EL OLVIDO

Por Esteban Jaramillo Osorio, Bogotá [estebanjaramillo7@hotmail.com]

No se si las fiestas de retiro de los futbolistas, son un reencuentro breve con la fama, con los amigos, con el público, con los recuerdos, o  un vulgar negocio. Más parece esto último. Pocas veces estas celebraciones tienen de por medio mensajes de solidaridad y el dinero recaudado tiene como destino una causa social. La mejor manera de salir del aburrimiento que produce la inactividad o de rescatar algún dinero, cuando ya las deudas agobian, es inventarse un encuentro de despedida  en el que, como estrategia de mercadeo, se anuncian nombres pomposos de jugadores  que tuvieron talla mundial. Estos también recorren el mundo, entreteniendo a la gente y viviendo el ocaso del reconocimiento de los aficionados.

Queda demostrado que los años de vida útil para el futbolista son pocos, que la fama es efímera,   que el dinero, si no se administra con acierto, es poco duradero y  que cruel, en extremo, es el olvido. Que muchos, cuando el aplauso no esta, asumen una vida secreta, llena de decepciones en el amor, en el negocio y, sobre todo, frustrante en el futbol.

Cuando sus prodigios con el balón, se van distanciando en el recuerdo y la corte de amigos que le aplaudió, con complicidad sin límite hasta en sus desmanes,  ha huido, el futbolista colombiano entra en crisis nostálgica, a tal punto que no quiere volver a los estadios.

Viudez de fama, se asegura. Aquellos micrófonos que  se engolosinaron en el elogio; aquellos aficionados que los idolatraron; aquellos directivos que los mimaron, como a finas porcelana, ya no están. Los relevaron en el afecto. Los protegidos son otros.

La vida  del futbolista famoso, tuvo unos albores poco envidiables. Muchos fueron hijos del hambre y la necesidad y hasta de la miseria. Pero luego  a la sencillez la reemplazaron con vanidad,  a la decencia con disparates, al respeto con desplantes. Olvidaron muy rápido las estrechecez del comienzo y a quienes los impulsaron, como muestras avanzadas de ingratitud. A ese mismo mundo, regresan luego. Sin luces, sin aplausos, sin entrevistas,  ignorados por hinchas y periodistas que en Colombia, no le dan durabilidad al ídolo.

En estos crueles silencios, desterrados de los escenarios, donde ya no tienen el beneplácito del público, una buena forma de reír un rato, de hallar los deleites visuales de una tribuna con amigos y de recaudar fondos, para unas cuentas personales fundidas, es hacer un partido de despedida.

Cierto es que  son varios los futbolistas que dinero no necesitan, porque fueron tan buenos para jugar, como hábiles para negociar  y administrar. Pero larga es la lista de quienes despilfarraron fama y plata y nunca cuidaron el tesoro que representa el hincha con sus afectos.
[Esteban Jaramillo]

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