Prueba Chevrolet Spark GT LTZ 2019: test de sobriedad

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Con el facelift que acaba de tener el Chevrolet Spark GT me pasó lo que ya he experimentado con otros carros, que la actualización se me hace anterior a la pasada. Es decir, se veía más moderno el modelo antecedente, que en su momento, 2010,  lucía tan futurista y avanzado que su aspecto permaneció inalterado durante ocho años sin que se notara su vejez. Ahora y aprovechando el cambio de frente, espalda y algunas mejoras en equipamiento, probé este Spark para buscar sus cualidades como superventas del segmento de entrada al mercado nacional.

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El Chevrolet Spark es un automóvil del segmento A (City Car) con aspecto de minivan, tendencia iniciada hace 25 años cuando el entonces revolucionario Renault Twingo debutaba en el mercado. Este tipo de carrocería ofrece una sensación de amplitud que en este Spark está bien conseguida por la visual hacia adelante. Los laterales y la trasera son un poco restringidos pero sin generar una sensación claustrofóbica.

Por fuera

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Su diseño y configuración son obra de la extinta Daewoo, hoy en día GM-DAT, una filial de la todopoderosa General Motors con base en Corea Del Sur. Tiene su antepasado en el recordado Daewoo Matiz, comercializado en Colombia desde finales de los años 90 y hasta entrado el siglo 21. Incluso, su carrocería se conserva en el anticuado Chevrolet Spark Life, al que hace rato le pasó la hora de la jubilación, pues ya no cumple con estándares decentes en pruebas de seguridad. Pero este es nuestro mercado y así hay que entenderlo. En fin, que el GT, denominado internamente M300, es otro tema en cuanto a diseño: moderno, actual, juvenil y con un equipamiento  acorde a lo que se espera de él, lástima que el alto precio no lo acompañe. Pero de eso hablaremos luego.

En el exterior el rediseño es evidente en el frontal, donde adquiere nuevas luces, parrilla, entradas de aire, exploradoras y paragolpes. Atrás también encontramos una nueva presentación del portón trasero, luces y paragolpes. Esta cirugía fue ideada en el centro de ingenierìa de GM en la India para ser armada en la planta de Colmotores en Bogotá.

Por dentro

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En el interior encontramos un ligero cambio del cuadro de instrumentos, que ahora es ovalado. Siempre ha llamado la atención porque parece de motocicleta, pues va flotante sobre la caña de dirección  pero resulta legible y es muy fácil su operación, aunque no muestra la información de consumo medio, solo la autonomía. Un faltante inexplicable. Un nuevo miembro de la cabina es la pantalla táctil de infoentretenimiento con el sistema MyLink con ChevyStar, propio de la marca, además del sistema de integración Apple Car Play, Android Auto y el Bluetooth (versiones LT y LTZ). La verdad me gustó mucho porque es facilísima de operar y es muy práctica. Tiene siete pulgadas, cámara de reversa y la información y las funciones necesarias sin tanta lucecita ni botonería recargada.  Las entradas USB y Aux In también son de serie en la versión probada (LTZ). Gracias a este rediseño, el baúl aumenta su capacidad en 22 litros y ahora anuncia 192 de maletero. Ahí, bajo el piso, va la rueda de repuesto temporal. Los asientos traseros son abatibles en proporción 60 / 40. El espacio interior, en general, es bueno, acorde con su tamaño y la acomodación recomendada es para cuatro personas. No hay problema para pasajeros de talla alta (hasta 1.85) La distancia al techo es buena.

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Aunque hay plásticos duros en toda la cabina, cambian algunas texturas y hay nuevos apliques en tono gris para la consola central. El volante es de nuevo diseño y hay acentos cromados para ganar relevancia en la presentación. El paquete eléctrico (vidrios, seguros y espejos) es completo en la versión probada. En general, la cabina presenta buenos espacios para desocupar los bolsillos, incluso hay una zona especial con ranuras para monedas . Los asientos tienen una tela en dos tonos con alguna decoración que le da un aire juvenil pero no se ve muy resistente al paso del tiempo. La sujeción lateral es apenas justa.

En el tema de seguridad encontramos lo básico que exige la ley, doble airbag delantero y frenos ABS. Los asientos traseros llevan anclajes Isofix para las sillas de bebés, hay cinco cinturones y apoyacabezas en todas las plazas, un gran punto a favor.

Motor

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Esta nueva cara conserva su corazón, el motor tetracilíndrico S-TEC II 16V de 1,2 litros y 80 caballos con 108 Nm de torque, gestionados por una caja manual de cinco marchas que dosifica la potencia a las ruedas delanteras. Por ende, sigue siendo tan ruidoso como el de la generación anterior, pero la entrega de potencia es muy aceptable. A ritmos de ciudad demuestra alegría y se torna ágil en terreno de ascenso. El torque, de 11 kg-m a 4.800 rpm, y las relaciones de caja le ayudan a ello y conducirlo con tres pedales no resulta un ejercicio fatigoso. Es más si nos ponemos en plan “divertido” podemos sacarle una que otra cualidad más allá de su vocación de transporte de un punto A a un punto B.

A la comodidad de manejo contribuye la implementación de una dirección con asistencia eléctrica, que lo hace muy llevadero entre el tráfico y en maniobras de aparcamiento, donde la facilidad para mover las ruedas es superlativa. GM dice también que este tipo de asistencias mejoran el consumo de combustible, pues su operación no utiliza potencia del motor.  El volante, de muy buen agarre, incorpora los botones para el manejo del audio y la telefonía.

Rodando

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Aunque el volante es fijo, no se regula ni el altura ni en profundidad, el asiento sí lo hace y así puede conseguirse una posición cómoda de manejo y buena visual, porque la carrocería es del tipo minivan. El propulsor ofrece buena respuesta aun en bajas, siendo multivalvular. Es ruidoso, como ya lo hemos anotado y la insonorización no es el fuerte de la cabina. El peso, por debajo de la tonelada (940 kg, 30 menos que el modelo anterior), hace que se mueva de forma ágil, suelta y la respuesta sea vivaz. La caja está muy bien formulada (son nuevas su relaciones) y ayuda bastante a gestionar la potencia. El manejo en ciudad es muy relajado por la asistencia eléctrica de la dirección, que hace sumamente fácil las maniobras de estacionamiento en cualquier forma y el esfuerzo para hacer girar las ruedas es mínimo. Es muy directa y agradable

En ruta abierta, se desenvuelve al ritmo del tráfico normal. Sube bien pero no es ninguna bala, lo hace a su ritmo pues recordemos que su vocación es claramente urbana. La suspensión no tiene mayores reproches. Filtra relativamente bien las imperfecciones del camino y no alcanza su tope con facilidad, o no por lo menos con un solo ocupante y sin carga. Las llantas, en medida 155 / 70 en aros de 14 pulgadas, se comportan acorde a las circunstancias y vocación del carro. El mismo concepto va para los frenos, que detienen bien la masa de la carrocería en recorridos urbanos. Infortunadamente no pude tener este carro más tiempo para realizar una prueba más profunda en carretera abierta y chequear la fatiga del sistema de detención.

La marca dice que el carro hace hasta 70 kilómetros con un galón de gasolina en circunstancias ideales, esto es, nivel del mar, via recta, un solo pasajero y viento a favor. Yo no pude chequear su consumo pues el computador de viaje no muestra esa opción, o por lo menos no pude encontrarla.

Conclusión.

El Chevrolet Spark es un modelo de entrada con clara vocación juvenil o de utilización urbana. el rediseño lo mantiene actual dadas las bondades de sus formas, aun vigentes después de ocho años. Tiene un equipamiento sobresaliente en el versión más cara (LTZ), cercana a los 40 millones de pesos, precio que me parece alto pues en esa zona ya compite con modelos del segmento B, más potentes, grandes e igualmente bien equipados. Pero tiene su público, que tal vez lo siga manteniendo como uno de los tres carros más vendidos en nuestro país. Puesto al que podría aspirar si la factura final fuera un poco más benévola con el comprador.

 

 

 

 

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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