Prueba Suzuki Celerio: Victoria al Sprint

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Es innegable el auspicioso regreso de Suzuki a Colombia, insertando sus productos en las franjas más álgidas del mercado con opciones que tienen mucho para decir  por su relación calidad / equipamiento, y si bien hay algunas propuestas que aun no entendemos, como el Ciaz, el Dzire o la SX4, han sabido abrirse un hueco entre una fiel clientela que los valora desde aquel primer gran desembarco en el país hace 40 años, cuando llegaron los LJ50 y luego, cuando se ensamblaron en el país bajo el corbatín de Chevrolet y crearon una leyenda que aún perdura con nombres como Sprint, Alto, Swift, Samurai, Vitara y Esteem, entre otros. Ahora, con productos provenientes de la matriz de Japón y la subsidiaria india, nos encontramos con alternativas interesantes como el Celerio, que ofrece un equipamiento en seguridad activa y pasiva que puede hacer la diferencia entre sus competidores.

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El Celerio, es ensamblado en la planta Maruti Suzuki en Nueva Delhi, India. De allí también llegan al mercado nacional los Alto, Ertiga, Ciaz, Dzire y el Swift 1.2 y en total se arman cerca de 1.500.000 unidades al año. En ese país, esta unión tiene el 47% del mercado.

Este Suzuki se ubica entonces entre el Alto y el Swift en el portafolio, compite en Colombia con modelos como el Hyundai i10 Grand Illusion y el Kia Picanto y presenta una única alternativa de carrocería, hatchback de cinco puertas y capacidad para cuatro pasajeros. La caja puede ser semiautomática o manual de cinco velocidades, que fue la que probamos.

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Tiene el motor tricilíndrico de un litro con 68 caballos, un propulsor que es ya una impronta de Suzuki entre sus ejemplares urbanos y cuyo sonido nos recuerda al mítico Sprint, un modelo al que parece remplazar en los tiempos que corren.

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Exteriormente luce un diseño en vigencia desde 2014, cuando sustituyó al no muy afortunado Celerio anterior, cuyas formas recordaban malamente al Kia Picanto de la generación pasada. Es un corte sencillo, sin mayores pretensiones más allá de servir de transporte urbano y viajes cortos por carreteras asfaltadas. Su conducción es sencilla y el tacto de la dirección es agradable. La suspensión está más orientada al confort que a soportar grandes velocidades y esto resalta su vocación eminentemente citadina.

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En el interior, la presentación de los materiales, con predominancia de plásticos duros, es correcta por su creatividad de formas, aunque la plancha central luce muy genérica en los mandos de la radio y la ventilación. Produce una sensación de deja vu en otros autos asiáticos de esta categoría. Debido a su diseño, la separación entre los asientos delanteros es más cómoda e incluso, se percibe una sensación de estar en un carro de mayor categoría, pero solo es eso, una sensación.

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El tablero de instrumentos presenta una gran circunferencia que enmarca el velocímetro, un semicírculo con el tacómetro y un área reservada para los testigos y los indicadores digitales de consumos y distancias . Nada sobra.

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Un aspecto que nos recuerda que estamos en un carro barato es el recubrimiento de las puertas, que resulta muy delgado y se ve pobre pese a la mezcla de materiales. Además, ceden con facilidad ante la presión de la mano. En los asientos la tela no es muy gruesa y el espaldar está integrado a los reposacabezas. No sabríamos decir si tendrán buena vejez aunque no son incómodos y el diseño no luce para nada mal. Es más, le dan un tinte racing que muchos clientes sabrán apreciar. El asiento trasero es abatible por completo, no por mitades. El baúl puede albergar 258 litros, una capacidad más que interesante dado el tamaño del carro (3,60 mts.)

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El asiento en la versiòn probada abate por completo. En la foto, la versiòn divisible proporcionalmente.

En términos generales, la cabina es amplia y tiene una altura al techo muy interesante para personas de buena estatura, que no se sentirán incómodas en ninguno de los puestos. Entre el equipamiento más destacado encontramos los mandos en el volante, para la telefonía con sistema Bluetooth y la posibilidad de conectar sistemas externos de audio o la toma auxiliar de 12 voltios, algo que, en pleno siglo 21, no traen todos los carros de ese segmento. De resto, está el equipamiento usual, como los vidrios y espejos eléctricos, el aire acondicionado y la dirección asistida eléctricamente (otro elemento diferenciador) y exploradoras. La acomodación al volante es buena, correcta, porque es ajustable en altura. La visibilidad es amplia y acorde con el tamaño de este automóvil.

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La principal baza del Celerio cuando inició su comercialización era el correcto equipamiento de seguridad para la zona de precios en la que se desenvolvía con un dólar más favorable. Tenía dos airbags y ABS con EBD. Hoy en día, conserva esa ventaja pero con mayor competencia por parte de sus rivales de patio.

Deja Vu, Sprint.

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El motor que anima al Celerio es harto conocido por sus características particulares y la fiabilidad a lo largo de los años. Se trata del K10B de tres cilindros, 12 válvulas, un litro y 68 caballos con 90 Nm de torque. El particular sonido que emite el tricilíndrico es a veces  más sonoro de lo normal pero con el paso de los kilómetros aprendemos a entender su ronquido particular y nos acostumbramos a su presencia.

Este propulsor mueve al Celerio con cierta agilidad, algo característico de la mayoría de motores Suzuki. En plano corre bien y se defiende en ascensos, aunque hay que tenerle paciencia con el cupo completo arrancando en subidas.

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La suspensión está más del lado de lo blando, lo cual aumente el confort de marcha, el buen aislamiento de los ruidos en cabina y aunque hace que el carro se acueste un poco más en curvas, no compromete la sensación de seguridad. La dirección y el chasis son obedientes y están prestos a cualquier orden del conductor. Las llantas, en medida 165 / 70 en unos bonitos rines de aluminio de 14 pulgadas cumplen bien su trabajo pese a que su superficie podría ser más ancha.

La caja de cambios tiene un selector muy bien ubicado, de una manera bastante ergonómica. Resulta divertida su utilización cuando nos queremos poner en tono “deportivo”, es decir, haciendo los cambios de manera más ágil, pero el recorrido es algo largo y el mecanismo cruje bastante al operarlo. Suena más de lo deseado y da la impresión de ser un sistema delicado en su operación y funcionamiento. Los frenos cumplen bien su papel, ayudados por el ya mencionado sistema antibloqueo con distribución electrónica.

Conclusión

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El Suzuki Celerio un buen carro para la ciudad y viajes no muy extensos con conducción relajada para cuatro ocupantes. La economía de combustible está por encima de los 55 – 60 kms. / gal. en uso mixto y aunque le falta algún “cariñito” a ciertos detalles de su presentación, cumple su cometido como transporte urbano de bajo costo. Tiene un motor de fiabilidad y resistencia comprobada y si bien, su diseño exterior no es un derroche de creatividad, tiene un buen espacio en cabina y un maletero suficiente para los equipajes livianos de cuatro pasajeros. Quien añore las bondades del Sprint de hace un cuarto de siglo, tendrá un buen upgrade con este Celerio que propone Suzuki.

 

 

Subir y arrancar Trato de hacer memoria y acordarme del primer momento en que un carro me llamó la atención más de lo normal y siempre me remito a unas viejas fotos de mi primer cumpleaños. Allí aparezco al lado de un flamante Ford Galaxie 500 adscrito al cuerpo de bomberos de alguna ciudad norteamericana. Posteriormente, mis padres continuaron regalándome autos en mis cumpleaños. Conservo también una fotografía con un pastel hermosamente decorado y un VW Beetle rojo que yo miraba con asombro. Vinieron luego los maravillosos Matchbox 1/64 y algunos coches de carreras que funcionaban con gasolina ¡de avión! Y que mis primos mayores gozaron a placer mientras el ruido ensordecedor que producían, me causaba genuino terror. Un tío fue quien acolitó (al fin y al cabo es sacerdote) mi primera “manejada” en su viejo Jeep Willys MB, con el que dábamos la vuelta a la manzana. El controlaba la pedalería y los cambios, mientras yo trataba de girar el pesado volante. Mis otros tíos me mantenían al tanto del mercado automotor, pues en los viajes y paseos me preguntaban por las marcas y modelos de todos los carros que veíamos, hasta que me los aprendí todos. De los “de verdad” recuerdo el Zastava 1500 amarillo de mi tío Aquiles, auto al que cariñosamente apodaban “el maracuyá” y que compraron el mismo año en el que nací. Cuando lo vendieron, casi no me cuentan pues temían mi tristeza al saberlo y pues, la verdad, no los defraudé. Llegó la época de las revistas, los catálogos, los libros y cuanta publicación sobre autos existiera. Pasaba tardes y noches devorándolas ansiosamente, aprendiéndome de memoria fichas técnicas, modelos, características y los datos más precisos de cada ejemplar. Eso sí de mecánica, nada. Me embiste un dulceabrigo y cualquier tornillo en un motor significa para mi, poco menos que magia negra Mi profesión de periodista me ha permitido experiencias inolvidables con los carros, dirigir algunos programas sobre el tema, cubrir las ferias, participar en encuentros, desfiles y ser testigo desde esta óptica del crecimiento y las contracciones del mercado, probar algunos modelos y conocer personajes que me han honrado con su invaluable amistad y sabiduría infinita. Con el advenimiento de internet y la televisión internacional, el aprendizaje se expandió a niveles insospechados. Ahora era posible explorar más allá y en tiempo real, lo que estaba sucediendo en el mercado automotor mundial. Participar en chats, foros y páginas se convirtió en la principal fuente de conocimiento y en un segundo aire para esta afición. Gracias entonces a la red mundial y a la magnífica herramienta que proporcionan los blogs, y, por supuesto, a la gentil complicidad del equipo de Medios Electrónicos de EL COLOMBIANO y su editor general, Fernando Quijano, que avaló esta propuesta, es que hoy puedo compartir con ustedes este rincón minúsculo del ciberespacio, en donde la idea es compartir experiencias y conocimientos, retroalimentarnos con las noticias que produce este dinámico sector, enterarnos de las novedades más recientes y, sobre todo, divertirnos con una pasión que va más allá de conducir y maravillarnos con el invento más sensacional de la historia. Se trata entonces de abrir el blogaraje y dejar salir la imaginación con el placer que produce ver estas hermosas piezas en acción, que nos roban suspiros y nos producen un constante hormigueo que solo los aficionados a los carros entendemos, compartimos y acolitamos (como mi tio el cura). Bienvenidos, súban, abròchense y disfruten el viaje.

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