Benditas las manos tejedoras de cultura

Hoy, las bolsas mandan la parada, lastimosamente. Antes, los huevos se cargaban en canasta de mimbre; el mercado; y las empanadas del señor que pasaba gritando por calles y avenidas en tierras calientes. Aborrajados, buñuelos y pasteles de pollo se vendían bajo el papel kraft de una canasta de gran tamaño.

Los nocheros, las sillas, las cajoneras y los revisteros, eran de mimbre, artesanía de producto natural. Hoy, los polímeros están a la orden del día en “promociones y rebajas”. La manufactura con sentido ecológico y cultural va siendo desplazada en nuestras tierras productoras, mientras que en países lejanos es valorado lo que ni el mismo pueblo colombiano valora.

La vida bendiga las manos de los artesanos, manufactureros y artistas que transforman la materia para poner en ella, un sentido cultural profundo. Sean bendecidas las manos de quien hace cultura, conocimiento vivo. Sean benditas las manos de quien compra producto hecho con paciencia e ineficiencia.

International 1972, carrocería Blue Bird


International 1972
Colección de Enrique Delgado
Carrocería Blue Bird
Universal de Transportes, Bogotá
Escala 1:20

Les presento parte de la colección de Enrique Delgado, residente en Bogotá, quien adquirió estas obras de Germán Espitia, hacedor. Disfrutemos y inflémonos de envidia ante tal tesoro. Una palabras de Enrique Delgado:

Estos modelos que ven los colecciono mas no los fabrico. El hacedor de estas réplicas es el señor Germán Espitia, en Bogotá. Algunos Buses Históricos de Bogotá

Esta colección de buses la inicié hace tres años, debido al acelerado proceso de chatarrización de esos modelos como parte del plan de nuevas troncales de TransMilenio, y de la implementación del nuevo sistema de transporte en Bogotá. Así que, una manera de documentar la historia del transporte, fue iniciar esta colección con los buses y busetas más representativos. Todos son de la Universal de Transportes, la más grande de la ciudad y la que históricamente tiene los vehículos mejor arreglados.

Cada bus tiene los colores de acuerdo con la época desde 1966 hasta 1998, (colores de la empresa, servicio metropolitano, servicio TSS, servicio ejecutivo, servicio intermedio, servicio corriente) y están hechos sobre modelos reales que encontramos junto con Don Germán. Igual con los de Expreso Bolivariano. En el caso del bus de turismo, ese el bus que servía como ruta de mi colegio hasta séptimo grado.

Por otro lado, los Tonka los colecciono desde 1979 cuando tenía dos años y otros los fui consiguiendo en el Mercado de las Pulgas en Bogotá y por Ebay.

Bolivariano del 76

Bolivariano del 78

Dodge del 72

Portada de Salento, Quindío

La Maizena, el café, la cajetilla de Marlboro traída desde Panamá, la chocolatera con su cacaíto caliente, la máquina de moler -amiga de mis mañanas-, el café, el machete, el gato que mira y se soba en tu pierna como excitado… Son los portales de cada región, cada una con sus propias características. La mercancía está en oferta, y la seguridad del pueblo también, que confía a puerta cerrada en que después de almuerzo los insumos a la venta estarán ahí.

Salento, Quindío.

La vida, como una colcha de retazos

Solo se necesita un metro de tierra, una gallina y una almohada para ser feliz. Solo se necesita una vaca, un arbusto de moras y un sembrado de lechuga para ser feliz. Solo se necesita una cocina, un cuarto con ventana y un piso de tierra para ser feliz. Solo se necesita tres lápices de color, una hoja y el silencio para ser feliz. Solo se necesita un riachuelo, una cascada y un pájaro a lo lejos para ser feliz.

Solo se necesita un conejo, un alar y ver llover para ser feliz. Solo se necesita unas ramas de cilantro, un trigal y un cafeto para ser feliz. Solo se necesita un árbol, el viento y el sol para ser feliz. Solo se necesita bien-decir a otro, abrazarlo y sonreír para ser feliz. Solo se necesita cerrar los ojos, soltarnos al universo y ver qué nos dicen los sueños para ser feliz.

Un universo personal, cuántico, iluminado; hecho de nosotros mismos, como una colcha de retazos: sencilla, variopinta, humilde, rica, colorida, colaborativa.

Colcha de retazos en Usaquén, Bogotá.

Del renacimiento

El nacimiento ocurre cada vez que nos reinventamos o entramos en un nuevo periodo personal o se vive una transformación alquímica en nuestra mente y nuestra consciencia despierta y se vuelve más sensible a las leyes de la naturaleza, leyes de un universo elegante.

Dicha alquimia transforma nuestra sombra en energía poderosa que nos impulsa a continuar y que se convierte en creatividad, poderosa energía que nos mueve a imaginar y crear. El nacimiento, el del ser, o el renacimiento; ocurre en cualquier estadio de la vida, y es cuando el barro, la carne, el polvo se vuelve ser, comunidad, red de vida, consciencia.

Barro quemado de Ráquira

El cuento prohibido de los 3 cerditos

No, no se los voy a contar. Lo que sé, es que no era tan sano como se creía. Los que intentaban entrar a la choza no eran 3 cerdos, eran 2. El tercer cerdo no era tal, era ella, es decir, una cerda. Y los que intentaban entrar tenían cierto antojo que no les cuento aquí por respeto a los lectores. Lo del lobo era un simple distractor para que los pequeños ni se asomaran a tal antro. Lo demás ¡es puro cuento!

Foto: Ráquira.

La profunda soledad de ‘Reina’

El paro fulminante se llevó las pocas carnes que le quedaban a doña Araminta. La anciana era un arrume de huesos. Lo que nunca menguó, fue la especial ternura con que trataba a  ‘Reina’, su perra por ocho años. ‘Reina’ no pudo con la pena y se petrificó, se convirtió en masa de yeso con cristales de cuarzo, roca ignea y nada de agua. Dicen, no me consta, que de vez en cuando la ven parpadeando y salir lágrimas de cuarzo de sus ojos.

Foto: Ráquira.

De hamacas y contubernios

* Yolima, hágamel favor y se baja de ahí ¡YA!
– ¡Veh! ¿Y por qué?
* ¿Quién le dijo a usted, que uno recibía al novio ahí, encaramada en la hamaca entrepiernada con él? No, mija, mientras viva aquí se respetan ciertas reglas.
– ¿Sí? ¿Y cómo a Jairo sí lo dejan encaramarse ahí con la novia y hasta hacen cochinadas?
* Pero es que Jairo es hombre. Eso se ve feísimo en una señorita como usted. ¡Hágamel favor!

* Jaaaaiiiirrooo, preguntan aquí por usted.
/ ¿Quién?
* Nancy, su novia, mijo.
/ Dígale que siga, questoy aquí.
* Nancy, mija, siga que él está atrás, en la hamaca. ¿Y cómo le ha ido?
% Muy bien. Vagando, doña Tere; como me salí de estudiar, no tengo nada qué hacer.
* ¡Ay! pues vaya y se entretiene con el Jairo. Él tampoco está estudiando. Siga, tranquilita mija. Yolima, llévele juguito a Nancy que acabó de llegar.
– ¡Veh! ¿y por qué yo? que se lo lleve Jairo que no está haciendo nada. ¡Conchudo!
* Altanera, llévele el jugo, haga caso.
– No hay jugo.
* Pues, entonces, hágaselo, mija. ¿O también se lo hago yo?

Fotos en Ráquira

Variados paisajes tiene nuestra Colombia – Villa de Leiva

Un pecado venial tenemos algunos antioqueños que, por estar encerrados entre montañas, creemos que somos únicos, grandes, raza, pujantes, etc. Algunas, son en parte verdades; otras, verdades incompletas; otras valoraciones, son verdad inflada. En fin, el ego camina mucho por entre nuestros valles.

Pero al llegar a cimas y descender a variopintos paisajes colombianos, nos sorprendemos “a boca abierta” de la belleza de las demás latitudes que componen nuestro territorio. Bosques de neblina, páramos, seco tropical… Hermosas estampas que, por costumbre, dejan de asombrar a muchos.

Mi inclinación de admiración es para el resto de nuestro territorio, urbano y rural, que nos muestra la gloria del universo a nuestros sentidos. Déjemonos conquistar por el olor a boñiga fresca; a ruana de lana virgen de oveja boyaca; por las leñas que se queman mientras hacen lo suyo con un cuchuco; por los árboles que aromatizan las vías nacionales.

Me sorprendió de Villa de Leiva, el color de su tierra que, al ser combinada con el cemento gris, da un tono ocre a los revocados, un amarillento. En muchos lugares los revoques son grises, pero en esas tierras boyacenses parecen paredes bañadas en un sol del atardecer. Busqué la tan anhelada ruana hecha en telar artesanal, y la encontré a buen precio en Ráquira. Ahí la tengo, pues, para reforzar mi montañero ser.

Francisco Pardo Téllez ¿Qué tienes para comentar de estos paisajes urbanísticos?
Alberto Mejía Vélez, no se me vaya a ofender, vos que sos tan “paisa”.

Barro amasado por las manos y cocido por la esperanza – Ráquira, Boyacá

El material habla de su origen y el lugar habla a través de su material. No sería pertinente, entonces, obra de bronce u otro metal, cuando el barro es la materia de expresión de la comunidad. Materia prima que se puede rayar, esculpir, moldear, texturizar, quemar, pintar, modificar a través de la manipulación del oxígeno, técnica conocida como rakú.

Es, pues, obras escultóricas hechas en barro y cocidas al fuego las que adornan la plaza principal del municipio de Ráquira en Boyacá. Un conjunto de obras de la imaginería religiosa que se mezclan con otras, más mundanas que reflejan el oficio de su gente y que mostraré luego.

En la representación de la imaginería religiosa está plasmada la esperanza de conocer los incognoscible a través de nuestros sentidos.

Manneken Pis – Ráquira, Boyacá

Espero que mis señoras lectoras no se escandalicen con las imágenes de estos “hombres” orinando a la vista pública. Permítanme subir al bus, no para cantarles una cancioncita y con ella apoyar a mi familia que se encuentra hospitalizada, pues no es así; tampoco para venderles estos dulcecitos y con ello apoyar a mis hermanitos, pues la que tengo está bien grandecita. Vengo a hablarles del ejercicio de la micción y para ello, les invito a ver las siguientes imágenes:

Manneken Pis / Manneken Pis a lo Juan Valdez / Imágenes Manneken Pis

Ráquira también tiene su propio “Niño que orina”. Y como en este blog tratamos, entre otras cosas, de recuperar la memoria, recordemos quienes viajamos en bus intermunicipal de los “viejos”, buses Escalera o de rejilla en la ventana de atrás, de manibela para abrir la puerta, aquellos cuya puerta abierta era el baño para niños y señores. ¡Usted estaba muy chiquito cuando eso!, increpan algunos; el caso es que me tocó y aún lo recuerdo.

Para orinar en bus no era como ahora con los TermoKing, los Cochebala, los Scania, etc., que es solo abrir el compartimento para tal uso y tratar de manetener el equilibrio para no salpicar a borbotones el bizcocho donde se sientan. Antes, había que contar con la buena voluntad del conductor ante las repetidas solicitudes de los pasajeros al pedirle que si paraba para orinar.

Si paraba, la desbandada aprovechaba para orinar también; las señoras, furibundas por la injusticia, a aguantar. Si el conductor no accedía porque no le estaba rindiendo la marcha, tocaba hacerse al borde de la puerta, sacarlos como se pudiera, hacer equilibrio al mismo tiempo; luego, intentar expulsar el líquido que sale intermitentemente debido a el relieve del pavimento montañoso. Si el niño es más pequeño y no goza de independencia, le será sacado su “pipicito” por la ventana previa solicitud a los pasajeros de atrás de cerrar sus ventanas.

Más historias y referencias de otras tantas esculturas de niños que orinan, serán encargados ustedes.

Riqueza creativa en Ráquira, Boyacá

Ruanas, bolsos, aretes, vasijas de barro, móviles, hamacas, ropas, busos, sacos, sillas, mochilas, loros y miles de artículos más se encuentran en las calles variopintas de Ráquira, una veta de la artesanía en Boyacá. Caminar por sus calles es conocer otro rincón del paraíso, rico en creaciones de manos campesinas que, con humidad, ponen a disposición de nuestros sentidos color, textura, olor a tierra, a barro cocido, a lana virgen, a pueblo.

Esta edificación, por ejemplo, es todo un espectáculo visual lleno de texturas que invitan al deleite, a la trascendencia del ser, a la admiración y a la compra, por supuesto, pues, son creaciones con la energía de su creador: mujer, hombre o niño que busca el sentido de su ser haciendo lo que su ser considera innato: crear.

El campesino, ignora quizás, que son apreHendedores de la naturaleza misma, para interpretarla luego y transformar la materia en vida, en energía vibrante, en bienestar visual. El campesino, ignora quizás, que es un dador de vida y de sentido para nosotros los “citadinos”.

Gracias, hombres y mujeres del campo, de la ruralidad, de municipios pequeños que, sin tanto protagonismo, le dan sentido de felicidad a nuestro paso por esta tierra física. ¡GRACIAS!

Del barro crudo al barro cocido – Ráquira, Boyacá

Así el plástico vaya colonizando más territorios, más cocinas, más balcones; así algunas las doñas estén sembrando en matera plástica; así en la Caverna, de Saramago estén temerosos por el modernismo consumista tan aterrador que está aplastando a los artesanos; asi, con un panorama económico tan egoísta, aun así… el barro persistirá, el crudo y el cocido, el barro seco de la tierra y el que nos envolverá una vez hecha la transición.

Ambas existencias, artesanías y el hombre, son lo mismo: barro. El uno, supuestamente inanimado, pero con un sentido de valor puesto por el hombre. El otro, el hombre, fue, ha sido, y será lo mismo: barro. No por que lo diga aquel relato primigenio, sino porque es real: nuestro cuerpo se forma de lo que come la madre gestante, fruto de la tierra. Luego, crecemos de lo que comemos, sea sano o no somos lo que digerimos. Más tarde o temprano quizá, el cuerpo dejará de ser el saco del alma o de la consciencia y éste se fundirá con la tierra para ser pasto de nuevo.

Del barro crudo: el hombre; al barro cocido: su obra.

Artesanías de Ráquira, Boyacá.

Muros y vitrinas coloridas en Ráquira – Boyacá

Salimos de Antioquia y nos vamos para Boyacá. Bajémonos un momentico en Ráquira; aprovechen para estirarse y vaciar vejigas que deben estar sin arrugas. No compren en el primer almacén que es mejor comparar precios. Pregunte bien, salga y vaya a otro almacén. No suelte del todo el tono de forastero que le cobran más caro. Camine que hay mucho qué conocer.

Comencemos con estas cortinitas, baratas, mírelas sin compromiso, sumercé. No, sumercé, ese es el precio. Ya tiene la rebaja. Más no puedo.

“La estamos pasando bueno…”

Semana antioqueña se vive en Medellín. Semana de disfraces de paisa combinado con aires de San Jacinto, Barranquilla y Cartagena, eclécticos vestuarios que transmiten paisajes variados. Se viste el caballero con carriel pero sombrero vueltiao, se viste la niña con botas norteñas y algún tocado colombiano, se viste el traqueto combinando hasta siete regiones, se visten y finjen por una semana.

Otros, se disfrazan de mendigos, vienen de otras regiones y aprovechan la bonanza bonachona del enrumbado. Algunos se disfrazan de vendedores de confites y cigarrillos, mientras su mano jala lo ajeno y lo retira en silencio. A la salida de antiguos carros se disfrazan de viejas épocas, llevan tocados, vetusta moda, trapo curtido por el tiempo.

Esta semana es de roles diversos: de “paisa”, de costeño, de rico nuevo, de traqueto, de mexicano, de norteño específicamente. Pero todos, todos pasan bueno. Trago pa’ las ánimas y siguen pasando bueno. Montan en chiva y la siguen pasando bueno. Terminan la fiestas y siguen otros roles: el emprendedor, el tecnófilo, el crítico, el “quejón”, el endeudado, el mismo de siempre que no ha cambiado.

Artesanías de Ráquira en Antioquia

Que se atenga Ternera, la perra madre de las trillizas: Raquel, Minga, Ajena; crías blancas consideradas de raza, por los habitantes que bordean la carretera camino a El Retiro, Antioquia. Ternera tendrá que explicarle a Fonso, padre de las crías, por qué entre la camada aparece un perro, por ellos nombrado Pelos, que se diferencia “en algo” a sus hermanas.

Fonso está harto de los comentarios de perros y gatos del vecindario que le incitan cuando, con aullidos de burla, le hacen la figura de chachos sobre la coronilla, si es que tal cosa puede hacer un perro. Fonso, pela los dientes, musita algún gruñido y se va, se oculta bajo el camión barado sobre el pasto y no aparece más en el día.

Cerdos y terneros entienden a Fonso, pero también entienden a Ternera, conocedores de aquel día en que a Ternera la llevaron al veterinario de la comarca y que allí, ella fue olisqueada, obligada  y vejada. Cerdos y terneros guardaron con respeto el secreto.

Una vez salió Fonso de su escondite, cruzó la autopista que une ciudad con montaña y fue atropellado por un raudo automóvil. Lo demás es puro cuento.

De caritas felices y soles alegres

Los niños son los maestros iluminados que llevan en su ser: la sabiduría, la escencia, la plenitud; una vez van teniendo contacto con la percepción errónea en la vida de los adultos, olvidan que tienen esa sabiduría y se pasan el resto de la vida buscándola en otros lugares y hasta en las religiones.

Garantía de ello es la forma como pintan los niños: caras alegres, soles felices, lunas tranquilas, vacas contentas, osos tiernos, perros de encanto, casas soñadas, montañas calmadas, flores sin orgullos, pájaros en plenitud; PURO EQUILIBRIO.

El imaginario de los niños está lleno de paz, tranquilidad y amor. Hay que reconocer que también hay niños permeados por la violencia; otros, violados por el odio; muchos, alimentados por la injusticia y eso hay que corregirlo desde nuestra propia consciencia colectiva, en un poderoso Efecto Mariposa.

Debe ser una conducta fluída, eso de ver la vida con los ojos de nuestra consciencia, eso de cuidar no pronunciar palabras que crean pobreza y violencia: la palabra, dicha, pensada o pronunciada tiene el poder de la creación. ¿Bendición o maldición? ¿para usted mismo o para el resto de congéneres? Lo que pensamos, lo que decimos, lo que escribimos crea nuestro mundo de percepción.

Suena cursi, pero pintemos en físico o en nuestra mente, el mundo como lo ven los niños donde no se busca la felicidad si no que se VIVE. Suena cursi, pero esto es pura física. El que tiene oídos que oiga.

Buso de lana sintética en San Antonio de Pereira, Rionegro.

Estregarse con estropajo

Qué hermoso par de palabras estas: estregar y estropajo. Con ellas le doy vida a la categoría “Rescatando palabras”, que hace tiempo no actualizaba. “Estréguese bien esa carroña”, decía mi madre, no porque la tuviera (carroña), sino porque eran palabras que acentaban su autoridad. “Ahí hay estropajo, pa’ que se bañe bien”, remataba ella con dulzura ausente. Ante tal tejido natural mi piel era arrancada de mi cuerpo una vez estregado con esta especie de esqueleto de pepino. Su maraña interna llevaba la piel de mi familia y nos hacía uno.

Al museo urbano de objetos olvidados pueden incluir el estropajo, que aún se cultiva, se vende y se usa. Aún hay almas con piel que compran estropajo en mercados callejeros y lo cuelgan en la ducha para recordar que debemos librarnos de toda suciedad y de toda maldad. Bienaventurado aquel que no conoce el estropajo, porque de tal será la sorpresa al conocerlo.

Rescatando palabras:

  • Estregar.
  • Estropajo.
  • Carroña.

La alegre vida del que no tiene ataduras

Algunos no se dejan apresar por el tiempo y viven el suyo a su antojo, sin dejarse dominar por el futuro esquivo. La seguridad no es aliciente en algunos que viven con mayor riesgo y libertad, sus convicciones son la aventura, los viajes, el viento en la cara, comer y dormir. Brindar mueca de sonrisa y vender lo que se ponga en el camino para vivir y pagar la estadía en la Tierra, hacer manualidad, artesanía, manufactura y recibir por ello algún dinero. Vida de valientes.

Vendedores de títeres en lana para el dedo. Guatapé.

El “moisés” y el chicharrón

Y este “moisés” de mimbre emergió de entre la muchedumbre en los días de diciembre, y en vez de llevar al gran libertador Moshé (Moisés), llevaba cuero tostado de tocino, es decir, chicharrón o chicharrín. Aunque mezclar estos dos conceptos es incompatible: cerdo y Moisés. Al segundo le es prohibido el primero.

Salvado este asunto, se procedió a la venta. Unas manos trabajadoras llevaban la canasta o moisés que llaman por entre el público hambriento de gastar dinero y mecatear chatarra. Los chicharrines, divididos entre normales y picantes, fueron ofrecidos por precio alguno y antojaron a propios y visitantes, amantes de las largas filas y las colas lentas entre los observadores de alumbrados.

“Espero que la muerte del cerdo promueva la alimentación en casa, nos una en torno a la mesa y se puedan comprar otras viandas”, diría el mercader, doliente de la canastilla. Hablar de este último objeto, sería adentrarnos en terrenos de la artesanía, eso será en la corta lejanía de otra entrada como esta.

De nómadas y recolectores

Pretendía hacer un inventario de lo que las mujeres guardan en un bolso, pero el tema se me hizo conocido y al buscar en el oráculo virtual, me di cuenta que así era, que el tema ya ha sido abordado, por tanto, tema cerrado.

De todas maneras no sobra decir que el bolso, sea de uso femenino o masculino, nos ata al pasado nómada del hombre, cuando era recolector e improvisaba talegos para “coleccionar”, guardar o transportar lo recogido por el camino elegido. No se puede decir que la costumización o personalización de dichos talegos, bolsos y carteras hoy en día, corresponde a un comportamiento racional, humano; pues otros animales también acicalan cosas, como algunos pájaros con sus nidos.

Unos bolsos nos hacen sentir contacto con la tierra y sus ancestros como son las mochilas arhuacas, las guayú, las boyacenses que, cuando entramos en contacto con ella, sentimos la piel animal, el pelo caliente que nos une a ellos, que nos hace sentir cobijados.

El machismo le impide a muchos hombres usar bolsa o talego, a excepción de estudiantes de diseño, arquitectura, artes y demás que muchos hombres más que, por su estudio o trabajo, usan esta herramienta para transportar el conjunto de elementos necesarios para sus respectivas tareas.

Quizás ya no seamos nómadas o quizás sí: nómadas laborales buscando estabilidad, de  casas en arriendo, de visitas a centros comerciales, de calles que no tengan trancones, de pueblos a pasear, de promociones en hipermercados. Si nómadas no somos, recolectores sí.

Venta de bolsos en Salento, Quindío.

Mujer: hazte el examen

Podría ser que el creador original (primigenio) de este curioso pocillo no superó la etapa oral de su niñez dirían algunos analistas. Quisiera saber qué dirían las feministas para no mal interpretar algún concepto. Tomar tinto o café en pocillo nos lleva a pensar en la cifra impar del objeto, es decir, tomamos en un (1) pocillo, y esto me lleva a reflexionar en el cáncer de seno, algo que ya nos hace poner serios puesto que ya estamos hablando de la vida misma. Cuando ese ‘demonio’ del cáncer corre la cortina y se asoma a la ventana de alguna casa, no quisiéramos abrirle, si llamara por teléfono mandaríamos decirle “que ella no está”, y si tocara como tocan las puertas algunos en domingo le diríamos “No gracias, aquí todos somos sanos”.

Pero cuando entra, entra y se cuela como si se enquistara en los mismos tuétanos, y causa dolor, no solo al que lo vive, sino a quienes aman al ser portador de tal realidad. Una vez entra y se posa en el órgano, yace a la vez en el alma, y entonces nos recuerda lo vulnerables y pequeños que somos, y nos hace ser mejores personas, valorar la vida, vivir intensamente. Los que están alrededor de la persona amada, sufren de impotencia pero también se vuelven mejores personas, nos volcamos a la vida, al creador si en Él creen.

Antes de todo, nos creíamos grandes, intocables, pero una vez la enfermedad toca, hace más humano al humano, y el amor se hace intenso, fuerte, puro y verdadero. No me gusta llamar al cáncer enfermedad, llamémosla oportunidad y quien lo lleva sabrá para qué. No es un paliativo, pero tendremos que ser más fuertes que la presencia de tal inquilino, pagar la deuda y ponerse en pie, tomar el timón y continuar, saludar a lo lejos y al de cerca, sonar el pito, sacar la mano y saludar al que sonríe.

A ella, su esposo sabe a quién, le deseo SANIDAD con poder de lo alto.

Un paseo por las tierras del café

– Berenice ¿qué le llevamos a Raquel de recuerdito del Quindío?
* ¡Ay no sé querida! llevémosle una ‘chivita’ de aquellas ¿no?
– ¿A cómo serán? ¿serán muy caras? porque tiene que ser algo baratico mija.
* Entonces llevale desos Willis que están ahí abajito.
– ¿Esos tan chiquitos? Ay no qué pena, qué dirán que uno tan amarrada.
* ¡Ah! es que son 15 personas a las que hay que llevarle recuerdo, mija.
– ¿Será que les llevo desas mulitas que llevan café en el espinazo?
* No, mija. Están como macheteritas ¿cierto? ¿o no?
– ¡Ay! pues no le llevés nada a ella. Al fin y al cabo ella ni sabe questás por aquí.
* Pues sí, tan boba ques una.

Artesanías de Montenegro, Parque del Café, Quindío.

‘Hippies’, una especie en vía de extinción

“Cuando vaya a publicar la foto, ponga: especie en vía de extinción”. Fue el permiso que me dio Huayra, como se hace llamar este hippie, amigo de la vida y de la tranquilidad. Realiza su labor de bolsos en cuero en Salento, Quindío, población que vale la pena visitar -con dinerito en el bolsillo- porque de seguro se antojarán de alguna manualidad, artesanía o manufactura.

Muchos hombres de poder trabajan duro, durísimo, muy duro, para poder tener el futuro lo que estos hippies tienen en el presente: TRANQUILIDAD, FELICIDAD. Huayra es un mantodo bien‘, amable, buena gente, de seguro tiene mucho por enseñarnos.

Como ya está la cámara otra vez bien, a viajar se dijo. ¡Pa la envidia de muchos!

Forro para silla ‘tripa de pollo’

Silla de ‘Chivero’ en Valparaiso, Antioquia.

Heredado de la poca necesidad consumista del pueblo campesino, heredado de la originalidad en la solución de necesidades funcionales y estéticas, heredado de la necesidad del color para nuestra percepción; nacen creaciones manuales que generan oficio, ocupan el tiempo, dan carácter al artesano y dividendos a la familia.

El hombre de municipio pequeño no se deja llevar por modas pasajeras, sí por la satisfacción de necesidades. El hombre de provincia tiene más cerca la tierra, el aire sin corromper y la sonrisa con el desconocido. Es alegre, servicial y creativo.

El hombre, cada que teje, se une más a sus antepasados e hila de la madeja que lo une con sus ancestros. En la imagen, la madeja fue de ‘tripa de pollo’, como se conoce a este material, que entre otros, sirve para la fabricación de trapeadoras, tapetes, amarrar cajas y hacer tendedero.

El Artesano, de Televida

La encantadora presencia del Maestro Francisco Madrid, la dejó plasmada en el programa y en su agradable conversación. Un homenaje en sus 70 años de labor artística al maestro Antiqueño, nacido en Envigado.

En esta entrada encuentre, además, los siguientes programas:

Laminilla de oro en marquetería, miniaturas con huevos de codorniz, telar circular portátil, estuco veneciano, talla sobre vidrio, artesanías con retales, pinceladas sobre velón, tarjetería, figuras talladas en carbón, talla sobre vidrio, hoja de balazo sobre MDF, talla en marquetría, taracea o chapilla de madera, porcelanicrón, municipios de Antioquia pintados al óleo, talla en bajo relieve, acuarela en homenaje al Maestro Francisco Madrid, calado en cintas, jacarelado. Dé click en LEER MÁS y mire los demás videos.

En el campo, ¡todo sirve! – Pesebre en Támesis

Todo sirve en el campo: un garabato para secar la carne donde no hay nevera; un tronco de árbol para partir el hueso, un alambre para cualquier cosa, una tapa de gaseosa para que haga de arandela cuando ponen las tejas de plástico; una plancha vieja para trancar la puerta, una tabla para atajar los pollos y que no se entren en la cocina; una canasta de mimbre para echar carajadas que ya no se usan y colgarla al lado del garabato.

En el campo todo sirve: la olla rota es matera para sembrar flores, la máquina de moler que no se usa, se usa para guardar cualquier otra cosa y colgar el trapito de la cocina de la manivela; en la tasa quebrada se sembró un cogollo de cilantro, afuerda de la cocina reposa el palo con garfio natural que sirve para bajar las naranjas del palo… y así, muchas cosas, muchos usos.

Este que ven, es un pesebre con más de cincuenta años, lo sacan en Támesis en una droguería que queda detrás de la iglesia principal.

Ron Damón y el Chapulín Colorado

No se fijen tanto en los rostros de Don Ramón y el Chapulín Colorado, no traigan al presente los recuerdos de sus programas y sus escenarios de icopor, no traten de adivinar los demás personajes a la venta.

Fijémonos por un instante en el calzado de estos héroes de la ficción, esos “pisos” como dirían en parlache, cuadrados, novedosos… “mera elegancia, diría la muchachada”.

Artesanías desde Neiva, Huila.

A quienes me decían: “…espere y verá, que ya con hijo ahí se le acabó la paseadera”, a ellos les cuento que el infante Jacobo Múnera López nació con alma de gamín, no se le arruga a nada, no llora, no pone pereque. Si se ensucia se le baña en borde de carretera con agua chorreada de botella, suspira si está fría y no más. Ventanea, brinca dentro del carro y si se le saluda desde afuera con un adiós de mano, se ríe que da gusto.

A los que decían que con niño a bordo se nos acababa la paseadera les informo que desde el mes de nacido, Jacobo ya conoce: Támesis, Jericó, Manizales, El Retiro, Amagá, La Ceja, Rivera, Neiva, Rionegro y otros que no recuerdo. En la última imagen, Jacobo en Doradal agarrando el tarro de agua con que lo bañamos vía a Neiva. ¡Tan maluco que es pasear!

Artesanías de Neiva, Huila. Malecón al borde del río Magdalena.

Escenas editadas en Caperucita Roja

Eliminada fue, la escena donde Caperucita pregunta por la colcha de retazos que cubre la cama de la abuela. Editada también, la parte donde le dice mañé a la vieja, por coser en croché una muñeca, para tapar el papel higiénico en honor a su nieta preferida -Caperuza no era hija única-.

Nunca fue contada al público, la escena donde la niña de saco rojo entra al baño de la abuela, que más parecía letrina, con el único fin de criticarle la tapa del bizcocho, hecha con chiritos que le sobraban de la costura.

Nunca nadie supo que al regreso, Caperuza llevaba bajo sus naguas una foto de Viruta y Capulina, autografiada por el binomio mismo, que la abuela exhibía orgullosa en el espejo de su neceser, simplemente que porque “Qué oso” en palabras de ella.

Jamás supo alguien, excepto su madre, que al regreso, La culicagada ésta, se regó en críticas, chismes y malos comentarios, de usos y desusos, de mañesadas y cosas pasadas de moda, “ay amá, y eso que no te hablo de la cocina, ese poyo estaba…” “¿Y el leñador ese siguió yendo donde mi mamá? ¡Má, ahí sí lo que te diga es mentira!

…Lo demás es pura paja.

Himno al Salario Mínimo

He aquí, lo que puede ser, el himno para comenzar cada sesión de negociación del salario mínimo en Colombia. Párenle bolas, parece una canción sin mucha ambición, pero si miramos dos veces veremos su ácida intención. ¡Música maestro!

Aserrín, aserrán,
los maderos de San Juan,
Piden pan, no les dan, piden queso
Les dan hueso, Piden vino, si les dan
Se marean y se van
.

Existe otra versión en el poema “Los maderos de San Juan” escrita por el poeta José Asunción Silva.

Imagen tomada por la señora madre de mi esposa, sírvome a llamarle sin peyorativo tono Suegra. Casa de oración San José de la Montaña, Sabaneta, Antioquia.

Esas fotos que hablan…

Lucía Victoria Torres es escritora, cuentista, periodista y docente, entre otras cosas, pero lo mejor: es amiga mía.

Hablando de montañeradas, me colabora esta vez con estas imágenes, que acompaña con unos textos inspirados por la misma foto. Fotos que hablan.

  • Ventaneando espero aunque me desespero… porque qué esperadera carajo

  • Ay querida, está que llega el que me quiere comprar a mí

  • ¿Y nosotros cómo nos metimos aquí.
    Peor, ¿cómo salimos?

  • Yo aquí esperando a que mi patrón venga. ¿Qué se podrá pescar en ese monte?

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