Camila Avril

De esa Camila que también es Mónica o, al revés

Todavía no me acuerdo qué año era. Solo que estábamos buscando un seudónimo. Ya tenía uno, que no prosperó nunca, porque no me convencía del todo. Mae Collazos, me acuerdo. El Mae no sé por qué. Esta bendita memoria de pollito. Quizá era por una amiga muy querida a la que le decían así. Tal vez. Collazos porque era el segundo apellido de mi papá y el primero de mi abuelita. Mi papá, esa palabra que poco uso, pero ese hombre del que tanto escribo. Ese día, el que estaba en eso del poema para el concurso, se murió el hermano da otra amiga (siempre la muerte por ahí), se llamaba Camilo.  Entonces se unieron las palabras. Camila, por Camilo. Avril, por abril. Nunca se volvió a ir ese nombre. Es como si hubiera sido mío desde entonces.

Otra Camila Avril, también hecha por Carol Jaramillo

Otra Camila Avril, también hecha por Carol Jaramillo

A mí me gusta mi nombre. Mónica. Lo eligió mi papá el día que nací. Lo puso en solitario, sin saber que las vainas esas de los significados de los nombres definen a la persona que lo tenga como “que ama la soledad”. No es que crea en esas cosas, pero yo amo la soledad, muchas veces, no siempre. No cuando mi mamá está tan lejos. Hace mucho (otra vez) cuando estaba en los diez, descubrí que todo mi nombre tiene nueve sílabas, Mó-ni-ca Quin-te-ro Res-tre-po, y un amigo, el de la A, de Aníbal, me escribió un poema, que no se me olvida, salvo el final: En estas nueves sílabas/ que contienen la historia de mi breve edad/ no han habido ni moros ni cristianos/ solo Restrepos de los de aquí/ y Quinteros de los de allá/ y entre unos y otros/el puente cruzado de la vida/ y  los caminos que conducen al amor./ Solo nueve sílabas/ y una historia… Ojalá Aníbal se acordara o lo volviera a terminar, alguna vez.

En fin. Desde hace un tiempo es mi palabra perfecta. Lo dice todo, en ese pequeño suspiro de la e a la n. A mí me gusta mi nombre. Mónica. Solo que desde que Camila apareció y pasan los años he logrado confirmar que Camila también existe, a su manera, o a la mía. Aunque ella sea más extraña y a veces intente desaparecer muchos días seguidos y yo la extrañe tanto.

Son esas cosas por las que me gusta decir que Mónica es periodista y Camila quiere ser escritora. No se puede, del todo, porque lo que le gusta a Mónica del periodismo es la escritura y lo que le gusta a Camila de ser escritora sigue siendo la escritura. No siempre, por supuesto, y mucho menos en estos tiempos difíciles del periodismo en que no hay tanto espacio para tantas letras.

Ahí está el punto en común, donde las dos, al fin y al cabo, son la mismas. Lo que creo, por estos días, es que Camila no va a crecer. No tiene por qué crecer. Igual que Eduardo, el papá aquel, que se quedó en 33.

Mónica

Mónica, sin que nadie la dibujara

Este blog nació el 25 de mayo de 2008. Ese fue el primer post, por lo menos. Ahora, 4 de septiembre, 21 días antes de que Mónica llegue a la edad maldita, los 27, vuelve a empezar. No porque vaya a borrar todo lo demás, sino porque a veces hay que cambiar las fotos que ya no somos.

No somos distintas las Mónicas y las Camilas de 2008, con las de ahora y las de luego. En esencia son las mismas que todavía creen, sobre todas las cosas, en las letras. Las mismas con menos tiempo, porque el tiempo parece ser inversamente proporcional a la edad. Siguen odiando el punto y coma, salvo una excepción. Siguen amando las comas y los puntos. Siguen peleando con las palabras, tratando de que se hagan donde no caben. Siguen buscando un estilo, si bien esperan que vayan mejor que antes en ese camino. Siguen inventando a Eduardo. Siguen sabiendo que Mónica sabe cuando es Camila la que quiere escribir, pese a que Mónica sabe que es su invento independiente. Su otro yo. Siguen escribiendo, aunque a veces se demoren menos y a veces más. Siguen creyendo, sobre todas las cosas otra vez, que el mundo es mejor cuando se puede inventar.

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Explicaciones no pedidas

La soledad me gusta, siempre y cuando haya gente que la acompañe. Tengo una mamá con la que hablo tantas veces como el teléfono lo permita sin estallar. Tengo una H que no es muda. Tengo varias amigas fundamentales, porque me ayudan o porque me leen. Solo que hay dos que están desde esta vez en este blog. Carol, capaz de convertir mis edificios (Mónica ama hacer edificios) en un banner con Camila Avril incluida. Perfecta Camila Avril. Tan pequeñita. Mirando a la ventana. Inventándose algo, ojalá. La Princess, o Natalia para los de menos confianza, que ama la caligrafía y escribió el Camila Avril.

De esas cosas que uno sabe, de todas maneras, que lo quieren, todos ellos.