Día cero. Despedirse.

Para una Owl.

Me quito la camisa, que todavía huele a vos. Me quito los aretes de gato, que te recuerdan. Quisiera quitarte a vos de mí, pero eso no es como lo de la camisa ni como los aretes. Habrá que esperar.

Ir es un verbo fácil de conjugar, cuando a uno le gusta conjugar verbos. Irse no lo es, aunque a uno no le guste nada. No hay cómo explicarse el vacío ni tampoco llenar el montón de preguntas: por qué no te quedaste, si era tan fácil. Y no te quedaste.

 

Ojalá se fuera
ahora que llueve
y se mojara justo al voltear la esquina.
No lo mires desde el balcón,
porque hay recuerdos.
No pienses,
todavía hay amor.
Ya te quitaste la camisa
para que se vaya su olor.
La lavaste, de una vez,
para que se vaya del todo.
Ya te quitaste los aretes de gato
para guardar ese recuerdo tan cercano,
para que se vaya su voz.
Ahora miras al gato
solo para que lo olviden juntos, durmiendo.
Con él,
cada noche quisiste ser un gato.
Te has ido, eso dices.
Ni siquiera hay una foto para mirar después,
cuando todo haya pasado,
cuando el tiempo te deje reír, otra vez.
En el fondo solo quieres que aparezca,
volteando la esquina,
y sufrir de amnesia.
Lo abrazarías, aunque esté mojado,
y le dirías lo que nunca quiso que le dijeras:
que lo quieres,
te quiero, sabes.
Ojalá lloviera más,
para llover juntos.

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