La alquimia del alma

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A los pájaros que anuncien la mañana con su canto les espera banano. A las columbiformes dueñas de los parques y transportadoras de miles de piojos, les corresponde una gran cantidad del maíz importado. A los pericos presos, el alpiste; a los colibríes, néctar casero. Al gallinazo (Coragyps atratus), golero o zopilote, le es reservada la piedra, la escoba y el espanto en días en que el carro transportador de basura pasa por calles y carreras. Las cantoras, nos regalan su llamado. Las de parque, su coreografía. Nuestros buitres, nos regalan salud. Su buche y sus ácidos transforman carnes mortecinas en abono.

Las urbanas, buscan entre el rechazo embolsado, el insumo de la transformación y por ello son víctimas de la piedra y la amenaza. Las rurales, encuentran máscaras de piel perforadas por la cadaverina que solicitan engullición. Así hace el alma a quien presta sus oídos a la transformación. Toma de lo oscuro, de lo bajo, de lo rechazado, de lo oculto, de lo penozo, de lo vergonzoso; y lo transforma en energía de vida, en alimento, en sustento alquímico. Estos buitres me representan la alquimia del alma.

Mi abuela Juana, sacaba del congelador una bolsa y me la entregaba como quien cede algo sospechoso y me enviaba a la quebrada* más cercana. El contenido oculto del paquete eran las sobras crudas de piel de pollo. Guardaba los “cueritos” para alimentar a los rechazados gallinazos del barrio. Espantarlos está bien ¿Por qué apedrearlos? Deberíamos llevarlos a zonas de concentración política… tienen una alta capacidad para oler pestilencias.

Después de la muerte

- ¿Y cómo te pasó a vos?

* Pues, nací por allá en Montería, en unos pastizales altos, hermosos, con buen clima y mis padres al lado. Hasta que, de un momento a otro, llegaron unos hombres, altos, con algo en sus cabezas que les impedía recibir la luz, así que sus cabezas eran pura sombra. Luego, nos gritaron a todas para que nos subieran a esos motores que marchan rápido y luego fui negociada, separada de mi familia; fui quemada nuevamente para borrar mi bautizo. Estuve en el momento unos días más y vendida de nuevo; luego, luego vinieron los gritos, empujones y la muerte.

* ¿Y a ti? ¿Cuál es tu historia?

- Yo estaba a tu lado, en Montería, solo que estábamos muy jóvenes para buscarnos el uno al otro. Soñé contigo yendo a la charca donde bebías agua; soñé lamiendo tu oreja; teniendo una cría tan bella como tú. Ese día que te llevaron corrí, lejos, lo más rápido que pude. Solo recuerdo una explosión. No sé más. Miro al cielo y pienso ¿qué es lo que llaman bondad?

“¡Este es un banquete de pipiripao!” – Gatuperio

Un post, para rescatar palabras…

De Rafael Pombo

Mirringa Mirronga, la gata candonga va a dar un convite jugando escondite, y quiere que todos los gatos y gatas no almuercen ratones ni cenen con ratas.

“A ver mis anteojos, y pluma y tintero, y vamos poniendo las cartas primero.

Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas, y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.

“Ahora veamos qué tal la alacena.

Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena! Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.

¡Qué amable señora la dueña de casa! “Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.

Id volando al cuarto de mamá Fogón por ocho escudillas y cuatro bandejas que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.

“Venid mis michitos Mirrón y Mirrín, traed la canasta y el dindirindín, ¡y zape, al mercado! que faltan lechugas y nabos y coles y arroz y tortuga.

“Decid a mi amita que tengo visita, que no venga a verme, no sea que se enferme que mañana mismo devuelvo sus platos, que agradezco mucho y están muy baratos.

“¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran ¡Qué quiten el polvo, que frieguen, que barran

¡Las flores, la mesa, la sopa!… ¡Tilín!

Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!”.

Llegaron en coche ya entrada la noche señores y damas, con muchas zalemas, en grande uniforme, de cola y de guante, con cuellos muy tiesos y frac elegante.

Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta en una cabriola se mordió la cola, mas olió el tocino y dijo “¡Miaao!”

¡Este es un banquete de pipiripao!”

Con muy buenos modos sentáronse todos, tomaron la sopa y alzaron la copa; el pescado frito estaba exquisito y el pavo sin hueso era un embeleso.

De todo les brinda Mirringa Mirronga: – “¿Le sirvo pechuga?” – “Como usted disponga, y yo a usted pescado, que está delicado”.

– “Pues tanto le peta, no gaste etiqueta: “Repita sin miedo”. Y él dice: – “Concedo“.

Más ¡ay! que una espina se le atasca indina, y Ñoña la hermosa que es habilidosa metiéndole el fuelle le dice: “¡Resuelle!” Mirriña a Cuca le golpeó en la nuca y pasó al instante la espina del diantre, sirvieron los postres y luego el café, y empezó la danza bailando un minué.

Hubo vals, lanceros y polka y mazurca, y Tompo que estaba con máxima turca, enreda en las uñas el traje de Ñoña y ambos van al suelo y ella se desmoña.

Maullaron de risa todos los danzantes y siguió el jaleo más alegre que antes, y gritó Mirringa: “¡Ya cerré la puerta! ¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!”

Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia y armó un gatuperio un poquito serio dándoles chorizo de tío Pegadizo para que hagan cenas con tortas ajenas.

La seriedad de los gatos

¿Usted qué está haciendo? Tomando unas fotos ¿A quiénes? A ustedes ¿Para qué? Para publicar en Internet, simplemente para eso, no pretendo venderlas aunque a veces se venden; solo quiero mostrar cosas de la calle ¿Y, usted, cree que nosotros somos de la calle? Para nada, entiéndame, pretendo dar otra visión de las cosas que uno se encuentra en el centro o en zonas deprimidas ¡Nosotros no tenemos depresión! No lo digo por ustedes, que se ven sanos y alegres ¡Lo somos! Y les creo, pero hay gente que solo ve lo malo en la calle, en el centro de la Ciudad y cosas así ¿Qué cosas? Cosas, cosas como ustedes ¡No somos cosas, somos Gatos! Lo sé, pero poca gente se imagina lo que uno puede encontrar en un almacén de maderas como este que ustedes presiden ¡Y lo hacemos muy bien! Lo imagino ¿Lo imagina o lo cree? Al imaginar ya estoy creando, pues ya le puse nombre, etiqueta, cosas así ¿Qué cosas? Es un decir ¿Por eso, qué dice? No, no digo nada, solo le respondo ¡Pero a medias! No, es que es complicado explicarle todo esto ¡El complicado es usted! Puede ser ¡Puede no, lo es. Buena tarde joven, y no se lleve más imágenes! Lo siento ¿Qué siente? Perdón, ya me voy.

Gatos en almacén de maderas, zona de Cisneros, Medellín.

El que es acomedido, come de lo que está escondido

Cuando se toma café en compañía, salen del escaparate las historias familiares, salen los cuentos de espantos, salen los recuerdos personales. Cuando se toma café, se apagan algunas luces para que la atención se concentre en los contertulios que, familiares o no, hacen comunidad alrededor de la mundial bebida. Un recuerdo mío:

Marlene, mi madre, siempre me dijo que las “gallinitas” y los palomos eran muy agradecidos, y que cada vez que tomaban agua del bebedero, levantaban sus cabezas para agradecer a Dios en cada sorbo. Lo decía, porque cada vez que el pescuezo del animal se doblaba para tomar agua, este levantaba su cabeza como para ayudarse a ingerir el líquido, acción que se repetía por cada sorbo. A mamá siempre le pareció que miraban para abajo, bebían, miraban hacia arriba y agradecían al creador ¡como los de la foto!

Y vos… ¿qué recordás de los cuentos de antes o de tu niñez?

Avistamientos

Donde hay café, hay flores; donde hay flores, hay mariposas; donde hay mariposas, hay vuelos; donde hay vuelos, hay viento; donde hay viento, hay pájaros; y donde hay pájaros, hay alguien sentado en silla idónea viendo el acontecer de ellos. Donde hay un ser humano, productor o campesino, dueño u obrero, infante o experiencia; donde hay alguien que admire lo creado, allí habrá estética por siempre.

Fotos tomadas en la vereda Bengala, Yolombó.

Inocencio, un muleto cafetero

El campo cafetero se llena de sonidos que la ciudad extraña: canta un gallo en horarios irregulares para el forastero, pájaros cantan “bíchiros” y otros sonidos que es difícil llevar a letras, tres perros ladran en juego cerrado y un cuarto a lo lejos pide silencio, una yegua patea su encierro y el viento canta lo suyo al pasar por guaduas vivas. Todo transcurre así en el Edén corrompido.

Pero este Edén de los siete días aún transcurre en la viña: la creación sigue activa y haciendo lo suyo; nuevos integrantes de la familia vienen y se van, se reciclan en la tierra y se hacen palo de mango, flor o pepa de café. Hace pocos días, 22, nació Inocencio, muleto brioso que vino para hacer lo suyo con orgullo animal.

Decir que es un mulo es honor en la comarca, pero decir mula en otros contextos es un descontento. Habrá que resarcirnos con estos híbridos de hacer mal uso de su nombre; que ni mula ni burro es sinónimo apropiado para acercarnos a la ignorancia o a la terquedad de la mente. Inocencio tendrá el honor de emular a Conchita, la famosa, la triunfante y viajera; pero en tierras locales, sin viajes largos en primera clase.

Así que, Inocencio, haz lo tuyo; carga en tu lomo los sudores campesinos de costales y humanidades fuertes; camina las veredas del sabor y haznos el honor de acercarnos la valiosa pepa que una vez tostada y molida nos hace conversar, de ti, de tíos y abuelos, de ánimas y espantos, de recuerdos olorosos, de vida y de muerte. Inocencio, a algunos de tus semejantes les tocó cargar polines, piedras y ladrillos; a ti te tocó el café.

‘Figo’, un perro que toma tinto

Alberto Mejía Vélez, colaborador de este blog desde la anterior temática urbana, nos comparte una foto que, mas de una vez, se perdió por no tener la cámara lista. Cada mañana, Alberto, se toma su taza de café en el patio de su casa reposado en su vieja hamaca. La repetitiva historia se da cuando, luego de tomarse su café, deja su pocillo en el suelo y es el momento en que Figo, su perro, se acerca para tomarse el “sobraíto” mañanero. Les dejo la nota de Alberto:

“Yo, Figo Mejía, me gusta eso que ustedes llaman café. Desciendo de raza alemana, pero soy más paisa que un geranio sembrado en boñiga, por eso, no me puede faltar el “tintico” por la mañana; me da fuerza para ladrar y para otras bobaditas, usted me entiende. Felicidades por llenarnos de aromas.

Pájaros de zonas cafeteras – Amagá rural

A propósito del comentario de John Jairo Mejía Gaviria, traigo de nuevo esta entrada, publicada originalmente el 1 de julio de 2011. John Jairo, el tema apenas comienza en el blog, y la idea es hablar desde cualquier lugar o momento de la cadena productiva la cual inicia en la ruralidad, donde el principal protagonista, el campesino, es el que lleva la peor parte; es el olvidado; quien carga el abuso y recibe la menor recompensa.

Quien los ve ahí, tan tiernos trinando en los amaneceres lluviosos de las tierras cafeteras; quien los ve ahí, escondidos bajo la bruma mañanera; quien los ve con sus fantásticos colores del trópico, alegres, despiertos y sin timidez… quien los ve ahí y en el día se la pasan peleando por bocado de plátanos maduros, por chorritos de agua dulce, cascándose en cebaderos para el ojo, amenazándose, pegando ala, abriendo pico, haciendo cara de loco, de histeria avícola.

Pocas veces comparto esas otras fotos que se me escapan al tema del blog y las dejo para la intimidad de mi hogar, pero con la publicación de esta serie, deseo dar un agradecimiento al dueño del sueño que me permitió tomar estas fotos: José Fernando Montoya Ortega, ex secretario de Educación de Antioquia; cultivador de café, aficionado a los pájaros, amante de la geografía antioqueña, de tierras y de mulas.

Hagamos, pues, excepción, que viene fin de semana, puente o vacaciones. Relajemos el ojo y untémonos de verde, miremos flor, pájaro y atardecer; lo de siempre pero jamás igual. Tomadas en la vereda Pueblito de San José, Amagá. Objetivo 55 – 200 mm, velocidad 500, diafragma 5.6 en promedio, algunas con temperatura de color 8.500.

La hormiga a la que no le gustó Freud

De niño, muy niño, asistía, llevado por mi abuela, a la Primera Iglesia Bautista de Medellín en la carrera Juan del Corral. Tales reuniones cúlticas eran demasiado pesadas para un niño que solo espera juego y fantasía. Es así como desde la banca conservadora y de madera del salón central del templo, me entretenía viendo las hormigas que pasaban por las baldosas del piso y creaba la historia de que iban por el camino del bien o por el de la condenación, según cambiara de baldosa: “Si se pasa para esta baldosa, se condenará…”.

Hace tiempos que no veía una hormiga de las pequeñas, negras; aquellas que llamábamos en el barrio “Buenas”, pues, las que picaban eran del diablo, y eran rojas. No conozco en teología o demonología, que el diablo sea creador o Señor de las Hormigas; sí sé de Baal Zebú o Belcebú, Señor de las Moscas. El caso es que ayer, en la Librería de la UPB, revisaba y leía algunas hojas de lo que será mi próxima compra: Sueños, recuerdos y pensamientos de C. G. Jung.

Entretenido en un capítulo especial de las percepciones de Jung de la vida después de la muerte; una hormiga interrumpió mi lectura para que, egocéntrica ella, depositara mi atención en su desplazamiento -o, quizás fui yo el desconcentrado-. Mi primera reacción, muy animal por cierto, fue intentar quitarla con la mano, ejercicio este que siempre termina con la muerte de este tipo de seres. Pero detuve mi mano y mi pensamiento, para abrir mi consciencia y reconocer que hace rato no veía este tipo de hormigas, lo que me indicaba que me ha faltado observar más, que no ha sido suficiente el mirar.

En fin, esta hormiga, interesada en el mismo tema mío, examinó el texto de manera objetual, distinto a mí. Caminó por el refilado vertical, se paseó entre la tipografía del título, rodeó la representación fotográfica de Jung a cierta edad, subió y recorrió el refilado superior, se metió entre la solapa y tuve que tener cuidado para que no se volviera parte de mi libro. Mi dedo fue acicate para que saliera de allí y se dejara fotografiar junto al título; no olvidó pasar por el lomo y pisar la editorial. Creo que era “Junguiana”; que a ésta, no le gustó Freud. Examinó, quizás, tres o cuatro arquetipos o se dejó envolver por el concepto de inconsciente colectivo, estuvo temerosa en el tema de la sinconicidad y puede, solamente puede, que no haya entendido muy bien aquello de la Individuación.

Interactuamos algunos minutos, aunque no sé si ella fue consciente o no. Yo salí a mis quéhaceres y ella se quedó revisando una revista con oferta literaria universitaria y, demás, se quedó para explorar más del tema. Fue una buena hora aquella.

Historias de tetero

Cuando era un pequeño, recuerdo que me levantaba somnoliento a llevar el tetero al baño y luego iba a la cocina a orinar; lógicamente cuando llegaba al baño me percataba de que ese no era el lugar y deshacía los pasos rumbo a la cocina.

Épocas en que el contenido del tetero era la bien posicionada aguapanela con leche; alimento bendecido en los barrios obreros, que entretenía y alimentaba a los destetados. Bien fuera sola o con leche, la aguapanela nos alimentó hasta que nos parábamos derechitos y aún nos alimenta cuando, en algún restaurante, nos ofrecen el guandolo (aguapanela con limón).

Hace algunos meses, le dijimos a Jacobo que ya estaba muy grande para tomar tetero, que eso era para bebés. Diana, esposa del suscrito y madre del muchachito, reforzó la propuesta diciéndole: “¿Lo botamos?”. Jacobo, enajenado por nuestra palabras, lanzó el tetero a la calle y arremetió: “Sí, yo graaandee”. Jacobo siguió caminando pero Diana, sin que él se diera cuenta, levantó el tetero del suelo por si depronto le daba por pedirlo en la noche. Desde aquel día toma en termo.

Son solo dos historias para levantarles el recuerdo e invitarlos a compartir sus historias de tetero, reírnos un rato y evocar imágenes quizás olvidadas. ¿Tienes historias de tetero?

Foto: Parque de Girardota.

La profunda soledad de ‘Reina’

El paro fulminante se llevó las pocas carnes que le quedaban a doña Araminta. La anciana era un arrume de huesos. Lo que nunca menguó, fue la especial ternura con que trataba a  ‘Reina’, su perra por ocho años. ‘Reina’ no pudo con la pena y se petrificó, se convirtió en masa de yeso con cristales de cuarzo, roca ignea y nada de agua. Dicen, no me consta, que de vez en cuando la ven parpadeando y salir lágrimas de cuarzo de sus ojos.

Foto: Ráquira.

Nace, crece y, algunos, matan a su hermano

Rara especie es el hombre que, siendo racional, mata a su congénere y sigue caminando en dos patas como si nada, creyendo que ha evolucionado por haber levantado las delanteras y nombrarlas como brazos. Brazos asidos de unas manos que cercenan órganos, como despresando un pollo antes de ser asado.

Hay humanos que se persignan antes de matar, se santiguan como para expiar el pecado por adelantado, le da beso al crucifijo, bendice a la madre y a la María ascendida; luego, con sigilo y motor cuatro tiempos, se acerca a la víctima, lo calcula, la aguarda, la asecha, se le acerca, mira al cielo y se santigua de nuevo y PUMMMMMMMMMMMM. ¡Figuró*! ¡Un muñeco* nuevo adorna el cielo!

Rara familia esta la de los homínidos, que mata a sus hermanos solo porque visten diferente, porque piensan diferente, porque transitan diferente. Nacen, son tomados como tiernos, balbucean, caminan, comen compota, crecen y, algunos, aprender a disparar trabucos, fierros, pistolas y revólveres, otros más primitivos aún elijen el cuchillo y el machete para perforar a sus víctimas.

Con otro tono… la imagen fue tomada en Támesis, en mercado de domingo, donde se hacen las carnicerías itinerantes. Aún me pregunto de qué será la quijada junto al perro, pues, de res no es. ¡Es muy pequeña! Tiene el mismo tamaño de quijada de perro… no estoy diciendo nada. Quien sea experto en quijadas o tanatopraxia animal me avisa.

Las crías de Sasha, sin padre reconocido

Sasha, en la imagen de pelo blanco y negro, medita con insistencia la procedencia de sus dos crías: Pola y Polo. Medita aquellas correrías al lado de sus dueños donde conoció otros de su especie. ¿Sería Mote, aquel brinconcito que se mantenía en los cafetales allá en la vereda Pueblito de San José?, ¿sería Beto, perro faldero de los recolectores en aquel verano?, ¿sería Lucho, el más feo de todos, combinación de hiena con zarigüella, producto de tantos cruces bajos?. Tuvo que ser uno bajito, murrapito como sus crías, inquieto y refunfuñador, pelador de dientes y colmillos. Tuvo que ser un amor del pasado verano, pero ¿cuál de todos?

De plumas, trinos y picotazos

Los grillos y las ranas dejan de hacer sus llamados, sonidos y quejidos, para dar paso al trino pajarero de cientos que reposan en los árboles. Esperan a que despunte el día, calientan motores y pescuezos, afinan el guargüero y comienza reconocerse el cucarachero, el toche, la mirla y hasta la calandria, esta última suena pero en la radio.

Comienzan, luego, a visitar los cebaderos artificiales que los humanos crean para su beneficio visual; les ponen banano, plátano comino, agua con azúcar, papaya. Y ellos dan “papaya” al gusto visual del dueño de la finca, al ojo de la cámara del visitante, a la pericia del experto en reconocer plumajes y nombrarlas en latin vulgar.

Luego, los habitantes de la finca o de la casa de campo, se olvidan de sus trinos y se ocupan en almuerzos, en aseos y frituras, en asadones y reparaciones, para que al terreno no se lo coma la manigua. Entonces, los pájaros dejan de actuar y se ocupan de lo suyo, se olvidan de la ternura que finjen en la mañana y se preocupan por su sobrevivencia. Comen, tragan, se hartan, se miran feo, marcan territorio, se picotean, se pelean, se extienden sus alas, se demuestran poder, se hacen feas, espantan y se van.

Mucho de eso hacemos los humanos: el consciente se disfraza con arquetipos, se cobija con su sombra, actuamos papeles para la sociedad, representamos un papel público. De noche, aflora el inconsciente, armamos película de ficción, volamos, desafiamos gravedades, caemos, nos liberamos. Al día siguiente… trinamos.

Fotos tomadas en la vereda Pueblito de San José, Amagá. Antioquia.

Qué elegancia la de Francia

Qué alcurnia, qué garbo, qué elegancia, qué pose la de esta distinguidísima perra combinada, para no llamarla criolla tan pronto, llamémosla Francia, mientras tanto. Qué quietud, qué posición, acostumbrada mirada a los lentes y las luces de sus impulsadores. ¡Cuánto costará adquirir semoviente semejante!

¡Pura paja! suerte que ha tenido en mantener ese cuerpo, después de parirle camadas a Danger, a Guardián, a Golfo, a Tribilín y, se dice en los bajos fondos de la vereda, que la última cría parida tenía tintes de Bolero, el perro del carnicero del pueblo. Así que como la ven, posa de satisfacción por la labor realizada, que para ampliar la estadística de criollos en la región ella ha nacido.

Quizás eso fue lo que gustó tanto: su pose prudente, de revolcadas sin alharacas, de colas pegadas sin ladridos, de montadas silenciosas, de variedad en el placer, perra al fin y al cabo, es decir, sin éticas ni morales, simplemente animal. ¡Y véala ahí, bien posuda!

Imagen en Guatocó, Sopetrán.

Para que no queden dudas: venta de pescao vivo

Venta de pescao vivo, es decir que sería lo mismo decir: venta de pez. Para que no queden dudas, para que no tenga que untarse tan dignas manos de agua de pescao, abrir las entrañas del mismo después de una cesárea innecesaria. Para que no tenga que meter el dedo en ojo a ver si es saltarían, si brilla o le muestra el alma trascendida del pez.

Venta de pescao vivo, por si una vez capturado, usted se conduele y lo deja partir en buena obra de caridad, o si desea darle segunda vida menos digna en pecera de medio metro. Pescao vivo empacado con dos chorritos de agua que de nada sirven más que para estresar la carne. Asi es… rumbo al Peñol y Guatapé, se vende pescao vivo.

Hay pies que matan lechuzas

Hay pies, empolvados, que llevan el evangelio a otras criaturas. Hay pies que, solamente, caminan para buscar poemas. Hay pies o PATAS, que les da por patear #lechuzas en campos de fútbol, hoy en día convertidos en campos de batalla. Hay hermosos pies que seducen a variados fetichistas. Hay pies que dan pata en la cancha de fútbol y hay otros que las dan fuera de ella.

Hay pies que caminan pidiendo limosna por las mañanas. Hay pies con callos gruesos y juanetes enormes. Hay pies que nunca se asoman y permanecen encerrados entre cueros y suelas. Hay pies rebeldes, de niños y de grandes, que se soban en el piso y caminan a pie limpio -o sucio-.

Hay pies, adolescentes y descarados, que patean en culos y en bolas. Hay pies, hábiles y productivos, que mueven multitud de billetes. Hay pies que se asoman entre las letras de los poetas y otros pies que se aparecen en escenas eróticas. Hay pies hermosos y hay pies olorosos enemigos de las pedicuristas.

Pero el pie que más detesto en el momento, es el que pateó la hermosa LECHUZA, fallecida por causa del golpe.

Venta de chanclas en Santa Fe de Antioquia.

Olor a lomo sudado con fique de pueblo

La escena de la imagen ya produce olores en nuestra memoria olfativa a quienes hemos estado cerca de la misma: caballo lento y cansado, sin abolengos ni sangre semental ni pelambre fina que le haga caminar elegante. Costal de fique que hace las veces de colchón, lazo viejo untado de boñiga, sombrero sudao, viejo y quebrado, orín de caballo, tapa de cerveza, olor a botella vacía, músicas guascas, olor a viejo, sudor de tres meses.

Quien monta no es el rey, quien lleva el paso no es purasangre, a ambos se los lleva el tiempo sin herencias ni recuerdos. Pero cada uno es importante en su contexto: al semoviente lo estima la gente, lo golpean suave en el maxilar, le soban la crin, los niños piden una vuelta, el dueño no lo suelta. Al hombre, lo esperan en casa, le calientan sopa, le tuestan arepa, es importante en casa y, si muere, no será olvidado fácilmente, su foto estará en la sala frente al cuadro del Sagrado.

Ambos fueron unidos por el destino, por las cuerdas que hoy se mueven en las leyes. Es el efecto mariposa, el efecto yegua o caballo. Todo está conectado, incluso usted, estimado lector mío, está conectado conmigo, espero lo mismo con usted.

¨En La Piel del Toro¨

“En un acto masivo y sin precedentes contra la ¨Tauromafia¨ en Medellín, alrededor de 150 activistas desnudaron sus cuerpos, los pintaron y formaron la silueta del toro, con ello cumplieron el objetivo de quienes impulsaron la idea, de ponerse ¨En La Piel del Toro¨, acto promovido por la organización internacional Anima Naturalis para protestar de una forma pacífica y además promover el rechazo por las torturas a las que son sometidos estos animales antes y durante las corridas el cual con ímpetu le llaman La Fiesta Brava, tras la tortura animal, no hay nada que celebrar”.   Edwin Ciro.

edwinciro@gmail.com
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‘Rayón’, uno de los protagonistas de la Gatonovela

Este es ‘Rayón’, el más calmado y tranquilo de todos los gatos que viven en el ‘subsuelo’ de la Alpujarra. Tiene una cicatriz en el hocico, sobre la nariz, producto quizá, de alguna pelea con sus congéneres. No es tímido, es muy confiado. Su mirada refleja varios años de vida callejera. Su pelaje es mas curtido que el de sus compañeros. Sufre además, una enfermedad dermatológica -no sé si sarna-, pues detrás de las orejas tiene ausencia de pelo.

Espero que esta historia sea interactiva, y que quienes saben de gatos, me ayuden a describir sus razas o variantes o lo que quieran aportar; para que hagamos de éste, un ejercicio colectivo.

Gatonovela en la Alpujarra ¡Espérela!

He identificado 12 gatos, pero sé que son más. Una de las hembras parió hace poco cuatro crías. Dicha camada goza de alegría cada vez que el sol sale a secar ropa en los barrios. Espere el desarrollo de esta novela de gatos que viven debajo del piso, compuesto por baldosas en granito. Al fondo, encima del muro, coincidiendo con las flores, está otro gato: ‘Mono’, así le llamaré. El de la imagen inferior toma su baño de sol al lado de la entrada a la guarida. Una ‘Gaticueva’ que se extiende por lo ancho del piso en la parte trasera del edificio de la Gobernación de Antioquia.

Quiero contarles que el único montañero que no conocía a los gatos era yo. En la Alpujarra los quieren mucho, les llevan comida, tienen muchos padrinos. Los gatos se encuentran bien. “Viven más alentados que los de mi casa”, me relató una señora que los veía conmigo desde el piso 5.

Los terneros encostalados de Sonsón

El caballo ‘Segundo’ espera la orden de su dueño para seguir la marcha con dos semovientes encima de la bandeja de la carretilla, la misma que jalona a diario por las calles de Sonsón.

Los dos terneros esperan, resignados, el continuar de la marcha que los llevará a alguna finca del municipio en su zona rural. Reposan presos, encostalados como con camisa de fuerza que amarra a loco alguno.

Ahí están, pues, aburridos, con su libertad menguada por instantes, hasta que el dueño de ‘Segundo’ grite: Joo, joo y lance besos (picos) al aire, como arreo, como estímulo para tirar de la carreta.

Pensamientos de Agapito sobre un 2009

A este perro en sinistrógira mirada, como evocando, recordando, extrañando la cantidad de sucesos ocurridos en el año que termina, a este perro parecido a la pared contigua, lo nombraré como Agapito.

Extrañará, Agapito, la cantidad de huesitos que don Heriberto le tiraba de vez en cuando, extrañará esas orinadas acaecidas en casa de doña Marta y sus consecuentes espantadas con agua caliente.

Este año le dijo adiós a “Lucha” la perra negra con la que tuvo sus contubernios y que fue atropellada por unos arrogantes jóvenes que montaban cuatrimotos.

Agapito, recordará por siempre, si es que los perros tal acción hacen, la vez que alguien le tiró medio pollo asado en vez de los escuálidos huesos que quedan después de la ruñida. Al parecer se trataba de Humberto, quien padecía un cáncer terminal y estaba cumpliendo sus últimos deseos, de los cuales, uno fue para Agapito.

Sigue Agapito mirando el 2009 y a su memoria vuelven los fantasmas de cinco perros en calor, que en febrero, lo confundieron con Toña, la hembra, y planeaban con insistencia, montárselo desconociendo toda norma biológica canina.

Agapito recorre con una mirada esimismada ese 2009 que se aleja y ladra de alegría, bienvenido sea un 2010, porque, este que termina, ha sido más mal que bien lo que fue.

Jericó, suroeste antioqueño.

Azulejos al ataque

Procuro no publicar este tipo de fotos en este blog, pues no trata de fotografía, sino de la cotidianidad, de la estética popular, así que siempre me guardo de publicarlas, pero se me quedaron las fotos que traía para hoy. Contemos, pues, que estas imágenes fueron tomadas en una finca en Barbosa y corresponden a las que he desechado para algún concurso, pues las que sí he aprobado para alguno, no las daré a conocer aún.

Pertenecen a una serie de fotografías, resultado de estar sentado dos días, por espacio de 4 horas cada uno. Contemos también, que los sebaderos, son el producto de la relación de poder entre el pájaro y el hombre, del anhelo de este último por domar la naturaleza y someterla para sí mismo. ¡Qué vivan los pájaros libres! -a excepción de algunos-

Una paloma, para nada despalomada.

Hay dos lugares, que cuando paso por ellos, mi esposa Diana me agarra duro para no dejarme entrar: la Librería Nacional de San Diego y la librería de la Universidad de Antioquia en el Palacio de la Cultura Uribe Uribe (Bueno, en este último voy solo).

No me deja entrar hasta que termine el libro que esté leyendo, no cree en mi excusa de ir a saludar a Mónica, gerente de la Nacional en Medellín. Pero, ¿qué amante de libros no se deja seducir del olor a libro nuevo? cómo entrar y no abrir libros y olerlos en la mitad de sus páginas abiertas. Bueno, por lo menos yo lo hago.

Leer, imaginar, sentir el corazón en el silencio después de las 10 de la noche y respirar, leer, imaginar.

Cierto día, Denis, la responsable de la librería de la U. de A., me abordó y me dijo: “Te tengo una foto para tu blog”. No sé porqué, pero me imaginé que tenía que ver con los pajaritos que cada mañana la visitan, en uno de los balcones del Palacio de la Cultura.

Pues sí, y esa es la imagen de este post, una paloma mirando el panorama literario para tomar una decisión ¿Amor líquido? ¿Googléando? quizás este último le permita aprender a buscar palomas de otras latitudes. Por lo menos sabemos, que ésta, de despalomada no tiene nada.

Gracias Denis por la foto. Llevo 9 de Saramago.

Aquí hay gato encerrado

¡Ay, bendita la hora en que les dió por revolcarse a estos maldingos animales! Conchudos, que les da por hacer sus cochinadas, arriba en el techo; fuera de eso, les da por compartir sus mieles a los gritos, qué gritos, alaridos, porque pa eso que cuando se ponen de coitos vespertinos, lo hacen con todas las ganas y la arrechera de la hembra la alardear a todo el barrio. Tiene los más profundos orgasmos, y los grita a sus anchas, y los hace sentir, y lo hace saber a tal punto que, vea las horas que son, tres de la madrugada y esos maldingos gatos no nos han dejado dormir. Y eso que Albeiro tiene que madrugar a la construcción.

Ahí está en la pieza Albeiro echando “madres*”, que qué va a hacer mañana para trabajar…

Vea, es que les he echado Creolina y Veterina pa espantarlos, los vecinos les tiran piedras y ya nos han quebrado varias tejas, los bomberos no vienen por estos lados y Morrongo ya ni ladra, ese no espanta ni su propia modorra. ¿Qué vamos a hacer, pues?

¿Qué hacemos con esos gatos? Opina…

En la imagen. Gato encerrado de manera voluntaria. ¡Por que pa eso que les fascina ventanear! Barrio Moravia, antiguo basurero de Medellín.

*Madres: No se trata de quienes traen hijos al mundo, sino, de hijueputazos.

Gran exposición de ganado. José Martí

“…De pronto  rompen las músicas; puéblense los alrededores del corral: resuenan los aplausos: es que pasean al toro triunfante, al lindo toro de Jersey, a “Pedro”.-Puerilidad será: pero acorralado de todas partes por la lengua inglesa, ¡daba gozo que este triunfador se llamase Pedro! Del narigón lo llevaba el zagal, por una vara enganchada en las argollas, seguido de sus hembras.
Él, corpulento, impetuoso, duro al palo: ellas pequeñas, adamadas, mansas, como traidas a tierra por el peso de las ubres.
Mugía, cabeceaba, parecía ender con la pezuña la tierra cada vez que asentaba el paso elástico.

La cabeza pequeña, el cuerno poco, la mirada sanguinosa, alta la cruz, el lomo ondeado, la grupa baja y caída, parecía digno “Pedro”, como los toros Apis, de las danzas ardientes en que se ofrecían a la vista de la divinidad pujante las doncellas: los perfumes del templo merecía su hermosura: en lsas astas y lomos le hubieran estado bien las guirnaldas de flores. Y se fue negando la cabeza al palo, por la puerta del corral, seguido a paso alegre de sus hembras.”

Extracto de la crónica Gran exposición de ganado. Tomada del libro Crónicas, de José Martí. Ed. Debate, colección Documentos.
Un libro de crónicas del siglo 19.

Con un hambre la berraca y algo más…

Un mosquito sobrevuela la oreja izquierda que respetaron mis antiguos dueños no haciendole corte alguno. Vuela y zumba el zumbambico mosco sin dejar mi que mi placentera mañana prosiga con su lento sueño.

Aunque eso de placentero lo negociaría con ustedes, si de alimento habláramos un corto momento, pues desde la noche que ha pasado, alimento no pruebo.

Veamos: un hueso en la mañana, frío, pelado y hasta el tuétano chupado. Un poco de agua sorbida de dudosa procedencia ¿Sería Laika que alzó la pata?

Un pedazo de pan ¿yo para qué harinas? un trozo de manzana ¿aldegazar acaso necesito? y un raro bebedizo, fueron los únicos golpes de alimento ayer.

Tengo frío, tengo anemia, tengo dudas de mi procedencia, ¿cómo regreso a casa? mi olfato he perdido. ¿Correr o no correr? para perseguir llantas y ladrar de nuevo.

¡Qué cuentos! esperaré que la canina Parca venga por mí, con rabo de fuego y llamas de azufre, con tridente de hueso y marfil. ¿Qué estoy musitando? ¡Qué hambre más berraca!

Foto colaboración de Juan Camilo Orrego Soto.

Los estratos de la carne

Verdad es que la vida tiene sus estratos, como lo tienen las comunas, los barrios, los restaurantes, los centros comerciales. Verdad es que cada uno tiene su público. Que las diferentes estratificaciones son causa de discriminación o de ordenamiento, en algunos casos. Pero qué triste sería que nuestro propio cuerpo fuera estratificado, y que valiera más mi oreja que mi ojo, o que el píloro fuera de “mejor familia” que el duodeno.

Le pasa a la vaca “por vaca”, le pasa al cerdo “por marrano. Su cuerpo entero está estratificado; peleado por unos, rechazado por otros, la carne de ambos animales es causa de diferencias y discusiones. No mal entiendan la siguiente lista, no se trata de estratos socio-económicos, sino, de los estratos de la pobre res.

Cortes de carne estratos alto (se sugiere de raza Angus Brangus):

  • Punta de anca (Asasr)
  • Solomo (Asasr)
  • Solomito (Asasr)

Cortes de carne estrato medio (Romosinuano, puede ser):

  • Tabla o capón (Moler)
  • Huevo de aldana (Moler)
  • Sobreanca, solomo extranjero (Freir)
  • Copete (Cocinar, sopas, sancocho)

Cortes de carne estrato bajo (cualquier vaquita sirve, coja o mal herida):

  • Tunas (Cocinar)
  • Sobrebarriga (Cocinar)
  • Tres telas (Cocinar)
  • Nuca (Desmechar)
  • Lagartón (para moler. Mucho ñervo)
  • Calambombo (Sustancia)
  • Hueso (Para sacarle el tuétano, chupaíto)

Y pa qué bobadas, pero es que una arepita con una sobrebarriga y hogao sabe deliciosa o un buen hueso en un sanchocho trifásico es indispensable. Pero no neguemos que una punta de anca es de lo mejor, eso sí, con gordito ¡por supuesto!

Datos aportados por Graciela López, auxiliar de una carnicería de Amagá, Antioquia.

Los espacios vacíos de Manuela y Tiburcio

Esta publicación se origina desde la sede de el periódico El Colombiano, acompañando al evento de Prensa Escuela. Una oportunidad para que docentes y estudiantes, intercambien preguntas acerca de los medios.

– ¿Me trajiste huesito?
* No. ¿Para qué? si todo ñervo que le traigo, usted me lo desprecia.
– ¿Está bravita o es que tiene rabia?
* ¡Ay mijo, hasta eso! Seré criolla, pero vacunada.
– Amaneciste intocable hoy. Así fue cuando te olí el rabito, me pegaste con la cola.
* Y es que ¿qué se le perdió ahí?
– Nada, te estaba reconociendo, no más.
* ¿Año y medio y no me has podido reconocer?
– No es eso, sólo quería disfrutar de tus humores.
* Pues hoy le tocó con mal humor.
– ¿Es decir que hoy no hay montadita?
* ¡Ay no jodás con eso, que el palo no está pa cucharas!
– Con esas me venís desde hace 2 meses.
* ¡Eso es lo que hay, usted verá!
– ¿Te traigo un huesito?
* Si quiere. Pero que tenga tuétano fácil de sacar. ¿Sí va a ir?
– Sí.
* Tan lindo ques.

A Marco Tulio le gusta el calambombo

Con reposada paciencia, este perro montañero, al cual llamaré Marco, mordisquea lo que será su mediamañana en pleno parque principal del municipio de Támesis.

Marco es hijo de Benjamín, un pastor alemán que tuvo a bien, entrar en coitos con la perra de doña Teresita, después de ser traído por sus dueños a reconocer los pastos de una nueva finca.
Este perro tamesino tiene hogar, pero sabe que los domingos llega la avanzada de campesinos con el fruto de sus huertas cosechadas. Domingo en que se instalan cortinas decarne colgadas del mástil de carnicerías itinerantes.

Cabe decir que este perro es diferente de sus semejantes, pues, a Marco Tulio –digámoslo completo- no le gusta la osamenta carnuda que les tiran generalmente a los criollos como él, sino, que gusta del calambombo. Comenta él -en lenguaje que sólo entienden ellos-, que eso le entretiene, que estimula sus caninos y que procura por el cartílago que trae el osobuco.

Cosas de perros. Creía entender a los criollos de barrio y de pueblo, pero se ve que de mañas están ellos hechos y no a la imagen que pretenden sus dueños.

Ahí no hay gato encerrado

En Alhambra, puro centro, puro Guayaquil, donde se vende lo que no vea -y pregunte por ello-, donde se vende de segunda y de tercera, donde una muñeca manca o sin cápita sigue paseando de compra y venta, allí mismo me pillé este gato. Cómodo y orondo entre segundas de malos olores se encontraba este semoviente que se me antoja como envidiable en su tranquilidad e inamovible placidez. Ahí, ahí no hay gato encerrado.

Un perro cogitabundo

Póker es un perro que vive en Santa Elena. Su dueño vive en la falda de una montaña pero él se mantiene en la casa del alto, donde se sienta con Juan a mirar la puesta del sol, cada tarde de cielo despejado. A veces uno cree que se ha quedado dormido pero sólo está de locha, escuchando lo que hablan, sintiendo que respiran, esperando una mosca, echado.

Colaboración de Gloria Cecilia Estrada del blog: http://eldesahogo-gloria.blogspot.com/

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