Los Colores: un barrio que lucha por proteger sus zonas verdes

  • Las zonas verdes y parques, son elementos característicos de Los Colores, al igual que sus edificios de balcones con diferentes tonalidades que le dieron su nombre al barrio. FOTO jaime Pérez
    Las zonas verdes y parques, son elementos característicos de Los Colores, al igual que sus edificios de balcones con diferentes tonalidades que le dieron su nombre al barrio. FOTO jaime Pérez
  • Los Colores: un barrio que lucha por proteger sus zonas verdes
Por valentina herrera cardona | Publicado el 03 de mayo de 2018
Infografía
Historia del barrio Los Colores
en definitiva

El barrio Los Colores, que surgió como parte del auge urbanístico en los años 60, vive otra vez una transformación con las nuevas unidades residenciales que allí se han construido.

Aunque es el mismo barrio, basta con pasar la carrera 77b , en dirección occidente-oriente, para sentir el cambio. Casas familiares tradicionales son superadas por edificios de más de 20 pisos que conforman unidades residenciales. Esta es la transformación que se da actualmente en Los Colores.

El sector siempre ha sido de vocación residencial. La construcción del Estadio Atanasio Girardot y la instalación de la sede de la Cuarta Brigada del Ejército Nacional, atrajo a familias de clase media y alta para tener sus casas allí.

El otro lado del río

Para hablar de la historia de Los Colores, hay que atravesar el río Medellín y llegar a Otrabanda, una gran planicie en el lado occidental del afluente.

Inicialmente se denominaba así al sector occidental entre Belén y Bello, pero poco a poco se fue reduciendo hasta lo que hoy comprende las inmedaciones de la calle 50, Colombia, entre las quebradas La Iguaná y La Hueso.

“El puente antiguo de Colombia o el de Guayaquil, eran unas de las pocas formas de llegar a ese lado del río desde el oriente, en el que sí se había dado un desarrollo urbanístico evidente”, cuenta Reinaldo Spitalleta, periodista e historiador local.

No había muchas casas, pero sí fincas, que luego dieron paso a fábricas: Tejicondor, Tejidos Leticia, Bartoplas, entre otras. También estaba la Biblioteca Pública Piloto y el Colegio Calasanz Femenino.

Este último, según relata la historia de la institución, fue construido en un predio comprado por una congregación religiosa a los señores Gayón y León. Se trataba “de un lote de 26.400 metros cuadrados a 18 pesos por unidad, teniendo que dar, al firmar la escritura, 50.000 pesos colombianos. A los tres meses $100.000,oo y el resto con un interés gradual del 9%, a un plazo de diez años”, detalla el documento.

Fue en los años 60, cuando el sector cobró importancia desde los urbanístico. Y antes de ser barrio, así como ocurre en muchas zonas de la ciudad, Los Colores eran mangas, a las que se conocían como cuatro vientos, agregó Spitaletta.

Así como la planeación urbanística creaba los futuros barrios vecinos como Estadio, Carlos E. Restrepo o incluso Laureles; en Los Colores sucedería igual.

Calles debidamente trazadas, parques y zonas verdes, casas para familias grandes, así como unidades residenciales pequeñas con apartamentos amplios, fueron ocupando esas mangas y reemplanzando algunas fábricas.

Una de unidades habitacionales incluso le daría el nombre al creciente barrio: Los Colores, un conjunto de edificios de fachadas de diferentes tonalidades.

Hilda Nelcy Vahos, presidenta de la Junta de Acción Comunal, resalta que uno de los aspectos diferenciadores del barrios son sus parques y zonas verdes.

“Son 12 en total. Y es algo que se ha conservado a pesar de la tranforamción de el barrio. Son el punto de encuentro de la comunidad, que en los últimos años ha variado bastante. Conviven personas mayores y matrimonio jóvenes que han llegado a comenzar su vida acá”, comentó.

Parque de la Vida, Cuatrovientos, Las Piedras, Colores de Paz, Arcoiris, El Milagroso y la Inmaculada, Parque de los Colores, son las zonas verdes que ya tienen nombre y fueron adoptadas por la comunidad. “La idea es que todos tengan su nombre, que la gente se apropie de ellos. También se van a sembrar más jardines, pues hay que hacerle honor al nombre del barrio”, indicó Vahos.

La fe como centro

Pero si de puntos de encuentro se trata, la parroquia San Clemente, en la calle 53, la principal del barrio, es el referente por excelencia.

Allí, detalló Vahos, cada fin de semana se celebran matrimonios “porque dicen que da buena suerte. Y los 14 de cada mes es como un sitio de peregrinación, pues allí está la réplica del Señor de los Milagros de Buga. Esa parroquia, se quedó pequeña”.

Javier Ramírez, quien vive en el barrio Estadio, prefiere caminar hasta Los Colores, pues disfruta más de la eucaristía en San Clemente.

“Toca ir más temprano, porque cada vez es más gente la que asiste, pero vale la pena. Además, en el barrio hay un ambiente muy agradable, todavía hay un aire tradicional y tal parece que se va a conservar un buen tiempo”, añadió Ramírez.

El reto de crecer

La tranquilidad que brinda habitar en un barrio como Los Colores, así como su cercanía a espacios deportivos y académicos, fueron la razón por la que Daniela Beltrán, escogió este sector para adquirir su primera vivienda propia. Ella habita en uno de los nuevos edificios que le han cambiado la cara al sector.

Un motivo similar, asegura Camilo Mora, fue el que lo llevó a quedarse en el barrio durante cerca de 10 años, “su ambiente familiar”.

No obstante, para Vahos, toda esta transformación ha carecido de planeación.

“Son unidades con muchos apartamentos y por ende, más vehículos para las calles estrechas. O edificios pequeños, pero sin parqueadero y las vías se convirtieron en estacionamientos. Son puntos por mejorar en el barrio”, anotó.

Entre tanto Daniela, Hilda y Javier, continuan habitando desde diferentes espacios Los Colores, el barrio en el que crecieron o escogieron para sus familias, pues es un lugar que en la caótica Medellín conserva, gracias a sus árboles, la tranquilidad que se necesita para vivir.

Contexto de la Noticia

anécdota un sector con aire familiar

Aunque es evidente el cambio que han traído las nuevas construcciones, con sus edificios y alto tráfico, Los Colores, es uno de esos barrios en los que se puede caminar con tranquilidad y habitar sus espacios públicos. Algo que se ha perdido con el tiempo en Medellín. Los parques y zonas verdes, el túnel que forman los árboles de la calle 53, así como los puntos de encuentro, su ubicación, los pasajes comerciales, la iglesia y plazoletas, hacen de este barrio un espacio ideal tanto para los residentes de antaño como para los nuevos. El reto es que estos últimos, también se interesen por cuidar lo público en el barrio, pues es la garantía para conservar su “aire de barrio familiar”.

Valentina Herrera Cardona

Periodista con sueños de historiadora. Apasionada por la Medellín antigua, su memoria visual y sus relatos.

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