Prueba BMW G310 GS: absolviendo los pecados veniales.

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Textos: Fabían Berrío

Fotos: BMW Motorrad

La primera entró con la gracia que esperaba. El tiempo le dio paso a la segunda que encontró el envión suficiente para que con la tercera larga, la cuarta suficiente, la quinta dispuesta y la sexta completa, superara la distancia en un lapso tal, que hizo esbozar la sonrisa que el casco sin embargo ocultó.

Sin haber alcanzado siquiera el primer kilómetro, me di cuenta de que nos íbamos a llevar bien, aunque debo decirlo, me tomó por sorpresa el ruido de un motor que me pareció más de scooter que de una everyday adventure.

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En ese momento supe qué debía hacer: tomar una de las vías en ascenso que nos sacan de Medellín y buscar una buena carretera destapada, o como ya les dicen por estos tiempos en los que ya no alcanza el buen idioma de Cervantes, off-road.

Estaba montado en una moto BMW G310GS. No más subirme, sentí que mis 1,88 mts. se acomodaban perfectamente a su altura de poco más de 83 cm. del piso a la silla, pero sobre todo, por la ubicación y disposición de los pedales que no obligan a forzar el ángulo de los pies para accionar las palancas de cambios y freno trasero. Lo agradecí como una bendición, además, sabiendo que tiene 10 niveles de altura, posibilitando que personas de cualquier estatura se sientan cómodas en este su mundo.

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Mientras buscaba la salida, aproveché para poner en juego las habilidades que se van adquiriendo y necesitando diariamente al sobrellevar el tránsito de una ciudad como estas en una motocicleta. En ocasiones así, es inevitable hacer comparaciones, y una de las mejores cosas que sentí de esta moto y que a diario padezco en la mía, es la increíble suavidad de su dirección. Pareciera que la rueda está suspendida en el aire. No puedo negar que al principio, se siente extraño y hasta peligroso, pero después de unos veintisiete punto cuatro segundos (eso fue lo que me tomó a mí, creo), la sensación es fabulosa. Eso se debe a que el centro de gravedad está tan tirado hacia atrás, que hace que el peso en la parte de adelante simplemente se reduzca de manera dramática.

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Ahora nos encontramos subiendo por la vía a San Pedro. Acabamos de dejar Robledo, Pajarito, San Cristóbal y ahora pasamos la ye que lleva a San Jerónimo por la antigua vía al mar. La relación de marchas, el torque que parece de una eléctrica y la cantidad de caballos de fuerza de esta moto son tan eficientes, que podemos ir por aquí en quinta y sexta sin forzar el motor. En un intento por reverdecer laureles marchitos, ahora se dice que los cincuentas son los nuevos cuarentas, y tal vez así sea en esta máquina que en quinta, pareciera que estuviera en cuarta en máquinas de cinco cambios. Esto le da un empujón extra que la hace más eficiente y asertiva, algo que puede verse en los arranques en semáforos o al hacer sobrepasos en carretera. La entrada de los cambios es suavecita, armoniosa, deliciosa, como si de una caja automática se tratase. Diríase casi como la descripción de don Juan Ramón con su Platero.

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En las curvas, vuelca como una profesional y aunque mi pericia no es que sea la más grande, me transmitió la seguridad necesaria para encarar la carretera por donde iba. Por su promesa de doble propósito, quería tener mi aventura del día metiéndome por una de las tantas vías sin pavimentar que pueden encontrarse por estos lares y qué mejor que hacer una incursión por el corregimiento del Llano de Ovejas. Antes de hacerlo, accioné el botón del ABS que me había servido tanto antes, para inutilizarlo en este terreno como indican los cánones. No más ingresar a la vía, supe que lo del “doble propósito” no pasaría de un “cuarto de propósito”.

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La rigidez severa de su monoshock, sin posibilidad alguna de graduación, me pegó en los riñones con la sutileza de una demolición. Para superar la distancia que me había trazado, debí pararme en los pedales la mayor parte del tiempo, de modo que pudiera superar la travesía sin sufrir en mi cintura. Asignatura pendiente para la casa alemana.

 

Y entonces, lluvia.

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Como dicen los gringos en las películas: para ser honesto, aquí la prueba no fue mucha. No pasó de ser un pequeño tramo que sirvió sin embargo para darme que cuenta de que esta G310GS, es una moto bien diseñada en su conjunto y que al menos en mi caso, me transmitió la seguridad suficiente como para decirle a mi mamá que tranquila, que yo me cuido pero que la moto también me ayuda.

 

Unos kilómetros más al norte, comencé a darme cuenta de algo que sin embargo no me gustó tanto. Para mi gusto y tal vez por mi constitución, me parece que el manubrio no es lo suficientemente alto como para encarar un viaje largo. En este corto periplo que hice en solo unas horas de duración, esa molestia que empieza a sentirse en la parte baja de la espalda cuando se está en una posición incómoda, se hizo presente por el resto de la prueba, y aunque tampoco es que me obligara a bajarme, se puede intuir que en un viaje de varios días se convertiría en algo insufrible. En favor de la comodidad, debo decir que el asiento es lo suficientemente ancho como para satisfacer esta necesidad, eso sí, teniendo en cuenta el segmento al que pertenece la G310GS.

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Extrañamente, me pareció que esta 310 vibra más que mi 411. No es mucho pero no me lo esperaba para nada. Hubo algo con lo que quedé perplejo. Desde siempre BMW ha sido sinónimo de elegancia, distinción y refinamiento. Pues bien, encontrarme con la inaguantable, insoportable e inverosímil vibración de la farola delantera que de fábrica trae esta moto, la ubica perfectamente en el mundo asiático de donde procede y que necesita de unos cuantos años más para refinar. Es una lástima que en algo tan sencillo se yerre de manera tan considerable, aunque claro, eso es como la ley de la relatividad: el que va en ella experimenta esos “detalles” molestos, pero el que la ve pasar, se enamora con amor de primera vista.

El tablero es elemental pero eficiente. Muestra el cambio en el que va, viajes A y B, y demás información básica como nivel de combustible, cantidad del mismo en reserva, entre otras. En su todo, la moto tiene un buen cerca, pero un gran lejos. El amor se siente en el aire.

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Para ver las especificaciones completas, sugiero visitar la gran cantidad de portales especializados que existen en la web. Aquí estamos solo con las primeras sensaciones.

 

Ya de regreso, sin pensar en nada que no fuera esta BMW G310GS, pensé en eso que de siempre sentí por esta marca tan entrañable. Lo primero, es que ahí, en el fondo de su esencia está el espíritu que ha hecho creer al resto del mundo que es fácil llegar adonde otros no pudieron. Por otro lado, tener entre las piernas un aparato con el logo redondo negro, blanco y azul de una BMW, se convierte en una experiencia, en algo que invita a preguntarse: ¿será que me merezco esto? Es el “mood” de ellas, el talante, el coqueteo propio que con el tiempo se convierte en amor verdadero. Es como te sientes pero además quieres decirlo, demostrarlo.

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En esta moto, todos los días parecen viernes de verano. Para quienes ya frizamos los ticinco, quita años, rejuvenece. ¿Que otras motos pueden hacer lo mismo? claro que sí, pero que sea una BMW de mediana cilindrada la que lo haga, maravilloso. La conducción de esta máquina se vuelve en algo tan personal, que invita a ponerle nombre, a volverla de la familia. Porque con ella, se redescubre que montar en moto no es bueno porque es más eficiente, se demora uno menos, baja el consumo de combustible, transmite esa sensación de libertad… no. Bueno, sí, también; pero lo que uno retoma a cada metro en esta peque de la casa bávara, es que montar en moto es simplemente, divertido. Lo que sentí a las once de la mañana, podría compararse a lo que sentí a las tres de la tarde solo por el hecho de que fue la más pura felicidad, eso sí, haciendo énfasis en que mientras esté la mayor parte del tiempo en carreteras debidamente pavimentadas.

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Por más de cien años, BMW ha entregado su legado en forma de prestigio y la G310GS captura ese legado en la esencia íntima de la marca. Algunos detalles no tan dignos de este ejemplar, podrían ponerla a correr un riesgo innecesario por querer rebajar costos, que al final del balance financiero anual puede traer ganancias, pero con el peligro de que rumores con fundamento puedan hacerle daños complicados de reparar.

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Todos tenemos un papel en el mundo. Están los que crean y los que disfrutamos de lo que crean. Si yo tuviera los veinticuatro millones que vale la BMW G310GS probablemente la compraría, pero hasta que me aseguren que esa insufrible farola no se va a mover más.

 

 

 

 

Pros:

 

  • La relación de torque y caballos de fuerza.
  • La suavidad de los cambios y la relación entre ellos.
  • La docilidad de la dirección por su centro de gravedad retrasado.
  • Frenos ABS.
  • 10 modos de regular la  altura
  • Vuelca eficientemente en las curvas.

 

 

Contras:

 

  • El sonido del motor pertenece a una moto de menor cilindraje.
  • Suspensión demasiado rígida.
  • La farola delantera suelta.
  • El manubrio un poco bajo.
  • Vibración mayor de la esperada.
  • Cierta sensación de construcción barata.

 

 

 

 

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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