Bailar

La música suena y adentro hay algo que quiere moverse. Se mueve. El señor dice que si bailas y vos decís que sí, que de pronto bailás, y salís a bailar con él. Te empinas, así dijo el profesor que se baila mejor porro –y de verdad funciona–, y dejas que el señor empiece. Todavía te acuerdas, piensas, sabiendo que no bailas porro como hace más de ocho meses. Hasta que hace una vuelta rara, que aunque sabes que has hecho antes, esta vez no llega, y te pierdes. Te ríes. Señor, le dices, es que hace tanto que no bailo. Se ríen los dos y repiten el paso. Te acordaste esta vez.

Prometiste no bailar bachata con desconocidos, pero qué hacés si estás en una fiesta que programó el profesor, es decir, se supone que todos son alumnos o se creen que han tomado algunas clases. El muchacho de rojo ya te había sacado a bailar porro y ahí bailaron más o menos –resultó con un paso que ni en tus tres niveles se te había pasado por la cabeza–. Que el muchacho del lado, también de rojo, dijo que vos sabías bailar bachata, dijo, y a vos esas palabras como que te borraron todo conocimiento bachatesco: ni los cuatro pasos hacia los lados te funcionaron y eso es lo más fácil. Te reíste, le pediste disculpas al muchacho, te volviste a reír. Se te fue la bachata, total. Al muchacho de rojo no lo volviste a ver bailar el resto de la noche, se mantuvo sentado en la esquina comiendo crispetas. Te dio remordimiento, pero bueno, allá él. Entonces te sacó otro señor, que tenía la camisa mojada de sudor, pero que dijo que él no recibía noes por respuesta. Y ahí te fuiste de nuevo a intentar con la bachata: ajá, que sí sabías, dijo el señor. Te salieron hasta los pasos difíciles que en clase se te olvidaban. Culpa del señor de rojo, y te liberaste.

Con el viejito que no sabía hablar bailaste porro de lo lindo. Es que el señor sabía bailar y vos como que ya habías calentado, porque eso fue como si hubieras bailado porro toda la vida. Lo mío es el porro, alcanzaste a decir. Hasta que te encontraste a un viejo compañero de salsa, que se cree que sabe mucho porque se sabe todos los pasos, pero que es todo alto y todo flaco y todo desgarbado y así son también sus movimientos, tanto que a veces no alcanzas a llegar a tiempo (ni él ni vos) y entonces se puso a hacer unos pasos que vos los habías hecho alguna vez, pero que ya tu cabeza los puso en el lugar de no usados por mucho tiempo. Te reíste, te miró como, qué pasó, no te rías que esto es serio y terminaron con un adiós sutil de no bailemos más, mejor.

Te reíste tanto, como hace días no. Bailas porque descubres que ahí se detienen las tristezas, te detenés vos, se detiene él, se detiene el miedo que te da por bailar con alguien desconocido, por no ser capaz de hacer algo que sí sos capaz. Con los desconocidos es maravilloso, ya lo descubriste: nunca se sabe quién va a llegar ni cómo y entonces bailar se vuelve eso que te duele tanto a veces, pero que ahí es toda una lección: la incertidumbre puede ser felicidad. Porque está el viejito que te quiere abrazar fuerte, el joven al que le da miedo dar vueltas, ese que está aprendiendo pero ya quiere hacer el paso más difícil, el señor que lleva años bailando y no se sienta ni un segundo y que si te equivoca te dices que vuelvan a intentarlo, el señor otro con el que no bailaste, pero sabes que con él pareces experta; el profe, que es como si fueras una profesional que lleva bailando muchos años; el que no cae nunca en el ritmo y a vos te toca romper esa regla de que en el baile el hombre manda, y entonces le mueves el hombro para que entienda, y ese al que no le pones expectativa y terminas bailando maravillosamente. El baile es la vida misma, supones, solo que moviéndose un poquito más.

Bailar para entender y, por estos días, también para el olvido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>