La alquimia del alma

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A los pájaros que anuncien la mañana con su canto les espera banano. A las columbiformes dueñas de los parques y transportadoras de miles de piojos, les corresponde una gran cantidad del maíz importado. A los pericos presos, el alpiste; a los colibríes, néctar casero. Al gallinazo (Coragyps atratus), golero o zopilote, le es reservada la piedra, la escoba y el espanto en días en que el carro transportador de basura pasa por calles y carreras. Las cantoras, nos regalan su llamado. Las de parque, su coreografía. Nuestros buitres, nos regalan salud. Su buche y sus ácidos transforman carnes mortecinas en abono.

Las urbanas, buscan entre el rechazo embolsado, el insumo de la transformación y por ello son víctimas de la piedra y la amenaza. Las rurales, encuentran máscaras de piel perforadas por la cadaverina que solicitan engullición. Así hace el alma a quien presta sus oídos a la transformación. Toma de lo oscuro, de lo bajo, de lo rechazado, de lo oculto, de lo penozo, de lo vergonzoso; y lo transforma en energía de vida, en alimento, en sustento alquímico. Estos buitres me representan la alquimia del alma.

Mi abuela Juana, sacaba del congelador una bolsa y me la entregaba como quien cede algo sospechoso y me enviaba a la quebrada* más cercana. El contenido oculto del paquete eran las sobras crudas de piel de pollo. Guardaba los “cueritos” para alimentar a los rechazados gallinazos del barrio. Espantarlos está bien ¿Por qué apedrearlos? Deberíamos llevarlos a zonas de concentración política… tienen una alta capacidad para oler pestilencias.

Un par de viejas botas – Coloquio

Por: Alberto Mejía Vélez.

Se quedaron bien paradas, tal como las dejó el ingrato dueño.

La izquierda le comenta a su par: ¿No sientes nostalgia de ver la forma, cruel, en que fuimos arrojadas a la calle?

¡No! Es el comportamiento natural del ser humano. Nuestro dueño nos sacó de la vitrina en donde estábamos, a la mirada inquisidora de ojos que nos querían deseaban. Muchos nos despreciaron por color; otros, por tamaño; la mayoría, se detenía, miraba y, al ver nuestro precio, se devolvían nostálgicos.

El señor qué nos alejó del lugar en donde permanecíamos tranquilas, estaba acompañado de una bella mujer. Salió feliz con nosotras bajo sus brazos, nos paseaba por lugares exquisitos, bailábamos con él hasta largas horas de la noche; golpeando, algunas veces, a la hermosa pareja y hasta nos le paramos en un callo.

Muchos de sus amigos nos miraban con envidia, diciéndole que estaba muy ‘titino’ con sus botas nuevas.

¡Nos gustaba tanto cuando nos llevaba al parque a que nos lustraran! nos hacía cosquillas ese vaivén del cepillo y aquella delicia de sobarnos con trapo para que nuestro color relumbrara.

Recuerdo cuando el lustrador me daba un golpecito en la punta, para qué me bajara de la cajita y tú pudieras subir

¡Gratos momentos!

No nos gustaba cuando los pies del dueño sudaban en exceso.

¡Verdad!

Nos pasaron los años y con ellos, nos llenamos de raspones, perdimos el brillo natural.

Los tacones se torcieron y el cuero se agrietó. Ya el amo ha mirado con codicia a otras más jóvenes.

Por eso estamos aquí, esperando el sonido de la campanilla del carro recolector de basura, para emprender el viaje sin retorno. Allá donde tiran las cosas que no sirven.

¡Ajá!

La riqueza de una infancia pordiosera

Una muñeca de trapo connota ternura, niñez, alegría, fantasía. Una muñeca de trapo aparece con alegría en el día de los “traídos”. Muchas muñecas de trapo reposan al lado de niñas durmientes, esperan que amanezca para que su dueña les dé vida a través del lenguaje y la fantasía.

Otras, muñecas diabolizadas, simbolizan el maltrato de la mujer, la castración de sueños, la decapitación de los ideales. Hay muñecas que simbolizan a Colombia: vejada, violentada, hecha trapo jubilado de cocina, con telas pordioseras, manipulada en “bien” de unos pocos; osea que ya nos es “bien” porque tal, es para el común; el bien es para las muchedumbres, nos iguala a todos.

Otras muñecas saltan de la repisa endemoniadas, asustan a los niños, se dejan poseer por una risa macabra y lanzan amenazas a los infantes. Malditas muñecas que no se meten con los grandes, con los padres.

Hay muñecas que protagonizan películas de terror; otras, protagonizan el consumismo profundo del capitalismo y se visten de vanidades, tiñen sus cabellos de rubio brillo y seducen a las niñas para que pierdan su inocencia, esnobistas.

Hay muñecas que reflejan la riqueza, la verdadera riqueza: son las pobres, las que fueron creadas del retazo sobrante de mamá y de la abuela, rellenas de paja vecina, pintadas con incipiente color, recursivas. Las muñecas de “los pobres” están llenas de fantasía, elaboración de lenguaje y discurso interno. Alegran el alma de pordioseras mañanas. Acompañan la cálida noche del que tiene otras carencias. Esas me gustan: las muñecas de la rica infancia pordiosera. Tienen más historias qué contar.

Adiós a la buena radio

¡El mundo se va a acabar! Lo que ya se acabó fue la buena radio, la de novelones, la de charlas repetuosas o la pícara de Montecristo. Hoy solo quedan vergajos hablando en tonos que no son para radio, palabrotas que no son para radio, confesiones que no son para radio.

¡Amargado! Sí, ya escuché a algunos gritándomelo. Lo siento señores, pero todo tiene su espacio. La radio se perratió. La vulgaridad sale en la voz de muchachos carentes de espacios de expresión. PERDÓN, quizás sí haya espacios, pero no los usan, no se expresan, se guardan toda su violencia, la propia y la vista, para sus adentros. El silencio los mata por dentro y por eso llaman a las emisoras a desahogarse, a contar todas sus intimidades, a decir Ijuejulias.

La verdad dejemos así, por hoy. Parezco un viejo ya.

Posando con los desprotegidos

Leyendo prensa…

…Y caigo en la cuenta de tanto político que posa para las cámaras de los reporteros gráficos al lado de los desprotegidos, de los niños, de las señoras. Posan con falsa actitud al lado de muchedumbres que quieren ver al político de cerca y escuchar de primera mano la novedad trae en esta jornada de cacería de votos.

Mientras unos posan al lado de la miseria, otros posan con manos estrechadas ante las grandes y estratégicas alianzas, sonrientes, sin mirarse a la cara, mirando al pajarito y diciendo wisky… y tomándoselo, por supuesto.

Nada de esto es problema, si después dieran la cara, se dejaran saludar por las muchedumbres, pasaran al teléfono y no caminaran con la cerviz tan templada. prepotentes, inalcanzables, perdidos, intocables.

También pasa con mucho periodista de televisión.

Cinco razones para un moisés solitario

La imagen puede dara entender varias cosas:

  • Que el neonato ya no lo es tanto, que creció y pasó del moisés a la cuna de baranda.
  • Que el recién parido tenía todas las noches el vicio de jugar a que arrancaba el cubrelecho, hasta que quedó solo la entretela.
  • Que el modelito de moisés al niño no le gustó porque se creía de mejor cuna, que “¡qué mañesada era esa! se le logró interpretar.
  • Que el esposo se enteró que el embarazo de su esposa, era sólo una excusa más para retenerlo y que dicha compra era un artilugio más sin son ni ton.
  • Que el moisés no cupo en el colectivo de Itagüí y les tocó dejarlo y llevarse al “chino” cargado en brazos.

Encontraron brazo en Santo Domingo

Tras varios días de búsqueda, fue encontrado el brazo de Yuli, la muñeca preferida de Tatiana, una niña de dos años de edad. La muñeca le fue regalada a la niña el día de su bautizo y se convirtió en la acompañante permanente de la hija de Alcira.

Una vez perdido el brazo, las sospechas recayeron en Bertulfo, el perro de los González, vecinos del barrio. Se encomendó a Toña González, que prestara especial atención a Bertulfo, para ver si tenía comportamientos raros que pudieran guiarlos al brazo de Yuli.

Castigaron a Bertulfo. Comenzaron a extorsionarlo sin darle alimento, en tres ocasiones le pegaron en el ocico, lo dejaron durmiendo una noche afuera sin que ninguna de estas estrategias diera resultado. Bertulfo murió esa noche fría e inmediatamente Toña González confesó que la había robado para ponérsela a una muñeca que tenía manca en casa, que aunque negra, sería la felicidad de su hija, Ricarda Mena González. La botó al sentirse culpable.

Imagen tomada en Santo Domingo.

Los zapatos de colegio y de trabajo

Para ese entonces éramos mozuelos libres. Nuestras enclenques y flacas piernas saltaban lo prohibido, pisaban lo indeseable y jugaban inocentes.

Y fue en la primera infancia, por recomendación de las abuelas, que nuestros padres decidieron imponer claustro a nuestros pies. La libertad de poros, uñas y piel fue coartada y presa de cueros y verdugos, atados con lazos mudos y sometidos a la nueva educación de caminar con artificio poara nuestros pies.

Torpes, nuestros pies comenzaron a caminar. Ciegos, envueltos en la oscuridad y el miedo, vacilantes, sin más lazarillo que nosotros mismos.

Fueron entonces los zapatos, acostumbrándose a nosotros con callos y con dolores. A las malas fuimos domando lo que fueran las mazmorras de nuestro ser. Pisar la tierra se nos hizo extraño, sentirla y sentir nuestro origen.

Creciendo fuimos. Y en la escuela o el colegio terminamos cayendo, con brillos falsos de una noche anterior. Amarrados, tallando en cada media decena. Esperando llegar la noche para volverlos a ver, saludarlos, sobarlos con ungüentos y bálsamos caseros.

Luego, la fábrica, el uniforme, cada calzado tan igual y sin distinción. Sin carácter más que el personal olor. Fabricando, marchando al reloj que todo lo domina, marcando.

En los últimos años, los llevaremos al artesano zapatero que enmiende la brecha que deja el caminar, y yo gozaré con verlos en ese desván que no es el mío y miraré de lejos, sonriendo con sorna, con malvado placer, con ganas de pensionarlos de una vez por todas.

Para ese entonces seremos mozuelos libres. Nuestras enclenques y flacas piernas saltarán lo prohibido, pisarán lo indeseable y jugarán hacia la muerte.

  • Zapatos tirados en un morro de basura. Barrio Santo Domingo, Comuna 1. Medellín.

No es una suela cualquiera

  • No es una suela cualquiera.
  • Es la señal del paso del hombre por el río
  • Es refugio para renacuajos que allí descansan
  • Es la pela que se ganó algún muchachito por botar el siniestro tenis
  • Es una zapatilla libre y jubilada
  • Es una suela terca, soberbia ante la corriente del río
  • Es un tenis solitario, sin su simétrico mellizo
  • Es una zapatilla sin par
  • Es la suela de una zapatilla, de un niño que perdió su pierna izquierda en algún campo minado
  • Es basura para los ecologistas
  • Es una cuna para el plancton que allí anida
  • Es la felicidad de algún fotógrafo
  • Es la pieza clave de un asesinato
  • Es el sobrado que dejó la Parca, después de llevarse al niño Julián
  • Es un pedazo de caucho
  • Es la maceta acuática para las futuras algas
  • Es el obstáculo que ataja palitos y piedritas
  • Es un Croydon talla 37

Los ríos llevan y traen un devenir de sorpresas

Nuestros ríos llevan y traen sorpresas en el devenir constante de sus aguas. Muertos sin cabeza, de piel lijada o sin ella, sin extremas partes, ciudadanos ellos de otros tiempos. Memoria de sus familiares.

Nuestros ríos llevan las heces del consumo para que el espinoso bocachico se divierta llenando su buche antes de que un chinchorro lo atrape. También llevan: vacas hinchadas, sombras en perspectiva, vástagos de plataneras moribundas, ramas cortadas por torrenciales aguaceros, muertos sin velar aún, lágrimas y mucho llanto silencioso.

Nuestras cárdenas cañadas atraviesan los barrios y llevan: colchones despreciados, zapatillas sin par, camisas que nunca más fueron colgadas al viento, muñecas mancas, cuerdas y cordones, telas de no se sabe qué, polvo de ladrillo y cemento, aguas jabonosas.

Nuestras quebradas bajan pocillos sin asa, bolígrafos secos, muñecos muertos, frascos y tapas, ollas viejas, arroceras malas, televisores ciegos, radios que hacen gárgaras, ratas pescadas en la cocina, perros envueltos en periódico, gatos de raza irreconocible y alguno que otro muerto.

Y si usted vadea esas quebradas o cañadas, también puede hacer una buena lista para un inventario personal, inútil, por supuesto, pero entretenido para otros.

En las imágenes: Accidente en el río Medellín. Afluente del río Medellín. Río Cauca. Río Magdalena en Puerto Berrío.

Talleres de mecánica automotriz – Eternos cuartos de rebujo

Siempre que he ido a “parchar” un neumático me he preguntado, si no existe alguna herramienta industrial para tal efecto. Es que siempre he visto la misma herramienta, creada de eclécticas partes de otros objetos, ya jubilados tal vez.

La imagen siguiente, revela la típica herramienta para parchar neumáticos. Un torque, un pedazo de plancha vieja, alambres sueltos y pelados, un fósforo que avisa cuándo retirar la plancha del neumático… -increíble, irrisorio- ¿ponerle un fósforo, sin usar claro está, como herramienta para tomar el tiempo en que la plancha “funde” parche con neumático?

Así son esos talleres de mecánica -pregunte por lo que no vea- eternos cuartos de rebujo donde hallarás lo que alguna vez tanto buscabas, pero que, botaste en esas operaciones de limpieza doméstica.

Cuando necesites algo, ya lo habrás botado. Taller de mecánica de don Augusto, en Aranjuez.

Mi primera cámara: Kodak Instamatic 76x

Colaboración de Andrés Beltrán Uribe. / Hago mi anotación: esa Instamatic fue mi primera cámara de fotografía. Me la robaron en 1992 prestando servicio militar.

Esas cámaras me causaron una gran sensación y me pareció muy irónico ser precisamente un celular el que le tome las fotos a una cámara.
Como sé que a vos también te gustan estos cachivaches, te envío las fotos, te las envío mas como una invitación a que visites el parque de La Ceja, hay unos cachivaches increíbles. ¡Cómo nos invade la tecnología! Quedé perplejo y me sentí terriblemente viejo al escuchar a mi lado la conversación de una mamá con su hijita de ocho años:

– Veh mami ¿y eso qué es?
* Es una cámara mijita.
– ¿Y dónde tienen la pantalla pa ver las fotos que uno toma?
* No seas montañera, no ves que esa es de rollo
– Rollo el que usted me esta echando mami.

¡Será que estamos tan viejos!

Esa rubia cincuentona – ¡Barbie Snobista!

Este racimo de bellas rubias, de componente plástico, de modales congelados; goza de su primera jubilación en la calle Alhambra, zona de Guayaquil donde venden cachivaches de segunda.

Ellas, acostumbradas a despampanantes vestuarios de seda, a posar en bellos carros de juguete y a ser peinadas cada día; desfilan de modo quieto, en un puesto ambulante donde venden carajadas usadas, desbaratadas o malas.

Ellas, las Barbies, acostumbradas a mezclarse solo entre ellas, que no permiten el roce con muñecas sin abolengos ni marcas, les tocó esta vez untarse de pueblo ajeno y barato, untarse de marcas criollas y pelambres variopintos.

Hoy les tocó aceptar amistad con barbis de falsa monta, con muñecas de ojo picho y “que ni me pongan al lado una de esas de trapo” murmura una de ellas.

Esas son las barbis de Alhambra. Humilladas y sentenciadas al sudor de sus pares, sin marca. Destinadas a mostrar la decadencia de su propio consumismo. Vanidosas, creídas y todo lo que eso conlleva, y aún así fueron olvidadas.

¡Barbis esnobistas! – Yo prefiero las de trapo / Pero debo reconocer le poder que tienen y cómo tienen a grandes diseñadores, tejiendo para ella.

Los rituales de despedida

Se quema el sahumerio, se quema el muñeco de año viejo, se queman las cartas viejas, se queman  las ropas malas, se quema la pólvora, se queman los malos ratos, se queman los demonios internos, se queman los diablos externos.

Se sacan las pulgas viejas, se aplastan las cucarachas que amañadas, reposaban debajo de la cama. Se cambia la vacenilla de peltre, se parcha la olla vieja. se cambia la tierra en menguante, se regala la ropa vieja, se remienda el bluyín de Albeiro.

Se saca el colchón manchado, se cambia de sábana el treintaiuno, se buscan las telarañas para enredarlas en el palo, se bañan las paredes sucias, se remonta la tapa mala de un tacón rojo y su par, domingueros de Susana. Se quema eucalipto, se barre y se trapea siete veces.

Se le echa olor a la casa, se prende una vela, se come la uva, se le da la vuelta a la manzana con tres petacas llenas de nada, se llama a la amada, al vecino de otrora, a la comadre vieja. Se abraza, se besa, se llora. Se le dice adiós al año viejo.

Se bebe, se emborracha, se quema. Se matan, se ríen, se queman. Cinco pa las doce y se sale a la calle, se echan Maicena, se le da guaro al desconocido, se invita, se convida, se quedan, goterean y lloran. Se pelean, se matan, se ríen.

En la imagen: lote con basura en el sector de Niquitao. Medellín.

Inventario de un techo en Santo Domingo

Es sabido por antropólogos, que se puede conocer el ritmo de vida de una familia a partir de la basura que saca para su respectiva recolección. Dispongo aquí, un inventario de cachivaches arrojados al techo de esta casa en el barrio Santo Domingo. Los datos fueron sacados de la foto en alta resolución.

·         Camisa, otrora blanca.

·         Trapeadora

·         7 pepas de mango

·         Casete, lado A

·         CD

·         Botella de cerveza

·         Zapato derecho

·         Pulgada de tubo pvc

·         Vaso de yogurt

·         Pila grande

·         Pila AA

·         6 tapas de gaseosa

·         Un calcetín

·         Cáscara de banano

·         Cepillo de dientes

Esto no es basura. Son señales, indicios, signos de vida. Comportamiento, uso y desuso