De indígenas a hipsters: así se transformó el corazón de El Poblado

  • El Parque de El Poblado es ese oasis de árboles que sobrevive sobre la carrera 43A, entre calles 9 y 10. Un sitio con pocos metros pero muchos kilómetros de historia. FOTO esteban vanegas
    El Parque de El Poblado es ese oasis de árboles que sobrevive sobre la carrera 43A, entre calles 9 y 10. Un sitio con pocos metros pero muchos kilómetros de historia. FOTO esteban vanegas
Por Vanesa Restrepo | Publicado el 26 de abril de 2018
Infografía
Historia de El Poblado y su parque
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barrios componen hoy la comuna 14, El Poblado. El parque es parte del centro.

en definitiva

El Poblado fue el primer asentamiento del Valle de Aburrá. Se transformó de finca a barrio residencial y de ahí a zona comercial. Hoy es el corazón de la zona rosa de Medellín.

Un viernes en la noche, mientras toma cerveza en un bar al lado de la Iglesia de El Poblado, María Paula Rodríguez le pregunta a sus amigos cuántos años tuvieron que pasar para que El Poblado dejara de ser un hogar de casas lujosas y se volviera en la zona rosa de Medellín. “¿Cómo habrá sido este parque cuando no había bares”, dice y se queda pensando.

La historia del corazón de El Poblado suena distante para los más jóvenes, pero a Mauricio Jaramillo Vásquez, ingeniero forestal e investigador de la historia de los árboles de la ciudad, parece que fue ayer cuando la plaza -como la llamaban entonces- estaba enmarcada por un piñón de oreja de varios metros de altura. “Los árboles que hay hoy en El Poblado son muy jóvenes. Pero si ese árbol siguiera en pie (fue talado a finales de los 90 después de que se secó), probablemente sería el árbol más viejo de Medellín, con unos 190 años”, dijo.

Jaramillo evoca varias postales que tiene en su casa. En algunas aparecen fincas de descanso enmarcadas por árboles grandes -él siempre mira los árboles-; y cuenta que para la época entre más grandes fueran las plantas de la entrada de la finca, mayor era el estatus social de sus dueños.

Transformación

Hablar del origen de El Poblado es hablar del nacimiento de Medellín. En 2016, cuando la ciudad celebraba 400 años de historia, un grupo de académicos se reunió en la Universidad Eafit y presentó los resultados de varias investigaciones sobre la historia de la ciudad.

Allí Leonardo Ramírez Álvarez, politólogo de la universidad Sorbona de París (Francia) revindicó el papel de El Poblado en la historia de este valle. “En 1616 se creó un asentamiento con 80 indígenas varones, de entre 15 y 55 años, con sus respectivas familias (...) fue levantado por Francisco de Herrera Campuzano”.

Ese pequeño pueblito se llamó El Poblado de San Lorenzo y, según los registros citados por el experto, duró hasta 1685. La mayoría de indígenas que quedaban entonces en el Valle de Aburrá se concentraron en la zona.

Medellín, como pueblo, comenzó a crecer en 1645, luego de que en el sitio de Aná (Parque Berrío) se construyera la iglesia de La Candelaria.

La modernidad

León Restrepo, historiador y docente de la Universidad Nacional, cuenta que no fue sino hasta finales del siglo XX que El Poblado se perfiló como zona de residencia para las familias más pudientes.

Restrepo asegura que en el viejo Medellín la concentración de la riqueza estaba, como en todos los pueblos, alrededor de la plaza (hoy parque de Berrío). A finales del siglo XIX, con la expansión hacia Quebrada Arriba (La Playa), se mudaron hacia allá. De esa época queda en pie la Casa Barrientos. En los años 20 se fueron al barrio Prado, pero después de los años 40 migraron a Laureles, que era una zona exclusiva trazada por el mismísimo Pedro Nel Gómez.

“Y en los años 60 hasta principios de este siglo se da el cambio de fincas a casas familiares en El Poblado”, dice.

En el marco del parque, la calle 9 fue la semilla comercial, al punto que fue bautizada como “la calle del frito”, que era encabezada por la cafetería Los Saldarriagas, cuya desaparición, a principios de la década del 2000, fue lamentada por muchos bohemios. En los 90 llegaron los bares de rock que surgieron en casas de familia. De ellos aún hay dos abiertos al público.

Un viernes cualquiera, en la noche son los jóvenes, los que habitan el parque. Pero los domingos en la mañana aún se ven señoras rezando y campesinos vendiendo sus productos. La modernidad no extinguió el alma de barrio .

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