JUGUETES

María está segura, segurísima, de que los juguetes, mientras ella duerme, se despiertan a vivir su propia vida. Por eso hay que dejarlos organizados, en sus camas, en sus casas, con sus juguetes propios, con todos sus accesorios. A los muñecos hay que ponerles cuidado. Si hay un señor Caradepapa sin señora Caradepapa, entonces se sentirá extremadamente solo. María, sabe de juguetes. Se los imagina todo el tiempo. A veces, se pregunta, si ella no será el títere, de otro que es más grande que ella. Puntos suspensivos y María suspira hondo.

ENTREVISTA DE CAMILA A MÓNICA

Somos una maraña de mundos y de voces interiores que a veces tienen nombre. Camila, tantas veces perturbándole la vida a Mónica, tantas veces sacándole de la penuria. Tantas veces quitándole del mediopara aprovecharse de su cuerpo y de su cabeza. Tantas veces amándole. Tantas veces deseando que se marches para siempre. Cuánto se necesitan, eso sólo lo saben las dos.

Un desnudo muy letroso. Aquí va.

Camila Avril: ¿Por qué me mataste, Mónica? ¿Por qué no pensarme más como un alter ego?

Mónica: Directa, ¿no Camila? Fue tu culpa y lo sabes. Esa mañana fue difícil. Luchar contigo, tratar de que no me quitaras del camino. Sentí que te querías apoderar de mí, cambiar de lugar. ¿Te parece justo? Después de darte tanta confianza, de creerte y de dejarte ser. Así que mejor ponerte límites. Es más, deberías contestar vos qué pasó.

C: Creo que fue más tu imaginación Mónica, aunque sí, fue una madrugada muy difícil en la que pasó lo que debía ser. Vos en tu sitio y yo en el mío. La pregunta es, ¿qué soy ahora entonces?

M: Un pseudónimo al que quiero mucho, al que a veces le dejo ser un poquito y jugar otro tanto, pero nada más. Eso que debió ser siempre. Un invento con muchos límites.

C: Cambiemos de tema. ¿Quién es él?

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ADÁN Y EVA

… (Suspiro) … Porque no haya existido para Adán y Eva, no significa que no pueda existir para nosotros … (Suspiro)… que más da, en esta vida, todo puede inventarse, y hasta dos veces.

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LADRÓN

No lo hiciste, es cierto, pero ya era tarde. El miedo vino con él, y no se iría, aunque no fuera nada, aunque no me hubiese hecho nada, aunque no me hubiera dado cuenta. No fueron los papeles, ni los objetos, ni nada. Fue la confianza. Esa misma que es apática al tiempo corto, que vuelve después de años. Ahora es la paranoia. El caos. Todos me siguen. Todos me miran. Todos vienen por mis papeles. Las calles ya no son las mismas. Ni serán las mismas. Ahora son miedo, más que miedo.

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ÁLBUM FOTOGRÁFICO

Iba a dibujar su sonrisa en aquella hoja amarilla. Iba a usar un lapicero de tinta indeleble. Iba a trazar unas cuantas obsesiones. Iba a escribir la forma para olvidar su piel, rozando mi piel. Incluyendo los pelos de gallina. Iba a decir que hubo algo, algún día. Iba, iba, eso iba hacer. En ese momento. Justo antes de apagar la luz. Y la oscuridad llegó antes. Fueron pocos días. Los otros, físico invento. Ya no importa. Voy a dibujar los recuerdos. El pasado está escrito, y hay que dejarlo ahí, en el álbum de fotografías de la memoria.

OLVIDO

A veces no es necesario tanto tiempo, ni tantas esperas. No es necesario ni siquiera forzar los pensamientos, para que no le piensen, para que no le olviden. A veces, el olvido llega y se repite, muchas veces. Todo se va. Hasta lo bonito. Sólo hace falta una única cosa que se odie, que duela, que reproche los errores y la equivocación. Una única cosa que haya hecho, que sea tonta, que permita dudar de todo.

Cómo duele que haya pasado por la vida, que se le haya creído, que todo fuese una mentira, una idiotez. Bien, no hay que arrepentirse. Igual, a veces no es necesario tanto tiempo. El corazón sabe cuando olvidar. A veces, el olvido puede repetirse, miles de veces. Ha de repetirse, y volverse a repetir, porque el amor y el odio son la misma cosa, el mismo sentimiento, pero al contrario. Se puede olvidar cuantas veces se quiera. Basta una única cosa, que lo cubra todo. Cuántos olvidos se paran frente a todos los recuerdos. No se sabe. El olvido existe. Hasta para lo bonito.

BARRIENDO

Odia saber que otros ya escribieron eso que a ella le hubiese gustado escribir. Esas dos palabras que cuando lee, se parecen a ella. Física envidia, diría. Envidia pura y a secas, porque la buena no existe. La mala es siempre. Odia además que haya una cucaracha encima de su cama, pegada a la pared, destrozada. Un cadáver con pocos minutos de serlo. Odia tener sueño y no querer dormir. Cosas aquellas en las que no coincide el cuerpo y la cabeza. Odia tantos odios y hablar tanto del amor, si no existe. Odia dar tantos consejos que no puede seguir, que se quedan en palabras, y que por tanto, el viento se los lleva. Odia pasar tantas horas frente al computador. Odia odiarle y odiarse tanto. Odia que no haya películas interesantes en el televisor y que todavía haya gente despierta. Odia cuando ella duerme mientras otros tienen los ojos y viceversa.

Después de varios odios, no queda más que volver a empezar. Hay suficiente espacio para rayar.

Un viaje por América con Gloria

Ésta fue una historia que escribí estos días para EL COLOMBIANO, y a mí me pareció bonita. Quería compartirla con ustedes.

TRES CANADIENSES DECIDIERON salir a recorrer América en una van, que es casi una casa andante. La intención no va más allá de conocer nuevos países y amigos y de vivir una aventura. Después de 16 mil kilómetros de recorrido, hoy están en Medellín.

La nieve cubría a Gloria y la hacía una más del paisaje. Estaba tan blanca y fría como todo afuera: unos diez grados bajo cero y una capa de nieve de medio metro. Y sin embargo, no los convenció. Era el día de partir, incluso de un “Ice escape (escape helado)”, como dirían.

Al último mes del año lo acompañaba el 22 y era, por tanto, el fin de los planes en papel. Los seis meses de averiguaciones, de mirar mapas, preguntar cómo cruzar fronteras, obtener visas y tomar decisiones, y los años de ahorrar, se habían acabado. Gloria estaba lista y a ellos, el corazón se les iba a salir.

De Vancouver, Canadá, salieron pese a la tormenta. Joshua Heisler, Tyler Lavoie y Ryan Sanders tenía la idea, inapelable, de recorrer en Gloria, una van que compraron para hacerlo, que es casi como una casa andante, toda América. Bueno, hasta Florianópolis y Santa Catalina, en Brasil.

Intenciones, ninguna en especial. Irse de aventura, conocer diferentes países y culturas y aprender portugués y español. Duración, tres meses. Eso hubiese sido un buen plan, sino se enamoraran de cada lugar, ni les diera por parar a surfear, a enseñar o a vivir un rato.

Son canadienses que están en una edad que no supera los 30. Amigos desde hace varios años porque, como dice Joshua, lo más importante del viaje “es planearlo con buenos amigos”. Eso significa flexibles, relajados, que no se enojen fácil después de manejar varias horas seguidas, con paciencia y sin miedo: las tierras a recorrer no las conocen, como tampoco los esperan en cada puerto.

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A veces no tengo ganas de escribir. Es como si tuviese gripa y se me tapara la nariz y tuviera muchos mocos en la cabeza que impiden sacar las ideas. A veces creo que es la ocupación, pero también, la mayoría de las veces, que solo es una excusa estúpida para esconder la realidad. A veces, no tengo ganas de escribir, porque el corazón está lo suficientemente negro para dejarse recoger los escombros que deja a su paso, lo que es vivir al diario, y no por un conjunto de días.

En fin.

Problema de carácter personal.

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En lo que podría ser
una descripción,
paulatina,
del oxímoron
entre tu nombre
y el mío,
y de la forma
que logran
las dos rayas
que le hacen
el juego al 1,
encuentro,
por demás,
un balón de fútbol
con el autógrafo
de algún jugador negro,
de buena pierna,
que te recuerda
insistente,
como lo hace
la pantalla del televisor
que titila
gracias a tu hermana,
necia y de pelo verde,
que mantiene
pegado al control,
el dedo gordo.

En lo que podría ser
una descripción,
paulatina de tí,
apareces oxidado,
olvidado,
y pidiendo
tanques de oxígeno.

Del oxímoron
y el uno,
no hay nada que decir,
salvo que son
mariposas transparentes
para pasar el tiempo,
para dormir, si quieres,
en reemplazo de las ovejas.

De los muertos
en cambio,
recordarte
que están muertos.

Muertísimos.

ANIVERSARIO

Cuando en el calendario aparece ese número, que resalta por demás en cualquiera que compre, indiferente del año, del color y la versión, la mente se prepara, en automático, para escribir. EscribirLE para ser más exactos, porque así como nacer hace de un día una fecha especial para recordar año tras año y poner bombas y comer ponqué, la muerte, hace de un día, una fecha triste e indeleble, que va con uno para siempre. 21 años son algo así como 21 calendarios en la basura, 21 días de una que otra lágrima (y a veces más), 21 escritos (en realidad son menos, porque pequeña no solía escribir), 21 aniversarios, 21 extrañamientos y 21 lo que se quiera que pueda pasar cada 2 de julio que Eduardo vuelve a morir.

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Con la red es mejor no ‘meter las patas’

Artículo publicado en EL COLOMBIANO, el 22 de junio de 2009

LAS REDES SOCIALES van más allá del compartir con otros. Si bien sirven para impulsar iniciativas sociales, también pueden convertirse en un karma, especialmente, cuando hay de qué reírse.

Equivocarse es una de esas cosas inevitables. Nadie está exento de caerse, de enredarse al hablar, chocarse con la pared, usar un objeto al revés y puntos suspensivos.

Las equivocaciones generan diversas emociones. Sin embargo, la risa, y la burla, parecen ser los compañeros perfectos del error. “Los humanos tenemos una tendencia a reírnos, a disfrutar de la tragedia de los demás”, explica Gabriel Cataño Rojas, director del Centro de Estudios Ciudad de Medellín del ITM.

Y con ello, llega el temor a hacer el ridículo, porque reírse del otro es muy bueno, pero que se rían de uno, ya no lo es tanto.

Las redes sociales han cambiado el asunto. Antes, alguien se equivocaba y sus compañeros se reían un rato y lo recordaban unos días.

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PARÉNTESIS

Este fue un paréntesis inicial, más precisamente, el paréntesis de Camila Collazos, en Todo amor termina en el centro.

Ojala te acabes. Esta distancia sin sentido, tan lejana. Esta locura sin palabras, tan amnésica. Es justo. Ojala todo se apagará y pudiera amanecer siendo otra. Una Camila diferente, reinventada, mejor, reconstruida. Una Camila sin nombre, porque, ¿qué es un nombre? Sólo letras en conjunto. Camila, sí, ese es mi nombre. Mis letras en conjunto. Esas que puso algún titiritero, sin preguntarme si quería llamarme de esa forma. Ahora tengo que cargarlo, como si fuera mío, como si fuese la culpable. Detrás hay una mujer de cabello negro, muy negro, casi como un carbón, de piel blanca, muy blanca, casi como la nieve. Un metro setenta y cinco de estatura y un cuerpo delgado, a veces, sólo a veces. Y esa es Camila, es esa que camina y se sienta, esa misma que sueña e que imagina, esa misma que vive y que muere, casi cada noche. Perfectamente pudo haber sido Mónica o María o Anastasia, qué sé yo. A veces me pregunto si hubiese sido otra persona, si tuviese otro nombre. Complicado. Sólo quisiera reinventarme de nuevo. Dicen que una nueva casa es una nueva vida. Yo quiero la nueva vida. Las paredes están tan blancas, tan azules. El conejo está tan blanco, tan orejón. Yo estoy tan triste, tan melancólica. Esta ciudad me produce odio, tanto odio. Ojalá el mundo se apagara y perdiera la memoria. Ojalá fuere ella, sin pasado, sin recuerdos, sin nada. Camila, a secas.

Otros apartes del libro:

Todo amor termina en el centro
Camila, Camila, dónde andarás a estas alturas de la noche
Camila, Camila, dónde andarás a estas alturas de la noche II
Una completa mierda

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