitan para ingeniería o fumigar cultivos en zona rural.

Son cálculos estimados por el gerente del lugar, Andrés Guerra, quien agregó que mientras la gente, cuando comenzó el boom de los drones en el país, en 2015, estaba interesada en los más baratos o de juguete, ahora solicitan los semiprofesionales, con mejores características y sensores que abren más posibilidades (ver infográfico).

“El dron de juguete, que tiene una tecnología básica de cuatro motores y un giroscopio, es muy difícil de estabilizar, porque quien lo maneja debe controlar todo; los otros ya vienen con estabilizadores, brújula, y otros mecanismos que hacen que sea más fácil de volar”, reveló Felipe Acevedo.

El docente de Ingeniería de la Universidad de Medellín, Jhon Jair Quiza, considera que el éxito de estos aparatos se debe a su funcionalidad, porque permiten capturar fotos y videos que antes solo eran posibles desde aeronaves más grandes y a un costo mayor.

“Llaman la atención por el mismo sueño que tiene la gente de volar, también popularizados porque por su demanda los precios han bajado considerablemente”, señaló.

Los de juguete suelen tener un precio que ronda los $150.000, mientras que cuando integran sistemas de GPS y otros sensores cuestan cerca de $350.000; los semiprofesionales (más comerciales) tienen un costo que oscila entre los 3 y 6 millones de pesos, y aquellos industriales o profesionales pueden llegar a más de $60 millones.

Reglas de vuelo

La Aeronáutica Civil indicó que además de los 16 permisos existentes en Antioquia, en Bogotá han otorgado 64, en Cali dos y en Barranquilla uno.

Las cifras delatan que, aunque hay interés en la ciudadanía por la tecnología, la autoridad no tiene capacidad para controlar para qué se usan, por lo cual también existe un subregistro de empresas que los explotan sin licencia.

Por lo pronto, el país está lejos de acercarse a los cerca de 3.500 operadores autorizados en España; mucho menos al millón de permisos concedidos a los que llegó Estados Unidos en enero de este año.

“Muchas compañías dedicadas a trabajar con drones no están registradas ni cuentan con seguros contra todo. El dron es fácil de volar, pero no está exento de accidentes. La caída de un equipo en las catenarias y vías del metro puede alterar la operación del sistema. Y el caso es que hay seguros para dron que cuestan alrededor de $3 millones; es decir, mucho más costoso que para un carro, lo cual tampoco ayuda”, comentó Acevedo.

Mediante la Circular 002, la Aerocivil fijó en septiembre de 2015 las primeras condiciones para volarlos.

A quienes desean explotar los drones de alguna manera (periodismo, ingeniería, agricultura, seguridad) les exigen el registro, y las personas que los operen deben haber cursado seis materias (120 horas teóricas) en un centro certificado, en Medellín ofrecido, entre otras instituciones, por universidades como Eafit o UPB, con costos desde $1,3 millones hasta $2,5 millones.

No obstante, en la reglamentación no se contempló obligar a las tiendas a pedir licencia o certificado a los compradores, independientemente del tipo de dron y el uso que se les vaya a dar.

Andrés Guerra agregó que, para uso profesional, el piloto debe tener 40 horas de vuelo y al menos 200 aterrizajes y despegues, pero admite que es complejo que las autoridades logren controlar el tema todo el tiempo. “Puede que no haya siempre alguien que sancione en caso de infracciones”.

La circular también prohibe usar drones con hélices metálicas, volar cerca a zonas aeroportuarias, instalaciones militares o policiales y centros carcelarios, elevarlos a más de 152 metros de altura, o acercarlos a aglomeraciones de personas.

El listado de reglas es público y puede consultarse en línea en la página de la Aerocivil, y más vale documentarse porque además de las sanciones penales por eventuales daños a terceros, quienes incumplan la norma pueden enfrentarse a multas de hasta 600 salarios mínimos legales mensuales vigentes.

Corredores de drones
Que el cielo de las ciudades colombianas se sature de robots volando es bastante improbable, en opinión del ingeniero mecánico Federico Hinestroza, quien dicta un curso en Eafit de pilotaje de drones y cuadricópteros.

“Quizás en un futuro se puedan ver corredores en la ciudades en los que puedan ir estas pequeñas aeronaves. En el mundo, empresas como Amazon y Google han hecho pilotos entregando domicilios, pero creo que en zona urbana es difícil que tenga éxito, serviría más para llegar a zonas de difícil acceso”, expresó.

Hinestroza cree que los drones podrían ser fuente generadora de empleo y prestadores de servicios vitales. “Pueden facilitar la obtención de datos por contaminación ambiental, incluso, ser usados en atención o detección de situaciones de emergencia o riesgo”, anotó.

En Australia, desde 2017, la Universidad de Sidney desarrolla el proyecto Angel Drone, con el cual llevan con estos equipos suministros médicos a zonas alejadas de las ciudades.

La próxima década será clave para ver hasta qué punto evoluciona la tecnología de estos equipos. O por lo menos, ese es el pronóstico de Andrés Guerra, quien piensa que hay que explotar la eficiencia que se puede obtener de los drones en las labores de la ciudad.

En Medellín todavía parece una fantasía llevar hamburguesas por los aires, pero en el campo de golf King’s Walk en Grand Forks, Estados Unidos, desde el pasado 15 de septiembre se entregan refrigerios por solo tres dólares por medio de los bichos aéreos. ¿Será que estamos tan lejos?.

Contexto de la Noticia

OPINIóN DRONES NO PODRÍAN VOLAR
EN CONJUNTOS

ANDRÉS FELIPE AGUILAR
Docente de Derecho Civil en la Universidad de Medellín.
“No existe aún legislación sobre el uso de drones en unidades residenciales. Por eso, se entiende que mientras suceda, cada propiedad horizontal tiene autonomía de fijar sus normas de convivencia, siempre que no vayan en contra de derechos fundamentales. Es decir, se puede prohibir el uso de estos equipos en zonas comunes, aunque aún así estaría la posibilidad de que alguien tutele y el juez determine si se viola algún derecho. Lo que sí está claro es que al volarlos no se puede cruzar la barrera de la intimidad de los otros, por ejemplo, usarlos para voyerismo, lo cual puede denunciarse con la misma Policía. Incluso, desde mi punto de vista, pienso que la recolección de pruebas por este medio puede ser inválido porque se graba sin autorización, recaudadas ilegalmente”.
Diego Zambrano Benavides

Periodista de la Universidad de Antioquia interesado en temas políticos y culturales. Mi bandera: escribir siempre y llevar la vida al ritmo de la salsa y el rock.

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