Prueba MINI Paceman Cooper: Un gran chico

MINI propone dentro de su ya amplio portafolio, algo así como la versión coupé del todocamino Countryman. Es el MINI más grande y alto que se consigue y está enfocado, según voceros de la marca, a parejas sin hijos que necesitan incursionar en el campo de vez en cuando. Blogaraje tuvo entre manos la versión Cooper con la caja automática de 6 velocidades.

El Paceman, producido en la planta de la empresa Magna en Graz (Austria), se vende en el país desde comienzos de 2013 y no se ven muchas unidades en la calle, como tampoco de ven del Roadster, el Coupé y el Clubman, los modelos más especializados y de nicho, entre una marca que ya de por sí es de nicho. Tiene, como todos sus hermanos, tres versiones, la Cooper, la Cooper S y la John Cooper Works. Se diferencian por la potencia del motor y algunos aspectos estéticos. El Cooper que nos tocó en suerte tiene el 1.6 aspirado de 122 caballos.


Un rasgo muy característico del Paceman es el diseño de su línea de techo, que está más inclinada hacia atrás, como en la Land Rover Evoque, con los vidrios laterales y el trasero muy justos. Y como en el Countryman, tiene los asientos traseros individuales (con anclajes Isofix) separados por un riel en el que puede acomodarse un portavasos, un portagafas o un portaobjetos en diferentes posiciones a lo largo. Estos asientos corren y  son abatibles para permitir una expansión de la capacidad de carga del baúl, que en el peor de los casos es de 330 litros, 20 menos que el Countryman. El Paceman es el unico MINI, junto con el futuro Clubman, que tiene las luces traseras más anchas que largas.

El interior no tiene reproches en su ejecución de calidad y materiales. Ofrece buenas sensaciones en este apartado sin lucir con sobrecargas o lujos innecesarios. La anchura es buena para que los pasajeros no se toquen, los asientos, en una bonita combinación tela / cuero, acogen y abrazan bien y la posición de manejo es muy conseguida. Esta versión Cooper no tiene la posibilidad de llevar techo eléctrico de cristal.

En la foto:Versión mecánica y con GPS

El tablero se ha modernizado y la “balanza” central tiene ahora una pantalla multifunción que se opera mediante un mando remoto ubicado en la consola, heredado de BMW. Allí pueden chequearse funciones de audio, consumos y monitoreo del motor y sus componentes, sensores de reversa, entre otras comodidades. Los acentos metálicos le dan un toque premium al ambiente de cabina, aunque algunos botones y palancas, tanto en la consola como en el techo, son muy pequeños y confusos de operar. Cuesta un tiempo acostumbrarse a su manejo y ubicación .

Como dato curioso, los mandos de las ventanas eléctricas están en las puertas y no en la consola, como en los otros MINI. El equipamiento de serie, pese a ser la versión de entrada, incluye seis airbags, control de estabilidad, climatizador automático, numerosos huecos portaobjetos, luces interiores con ambientación de colores y la ya mencionada  consola Center Rail. El mando del freno de mano asemeja el acelerador de un avión.

Mucho y poco

Hay que aclarar que el Paceman no es un SUV ni es apto para circular por terrenos muy quebrados. Pueden hacerse con él incursiones sencillas por terrenos destapados ligeros, pues la altura sobre el piso lo limita bastante y solo tiene tracción en las 4 ruedas la versión John Cooper Works.

Había leído en varios reviews de acercamiento que el Paceman tenía una suspensión especialmente dura, pero más que dura, es algo seca, pues filtra poco los ruidos provenientes de la irregularidad de nuestras calles. Eso sí, conserva el origen del resto de MINI, que no se destacan principalmente por el buen trato a la humanidad de los pasajeros por la rigidez de su resortería, más enfocada a las sensaciones de un kart. Los rines son de 16 pulgadas.

Y como buen kart, el Paceman es muy estable y su conducción ofrece una buena sensación de seguridad, incluso, permite algunas alegrías en plan sportLa respuesta del 1.6 aspirado es buena y sus 122 caballos lo mueven con soltura en toda condición. No tiene los bríos del Cooper S con el turbo de 184 caballos, pero tampoco decpeciona en su rendimiento. Alcanza a sentirse como un buen MINI. Tal vez con la caja mecánica tenga una mejor respuesta, pero con esta automática Steptronic de 6, oriunda de BMW, es suficiente para un buen rodaje con la comodidad extra que tiene este tipo de caja.

Las luces, en bombillos halógenos, iluminan correctamente y los frenos con 4 discos y ABS no tienen reproches. El consumo, como en todo MINI, no es el mejor. 36 kilómetros por galón en 250 kms de prueba en todos los escenarios de tráfico. Claro que sin llegar a los escándalos del Cooper S, que si le alcanza los 30 kms/gal, dese por bien servido.


Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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