Cualquier día. Ya no hay tres puntos.

Hace tanto frío que la cobija no alcanza. Tal vez soy yo, porque el gato todavía no ha dicho nada.

Sos vos, otra vez. Te he dicho adiós varias veces, de distintas maneras. He borrado tu nombre, varias veces también, en todos los papelitos que lo tenían. Es difícil imaginarte allá y no acá. Eso duele.

Hasta que uno entiende, a regañadientes, que no hay más esperanza. Se acabó, de verdad. Las posibilidades se volvieron nada y en el vacío es difícil quedarse.

Te fuiste también.

Dejo acá esta tristeza y este silencio. Te dejo este amor que no alcanzó y estas ganas de quererte más. Dejo aquí las preguntas que no se respondieron y las incertidumbres. También esas noches que te imaginé conmigo en el nevado, en una fotografía con el cielo rojo atrás, comiendo papas fritas en ese lugar que te conté un día y llegando a ese pueblo del que nunca te aprendiste el nombre. Me hubiera gustado que llegaras hasta allá, que entendieras por qué quiero al Diablo del Carnaval, que me hubieras visto esa única vez de cada dos años en que no me llamo de ninguna forma conocida. Me despido del balcón, de la hamaca que no volvimos a ver, de ese rincón donde también hay un gato. Voy a dejar de pensar en tus crespos despeinados y en tu labio de abajo. No más agua para reemplazar el ron que no alcanzamos a tomarnos ni la torta que nunca hicimos para ver si tu horno funcionaba. Dejo aquí el árbol de mangos y los dos gatos que solo se dejaban ver desde arriba, salvo que el señor les estuviera dando comida. Y dejo la posibilidad de imaginar las vidas de los señores del frente. Dejo la luna que se ve desde tu cama y la brisa que entra aunque haga frío en la madrugada. También me despido de la moto, de verte llegar en ella, de abrazarte para no caerme, pero sobre todo por abrazarte. De poner el carro justo cuando la llanta de atrás llegaba a la zanja y darle un besito a la R de lejos. De las idas a nadar y las comidas para volver a recuperar las calorías perdidas. Dejo aquí que canses al gato, que podamos ver los Simpsons aunque te quedes dormido. Dejo que ya no necesite televisor y que prefiera el silencio.

Te dejo aquí.

Es mejor pensar que hubo una vez una D, a la que quise. No más.

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