¿35 millones de dólares?….!Me lo llevo!

Y sí señoras y señores, la marca del automóvil más caro de la historia acaba de caer una vez más, esta vez a ruedas manos de un otro Ferrari 250 GTO de 1962, este,  con dos particularidades especiales: 1. NO es rojo y 2. Fue construído especialmente para Sir Stirling Moss, pero este nunca llegó a utilizarlo. El récord se logró en una subasta, como suele suceder.

Quien tiene al mundo sorprendido por semejante logro es el millonario holandés Eric Heerema, quien compró este ejemplar a un coleccionista japonés hace 10 años por 8 millones de dólares, o sea, se ganó la bicoca de 27 millones de verdes mientras disfrutó de esta joya en su garaje. Chévere, ¿no?. El nombre del comprador, un estadounidense, se mantiene en reserva.

Sobre esta pieza, hemos de decir que es la número 15 de las 39 que se hicieron en la planta de Maranello entre 1962 y 1964, todas con una marcada vocación racing, como le gustaba a Il Commendatore, Don Enzo Ferrari. Sus siglas indican que es un Gran Turismo Omologata y se trata de una berlinetta 2 puertas diseñada por Sergio Scaglietti, con un motor frontal V12 de 3 litros y 302 caballos, conectado al piso por una caja de 5 marchas a las ruedas traseras. La idea era competir con este modelo en la categoría GT pues fue el automóvil más rápido en su época (280 km/h). Gracias a ello, logró el campeonato de su categoría entre 1962 y 1964

El ejemplar del que hablamos hoy compitió sin éxito en las 24 horas de Le Mans y en los asientos tiene bordada la firma del 4 veces subcampeón mundial de la Fómula Uno, quien nunca lo pudo conducir gracias a un tremendo accidente previo que por poco le cuesta la vida y lo obligó a retirarse de la competición.

Los Ferrari 250 GTO son, de lejos, los automóviles más cotizados de la historia, pues un par de ejemplares ya habían sido subastados previamente por 20 y 25 millones de dólares respectivamente y ahora, este GTO verde lima desbanca al poseedor del récord absoluto, un Bugatti Type 57 SC Atalante de 1936 por el que se habían pagado 30 millones de dólares en 2010.

Parece ser entonces que, en tiempos de crisis (¿cuáles no lo han sido?), los clásicos siempre serán una buena inversión

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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