El profesor Gustavo Moncayo, padre del cabo del Ejército Pablo Emilio Moncayo secuestrado por las Farc, subió este domingo a pie al santuario de Monserrate, en Bogotá, con los ojos vendados, según dijo, “a pagar una promesa”.
“Es una forma de solidarizarme con todas las personas que de una u otra forma han caído bajo el fuego cruzado, han caído bajo la incomprensión de aquellos que detentan el poder, vengan de donde vengan”, declaró en la cúspide del cerro.
El cerro de Monserrate, llamada la montaña tutelar de Bogotá, ha sido lugar de peregrinación desde la época de la Colonia y el santuario, cuya construcción terminó en 1920, se levanta en el mismo lugar que ocupara, a comienzos del siglo XVII, una ermita y un monasterio de cartujos.
En ese lugar se exhibe una talla del siglo XVI, El Señor Caído de Monserrate, elaborada por Pedro de Lugo y Albarracín, a la que se le atribuyen poderes curativos.
Decenas de personas acompañaron el ascenso de peregrinación de Moncayo a la cúspide desde la que se divisa la capital colombiana.
El caminante por la paz planea viajar a Bélgica el próximo mes invitado por el Parlamento Europeo (PE), pero ha anunciado que también quiere visitar Inglaterra, España, Francia y Suiza.
Vea el video del profesor Moncayo en Monserrate
El profesor Gustavo Moncayo pedirá en los próximos días una nueva audiencia con el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, para entregarle un documento de los familiares de los secuestrados con propuestas para un acuerdo humanitario.
El documento que espera entregar el profesor al mandatario plantea nuevas alternativas para lograr el retorno de los secuestrados por las Farc a sus hogares.
El secretario de prensa de la Presidencia, César Mauricio Velásquez, indicó este sábado que Uribe está dispuesto a reunirse con Moncayo, pero que el Gobierno cree que también debería formular sus peticiones a las Farc, pues es este grupo el que tiene secuestrado a su hijo, el cabo del Ejército Pablo Emilio Moncayo.
Uribe le pidió a Moncayo el jueves pasado en la Plaza de Bolívar, donde pernocta el caminante, a dos calles de la Casa de Nariño, sede del gobierno, reunirse con Rodrigo Granda, considerado el canciller de las Farc, quien fue puesto en libertad por Uribe como un gesto para un eventual acuerdo humanitario.
Granda, a quien el Gobierno le ha pedido contribuir a la paz, se encuentra en Cuba.
Según Moncayo, su primer encuentro con el jefe de Estado ha sido “mal interpretado”, pues nunca retó al mandatario ya que su objetivo es lograr la liberación de su hijo y “de todos los secuestrados”. Efe
Luego del “cara a cara” entre el Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez y el profesor Gustavo Moncayo, el ministro del Relaciones Exteriores, Fernando Araújo y el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, criticaron las posiciones y requerimientos que Moncayo hizo este miércoles en la Plaza de Bolívar frente a cientos de personas.
Después de visitar en la mañana este viernes al Caminante de la Paz en su cambuche en la Plaza de Bolívar y animarlo, el canciller Araújo cuestionó las declaraciones del docente y dijo que Moncayo enfrentó al Presidente desde sus dos posiciones: “la de un padre de familia pendiente de su hijo que está secuestrado y la de un hombre político; otra línea completamente distinta”.
Y a pesar que el ‘profe’ insiste en que “no busca ninguna plataforma política” con su caminata, Araújo aseguró que durante el encuentro Uribe- Moncayo “el profesor presentó una serie de aspectos de su solicitud que se separan mucho de la condición de un padre que está pendiente de un hijo secuestrado”.
La opinión del Alto Comisionado
Pero otro funcionario que mostró su desacuerdo con Moncayo fue el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, quien a raíz de presenciar las fuertes críticas del docente contra el Jefe de Estado en la Plaza de Bolívar, concluyó que “hay algunos grupos que se le han acercado al profesor Moncayo, que mantienen unas posiciones muy radicales. Ayer se expresaban en la Plaza de Bolívar sin argumentar, solo insultando y eso no le hace bien al profesor”.
Restrepo coincidió con Araújo al decir que entre la solicitud del ‘profe’ “hay una elemento personal, testimonial muy fuerte pero hemos visto en él unas posturas políticas muy simplistas, muy contestatarias, antigubernamentales, diciendo cosas que el gobierno tiene que aclarar y confrontar en un debate sano”.
El grupo disminuye
Mientras tanto, en la carpa de Moncayo el grupo de caminantes disminuye. En su tercer día, varios de ellos abandonaron el cambuche con rumbo a sus ciudades natales, debido al acoso de los problemas económicos que varios presentan en sus familias. Por ejemplo, este viernes en la tarde, el grupo se reunió durante varias horas para escuchar las inquietudes y encontrar alternativas que evitaran el retiro masivo de los acompañantes.
No obstante, nueve “caminantes” abandonaron la carpa cabizbajos por el retiro de la peregrinación y la respuesta que recibieron del Gobierno para lograr un acuerdo humanitario.
“Llevo tres semanas sin trabajar y me preocupa mi familia, la situación económica está difícil”, dijo uno de los nueve acompañantes que regresaron al núcleo familiar, luego de varios días de ausencia.¼br> ¼br> Se cree que durante el fin de semana, cinco integrantes del grupo regresen con sus familias con el mismo argumento. | Colprensa
Colprensa, Bogotá
El presidente Álvaro Uribe demostró ayer que sigue “cargado de tigre” y no hizo cálculos políticos de enfrentarse a una multitud de seguidores y contradictores para lanzar dos propuestas encaminadas a lograr un acuerdo humanitario.
La primera, que las Farc liberen a todos los secuestrados y el Gobierno hará lo propio con presos de la guerrilla que aún siguen en la cárcel, pero bajo las condiciones de no seguir delinquiendo ni retomar las armas.
La segunda, y que se hace la más ambiciosa, es el ofrecimiento de autorizar una zona de encuentro para ” que la paz se firme en 90 días”.
Dichos ofrecimientos se dieron en la Plaza de Bolívar, donde el Jefe de Estado protagonizó un pulso sin precedentes con el profesor Gustavo Moncayo, en medio de un calor que subió de la misma forma en que subieron las declaraciones de ambos.
En directo por televisión y acompañado por parte de su gabinete, Uribe defendió su negativa inmodificable a despejar un “milímetro” del territorio para negociar con las Farc y los logros de su administración en salud, educación y Plan Colombia.
Con lágrimas en los ojos, el profesor Moncayo calificó de “intransigentes” a Gobierno y Farc y les pidió que se sienten a buscar caminos para dialogar en una zona de encuentro.
Aplausos y abucheos
Frente a ellos, centenares de personas se apretaron en la Plaza y mientras algunas exigían el acuerdo humanitario y lanzaban consignas contra Uribe, otras lo aplaudían y exigían respeto, en medio de un ambiente tenso pero sin violencia física.
Ante los gritos de algunos de los opositores, a los que el Presidente calificó en el momento de mayor efervescencia de “anarquistas”, sus seguidores coreaban su nombre.
En más de una oportunidad, el mandatario llamó a quienes lo descalificaban a que lo hicieran desde las propias escalas del Capitolio.
Una mujer que se identificó como estudiante de ciencias políticas en el exterior fue autorizada para romper el cordón de seguridad y ante el micrófono expresó sus reparos al Gobierno.
“Usted le está vendiendo el país a Estados Unidos y seguimos siendo tan pobres como siempre. Invertimos en armas y en fumigaciones ¿dónde están los resultados de la inversión social?”.
Los gritos arreciaron. Uribe no bajó la voz: ¡El que escucha tiene derecho a contestar! y dijo: “Le recuerdo los acuerdos comerciales: primero, el CAN- Mercosur; segundo, con Chile. Estamos negociando con Europa, hicimos acuerdo de comercio con Cuba. Hemos aumentado más la inversión en educación y salud que en las Fuerzas Militares”.
El Presidente demostró que está hecho para deliberar y confrontar, pero no ocultó su disposición para aclarar cada tema en el que vea comprometida su voluntad de paz.
Dijo que no puede ofrecer lo que está en manos de terceros, al ratificar que la extradición de alias Sonia y de Simón Trinidad es una responsabilidad suya y asume los costos de esa decisión. Le ofreció a Moncayo ir a Cuba para que hable con Rodrigo Granda, el llamado “canciller” de las Farc.
Dos horas después de iniciado el pulso, Uribe remató su discurso con un grito de ¡Viva Colombia! y fue saludar al público. Luego se fue a la Casa de Nariño y la Plaza de Bolívar poco a poco se desocupó. Quedaron tres carpas donde una familia espera el regreso de su ser querido.
Encounter between Uribe and Moncayo
After meeting with Professor Gustavo Moncayo, the man who walked 1160 kilometers in an effort to get the Farc and the Government to reach a humanitarian agreement, President Álvaro Uribe announced that he will accede to a 90-day meeting zone in which to make peace with the Farc as long as this guerrilla group frees the people it has kidnapped and does this alongside the international community.
Petty officer Pablo Emilio Moncayo’s father insisted that he intends on living in Bogotá’s Plaza de Bolívar while the humanitarian agreement is being realized.
Colprensa-Bogotá
El pulso que se vivió en la Plaza de Bolívar, de Bogotá, entre el presidente Álvaro Uribe y el profesor Gustavo Moncayo dejó en el ambiente una polarización de los argumentos y una lección: la apertura al diálogo sin violencia.
Para los analistas, lo vivido ayer fue más tenso que los habituales consejos comunitarios de Uribe, que supo defender sus convicciones.
Y para el profesor Moncayo quedó como ganancia que su caminata adquirió un simbolismo inimaginable e históricamente poco conocido.
Dos miradas diferentes sobre el acuerdo humanitario se enfrentaron en la plaza para defender sus posiciones, en medio de un ambiente de respeto y franqueza.
Pero más allá de eso, quedaron dudas por absolver. Y quizá la más importante es el futuro del acuerdo humanitario, luego de que Uribe anunció dos propuestas que se harían efectivas siempre y cuando las Farc liberen los secuestrados: excarcelación masiva de guerrilleros y la creación, durante 90 días, de una zona de encuentro para negociar la paz.
Presión para el acuerdo
Para los expertos consultados, la propuesta del Presidente, sumada a la presión que ahora puede ejercer frente a la opinión pública el profesor Moncayo, se podrían convertir en una nueva puerta para lograr el acuerdo humanitario.
“Lo que está haciendo es abrir las puertas de un proceso con las Farc. El Presidente retoma la iniciativa y pasa del no absoluto, a sostener que sí es posible”, dijo el ex viceministro de Justicia Rafael Nieto.
El asesor presidencial José Obdulio Gaviria afirmó que el Gobierno hace propuestas y no tiene por qué ceñirse a las condiciones de las Farc, que son las que deben ceder.
“Vi en la reacción del público un rechazo al despeje. Creo que el Presidente ha logrado hacer que la población colombiana entienda una consigna que contradice con la de las Farc, que había sido asumida por las de los familiares de las víctimas y por algunos sectores de la izquierda y la oposición”.
Patricia Perdomo, hija de la ex congresista Consuelo González, dijo que las dos propuestas hechas por Uribe son interesantes, pues “permitirían agilizar el acuerdo humanitario y la liberación de los secuestrados pronto”.
Lo que dejó el pulso
Frente al pulso Uribe-Moncayo, Loaiza aplaudió el gesto del mandatario de reunirse con el profesor y calificó el encuentro como “un acto de generosidad. El Presidente lo esperó 40 minutos y aceptó que llevara a todo el que quisiera a la reunión”.
Sobre el encuentro, Gaviria dijo que en el discurso de Uribe no hay ninguna novedad y que el pulso es normal en el carácter del Jefe de Estado, “es una explicación, una reiteración largamente expresada por el Presidente que, poco a poco, ha ido calando”.
El politólogo Enrique Serrano sostuvo que el “encuentro es simplemente la expresión de respaldo del Presidente a la actitud de Moncayo, pero también tiene que ver con la posibilidad de explorar caminos nuevos para ensayar el intercambio humanitario”.
Los consultados coincidieron en que Moncayo debe quedarse en la Plaza de Bolívar.
“El caminante por la paz representa una gesta, es simbólico, hace más visible el dolor de las víctimas. Me parece muy positivo”, comentó Nieto.
El politólogo Serrano aseguró que la permanencia del profesor es un poco inquietante, pero de todos modos es conveniente, porque es “una especie de estandarte vivo de resistencia”.
El analista Ramiro Bejarano afirmó que sí debe quedarse en la Plaza. “Eso es lo que desvela a Uribe”.
Y para Perdomo si eso va a ayudar al acuerdo humanitario, “pues bienvenido sea”.
Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República.
“Si las Farc liberan a los secuestrados, con participación de la comunidad internacional, el Gobierno acepta una zona de encuentro para pactar la paz en 90 días”.
“La opción de la zona de despeje no. Le dije (a Moncayo) que la zona de despeje no y con toda franqueza no podía conversar tres horas con él para engañarlo”.
“Me preguntaron en la carpa donde está el profesor Moncayo: ‘¿liberaría a cualquiera?’, y dije sí, pero con un compromiso. Por ejemplo, no puedo traer a Sonia ni a Simón Trinidad, que están en Estados Unidos. Yo los extradité y asumo esa responsabilidad (…) Yo liberaría a los que están en Colombia, a todos no. Liberaría guerrilleros a cambio de que liberen a los secuestrados, con la condición de que no se reincorporen ni al asesinato ni al secuestro”.
“Aquí hay firmeza, pero no están cerradas las puertas de la paz. Este Gobierno tiene tanta firmeza para enfrentar a quienes persisten en el terrorismo, como apertura para buscar la paz”.
Gustavo Moncayo, promotor del intercambio humanitario.
“No hay que lanzar propuestas por lanzar propuestas, hay que sentarse a la mesa y dialogar. Si lanza propuestas, quién nos garantiza que la guerrilla va a aceptar la propuesta”.
“Llevamos 10 años y qué hemos logrado. Nada. El mismo discurso del Presidente, el mismo discurso de las Farc, no va a nada”.
“Hemos sido víctimas de la inconciencia del Gobierno y de las Farc. Nosotros hemos sido la pelota de ese juego”.
“Tristemente nuestros hijos siguen allá en la selva, por más cosas que se hayan hecho ellos siguen secuestrados”.
“¿Por qué tenemos que esperar a que nuestros hijos nos los entreguen como los diputados del Valle?”.
“Debemos unir todos los esfuerzos, tanto del pueblo como del Gobierno, los familiares y la misma guerrilla y buscar otras alternativas de apoyo, como el apoyo internacional, eso es un trabajo tal vez a largo plazo, pero lo más inmediato sería el acuerdo humanitario”.
En un enérgico discurso en la Plaza de Bolívar, tras su encuentro con el profesor Gustavo Moncayo, el presidente Álvaro Uribe que si las Farc liberan los plagiados está dispuesto a autorizar una zona de encuentro para negociar la paz en 90 días.
Escuche la propuesta del mandatario.
Aug
2
Presidente Uribe tuvo que esperar para reunirse con el profesor Moncayo
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Poco después de las 9 de la mañana llegó a la Plaza de Bolívar en Bogotá el presidente de la República, Álvaro Uribe, donde adelantará una reunión con el Caminante de la paz, el profesor Gustavo Moncayo.
Poco antes de la cita, el jefe de Estado manifestó a los periodistas que sostendrá un diálogo muy respetuoso con un “compatriota víctima, un padre con dolor”.
El mandatario dijo que la charla con el profesor Moncayo, que este miércoles terminó su caminata en Bogotá tras 46 días de recorrido, se hará con afecto, “con toda la consideración y con todo el respeto”.
El presidente Uribe acudió a la cita acompañado del vicepresidente, Francisco Santos; los ministros del Interior y Relaciones exteriores, Carlos Holguín y Fernando Araújo; el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Sarmiento; y el intendente de la Policía, John Frank Pinchao.
Uribe y Moncayo se encontraron finalmente a las 9:55 de la mañana, luego de que el Caminante regresó de la celebración litúrgica. Tras un cordial saludo, ambos ingresaron a la carpa que sirve de alojamiento al profesor y a sus acompañantes desde la tarde del miércoles, para cumplir con la reunión pactada 24 horas antes.
Audio: El presidente Uribe habló a los medios antes de la reunión
Colprensa, Pasto
Del hombre tímido que llegó a Sandoná hace 30 años para arreglar equipos de sonido y ganarse la vida, queda muy poco.
En ese entonces, Gustavo Guillermo Moncayo Rincón, procedente de Santiago, un pequeño pueblo de Putumayo, decidió que tenía que estudiar en las noches para superarse.
Se amañó con el olor a panela que brota por todos los rincones de Sandoná y se enamoró de Stella, alumna de décimo grado del colegio Santo Tomás de Aquino.
La mujer que, dice él, fue, es y será el amor de su vida.
Se convirtió en profesor y conformó una familia que, sin muchas comodidades pero con grandes valores, es hoy respetada en toda Colombia.
Es testarudo. Voluntarioso. Soñador. Por eso, a sus más allegados no les extraña cuando los medios de comunicación anunciaron que el profe se quedará a vivir en la Plaza de Bolívar, de Bogotá, hasta que su hijo regrese a la libertad.
“Cuando algo se le mete en la cabeza lo saca adelante contra viento y marea”, sostiene Camilo Fajardo, habitante de Sandoná.
Compinche de Pablo
Moncayo recuerda que los nacimientos de sus hijos (Pablo Emilio, Nora Elena y Carol Dayana) alegraron el hogar.
Y como al profesor de sociales e historia le encanta la música, su único hijo varón le siguió los pasos integrando grupos folclóricos. Tocaban charango, guitarra y quena.
Esta pasión tejió un lazo especial entre Gustavo y Pablo Emilio. Parecían compinches, no padre e hijo, dice Mireya Cabrera, cuñada del profesor.
Pero la armonía y el amor de esta familia del barrio Mundo Nuevo, de Sandoná, se fue a pique el 21 de diciembre de 1997, cuando se enteraron de que las Farc habían atacado la base militar del cerro Patascoy, una inhóspita montaña en límites de Nariño y Putumayo, que Pablo Emilio custodiaba junto a otros 20 compañeros.
Desde entonces, la vida de la familia se desmoronó.
Los viajes a San Vicente del Caguán (antigua zona de distensión), a Bogotá y a donde fuera posible para hablar del intercambio humanitario, estuvieron a punto de dejar sin trabajo al profesor más de una vez.
Uno de los capítulos más dolorosos en la lucha de Moncayo por su hijo lo vivió hace tres meses, cuando un hombre lo llamó y, tras asegurar que era de las Farc, le pidió reunir dinero, una cámara de video y otra de fotografía y unos celulares para grabar pruebas de supervivencia.
Al final, fue un robo. “Eso creo que le colmó la paciencia”, recuerda su hija Nora.
Entonces, salió caminar los 1.150 kilómetros que separan a Sandoná de Bogotá para llamar la atención y lograr una luz para el intercambio humanitario.
En un principio la decisión no fue compartida por Stella ni por sus hijas. Incluso, recuerda Moncayo que con algo de disgusto dejó servido el almuerzo del Día del Padre para emprender la marcha que lo tiene hoy en Bogotá.
Colprensa, Bogotá
Al hacer su arribo a la Plaza de Bolívar, de Bogotá, el profesor Gustavo Moncayo se dirigió a la multitud que lo acompañó. Allí culpó del secuestro a los políticos del país, a los familiares de las víctimas y al pueblo colombiano por su “indiferencia”.
“No hemos hecho nada por liberarlos ni el Gobierno ni los concejales, ni los congresistas ni nadie ha hecho nada por nuestros seres queridos”, dijo Moncayo. Luego añadió que “de igual manera tenemos culpa los colombianos porque hemos sido indiferentes ante el secuestro y el dolor de tantas familias”.
Después, Moncayo aseguró que la responsabilidad de la mala situación del país es “del pueblo, porque nos ha dejado solos”. Agradeció a su hija Yury Tatiana por acompañarlo desde el primer día de la caminata.
Desde la tarima reiteró al presidente Álvaro Uribe que de recibirlo lo haría en su “cambuche” en la Plaza de Bolívar, donde “voy a tener mi vivienda y así como se desplaza (el Presidente) a los consejos comunales, lo invito aquí y lo espero si quiere acompañarnos”.
Ayer mismo el presidente Uribe dijo que se reuniría hoy, a las nueve de la mañana, con el profesor Moncayo en la Plaza.
Moncayo lanzó la invitación a todos los colombianos “que deseen acompañarnos. Serán bienvenidos con chocolate, arepas y queso, para que mi familia no se vaya a desmayar”.
Enseguida alzó la voz y aseguró que “estaré acá hasta que haya acuerdo humanitario y me pueda liberar de mis cadenas”.
El Caminante por la Paz criticó al Jefe de Estado. Dijo que al no concretar el despeje violaba los estatutos de los Derechos Humanos y dejaba en peligro la vida de los secuestrados.
A las Farc les propuso no secuestrar más, no atacar las bases militares y plantear un cese el fuego y deponer las armas.
Y al Gobierno le pidió cancelar el gasto militar e invertir ese dinero de la guerra en obras sociales, de salud, dotación de escuelas y educación”.
Durante más de una hora hizo un recuento de su viaje y recordó anécdotas, como su estadía momentánea en la vivienda de una familia que le brindó un agua de panela con envueltos de maíz, donde llegó un hombre “en un lujoso BMW, se tomó una foto y se fue”.
Recordó su estadía en un hospital de Cali, Valle, donde llegó a curarse las ampollas.
Se recostó en una camilla pero estuvo “muy mal porque se salían los resortes por todos lados, y cuando me quise sentar, casi se me van para otro lugar ¡Y eso que era uno de los mejores hospitales de Cali!”
Agregó otra vivencia: “en el alto de La Línea todos hacían apuestas. Y un hombre pasó y dijo ‘ese hace trampa, se sube a un carro para que lo pasen’. Después esa persona tuvo que tragarse sus palabras y me dijo ‘me quito el sombrero, le gasto el almuerzo y me voy con usted para Bogotá’”.
Justificó sus visitas a colegios y universidades, porque quiere dar las lecciones del maestro: las vividas durante 46 días de caminata, tiempo en el que conoció la pobreza y los bellos paisajes del país.
Al final de la tarde, el profesor Moncayo fue recibido en la Conferencia Episcopal de Bogotá, donde asistió acompañado de su familia para reunirse con el clero de la Iglesia Católica.
¿Sirven las firmas que recogió Moncayo?
Las firmas que recogió el profesor Moncayo en su recorrido y las que le hicieron llegar a su comitiva tendrían solo un carácter simbólico y no representarían en materia legal un camino viable para alcanzar el acuerdo. Para la ex registradora nacional, Almabeatriz Rengifo, las “firmas tienen el valor del sentimiento de todo un país en la búsqueda del intercambio humanitario para que estas personas alejadas hace tanto tiempo de sus hogares puedan volver”. La ex funcionaria explicó que las rúbricas que “se recogen para los mecanismos de participación tienen unos procedimientos especiales. Pero a mí me parece que la manifestación con estas firmas es una realidad que no podemos desconocer”.
La opinión
Ana Teresa Bernal, presidenta colegiada de Redepaz
“Usted profesor es un símbolo muy importante (…) Su maestría de aula pasó a convertirse en pedagogía del ejemplo, en una sociedad que se ha ido acostumbrando a ver la muerte violenta como normal, el secuestro, la desaparición de personas y la intimidación como destino”.
Aníbal Gaviria Correa, gobernador de Antioquia
“Su gesta es un acto de profundo amor. Respaldamos esa marcha porque vemos en ella la misma filosofía que inspiró a Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri para ir a Caicedo. La marcha es el arma por excelencia de la Noviolencia. Es el hastío del pueblo colombiano por el secuestro”.
Juan Manuel Santos, ministro de Defensa
“El profesor es una persona que merece toda la admiración y el aprecio del pueblo colombiano y, por eso, el recibimiento que le brindó Bogotá es más que justo (…) Ojalá veamos la sensibilización de las Farc, aunque han dado una demostración de que nada les llega al corazón”.
Gloria I. Ramírez, presidente de la Comisión de Paz de Senado
“Hemos venido haciendo una estructura de cómo el Congreso puede aportar a crear un ambiente que permita que el acuerdo humanitario se haga realidad (…) Debe haber un principio humanitario para que la propuesta se haga realidad”.