Cátedra Café, para Colombia

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Llega un extranjero a Colombia y, con nuestro don de gentes, le invitamos a un café, pues es nuestro producto de mostrar; al intentar el primer sorbo, el invitado pregunta ¿Qué es esto? Es café “el mejor del mundo”, esto es horrible, increpa, sorprendido el visitante al que queríamos sorprender.

¿Qué tanto sabemos los colombianos de nuestra bebida nacional? ¿qué tanto tenemos acceso a una taza con calidad? ¿sabemos preparar nuestra bebida insigne? ¿qué tanto saben más afuera que al interior de Colombia, acerca del café? ¿por qué ignoramos tanto conocimiento de lo que debería ser el tema embajador ante foráneos? ¿por qué sabemos más de vinos que de café, en un país que no es vinícola?

La vergüenza del propio, invitando a tomar café a un extranjero, la han vivido muchas personas, pues, no entiende porqué este último rechaza lo que debería ser una amable atención; y resulta que el invitado ha tomado mejores cafés, colombianos, por fuera de este país. Entonces, nos preguntamos ¿qué es lo que estamos tomando? ¿cuál es la fama de nuestro café?

Colombia, por tanto, debería ser maestra en el tema, deberíamos ser los embajadores que más deberíamos de saber de nuestra propia bebida, deberíamos dar cátedra a quien estuviera dispuesto a escucharnos y, por tanto, deberíamos estar tomando el mejor café y no como pasa con la minería, que exportamos en bruto y afuera le dan la transformación y el valor agregado y como resultado de ello, afuera nos admiran más por nuestra riqueza que lo que nosotros nos valoramos internamente: eso es pobreza en medio de la riqueza.

La academia debería, por tanto, crear una cátedra, la Cátedra del Café, que llame la atención en todo el territorio de la importancia que debería tener nuestro producto gastronómico nacional, una bebida: el café; con todos los periféricos anclados al tema y con la importancia que debería tener un ecosistema robusto y apoyado por entidades de diferente orden, incluso de la existencia de un instituto del café para Colombia.

Una cátedra que llame nuestra propia atención, nos evangelice, nos eduque para ser embajadores permanentes; para que haya una nueva bonanza cafetera que no dependa del número de sacos exportados, sino de la calidad. Como lo repite una y otra vez, calculadora en mano, Andrés Ruiz Márquez, instructor del Sena y emprendedor: el solo incremento interno en el consumo de buen café daría para hacer felices a muchas familias campesinas.

Cátedra del Café, para salir de una ignorancia imperdonable. Para ser maestros de nuestro propio conocimiento. Para marcar el norte en temas de consumo. Para ser exigentes con el mercado nacional. Para exigir mejores prácticas por parte de las grandes marcas. Para ser de este grano estimulante un símbolo renacido.

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