Las manos de María Cecilia tejen esperanza en medio de crisis por Hidroituango

  • Con el rostro pintado y sus manos aferradas a una red de pesca, María Cecilia Muriel muestra el drama de los pescadores afectados por Hidroituango. FOTO cortesía centro de memoria histórica
    Con el rostro pintado y sus manos aferradas a una red de pesca, María Cecilia Muriel muestra el drama de los pescadores afectados por Hidroituango. FOTO cortesía centro de memoria histórica
Publicado el 04 de septiembre de 2018
en definitiva

La voz de María Cecilia Muriel lleva el mensaje de cientos de pescadores y barequeros que hoy no pueden volver al río Cauca, pues su pueblo está en alerta roja por la contingencia de Hidroituango.

Las manos de María Cecilia Muriel son creadoras. En ellas los retazos se convierten en bolsos, los cordeles se entrelazan para hacer redes de pesca, y unas cuantas tablas de madera terminan como herramientas para sacar oro del río Cauca.

Ella aprendió esas artes de su madre y sus 18 hermanos, y durante los últimos 10 años ha dedicado buena parte del tiempo a transmitir el conocimiento a sus vecinos, sus tres hijos y cualquier amigo que quiera aprender.

“Esto es lo que sé hacer, de esto vivo y con eso ayudo a sembrar esperanza en mi pueblo que ha sido tantas veces golpeado”, dice la mujer que vivió en la vereda Remolinos del corregimiento Puerto Valdivia hasta el pasado 12 de mayo, cuando una creciente del río Cauca —originada por el destaponamiento de un túnel en Hidroituango— se llevó su casa y la de sus vecinos.

A sus 39 años, María Cecilia es líder social de tres asociaciones comunitarias con influencia en 12 municipios del Norte y Bajo Cauca antioqueños: una de pescadores y mineros, otra de artesanas y una de mujeres defensoras del agua. Su trabajo, dice, tiene riesgos y por eso cada día reza por no ser la siguiente en la lista de defensores de derechos humanos asesinados en Colombia que, hasta ayer, dejaba 344 víctimas, según la Defensoría del Pueblo.

El desarraigo

María Cecilia creció en el río Cauca. Su familia llegó a Puerto Valdivia en 1997, huyendo de la violencia que azotó el corregimiento El Aro de Ituango a finales de los 90.

“La noche de la masacre del Aro (22 de octubre de 1997), recuerdo que empezamos a ver hombres armados. Uno de mis hijos estaba recién nacido y empezó a llorar. Aunque traté, no podía calmarlo, y uno de los hombres dijo que si no lo callaba, nos iban a matar como el resto. Ahí supimos que teníamos que salir corriendo”, recuerda.

La familia entera se desplazó por las montañas hasta Puerto Valdivia y vivió varios meses en las fincas de amigos y conocidos que les daban trabajo por temporadas. Hasta que encontraron el terreno de Remolinos donde edificaron su casa y vivieron del río.

Una nueva historia

Los recuerdos de los siguientes 10 años de María Cecilia están marcados por alegrías: la familia tejía atarrayas en la sala y caminaba 50 metros para arrojarlas al agua. “Había tantos peces que uno hasta los cogía con las manos y jugaba con los más chiquitos”, dice.

En los bancos de arena que había cerca de la casa, la mujer y su pareja aprendieron a identificar dónde había oro, a sacarlo con cajones de madera, lavarlo y venderlo. Según sus cuentas, en un día malo ella sola podía sacar del río hasta $70.000 en oro; y en las mejores temporadas subía hasta $200.000. A eso se sumaban las ganancias que le dejaba la venta de bocachico, barbudo, bagre y picuda; los peces que criaba en improvisados charcos armados cerca del Cauca.

Pero en 2008 todo cambió. Tras unirse a la Asociación de Mineros Artesanales y Pescadores Artesanales de Puerto Valdivia, Ampa, María Cecilia se encontró de nuevo con la violencia.

“El presidente de la Asociación de la época fue detenido y a mí me pidieron ser la secretaria suplente. Yo accedí y poco después asesinaron a Janeth, la secretaria titular. Ahí empecé a acercarme más a la comunidad y me convertí en lideresa”, asegura.

William Gutiérrez, presidente de Ampa, asegura que el trabajo de su compañera no ha tenido tacha alguna y destaca que siempre ha sabido darse su lugar. “Aquí hombres y mujeres trabajamos por igual, pero ella sabe defenderse y defendernos. Logra que la gente escuche y entienda el drama que muchos vivimos”, sostiene el hombre que también tuvo que dejar su casa cuando se declaró la alerta roja en Puerto Valdivia, hace casi cuatro meses.

El papel de lideresa de María Cecilia se potenció aún más en 2010, cuando empezó la construcción de la hidroeléctrica Pescadero Ituango (Hidroituango). Cerca de Remolinos se construyó una carretera para comunicar a Puerto Valdivia con la presa, y las retroexcavadoras dañaron varias de las playas en las que la comunidad sacaba oro.

Preocupada, buscó ayuda y se unió al Movimiento Ríos Vivos, que en los últimos años ha opuesto resistencia al proyecto. “Las autoridades nos dijeron, cuando empezó la construcción, que no había por qué tener miedo, que todo saldría bien... Y vea: el 12 de mayo nos quedamos sin casa, y ahora vivimos de un subsidio que nos da EPM”, agregó.

Hoy María Cecilia recorre el país pidiendo que les permitan a sus vecinos volver a vivir de lo que da el río .

Contexto de la Noticia

Paréntesis tejidos para la memoria

María Cecilia participó del programa “Voces para transformar a Colombia”, del Centro Nacional de Memoria Histórica, con el performance “Atarraya” que ya se presentó en Bogotá. Según ella, el espectáculo artístico muestra cómo vive su comunidad, cómo fabrican sus propias herramientas, y por qué la defensa del territorio es necesaria. “No se trata sólo de los mineros y los pescadores, también están la flora y la fauna, que forman parte del territorio y que han sufrido, igual que todos nosotros”, declara.

Esta lideresa estará en la Fiesta del Libro de Medellín el 15 de septiembre.

Vanesa Restrepo

Periodista. Amo viajar, leer y hacer preguntas. Me dejo envolver por las historias.

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