CONFESIÓN DE LA C

Todas las noches hago la misma promesa. Voy a escribir todos los días, así sea una letra, mísera. Y todas las noches, como esas promesas de los alcohólicos y los pasados de peso, digo que mañana, que prometo que mañana empiezo, que hoy ando muy cansada, que la cabeza está muy cansada. Y entonces es la posposición, de la posposición, de la posposición y de la posposición. También de la repetición insostenible de ideas. Yo digo todas las noches que voy a escribir a diario, como los grandes escritores. Y luego salgo con la disculpa estúpida (sí, sos una estúpida y todo), de que los grandes escritores tienen todo el tiempo para escribir todos los días. Como si ellos, de toda la vida, tuvieran en la tarjeta profesional: escritores. También, de seguro, fueron soldados rasos de alguna profesión desconocida y querida, por supuesto. No todo tiene que ser tan malo. Todos los días me hago la promesa de que voy a escribir a diario. Y yo escribo a diario, todos los días, infaltablemente, casi, con pseudónimo. Salvo que hablo de escribir de esas cosas extrañas y raras que suelo escribir, sólo por ese sueño absurdo (creo que en algún momento los sueños siempre parecen absurdos, necesariamente) de que debo ser escritora. Prometo, que voy a escribir diario, así me vaya quedando como la oveja.

FANTASMAS

No me pregunten tantas teorías. Yo no sé si eso es una crónica, un reportaje, una noticia, un ensayo literario, un texto académico o, es más, no es nada. A mí no importa, qué me va a importar eso, cuando tengo varios fantasmas rondándome el cuerpo completo, moviéndome la mano y obligándome, casi similar a tener un revólver en la cabeza, a que escriba, a que acabe conmigo, me tire en esta cama y no me vuelva a levantar. Solo tengo que escribir. Ni una letra más.

L

Pequeñita se siente María. Más pequeña que su nombre y que lo que ella es con su cuerpecito delgado. Tiene la cabeza atarugada de palabras. Está que dimite, que se tira en la cama con los ojos cerrados, a dejar que el tac tic del reloj la extermine.

JUGUETES

María está segura, segurísima, de que los juguetes, mientras ella duerme, se despiertan a vivir su propia vida. Por eso hay que dejarlos organizados, en sus camas, en sus casas, con sus juguetes propios, con todos sus accesorios. A los muñecos hay que ponerles cuidado. Si hay un señor Caradepapa sin señora Caradepapa, entonces se sentirá extremadamente solo. María, sabe de juguetes. Se los imagina todo el tiempo. A veces, se pregunta, si ella no será el títere, de otro que es más grande que ella. Puntos suspensivos y María suspira hondo.

UN GOLPE DEL TIEMPO

A veces el tiempo se pasa despacio. Despacísimo, como si el reloj estuviera en la oreja diciendo tic… tac… tic… tac……tac…tic… tac…tic……tic y etcétera. Así sucesivamente y mucho rato, que uno no sabe qué hacer, qué más inventarse. El tiempo es cruel cuando uno tiene una preocupación importante, cuando el de rojo (qué sí existe) está compungido y a la cabeza no le queda más remedio que darle un abrazo y sentarse a llorar con él. El tiempo pasa despacísimo cuando uno quiere hablar con alguien y decirle que los tres minutos esos de la noche anterior, quisiera darles suprimir, y que se vengan todos los que faltan por sonreír juntos.

El tiempo tienen un vicio feo. Lo que hace feliz, lo hace corto, rapidísimo, en dos pestañeadas. En fin.

HE DICHO

No quiere y no se merece ni un punto más. El calor quita todo. Hasta el aliento. Se lleva la sombra, porque el pavimento le quema. Se lleva las lágrimas, por la deshidratación. Y entonces, en esos días en que se corrobora la tesis de alguna cualquier persona, de que la felicidad es por segundos, uno no sabe de dónde pegarse para dibujar, aunque fuese, unas dos lágrimas. El calor, como diría mi amigo Santiago, es infame.

ESTA LUNA

No me regalas la Luna porque tú no regalas cosas regaladas. Eso me parece bien. Yo, es más, tampoco recibo cosas que ya fueron regaladas y que están por ahí, con varios dueños sin escrituras. Y ya que me regalas entonces eso que me dijiste (no voy a contar el secreto para que sea solo de los dos), entonces déjame, sin embargo, describir la Luna. Su amarillo, las nubes que la tapan un poco y ella que se deja ver, carismáticamente hablando. A mí me gusta la Luna y por eso salgo hasta allá, pese a que pocas veces le hago caso a las órdenes.

Luego me quedo sin palabras. Las tuyas fueron suficientes para el espacio, eso sin decirte, que si estamos mirando la misma Luna, de alguna manera estamos en el mismo lugar. Las miradas se conectan a través de esa amarillenta que está al frente y somos dos, ahí donde dijiste.

OCUPADO

Ella llega tarde siempre, pese a que siempre es una palabra exagerada y no quiera matizarlo con el casi. Llega tarde, cuando los corazones están llenísimos, ocupadísimos y todos los sinónimos que se les de la gana. Y cuando no, cuando creería que llega en el momento justo, entonces lo hace al lugar que no debe, allí donde, así esté vacío, no tiene cabida, ni miradas, ni feeling y siga usted lo que se le ocurra y le interese pensar para desfogarse, gozoso, por supuesto.

Cosas, diría ella. Nada más.

SIN NADA

Quiero escribir como cuando hablo. Rápido, de corrido, sin pensar mucho. Me gustaría escribir sin comas sin tildes y sin puntos pero me cuesta un poco. Me duele un poco y se van viniendo en automático Es feo A mí me gusta la ortografía los puntos y las comas y las tildes y así en sucesiva Solo que pienso que cuando uno habla no necesita de eso, salvo pronunciar bien las palabras. No necesita nada más y por eso pese al intento por ahí ven que se cuela uno que otro de ellos En fin Punto

La querencia viene porque estuve mirando el cielo esta tarde Bellísimo estaba, casi como si se hubiese confabulado para la felicidad interna o la rareza, más bien, en que ando desde ayer Es como cuando el alma tiene ganas de cambiar de color de pintura y de acomodar la cama de otra manera Punto Tiene ganas de cambiar de borrar unas cuantas cosas. Ayer coma por ejemplo coma empezó con él Tal vez me anime y publique las cartas, aunque a veces creo que no todo debe ser dicho y de hecho, ese es un gran problema en mí Eso de no poderme quedar callada de que todo haya que decirlo y peor, o mejor, no sé, escribirlo casi hasta quedar vacío por dentro. Algo así como escurrirse de todas las letras que hay adentro Paréntesis me dieron ganas de escribir otro en fin y me voy a dar la licencia porque el papel es mío Cierro Paréntesis Punto En fin.

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