Camila AvrilMónica Quintero

All articles by Camila Avril

 

Bailar

La música suena y adentro hay algo que quiere moverse. Se mueve. El señor dice que si bailas y vos decís que sí, que de pronto bailás, y salís a bailar con él. Te empinas, así dijo el profesor que se baila mejor porro –y de verdad funciona–, y dejas que el señor empiece. Todavía
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Cualquier día. Ya no hay tres puntos.

Hace tanto frío que la cobija no alcanza. Tal vez soy yo, porque el gato todavía no ha dicho nada. Sos vos, otra vez. Te he dicho adiós varias veces, de distintas maneras. He borrado tu nombre, varias veces también, en todos los papelitos que lo tenían. Es difícil imaginarte allá y no acá. Eso duele. Hasta que uno entiende, a regañadientes, que no hay
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Día seis. Enredarse

Estuve en clase de baile. Bailar es esa manera de entender que a veces crees que no puedes hacer algo y, si intentas, si dejas el miedo a un lado y la pena, terminas haciendo el paso más imposible. El que dijiste, a primera vista, que ese no te salía ni de fundas. Y eso
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Día dos. Retirada

No querés escribirle ni escribirlo. Ya no importa. Estás triste por cada cosa que no debió ser. Por la falta de reglas, de explicaciones, de claridad. De verdades. Una amiga te diría que de decoro. Era tan fácil, sabes. Explicar, no ocultar. Intentar. Decir. Si las palabras existen, y vos las sabés y él las
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Día uno. Despedirse

No se puede describir la tristeza, pero se sabe, en cambio, que está ahí aunque sonrías. Una tristeza que se va a quedar por horas, por días incluso, porque al final no quieres que se vaya. La tristeza es saber que él está todavía. Así que ni te abracen, los amigos, tan bellos que son
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Día cero. Despedirse.

Para una Owl. Me quito la camisa, que todavía huele a vos. Me quito los aretes de gato, que te recuerdan. Quisiera quitarte a vos de mí, pero eso no es como lo de la camisa ni como los aretes. Habrá que esperar. Ir es un verbo fácil de conjugar, cuando a uno le gusta
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La muerte de Eduardo

2 de julio de 1988. Era sábado. Estaba en la esquina diagonal a la alcaldía, afuera de un bar que se llamaba Daiquirí. Ahí estaba él y don Héctor. La gente todavía se sienta en esa esquina a conversar, aunque ahora no hay un bar sino una tienda de ropa para bebés. Tampoco está la
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Despedirse

Para una D Esa sensación de estarse despidiendo cuando no te quieres despedir. Decirle adiós a esas cosas que sientes, cuando no estás preparado para irte. Tener esperanza, porque alguien te dijo que si se muere la esperanza, te mueres también, y no quieres morir con él. No todavía. Tan difícil decirle adiós a los
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Miedo

A veces me despido antes de tiempo, negándole la posibilidad al futuro. Me da miedo y entonces detengo todo: mejor no sentir antes de tiempo. Es más fácil. El miedo es eso que sientes en el pecho, que no puedes definir, que no te deja dar un paso ni olvidarte del pasado, que te hace
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Carta a vos

A veces es difícil entender. Lo miras, lo lees, sabes lo que dice ahí y lo que se ve, pero no quieres entender. No es un problema de comprensión lectora sino de intención, y la intención le gana a cualquier cosa. No te interesa entender. Querer no es difícil, eso ya lo sabes; que te quieran de
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Dos poemas

Hay tristezas que uno no entiende. Entonces les das vueltas y vueltas y las miras y las piensas y las escribes, y no las entiendes. Incluso se las cuentas al gato, pero el gato no dice nada. Eso es lo bonito de los gatos, que te miran, que no te dicen nada, que no les
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Hay días en los que uno se despierta y tiene ese nombre que ronda, como una abeja a la que uno le tiene miedo de que lo pique, aunque la abeja no tenga la culpa. Duermes y no se va. Barres y no se va tampoco. Juegas con el gato y sigue ahí. Vuelves a
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Carta a un amigo

A una F, te extraño, sabes. Pensar en la silla en la que solíamos sentarnos a conversar debajo del árbol, siempre a la misma hora, el mismo día, escapados del trabajo (vos del estudio) y de la realidad, porque así era: como si solo fueras vos. Te extraño no porque te quiera, porque qué es
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Feliz año

Un amigo que me hace el tarot de vez en cuando muy a su estilo, porque él no cree en el tarot, me dijo en la primera hora del año que tenía una palabra para mí: tranquilidad. Y sí, esa sería la palabra perfecta, aunque tan difícil de llevarla a todas partes. Ni siquiera de
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Horas indeseadas

Cuando sabes que hay que irse pero no te has ido. Qué es el dolor sino la posibilidad de marchar cuando no quieres marchar cuando hay esperanza (solo en vos) aunque todo esté nublado. Brumoso. Dices algo. Esperas. Vuelves a decir. Intentas. Intentar es posible. Crees. Y esa noche, a las 9 y 19 (vaya
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Escrituras, de Luisa Valenzuela

Cuando alguien que te gusta te regala un libro vos querés leerlo ahí mismo, tragándose los segundos de una vez, como si quisieras que su olor –aunque el libro solo huela a libro nuevo– te acompañe hasta el punto final. El libro es verde. Se llama Escrituras y su autora es Luisa Valenzuela. Es argentina
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Una historia triste, muy triste

Cuando estaba pequeña iba a la finca, y la finca era ese lugar para estar con los abuelos. Uno se levantaba y se iba todavía con los ojos cerrados hasta la otra cocina, la de leña, y ahí lo esperaba la abuela para darle aguapanela, que quizá era la mejor aguapanela del mundo. Tan pronto
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Rulfo

A veces me quiere. Se hace en el único hueco que queda entre la almohada y yo. No es para que me corra, es para que le sirva de pared. Si voy a dormir no me puedo mover, porque como me muevo si él eligió ese pedazo de cama, aunque hubiera otros. Mi mamá me
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Cuadros

El cielo hace parte del cuadro en el que aparece esa ciudad anaranjada, a veces gris. Muchos edificios, uno tras otro, en la montaña. Abajo, en el valle, los carros, también uno tras otro, como si ya no hubiera espacio suficiente para compartir la misma calle. En el fondo, ese de blanco, con verde y
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De cosas políticas

Cuando estaba pequeña quería ser abogada. Me parecía una buena carrera para buscar al hombre que mató a mi papá y meterlo a la cárcel. Era lógico: que alguien que le hace daño a otro pague por el dolor causado. La idea se me fue yendo con los años, porque también va uno aprendiendo a
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No es solo la guerra

Vas leyendo la carta y sabes que viene algo, pero ella no quiere contarlo. Lo presientes solamente. Viene algo que te va a doler, pero sigues leyendo, porque sabes que debes leer. Llegas de zarpazo. ¿En serio?, dices. En serio, dice ella en la carta: dos niños violaron a una niña. Compañeritos de escuela. Creciste sin
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Meaningless

No te has ido todavía, y yo te miro con la última mirada que tengo para mostrarte. Se acabaron las palabras. No salen. No existen. Hablamos tanto la noche anterior, tanto. Me dijiste que era hora de irte, hablaste del olvido, de la soledad, de que había otro nombre. Hablaste de mi silencio, y me
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Vos, por ejemplo

Hay días en que vuelves a mi memoria, como si el olvido no hubiera hecho su proceso de borrar tu nombre, tu pelo, tu cara. Ya no me acuerdo qué tan alto eras ni estoy segura de cómo suena tu voz. Cómo sonaba esos días en que éramos cotidianos, vos y yo. Tu nombre siempre
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Dos de julio. El día que extrañas a un papá

Dos de julio, esa fecha en la que Eduardo se desapareció del mundo. Esa marca para siempre que dejan los muertos en los calendarios individuales. Ese día que te recuerda que hubo alguien a quien no conociste, que se fue antes de que pudieras crear recuerdos. Los muertos, o esos seres que no se ven
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Conjugación de letras

Te fuiste, como se han ido los otros. Ya me bañé con la mata de la abuelita, ruda, a ver si son malas energías. Ya bañé al gato, a ver si es el gato. El otro día me asomé a la ventana, y te vi. No me viste. Entre tú y yo, dos mundos paralelos:
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Desencuentros

Lo miras, aunque no tengas mucho que hacer con ello. Él no te mira al mismo tiempo. Cuando llegas, él se va. Cuando lo piensas, él no te piensa. Si le escribes, él no te escribe. Luego al revés: cuando te vas, él llega. Cuando él te piensa, vos no lo pensás. Si te escribe,
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Un poema

Recordar un poema. Recordar esa letra que tuvo su nombre una vez, que tuvo también el poema una vez, y saber que ya no es más para él. Ya no cabe, porque el tiempo se va llevando las historias y los nombres y las tristezas. Saber que puedo encontrar retazos que caben en nuevos nombres,
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Silencio

6.2. Página en blanco. Antes fue 5.2. También en blanco. Desde que murió el personaje no ha habido más que vacío. El silencio de los idos. Ni una palabra del lado de este mundo, porque no hay nada más que decir: ya se fue. Se fue para el siempre de este lado, por lo menos.
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Un fantasma, un recuerdo, un verbo

Otro fantasma A veces pienso en vos, en la posibilidad de compartir al mismo gato. Luego vuelvo a pensar en vos y me arrepiento. Vos sos ese ser que no puede ser, así en esas tres palabras que se repiten, porque tus amigos te han inventado tanto, han dicho tanto, que sos un fantasma al
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Mucho gusto, Rulfo

Me llamo Rulfo. Tengo un año y medio, en las cuentas de Camila Avril. Mi mamá se murió cuando yo era un bebecito y nunca supimos el día exacto de mi cumpleaños. Sabemos, porque me miraron los dientes, que fue un día de noviembre. Ella decidió que fuera el 15. Tal vez Camila no sepa
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Tres

Uno 5 de mayo. No llegaste. Era una cita programada en el futuro, pero ni vos ni el futuro llegaron. Nunca. Ni siquiera a destiempo. Tampoco llegó ese miércoles, ni nos tomamos la foto que nos íbamos a tomar. No. Con vos el tiempo se estancó esa noche en que escogiste ir hacia el otro
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Clases de baile

Clase I Te saliste de clase antes de tiempo. Eso no pasó nunca con el otro profesor, pero es que a este lo odiaste desde esa vez que reemplazó a tu profesor, y te dijo que no te enseñaba ese paso, y ni siquiera te dejó intentar, a ver si de pronto te salía. Desde
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Volver

Vuelves. Ya estás en la cama en la que has pasado los últimos tres años. Te hiciste en tu lado, el izquierdo, y te metiste en la cobija, la que tanto defiendes de la anormalidad. Te has hecho el último café de la noche desafiando al sueño con cafeína. Trajiste al gato. Lo pusiste al
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Domingo

Te despiertas. Le haces mala cara al despertador. No quieres, es domingo. Has dormido tan poco, y es tu culpa, por irte a donde no debías haberte ido. Le sacas la lengua, pero hay que levantarse. De la cama y de la vida. Sigues triste, lo sabes. Alguien se fue anoche. Tantas pérdidas en una
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Disco rayado

Pienso en vos, como un disco rayado que repite tu nombre al revés. Es una espiral de recuerdos que te tiene a vos en casi cada rincón: en ese lugar de todos los días, en la sala, en la cocina, en la cama, en el balcón, en el otro balcón, en el gato. En el
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Adiós, Mauro

La muerte nos enfrenta a los afectos. Nos hace pensar en esos tiempos en que sonreíamos sin preocuparnos por nada, casi que ni por nadie. A esos tiempos en que las preocupaciones se quedaban en que la abuela nos regañara por haber movido la silla de su puesto o por haberle hecho mala cara a
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Un gato

Te dibujé un gato, como los niños que dibujan familias en palitos y luego los regalan para que los papás los peguen en la nevera. Lo dibujé para acordarte de tu gato, y acordarme de mi gato. También porque a tu gato lo dibujé muy fácil y a mi gato lo he borrado cuatro veces
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El árbol

Me había olvidado de vos, pero la tarde de antes de ayer me asomé al balcón que está al lado del salón de clase. No estaba el árbol debajo del que tantas veces nos sentamos a conversar. No estaba la silla, tampoco, y en cambio los reemplazaba una construcción incipiente con trabajadores caminando y vigas y
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Zombie

Estás vacía, como si debajo de la piel hubiese solo aire y no músculos y sangre y venas y todo eso que describiría a la perfección un médico. Miras y no ves nada más que piel y un cuerpo que se sostiene en los huesos prestados de una humana. Caminas, hablas, conversas, trabajas, almuerzas, vas,
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Oveja

Cuando una oveja muere, muere, como decía Jairo Aníbal Niño, una nube con paticas. Muere la ilusión de encontrarnos con el mundo que hay detrás de todo ese blanco encrespado que no deja ver más allá. Muere la esperanza de que nos encontremos, de pronto, en algún nudo, por esas casualidades serendípicas que tiene la
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Vecinos

Hace dos días que se fueron y ya los extraño. Me había acostumbrado al niño que montaba en su moto de juguete todas las tardes, a las 4:00. Desde abajo se oía que iba y venía en la sala de su apartamento, que es la misma sala del mío, pero en un piso diferente. Al
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Fantasmas

Esta mañana un fantasma se metió adentro. Los domingos, a esa hora, y a ninguna hora, hay exorcistas disponibles para sacar fantasmas que atacan el cuerpo. El cuerpo queda a la deriva, a la disposición de uno mismo con todas sus tristezas, con todas esas preguntas que susurran los fantasmas cuando están dentro de uno.
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Un segundo

Despedirse no tiene una fecha exacta, con horas y segundos, ni tiene que ver, tampoco, con la palabra adiós. Se da con los días que pasan, cuando la conciencia acalla lo vivido, los días en que compartíamos el mismo espacio en el mundo, las mismas ideas, la vida misma coincidiendo para los dos. Un día
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Música clásica en el bus

Desde la ventana del bus, el mundo es más pequeño. Salvo que haya otro bus peleando al frente, los carros y la gente son pequeñas miniaturas que andan ensimismadas en su vida. Porque las personas, al final, son pequeños palitos individuales con una vida para ensimismarse, sonreír a veces, preocuparse a veces y entristecerse a
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A veces me imagino la vida y tiene pantalones azules, como si fuera de viaje. No voy de viaje porque mis zapatos se pegaron al piso de esta ciudad que no quise alguna vez, pero que quiero ahora. El amor tiene que ver con el tiempo, como vos, que tienes el reloj a una hora
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Gafas

Explicación para una S Dicen los fantasmas, que son quienes saben de verdad qué pasa de noche, que las gafas tienen vida cuando nadie las ve y reposan en la almohada o en la mesa de noche. Entonces conversan de cómo van hacer al otro día para confabularse con la nariz y hacer que la
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Horóscopo

Hay nombres que se entran en la cabeza para repetirse como un disco rayado. Hacemos promesas de no pensar, de inventar otros mundos, de caminar otras historias, nunca esa, pero cuando a la cabeza le da por rayar el disco, los intentos son fallidos, siempre. Ni el tal San Antonio al que hay que quitarle
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De perdones y olvidos

En 29 años, no sé todavía qué es perdonar. Porque uno aprende a comer con cuchara, y sabe qué es comer con cuchara, o sabe coger el lápiz y cómo hacer cada letra del abecedario en un papel. Pero perdonar, no sé, no he aprendido. ¿Cómo se aprende eso, tan efímero? Esas cosas no las
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La pestaña

Una pestaña se suicidó antes del mediodía. Se despegó con sigilo para que las demás no sospecharan que quería marchar. Estuvo silenciosa, esta mañana, y también nostálgica, recordando momentos de cuando eran si acaso pestañitas de tres milímetros. También habló de la vida, de lo larga que puede ser a veces, y de la muerte,
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Serendipity

De pronto camina del lado contrario. Si camina a su velocidad, que calcula en menos de un segundo, llegarían a las escaleras al mismo tiempo. Camina más rápido  porque es incapaz de pensar en decir hola. Qué diría después, ya con los cachetes rojos, con la gastritis alborotada, la emoción de lo no premeditado, el
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