Cicatrices que alegran, en la madurez del recuerdo

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Comienza, con este recuerdo de Héctor, el juego de “café y mamoncillo”, una excusa para hablar de muchas cosas, distintas entre sí -si se quiere-, con una taza de café de por medio, como agente que une y cohesiona. Si usted, que lee, tiene recuerdos, imágenes o un aporte con el que hagamos este tejido de retazos, es bienvenido en coffeenton@gmail.com. / Carlos Múnera.

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Por Héctor Giraldo

Corría el 1966, y tenía siete años cuando vivía el paseo de vacaciones que siempre nos daba papá en la finca del abuelo. Uno de esos días disfrutaba con mi hermano mayor en la pesebrera, con los terneros y, cerca de allí, tratábamos de despulpar un puñado de café en la despulpadora; en un descuido tan frecuente a esa edad, metí  mi mano izquierda a la tolva, con tan mala suerte que dos de mis dedos quedaron atrapados ¿Pueden imaginarlo?

El problema vino, luego, para liberarme. Fue solo después de varios intentos, que logré sacar mi mano ¿adivinen cuántos dedos salieron? Por fortuna, todos, con algunas cortadas pero libres al fin y sin fractura ¡nunca olvidare esa imagen! Y más aún, porque en mis dedos quedó la cicatriz de este accidente…todo por el café y la curiosidad infantil. De recuerdo, me compré una réplica de una maquinita de esas, despulpadora, que siempre conservo como una de mis mejores instantáneas de mi vida.

Cafés caraqueños

Un aporte de interación, por parte de Ignacio Alfonzo.

“Hola Carlos, vivo en Caracas, Venezuela, nací en Barrancas del Orinoco, (a orillas del río Orinoco) Estado Monagas.  ¡Mucha suerte y larga vida para que cumplas esa encomiable labor de informar y robustecer la cultura popular!”.

Café, en el bulevar de Sabana Grande.

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Café Provenzal, Centro Cultural de Chacao.

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Café Venezuela.

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¿Estamos obligados a tomarnos el desecho?

Cuando los lectores del blog participan con su tiempo y sus comentarios, me alegra, porque se genera la interacción esperada, el foro, la diferencia con respeto y la comunidad. Ningún comentario se censura a menos que se trate de spam, si algunos se demoran en verse publicados es porque debo aprobar su publicación, para evitar correos masivos.

José Gregory Sánchez Lozano, amante del café, dejó un comentario a la nota “¿Qué café que consumimos los colombianos?”, escrito por Andrés Felipe Ruiz Márquez, otro apasionado del tema, lo traigo al artículo para dar mi comentario al respecto:

“El primer paso para ser un excelente catador de café es bajarse del pedestal. Bendito Dios si se tiene la oportunidad de degustar Geishas, Yirgacheffes, Harrars, Blue Mountains, Sidamos, Trapichitos,etc,etc, todos lo días, aunque no lo creo. El consumo local se basa en mezclas de coproductos de la industria nacional y cafés foráneos (robustas o arábigos) que cada tostador define como una fórmula según su conveniencia económica, el gusto del consumidor, la rotación de inventarios, el precio del café, etc; es dirigido básicamente a un segmento amplio de la población que no cuenta con capacidad económica suficiente para adquirir cafés más costosos o que no lo ven como un artículo suntuoso sino de la canasta familiar. El paso de café comercial a café de especialidad es un paso gigante para el consumidor en todo sentido y lleva tiempo. Dichoso del que disfruta su cafecito en la mañana, sea cual sea…”.

Pergamino y pasilla separados, en secado.

¡Bendito Dios! Si se tiene la oportunidad de degustar, todos los días, productos de nuestra tierra colombiana sin tener que acudir a cafés foráneos. Creo que el señor José Gregory, subestima al mercado nacional diciendo que éste no cuenta con capacidad económica para adquirir un grano molido respetable y saludable; es sino ver las estadísticas en ascenso del sector comercial, del parque automotor, de turismo; es sino ver el aumento de centros comerciales, de tiendas de diseño; es sino ver a un gran porcentaje de obreros disfrutando de cervezas al final de la jornada, a los pobladores de barrios obreros gastando dinero en temas de lujo: smartphones, televisores de última gama, etc. Estamos hablando de una libra de café que, en promedio, puede costar 8.000 pesos colombianos y hasta menos, dividido por el número de tazas que pueden salir, termina teniendo un costo de 100 pesos por taza -y hasta menos-. Basta mirar algunos índices de aumento del consumo de café en Colombia para ilustrarnos: http://www.portafolio.co/economia/crece-el-consumo-cafe-colombia.

Así que el tema de poder adquirir y disfrutar de un café con taza limpia no es un asunto solo económico; como ejemplo están aquellas ofertas que están comenzando a realizar algunos campesinos que optan por salir al mercado con su propia marca a precios similares a los que se ven en hipermercados, dejándole mejor ganancia esta modalidad, ya que el poner café de origen en vitrina les obliga a ceder un alto porcentaje del precio ofrecido. Así que, un colombiano promedio o ese que usted cita como “un segmento amplio de la población que no cuenta con capacidad económica suficiente para adquirir cafés más costosos”, no tiene que pagar más por una mejor taza, pues, yo mismo he adquirido y continúo comprando cafés con taza limpia y con origen rastreable al mismo precio de los que estamos acostumbrados a encontrar en los súper e hipermercados.

La crítica que se hace desde este espacio, es a que los consumidores sean más exigentes en la calidad de lo que toman; en la educación sencilla que se trata de hacer para que tengan elementos que los lleven a tomar decisiones conscientes para la compra de un grano -sea el que sea-. El señor Sánchez, finaliza su comentario diciendo: “Dichoso del que disfruta su cafecito en la mañana, sea cual sea…” y estoy de acuerdo en el trasfondo de su colofón, pero no en ese “sea cual sea”, pues, si bien el mejor café es el que a uno le gusta, hace falta que el colombiano promedio pruebe otras opciones para que pueda tomar una decisión consciente y no la que nos imponen los grandes mercados nacionales, ya que, el mejor grano se exporta porque es mejor pagado y, no es noticia nueva, la pasilla también es vendida a la industria nacional para que mezcle con grano de otros países, dejando para el consumo interno una oferta con menor calidad y, a veces, hasta dañina para la salud. Ofrézcale a un extranjero un espresso hecho de café “comercial” para que vea la reacción al preguntar dónde está el famoso café colombiano. Conozco empresas exportadoras que van separando la pasilla porque se la compra la industria nacional –no es noticia nueva-.

Este espacio no es para hablar desde la prepotencia, antes bien, quiere destacar la sencillez y el empuje de pequeños cultivadores, como lo evidencia el tono de algunas crónicas aquí publicadas. Se pretende darle mayor información a ese colombiano promedio que realmente sabe poco de un producto que, supuestamente, lo identifica. Desea crear consumidores inquietos y exigentes. Soy consumidor y escribo como tal y, a quien invito a escribir le pido un lenguaje entendible y menos académico para que la información permee a todos y no excluya a nadie; aquí el campesino y el consumidor son protagonistas.

Así que, no se necesitan Geishas, Yirgacheffes, Harrars, Blue Mountains, Sidamos; se necesitan mejores tazas de Colombia para consumidores en Colombia, se necesitan Nariños, Valles, Antioquias, Cundinamarcas, Huilas, Risaraldas, Armenias; se necesitan mejores consumidores que lleven a que la industria nacional realice investigaciones para que sepan usar la pasilla en cualquier otra aplicación menos en nuestra taza. El café bueno es exportado ¿Acaso los colombianos no tenemos dignidad para tomarnos una taza limpia? Hablo de taza limpia (agradable y sin defectos) para no hablar de cafés especiales (con características extraordinarias que elevan su costo). ¿Estamos obligados, por el “bien” de la economía, a tomarnos el desecho extranjero? Eso que los validadores en puerto desechan ¿nos lo tenemos que tomar porque somos “pobres”?

Dichoso del que disfruta su cafecito en la mañana: digno de Colombia, un país productor de buen café suave lavado; sano, limpio.

Q Grader: es una certificación como catador del Coffee Quality Institute

Para un día frío: ¡un buen café!

Interacción. Beatriz Palacio, comunicadora, participa en la convocatoria de participación, abierta para todos; de enviar fotos relacionadas con el café.

“Esta imagen es la de un delicioso capuchino que me tomé en el lindo Hotel El Mosaico, en Santa Eelena, Medellín. La perfecta combinación: un día de frío y un buen café.

Más libros en la Tienda de Mune

De la colección de Marta Laverde, docente, amiga y lectora permanente del blog. Para contacto o compra, deje su mensaje.

  1. Rodolfo Mondolfo Heráclito Textos y problemas de su interpretación. Siglo XXI editores. 3ª edición. 1973 $ 12.000.oo
  2. Juan D. García Bacca. Fragmentos filosóficos de los presocráticos. B.V.E. Biblioteca venezolana de cultura. 1963 $15.000.oo
  3. Otto Pöggeler  El camino del pensar de Martín Heidegger. Editorial Alianza Universidad. 1986 $12.000.oo
  4. Jean Bucher La experiencia de la palabra en Heidegger. Imprenta departamental del Valle. 1993 $10.000.oo
  5. Ernest  Cassirer Antropología Filosófica. Fondo Cultura económico. 1965 $ 5.000.oo
  6. Gillo Dorfles Del significado a las expresiones. Editorial Numen. 1ª edición 1975 12.000.oo
  7. Rainer Gruenter. Sobre la miseria de lo bello. Estudios sobre literatura y arte. Editorial Gedisa. 1992 $12.000.oo
  8. Albert Camus. El mito de Sísifo. El hombre rebelde. Editorial Losada. 1970 $5.000.oo
  9. Jean Paul Sartre. Las Palabras. Editorial Losada.9ªedición. 1968 $5.000.oo
  10. Bertrand Russell. La perspectiva científica. Editorial ARIEL. 1969 $5.000.oo
  11. Kant. Crítica de la razón pura. Editorial Porrúa. 1973 $10.000.oo
  12. C.M.Bowra. Historia de la literatura griega. Fondo de Cultura económico. Breviarios.1973.    Pasta dura. $10.000.oo

Fabuloso encuentro de un tesoro – Juguetes Búfalo y Navidad

Miren, pues, la joya de colección que nos envió un nuevo lector. Colaboración de Néstor Gerardo Nieto, Bogotá.

“Corrían los 70, vivíamos en Puente Aranda, Bogotá. Allí se desarrollan estos bellos recuerdos. Estudiaba mi primaria en el Liceo Francisco José de Caldas; mi madre, Carmen Elisa Espinosa, costurera, nos regalaba ropa, zapatos y juguetes en navidad; juguetes de industrias plásticas Gacela: camioncitos de ganado, militares, volquetas y de gaseosa. En una navidad me regaló la camioneta ranchera de Gacela; la disfruté al máximo pues cargaba de todo. Mi padre Manuel Nieto –QEPD-, amante de la milicia, me regalaba soldados de plástico, aviones  y camiones militares. El primero que recibí de él es el carrito pequeño de industrias Búfalo, luego otro más grande. Una tía me regaló el camión Ford, de Juguetes Navidad y mi madre otro igual (el de trompa azul) ¡Cómo los disfrute! -se nota por el estado-; estos tres me llegaron el mismo año.

Los problemas económicos llegaron a la familia y nos tocó vender la casa de Puente Aranda y trasladarnos a una casa pequeña en Fontibón. Yo tendría 15 años cuando guardé estos juguetes en cajas, aunque mi Papá insistía en que los regalara, cosa que no hice. Ya en Fontibón, los guardé en un altillo que tiene esta pequeña casa donde se quedaron guardados hasta hace unas semanas.

El jeep Nissan, de la extinta fábrica de juguetes de hojalata Juguetal Ltda., me lo regaló mi madre, le costó $198 pesos cuando al pasar el primer año de bachillerato me becaron en el colegio Nacional Nicolás Esquerra. En la época de Esquerrista, me hice amante de las arte marciales y me aficioné por el aeromodelismo y estas bellas joyas quedaron en el olvido. Después llegó la universidad y en fin…

Hoy, lleno de nostalgia y leyendo los artículos publicados en este blog, me lleno de emoción al  verlos publicados. Te agradezco, Carlos, la oportunidad que nos diste a estos niños de 30 y 40 y tantos años por leerte y disfrutar de tus crónicas”.

Continúa, Néstor: “Complementando el tema, estaba buscando un artículo hace un mes, quería aprender a soldar holalata y depronto me encontré con tu blog, lo leí y me emocioné al ver las fotos y los comentarios. Yo sabía que tenía esos tesoros y recordé que estaban el altillo. Un fin de semana busqué una escalera y al altillo fui a parar, con linterna en mano y, a veces en la boca, pensé que solo había unos pocos y los encontré”.

Ver más juguetes en otros post relacionados…

En busca de un tesoro escondido: Juguetes Navidad

Esos bellos juguetes de hojalata – Jugetes Navidad

Tesoros en el zarzo – Juguetes antiguos

Nostalgia de hojalata – Juguetes Navidad

De verbos en el lugar equivocado

Ya que leo mayor participación de los lectores, vamos a jugar. A partir de una conversación con Eduardo Rojas y Juan Pablo Ramírez, amigos y contertulios de temas de comunicación y tecnología, salió a relucir, por parte de Eduardo, el uso de verbos en frases ya reconocidas pero poco ortodoxas.

Hablando de meseros, tema ligeramente abordado en una entrada anterior, surgió la típica frase de algunos restaurantes:

- Me trae hielo, por favor.
* ¡Qué pena con el señor, pero es que aquí no manejamos lo que es el hielo.

En almacenes con artículos en promoción:

- ¡Siga! estamos en realización.

¿Jugamos? Típicas frases que encontramos en nuestros territorio.

Comenta Eduardo Rojas: “Mono es que acá se maneja lo que es la gracia para “colocar” esos juegos de frases comunes, reforzadas, que denotan la falta de capacidad para expresar las cosas. Esta perla me la soltaron en un restaurantillo de alto tumerqué, sumercé… acá en la capital antioqueña cuando pedí una CocaCola: “disculpe señor pero acá no manejamos lo que es la CocaCola, pero si manejamos la Pedsi, le traigo una?”.

Las papitas de don Manuel

Por: Alberto Mejía Vélez, invitado permanente

Estaba desempleado. Cierto día salió de su casa a recorrer las calles y en el camino observó a alguien que fritaba papas en una olla y después las empacaba en pequeñas bolsas que pasaban, luego, a manos de niños y mayores para ser consumidas así: fresquitas. ¡Ahí está mi salvación!, pensó, tengo qué buscar un buen lugar, se dijo.

Buscaba un sitio que no fuera peligroso y por donde deambularan buena cantidad de personas. Llegó a la plazuela de San Ignacio y el “fogón se prendió”. Comenzó con medio costal de papas, a un costado del atrio de la iglesia; desde temprano hasta entrada la noche.

Desde 1970, fecha en que comenzó, las cosas han cambiado mucho. Los niños de aquel entonces que correteaban por las bancas. Hoy, ya mayores, arriman por el paquete de papitas acompañados de sus hijos; ya no son cortadas con cuchillo, sino con un aparato qué lo hace milimétricamente o piden la bolsa de papita criolla, última invención en su ventorrillo.

¡Los tiempos han cambiado! Ha visto desaparecer casas antiguas del entorno para darle cabida a la modernidad. Vio la partida de la Universidad de Antioquia, aunque aún observa a ilustres personajes ingresando a disertar en el Paraninfo. Las damas encopetadas que salían de misa del brazo de caballerosos esposos, se han ido perdiendo del panorama. Fueron apareciendo loros con su algarabía desde lejos; venteros de tinto y cigarrillos en sus coches de bebé, adaptados para tal fin.

Pasan los años y escasean los cabellos, los movimientos se han hecho lerdos. El nuevo panorama se ve con ancianos cabizbajos que huyen del estorbo y buscan refugio bajo de las palmeras, recostados en las bancas. Llegaron también aquellos que le temen a la realidad y su pasado escondiéndose en el alcohol. Hizo su aparición el experto en cartomancia y otras brujerías con los que embauca a cuanto incauto camina por allí.

Don Manuel sigue allí, firme, con su venta de papitas fritas que le dan la ‘papita’ del hogar.

De regreso al nido de los sueños juveniles

Por Alberto Mejía Vélez, invitado permanente.

Cuando nos montamos en el vagón del Metro, para dirigirnos a Copacabana, el corazón palpitaba dela misma forma en que sucedió al visitar por primera vez la noviecita al escondido de la mamá.

El día adormecía y un cielo rojizo y amarillento hacía más nostálgica la ocasión y, peor, ver como la calma antañona se destrozó con pitos desabridos de vehículos que cruzaban raudos.

Aquel parque y la esbelta palmera, observados desde la torre de la iglesia, estaban iluminados de bombillos multicolores. La mirada escudriñaba entre transeúntes: ninguno tenía el rostro del amigo que se quiere uno encontrar. ¿Para qué preguntar? de seguro dirán: se fue a dormir al sueño eterno.

Algo llamaba la atención. Eran unos pequeños recuadros iluminados en los que estaban adheridas fotos antiguas de caserones en los que durmió por años la hidalguía. Hoy ya no existen. Otras imágenes, de personajes típicos que hacían reír con sus travesuras. Estaba la peluquería de Víctor Gallo; aquella a la que nos llevaba el papá para la motilada, mientras él leía revistas viejas, arrumadas en una mesita ‘desangarillada’ casi para irse al suelo. Todos la llamaron: La Esquina de Zacarías, por el propietario de la tienda; reconocida por la mejor avena que haya pasado por mi guargüero, salida de manos del viejo transportador de carros de bestia.

Regresar al nido de los sueños juveniles sin que nadie te reconozca, es hurgar el alma con el filo del olvido.

De la hermosura que se mira con el alma

Cuando se mira al ser, se borran las arrugas, se vuelven difusos los lunares molestos, las tal llamadas “imperfecciones” corporales que, por cierto, no sé quién las inventó, o mejor, quién inventó el término. Estas carnes humanas no son iguales jamás, sus átomos, sus moléculas, esa unión de células son un permanente devenir y movimiento peremne.

Si existen los feos, yo soy el primero, con mi nariz torcida, mi oreja, no sé cuál, más asomada que la otra, con mis dientes rebeldes, mi cabello que comienza a partir temprano. Reconozco la belleza de la mujer y hasta la de mi esposa, sé de la belleza de mi abuela y de mi madre, llenándose cada vez más de colgajos, de canas, de manchas en la piel, de arrugas…

Es hermoso cómo el alma se va purificando en cada arruga y dolencia, para desapegarnos a este cuerpo que tanto nos ata y atamos, para conocer lo que hasta ahora es incognoscible. Bien nos trae Francisco, una pequeñísima porción de lo visto por su alma, y entre ello, a su madre.

Colaboración de Francisco Pardo Téllez, Arquitecto. Bogotá.

En Ubaté, doña Rosa, con costal al hombro, armó conversa y se dejo tomar la foto. En Tabio había un soltero, vestido de azul, buscando pareja para bailar un
torbellino y mi madre, protagonizando de entrada, haciendo artesanías frente a sus tierras.

Esa memoria que duele… Alberto Mejía Vélez

Acerca de los pitillos de paja… le servía a las muchachas para saber sí el novio las quería, a medida que lo iban estripando decían: me quiere mucho, poquito y nada; la felicidad era grande cuando al terminar coincidía con mucho.

Ejercitar la memoria es bueno pero tiene su grado de dolor. ¿Qué se hizo el Rosario en familia? ¿Dónde quedó el respeto por los abuelos? ¿Por qué botaron las bacinillas? También desaparecieron los guantes de cabritilla de las manos de las mujeres; los hombres no se afeitan con barbera; poco se volvió a saber del minisicuí escolar, tampoco de los sombreros con velo de las señoras que lo adornaban con pequeños adminículos de oro.

Las mamás ya no usan los polvos “flores de Niza” con su estuche redondo que, después de terminados, nos servían para hacer “teléfonos” que uníamos con hilo. Se fue por la calle del olvido la elegancia de los señores con sus trajes de cachaco, sombrero gardeliano, pañuelo blanco en el ojal y reloj “tres tapas”, con el retrato de la amada.

Se perdieron los aleros de las casas, que eran los “paraguas” de los transeúntes y se están yendo los patios enjardinados, los solares engalanados de árboles frutales y para mayor mal, se está perdiendo el amor.

Alberto Mejía Vélez, lector.

“Las fotomultas: un negocio millonario”

Johel Moreno S. | Publicado el 15 de julio de 2011en El Colombiano

“La rentabilidad de la Secretaría de Tránsito es social, pero el municipio exige que seamos autosostenibles y no nos podemos quebrar”. “Es más sostenible tener cámaras y no más agentes”. “A ese gran porcentaje de conductores se los va a llevar el verraco”, etc., etc. Son algunas de las amenazantes, impropias y desafortunadas declaraciones atribuidas a funcionarios de esa dependencia.

Los únicos responsables de aprobar los 500 comparendos diarios, por supuestas violaciones de los conductores al Código de Tránsito, son los mismos agentes, a quienes les cabe la delicada tarea de monitorear y procesar toda la información grabada en las sofisticadas cámaras (70 de un valor unitario de $90 millones) instaladas en estratégicos sitios de la ciudad.

Pero tras del plausible propósito de reducir la accidentalidad, proteger vidas y aprovechar mejor las vías existentes, subyace un fabuloso negocio que, mediante un convenio interadministrativo con Une y a juzgar por los 31.432 comparendos, las facturas a junio excederían los $10.200 millones.

Leer la nota completa en su versión original…

‘Horizontes’ generacionales

Como en la obra de Francisco Antonio Cano, los protagonistas de la presente imagen se hacen portadores de la promesa de la vida, de un presente con ilusiones y de la continuidad de los sueños. El anciano le señala al nuevo habitante de la tierra los horizontes de la vida, el punto de fuga de los sueños o, simplemente, le indica el lugar donde dejó regados los juguetes.

Esta imagen nos habla del contraste en los atuendos de dos generaciones tan polarizadas pero tan parecidas, ambas en los extremos de la existencia del plano físico. Nos antoja también a las viandas montañeras que han permeado a las urbes: la mazamorra, pilada y con bocadillo. ¡Como para reconocernos más, como humanos!

El color del frontispicio y el tronco que invitan a pasar las tardes al vaivén de un diálogo amigo. Una doña separando cascos de un cítrico, para después arrojar las pepas como quien siembra la tierra. Falta quien no se ve: el fotógrafo, el cual se hace presente en el gusto por congelar un momento en el campo, en aquellas casas al borde del camino. A todos, bendiciones mil.

Sorpresas de la naturaleza

Aporte de Francisco Gómez París

Sigo creyendo que la naturaleza nos trae sorpresas agradables todo el tiempo, dependiendo del punto de vista que las veamos. Este gusanito me lo encontré tratando de fotografiar  una flor muy linda que nunca había visto en Miami; mi sorpresa encontrarme al gusanito que se dio a conocer con un pequeño movimiento que me llamo la atención. ¡Hasta me olvidé de la flor!

Curiosa la forma y diseño que tiene en su cuerpo liso pero aparentando ser tornillo, además de sus colores que son preciosos. Un camuflaje perfecto. ¿CÓMO SE LLAMA ESTE GUSANITO? Es mi pregunta.

El pupitre de Pandora

Nacho Lee, Coquito, La Alegría de Leer, Urbanidad, Catecismo… otrora bibliografía obligatoria en salones y pupitres. Lápices, borradores albi-azules, zapatos negros, uñas limpias, regla, transportador, compás, ABC, hojas blancas, reglazos, cantos, burradas, esquina del castigo, al tablero, la campana, el recreo, la tarea, el castigo, el permiso para ir al baño, la tienda, la fila, tomar distancia, acto cívico, la medalla, la bandera, la izada, el megáfono, el tajalápiz, el esfero, la papelera, el rayón, el moco, el chicle en el pelo, la mugre, el infaltable piojo.

Lluvia de palabras cuando abrimos el “Pupitre de Pandora”, cajón mágico-académico que guarda dentro de sí, olores a ripio de lápiz, puntas quebradas, exámenes perdidos, recuerdos, palabras, fragancias a café con leche en tarro de Milanta.

Abre tu propio pupitre y dinos qué recuerdas. Te toca a vos…

Imagen de Luz Beatriz Rendón. Ella nos comparte la historia de su nueva adquisición; una mujer para una deliciosa conversa tintiada ¡se los aseguro!

“Quiero contarles la historia del pupitre de la imagen, con el cual han rememorado tantas cosas lindas, historias que los niños de hoy no conocen y hasta se burlan de nuestras pertenencias estudiantiles. Para nosotros, son los mejores recuerdos que podemos traer de ese baúl llamado memoria.

Hace poco, mi esposo me expresó el anhelo de un pupitre para ambientar nuestra oficina al lado de otros tantos artículos antiguos que allí tenemos (primeros celulares, máquinas de escribir, sumadoras, primeros computadores llegados al país) –eso, sin contarnos nosotros dos entre esas antigüedades-.  Me di a la tarea de buscarlo hasta que el dos de junio apareció ante mis ojos, no solo uno sino dos pupitres. Comencé a imaginarme cómo lo decoraría. Busqué varios libros de nuestra infancia: El más feliz del mundo, 195…; Un capitán de 15 años, entre otros. Busque reglas que tenía parecidas a las de la época, transportadores, el famoso borrador de doble uso: lápiz y tinta que tantos huecos dejaron en nuestros cuadernos, colores partidos, y como ven: la famosa maleta ABC, de fabricación actual, historia que les contaré luego.

El cuento no termina, el sábado me fui de cacería y encontré una linda lonchera metálica y un cuaderno similar a los que usábamos en nuestro Kinder, un diccionario Inglés – Español con su respectivo forro de papel y plástico (aporte de mi mamá) que, les juro, no me sirvió para nada porque de inglés nada de nada.

Mi cacería no ha terminado porque voy tras los cuadernos Norma con pasta café, algunas regletas y los libros de La alegría de leer, Coquito, y el Catecismo del Padre Astete (que no me toco leerlo pero a muchos de los que leen este blog sí). Gracias a todos por sentir la misma alegría mía con este pupitre.

De la yuca, la corrupción y las otras yucas

Comentario de Alberto Mejía Vélez, a la nota La yuca y la corrupción

Cuando me levanto y quiero pasar triste todo el día veo o escucho noticias. ¡Que carajo! todos somos de alguna manera masoquistas.

Me ha encantado la yuca, esa “algodonuda” de la que hablaba mi progenitor cuando me mandaba a comprar al mercado de domingo, debajo de los toldos inmaculademente blancos, al igual que el alma del vendedor. Él, como campesino ríonegrero, decía: “la mejor era la que se sembraba en tierra bien abonada, a la que se le apartaba la maleza y se regaba con amor”. ¡No fallaba! Qué yuca tan buena, sobresalía sobre los otros ingredientes en el sancocho.

En el “sancocho” de la vida se necesitan sembradores que arrojen semillas en tierra fértil y que sigan abonándola, no dejar que la maleza la absorba y el resultado saltará a la vista e, igual que la yuca, será “algodonuda” en el “plato” de la sociedad.

Carlos, le recuerdo que existen otras yucas. Luis Lalinde Botero, escribía con mucha gracia: “Las “yucas” son las piernas de las “viejas trozas”. ¿Entendido?

Respuesta del bloguero: Jajajajaja, hace rato no escuchaba el término para las piernas trozas: “Yucas”, un término que no es peyorativo y sí de alabanza a la mujer troza, abundante de carnes proporcionadas. La primera vez que escuché el término, lo escuche de una chica que atendía una tienda que me dijo: “Mire mis yucas”. Sí señor, qué yucas. Alberto, mira esta…

La muy apetecida comida de mar

Sé que me van a tirar piedra, me van a abuchear, se van a burlar de mi y lo demás… pero es que !soy tan malo para la comida de mar!  Este montañero a duras penas se come el pescado frito. ¡Y eso que a mi madre le echaron el cuento con comida de mar y salí yo! jejejejej. ¡Lo siento! bien puedan: tírenme lo que quieran pero…

Propongo a los amantes de la comida de mar a que saquen sus letras, comentarios, textos, párrafos y hablen todo lo que quieran de esa delicia que representa para ustedes. Yo me quedo con el chicharroncito.

Fotos de Francisco Gómez París

Descubre nuevas realidades en el acto de ver

Cuando me llegan comentarios como el de Dora Galeano, donde confiesan que se dieron a la tarea de ver más allá de lo evidente, siento que la función directa de este blog se sigue cumpliendo. Ve uno cumplida la función de acompañar en la enseñanza del percibir.

“Saludos para todos. Leyendo tu artículo me di cuenta que vivimos tan ocupados y tan rápido que no nos damos tiempo para mirar lo lindo que hay nuestro alrededor y, pensando en esto, me di cuenta de algo que nunca me había detenido a mirar: las ardillas. Vivo en un lugar con un jardín lleno de estos pequeños animales y ayer me tomé un poco de tiempo  para mirarlas. Es increible la forma como se alimentan, lo hacen hasta sentirse llenas y luego abren un hueco en la tierra y guardan lo que no se comerieron. Este detalle tan simple me puso a pensar que de verdad tenemos que mirar más allá de nosotros mismos y darnos cuenta que estamos perdiendo momentos especiales de nuestra vida y pensé que el solo hecho de vivir, ya es un milagro: tenemos que mirar, oler y sentir”. Dora Galeano

¿Cuántas empanadas hay en el letrero tomado en “La Bayadera”?

El frente de mi casa es una envidia…

Franco, nuevamente nos trae un aporte de lo que son los amaneceres al frente de su hogar:

“Tomada a las 6:00 a.m. en West Palm Beach, Florida. Me gusta tomar fotos del espectacular amanecer, porque es lo primero que espero ver cuando salgo a la playa o al sitio donde sale el sol. Al contemplar este espectáculo tan maravilloso no me queda más que dar gracias a Dios de un nuevo día lleno de esperanza.

La fotografía nos enseña a disfrutar de lo nuevo, lo viejo y lo feo porque de ello hacemos cosas maravillosas, apreciamos la naturaleza, que nos brinda oportunidades para pensar en lo positivo y nos da la paz del espíritu y el alma”. Franco Gómez

Contrastes del camino

Franco, lector del blog, nos aporta los contrastes del camino de la vida. Fotografías y colaboración de Francisco Gómez París, lector del blog.

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos
Por eso… Canta, Ríe, Baila, Llora, y vive intensamente
cada momento de tu vida antes del que telón caiga y
termine la obra sin aplausos.

Charles Chaplin

“Esta es la vista que tengo a cinco minutos de mi apartamento dentro del complejo donde  vivo, Doral – Florida”. Franco.

Con los lectores: Dora Galeano

Esta nueva categoría, está dedicada a los lectores, que con sus comentarios, interactúan con todos nosotros y dejan ver sus pensamientos y posiciones. Presento a Dora Galeano, nuestra invitada, quien nos deja ver el dolor de los colombianos que están por fuera del país, y escuchan comentarios desagradables acerca de nuestro país. Las malas noticias hacen de lo particular, un imaginario tomado como general. Los dejo con ella.

“Te cuento una de las historias como colombiana viviendo fuera del país y de lo que se siente cuando tratan de ultrajar tu país”

Estando un día esperando en una fila larguísima en un food court de un centro comercial, había un hombre a mis espaldas, un anciano de más o menos 75 u 80 años. Me preguntó en voz alta y en inglés, como para que todos en la fila se enteraran -cosa que luego me beneficio, “¿de dónde eres?”, yo muy orgullosa le contesté que de COLOMBIA y el americano me dice: “¡Oh! del país de la coca”. Me dieron ganas de ‘matarlo’ pero le respondí con otra pregunta, ¿conoce las flores que vienen de Colombia? y me dice “Sí”, a lo que inmediatamente le dije: “Qué bueno que las conoce, porque esas son las que pondrán en su tumba mañana ya que usted está viviendo de gratis, viejo estúpido”. Lo dije con el mismo volumen de su voz (Altísimo)

Al momento toda la gente en la fila se impactó, al anciano, de verdad, por poco lo mato, se quedó en shock y yo salí feliz por haber dejado en claro que Colombia es: flores, café, esmeraldas, riquezas naturales y lo más importante, gente pujante y echada para adelante. No somos coca, somos pujanza y cultura.

Nota: quiero aclarar que no tengo nada en contra de los ancianos, los respeto y los quiero y gracias a ellos estamos acá”. Dora Galeano.

Pensamientos de Alberto Mejía Vélez, lector

Con esta entrada, resaltaré los comentarios de algunos lectores del blog que participan con frecuencia compartiendo sus pensamientos. Comencemos con Alberto Mejía Vélez. Comentarios editados para esta entrada y originales en los post.

De la muerte y el precio es correcto: Lo que dices de la muerte no lo he encontrado en el catecismo del padre Astete, pero con el correr del tiempo, me quedo con las palabras de Montecristo en uno de sus programas: “la otra vida bien buena que será y uno haciendo repulsa aquí”. Me gustó aquello que llamas partida. Algunas veces he pensado (bobo yo), que uno debe llorar cuando alguien nace y cantar cuando ha partido.

Bendita sea la panela: Sí dijeramos como los plubleños, sería aguadulce y sí lo hacemos en boca de una persona de ciudad, sería agua de panela, de cualquier forma, ¡Eso es muy bueno! Ahora, estar en un trapiche es algo de nunca olvidar. Ver llegar la mulada cargada en las angarillas hasta el tope de caña dulce, el descargue de los arrieros sudorosos, la rueda inmesa movida por agua llegada desde las montañas, el lamento de la caña al ir siendo molida y el chorrear del endulzaten líquido hasta caer a las hivientes pailas, para que unos hombres con el cuerpo semi desnudo, después de haber revuelto por largo rato en cocas hechas de coco, le dan la forma a la panela que van depositando en una larga mesa en forma milimétrica hasta llegar a la cocina en que una madre mitíga la fatiga de la familia. ¡Sí quieren más que les piquen caña!

A la mujer sencilla, común y real: ¡qué que mujeres tan divinas!
He aquí algunas más:
Las que cantan en el baño apesar de la escasez.
Las que quitan el hambre de todo aquel que toca su puerta.
Las que llenan de ternura el hogar.
Las que economizan en el mercado para ayudar al esposo.
Las que en la sala, entonan el rosario todas las noches.
Las que no esculcan a los maridos después de la farra del viernes.
Las que se apartan de los celos para no destruir el hogar.
Las que no tapan los errores de los hijos.
Y aquellas que se llenaron de hijos (sin querer) por temor a un castigo del cielo.

Varsovia – Polonia

Como dice mi esposa Diana, “yo quisiera tener plata pa’ viajar”. Querida esposa, date cuenta que mantenemos viajando, solo que las latitudes en que mantenemos están comprendidas entre los municipios de Antioquia y algunos municipios de otros departamentos. Claro, sería encantador comenzar a conocer Suramérica y pasar a Europa, Asia, África. De todas maneras no te quejés, que hemos ido a Támesis, Jericó, Valparaíso, La Unión, La Ceja, Santa Fe de Antioquia, Sopetrán, Angelópolis, Sonsón, Urrao, Andes, Puerto Berrío y otros más.

Al que sí envidio de momento es a mi ex alumno de Diseño Gráfico, Cristian Sucerquia, quien se ha dado buenos gustos viajando por algunos países en compañía de su padre. Imágenes de Varsovi en Polonia.

Aprovecho para agradecer a todos los que me siguen regalando prensa del mundo: Gloria Zapata con un suplemento en hebreo, de Israel; Mario Correa, con periódicos de Alemania; Elivaos, prensa de Holanda, Sandra (Cuñis), con prensa de Puerto Rico y Miami; Doralba, periódicos de Venezuela; Ángela, diarios de Florida; Patricia Lebrum, Alemania, España, Francia, Argentina, Perú, Bolivia, Praga; Luisa Uribe, Argentina; Patricia Botero, España; Émerson Blandón, periódico de Brasil y Panamá; Alexánder Lucio, Curazao; Vanessa Ríos, Kazajistán, Praga, Checa; Luis Fernando Jaramillo con periódicos de China y Francia; Claudia Ávalos con uno de Shangai. Y a quienes no haya mencionado que se me pasen de momento… ¡GRACIAS! Sigo recibiendo… jejejeje

El Festival Vallenato

Fiestas, revolcones, piñatas, festejos, festivales, reuniones. Todos ellos rituales ancestrales que unen al hombre con sus antepasados. Hombre ritual, religioso, mundano. La comida se cocina de manera individual o en grupo, rito que une con la tierra, que recuerda las deiferentes fiestas por la cosecha. El trago se bebe y se recuerda a Baco y se busca entrar en comunión con el hombre interno, con sus demonios, con el subconciente o con el conciente colectivo de Jung.

El trabajo cesa, se detienen las manos, reposan la pica y la pala, el sudor se extingue y llega la fiesta, la bacanal, la orgía de colores y ruidos se mezclan y crean un contexto estético para todos los sentidos. El hombre se une al hombre, pero no en el sentido homosexual, sino en la búsqueda de sí mismo, de su sangre, se une a su ser histórico, al aborigen, a su génesis. El hombre se une al recuerdo de sí mismo en la persona de los que ya no existen.

Foto: Carlos Alfredo López, director de La Tropibanda y Los Decanos.

Las muñecas de la mafia

Imagen: colaboración de Carlos Alfredo López, suegro del mismísimo administrador de este blog. (Como pa’ quedar paraos con él). Es de valorar, cómo se va para el Festival Vallenato y toma estas fotos pensando precisamente en el blog.

Una gran mayoría, para no decir todos, hemos soñado con ganarnos una lotería. En nuestras mentes nos hemos ganado la lotería de cuatro cifras, de tres, de seis, de cuatro con serie, un quintico, un chance, una rifa, y hemos hecho feliz a decenas de personas a nuestro alrededor. Si nuestros familiares y amigos supieran que los hemos incluído en la lista de beneficiarios en la repartición de la ganancia después de descontados los impuestos. ¡Si supieran!

Si supieran que hemos pagado la deuda de aquella. Le dimos capital a aquel para que montara su negocito. Si supieran que montamos una empresa y le vamos a dar empleo a Fulana que tanto lleva sin conseguir ‘coloca’ (empleo). Si supiera Mengano que le tenemos un chequecito para que no lo sigan molestando los cobradores. En fin, sanamente nos hemos imaginado reparticiones ficticias de grandes sumas de dinero. Pocos sueñan con trabajo duro y ganancia lenta.

Acosados por la presión del capitalismo, la publicidad, la baja autoestima, la compulsión y la envidia, algunos (ojalá pocos) acuden a los dineros calientes, a los ‘polvitos mágicos’ que los harán ricos al instante, a la mafia, a la deshonra de tomar dineros públicos, siguiendo un carrusel de vida y de muerte. Son incapaces de amasar capital de manera normal, a ritmo diario, con paciencia. Son incapaces de valorar la propia existencia exponiendo la vida a la ausencia o a un tiro de gracia que pueda matarlo, a una venganza o la cárcel. No me imagino a esos mismos llegando a casa y hablando de trabajo duro, de valores y de honra con sus hijos.

Hojas de primavera, hojas de literatura

Viajar en bus o en metro es una delicia cuando se descubren imágenes o historias que hacen del viaje algo placentero.

Colaboración de Elivaos, colombiana cursando un doctorado en Holanda.

“Niños leyendo: tomada en el metro de París, mayo 2010.  Lo más gracioso es que la niña tenía su propio libro, pero al final le gustó más el del hermanito”.

“La foto de las hojas fue tomada a finales de primavera, principios de verano: junio 24 2010.
El arbolito es de avellanas (de lo que hacen la Nucita). Rotterdam.

Cuando la lluvia visita a Murrí

Cuando las lluvias miran al campo y se vuelcan raudas desde las nubes, los inquilinos de la tierra, en municipios alejados, agradecen a la vida y a la misma tierra por ser bendecida y bautizada en lo que será después, una buena cosecha de vida como son los alimentos.

La lluvia en el campo no es enemiga de las modas, porque la prenda de moda no importa, importa el vestir como función protectora del cuerpo, y cuando se quiere lucir, en domingo de misa o de mercado, se sacan vestidos adornados, viejos pero bien cuidados y se luce con orgullo y los demás así lo ven.

(Muchas veces, cuando el hombre de campo viene a la ciudad, donde el urbano habitante se cree civilizado, es tenido por objeto de burla y miradas curiosas, sujeto extraño, descontextualizado. A ese hombre debemos tubérculo, legumbre y lácteo que reposan en nuestra mesa cada día, y por ello, él no se cree más que nadie)

Con infantil alegría o inocente recursividad, el hombre de campo toma de la naturaleza lo que necesita como cualquier humano. En la imagen, toman hojas –de no sé qué, ayúdenme ustedes- y se cubren de la lluvia en un día cualquiera. No saben que las señoras de la habitada urbe hacen lo mismo para no perder sus miles en peinado de salón, se cubren con bolsa negra, bolsa trasparente, se cubren con sobre de manila para no perder la plata o el peinado. Tomar hoja sería raro, quizás un bloque de cemento de los que tanto abundan en este contexto de chozas de hormigón.

Imagen de Daniel Villarreal. Corregimiento de Murrí, municipio de Frontino.

American Merchant Marine Memorial – New York

Colaboración de Dora Galeano.

“Encontré esta foto. El monumento se llama American Merchant Marine Memorial, está en la isla Ellis, en New York, donde también se encuentra la Estatua de la Libertad. Fue construido en memoria de los náufragos de un buque americano que fue torpeado durante la segunda guerra mundial.
Me impresionó el desespero en sus rostros”.

De regreso al colegio

Colaboración de Andrés Beltrán Uribe

“Mira lo que son las cosas me puse a mirar un periódico de el tiempo, del año 75, para ver las noticias del día en que nací y me encontré con unas imágenes de mi memoria. Me acordé que existen otros locos coleccionistas de carajadas como yo.

Espero les traigan algún grato recuerdo de esos regresos al colegio o de ese inconfundible olor de la ropa asoliada, no secada al viento como ahora en los apartamentos”.

Yauco, un pueblo de Puerto Rico

Me llegan estas fotos de Dora Galeano, una lectora que nos comparte esta exitosa estrategia de seguridad ciudadana.

“Yauco es un pueblo cafetero de Puerto Rico. Cada año se celebra el Festival del Café. Son fiestas populares que dura dos semanas donde se encuentran orquestas de todo el país y es muy visitado por turistas.

El barrio colorido que ven en las imágenes, es el resultado de una estrategia del Alcalde, que dos años atrás y ante el alto índice de peligrosidad del lugar; le surgió la idea de darle pintura de colores a sus habitantes para que pintaran sus casas y así transformó este lugar, de una comuna sin futuro a un sitio turístico. Los jóvenes del barrio son los guías, que por unos cuantos dólares, enseñan los recorridos por este fantástico lugar.

Su gente es hospitalaria. La señora morenita, es habitante del lugar y al verme con la cámara me dijo: “¿Me permite salir en su foto?” Eso me encantó.

El tanque de licor esta en el castillo Serralle, la licorera más grande de Puerto Rico. Sus dueños fueron los Serralle, unos terratenientes de Ponce, propietarios de casi toda la ciudad.  Trataban a sus trabajadores como esclavos. La última persona de esta familia murió hace diez años pasando todas las propiedades al estado excluyendo la licorera”. Dora Galeano