Amos de casa ¿Oficio sin sueldo?

amos_de_casa_carlos_munera

No estamos acostumbrados a leer esta palabra en género masculino y, usar el “Amos y amas”, me es fastidioso cuando el idioma ya lo tiene resuelto hace mucho tiempo. Cabe, pues, traer este genérico para hablar de quienes ofician el cargo de manera libre y voluntaria; y de quienes el desempleo u otro infortunio les ha forzado a permanecer en casa y a las actividades que ésta demanda.

Ser amo de casa suele ser percibido de muchas maneras, algunas de ellas, despectivas. Sin embargo, quien funge este oficio lleva a cabo una labor como cualquier otra que debería ser pagada y, si no hay estipendio para ello, valorar el costo que representa, no solo un asunto de oficio de aseo, sino del de la administración de un hogar, una prole y las responsabilidades que todo esto representa.

Quien es amo de casa: cuida, asegura, asea. Si hay hijos: cocina, alimenta, recibe, asesora lo académico. Si se encarga del aseo: limpia, lava y mantiene la casa en algún estándar de orden. Si cada una de estas actividades se evaluara cuantitativamente y fuera llevada a una estructura de costos, la cuenta de cobro o de pago ascendería en algunos ceros después de otra cifra anticipada.

Es tan dignificante este oficio que, con libre albedrío, muchas personas eligen despedirse de sus oficios o profesiones para volcarse a la construcción de hogar por medio de esta actividad. Es de notar que quien trabaja en este quehacer, construye para sí mismo y para su hogar; contrario a quienes trabajan en empresas ajenas y hasta en altos cargos para multinacionales ¡El amo de casa, deja todo su esfuerzo en ella!

Los modelos de administración son variados. Los hay sin sueldo ni remuneraciones. Los hay con lo que parecen “donaciones” por parte de cónyuges. Existen amos de hogar que solo tienen el presupuesto líquido para comprar el menudeo para la alimentación del día. Los hay, con rostro mendigo y clamor de misericordia. Hay quienes solo pueden esperar un día “especial”, sea madre, sea padre; para recibir algunas monedas no ya para el mercado, sino para un gustico propio. Ser amo de casa exige mayor dignidad a aquel que lleva el poder adquisitivo de la casa ¡No limosnas!

Ahora sí, y sin patéticas inclusiones, hay amas y amos de casa, pues, es necesario discriminar el género del lenguaje para detallar que los días de este siglo han traído consigo cambios en la estructura del hogar. Ya se puede hablar de hombres que han decidido quedar en casa para llevar su administración, por libre elección, por consensuo mutuo, por ser sus parejas quizás, quienes tienen un empleo fijo o mayor ingreso o mayor estabilidad. Por ser quienes desean cuidar de sus hijos, acompañarlos.

Llamo la atención de aquellas parejas donde alguno ha elegido o le es obligatoria su permanencia en el hogar o mejor: en la casa, pues el hogar va con uno a donde sea; de que quien queda en casa y sin estipendio alguno, merece su pago, pues, ya hace su aporte; merece dinero para sus gastos diferentes a los obligatorios que trae el hogar ¡También merecen calmar sus antojos!

Colofón: Jacobo, mi hijo, me ve planchando la ropa de todos. ¿Papi, y es que usted sabe planchar? / ¡Claro! ¿No me ves, pues? / Pero, yo nunca lo he visto. / ¡Ah! eso es otra cosa ¡Que no me hayas visto no significa que no sé!

En la foto: Sastre, centro de Medellín. 2008

Espere: Amos de casa ¡Libido en peligro! / Amos de casa ¡Otra forma de meditación!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>