Después de la muerte

- ¿Y cómo te pasó a vos?

* Pues, nací por allá en Montería, en unos pastizales altos, hermosos, con buen clima y mis padres al lado. Hasta que, de un momento a otro, llegaron unos hombres, altos, con algo en sus cabezas que les impedía recibir la luz, así que sus cabezas eran pura sombra. Luego, nos gritaron a todas para que nos subieran a esos motores que marchan rápido y luego fui negociada, separada de mi familia; fui quemada nuevamente para borrar mi bautizo. Estuve en el momento unos días más y vendida de nuevo; luego, luego vinieron los gritos, empujones y la muerte.

* ¿Y a ti? ¿Cuál es tu historia?

- Yo estaba a tu lado, en Montería, solo que estábamos muy jóvenes para buscarnos el uno al otro. Soñé contigo yendo a la charca donde bebías agua; soñé lamiendo tu oreja; teniendo una cría tan bella como tú. Ese día que te llevaron corrí, lejos, lo más rápido que pude. Solo recuerdo una explosión. No sé más. Miro al cielo y pienso ¿qué es lo que llaman bondad?

El ‘Trespiés’

“Cuando ponga la foto, póngale ‘El Trespiés'”, me dijo Óscar, para que titulara la foto, cuando le mostré cómo había quedado. Óscar es un mendigo a las afueras del Hotel Nutibara en Medellín que perdió la pierna después de pisar un clavo en la herrería donde trabajaba. Hace poco una señora de origen extranjero le regaló la prótesis que tiene en la mano y que le está sacando ampollas mientras se acostumbra “menos mal ya dejé las muletas”.

2007

Cartas al aire…

Hijo mío, aún me encuentro en Venezuela, la frontera está muy jodida, por eso me demoro un poco más para regresar. Te encomiendo nuevamente la casita que es nuestro único patrimonio ya que aquí lo perdí todo con la caida del Bolívar.

Recuerda motilar el pasto para que mantenga bien bonito el jardín. Acuerdate de echarle agua a la mata de la sala y podarla cada 15 días porque ella crece muy rápido, recuerda que es un regalo de Alcira. Manda a reparar la chapa de la puerta que estaba mala cuando me vine y vigila que el techo esté bien. No siendo más, se despide de ti, tu mamita que tanto te quiere y que con tanto esfuerzo sacó adelante la casita después de la muerte de tu papá. Te ama… Mamá.

Lote en el barrio Obrero en Envigado.

Santos Expeditos, patronos de un benjamín solitario

San Expedito, patrono de las causas justas y urgentes…

Esperemos que con esta entrada, volvamos a los orígenes populares de este blog. A la estética popular, a la venta ambulante, a lo que pasa desapercibido.

Mirar vitrinas o escaparates es una cosa fascinante, más, cuando se hace en territorios donde dichas vitrinas se realizan de modo intuitivo, arrumando objetos sin significación aparente; pero que, al observarlas, se encuentran historias graciosas, nuevos significados y semánticas dejadas al azar.

En la plaza de mercado del municipio de Caldas encontré esta escena: par Expeditos, guardianes de la luz, patronos de la iluminación en potencia, protectores de un Benjamín (el multi-toma) en venta. las manchas en la foto corresponden al vidrio.

Historias de tetero

Cuando era un pequeño, recuerdo que me levantaba somnoliento a llevar el tetero al baño y luego iba a la cocina a orinar; lógicamente cuando llegaba al baño me percataba de que ese no era el lugar y deshacía los pasos rumbo a la cocina.

Épocas en que el contenido del tetero era la bien posicionada aguapanela con leche; alimento bendecido en los barrios obreros, que entretenía y alimentaba a los destetados. Bien fuera sola o con leche, la aguapanela nos alimentó hasta que nos parábamos derechitos y aún nos alimenta cuando, en algún restaurante, nos ofrecen el guandolo (aguapanela con limón).

Hace algunos meses, le dijimos a Jacobo que ya estaba muy grande para tomar tetero, que eso era para bebés. Diana, esposa del suscrito y madre del muchachito, reforzó la propuesta diciéndole: “¿Lo botamos?”. Jacobo, enajenado por nuestra palabras, lanzó el tetero a la calle y arremetió: “Sí, yo graaandee”. Jacobo siguió caminando pero Diana, sin que él se diera cuenta, levantó el tetero del suelo por si depronto le daba por pedirlo en la noche. Desde aquel día toma en termo.

Son solo dos historias para levantarles el recuerdo e invitarlos a compartir sus historias de tetero, reírnos un rato y evocar imágenes quizás olvidadas. ¿Tienes historias de tetero?

Foto: Parque de Girardota.

El Minotauro en Ciudad Bolívar

El Minotauro ha salido del laberinto en que se encontraba, ha dejado de ser mito y anda suelto por los municipios de Antioquia. La última vez que se le vio deambulaba, desorientado, por las calles de Ciudad Bolívar, aprovechando las fiestas de este hermoso municipio.

Sartal de peticiones a Santo Tomás – Chiquinquirá

En la iglesia principal de Chiquinquirá (quien sepa el nombre me ayuda), hay naves exclusivas para algunos santos, entre ellos, Tomás. Las paredes de la nave de el Santo Tomás, están texturizadas por los cientos de peticiones que sus devotos dejan allí en forma de oración; al punto, que han tenido que demarcar la zona y prohibir el paso para acercarse a la representación escultórica del santo en mención. Sin embargo sus fieles, insisten en dejar sus sartal de peticiones en las paredes disponibles.

Son oraciones públicas, a la vista de fieles y visitantes, que se pueden leer y repasar. Oraciones plasmadas como testimonio de la necesidad y la incredulidad. Como en la manía de recoger cartas de la calle, exhibo algunas de esas peticiones para mirar las necesidades del otro hechas plegaria. Para leer las cartas, ¡click!

De pesebres en octubre e invitados no esperados

El nacimiento del niño fue la excusa para tremendo parrandón. Vecinos de la localidad, unos costeños alegres, prestaron voluntariamente sus enormes parlantes para que todos supieran que el que había nacido no era cualquiera. Al rumbón se unieron, no los reyes vallenatos, pero sí los de Oriente: dadivosos personajes que se dieron a la tarea de llegar al shower a pie. Dos de ellos no vieron el amanecer como sí lo hizo Amilkar (¿o se llama Baltasar?). En fin. Hasta las ovejas cayeron rendidas ante el fiestononón. Los padres, que nunca invitaron a nadie ni pidieron prestados equipos de sonido ni pretendían hacer del evento una fiesta, trasnocharon parejo con el niño. Cosas de la vida y de aparecidos a los que uno nunca invitó.

Este pesebre de octubre lo disfruté en la casa de campo de Mario Velásquez, subsecretario de Educación Ciudadana de Medellín. Hombre sencillo y lleno de valores que nos permitió llegar, sin ser invitados, a su espacio, y compartir con su familia, una tarde que se nos presentó maravillosa, sencilla y encantadora. (Llegamos a la hora del almuerzo y nos tocó fríjoles verdes y hasta torta de un cumpleaños. Merienda… Les tocó echarle agüita al caldo y quitarle una pata de chicharrón a cada uno.) ¡Gracias!, Mario. Bendiciones. (Jacobo cayó rendido).

Paranoia extrema

De esas imágenes que me obligan a bajar del carro. Carretera vía San Pedro de los Milagros. ¿Cuántos candados hay?

La súper abuela

* Mita, Súbase pues.
– Ya voy, mijo, que estos huesos ya no son los mismos.
* ¡Pero mirando para el otro lado, Mita, mirando pa’ delante.
– ¡Ay! ya voy, mijo, espere pues.
* Mita, pero siéntese bien. Córrase pa’ lla.
– Espere, pues, mijo, yo me subo estas naguas.
* Mita, si quiere yo voy donde Adela y le traigo ese encargo, más bien.
– No, mijito, yo tengo que ir hasta allá. Lléveme hasta allá, mejor.
* ¡Ey! Mita, no ponga el pie ahí que se le enreda en la cadena.
– Espere pues ¿ya?
* Sí, Mita. Póngase el casco que nos “parten”.
– Pero no veo nada ¿cómo se pone esto?
* Pa’l otro lado, Mita. Montate bien pues “Ome”

Madre Tierra y Padre Árbol

Los hijos de la tierra reconocieron este árbol como su padre y penden de él dependientes. Hasta el pajarraco de Twitter desea dejr su virtualidad para pegarse a la energía que genera la corriente ascendente de savia natural.

Un curioso árbol dentro de un jardín comunitario en Itagüí. Lo que nos regala este universo holográfico cuando estamos con la mirada atenta y abierta a la sorpresa. Perdón por la calidad de las fotos. Una compacta que no se comportó bien.

Por cierto, autoridades de Itagüí, los semáforos vía Ditaires permanecen malos la mayor parte del tiempo.

Denuncie y reclame recompensa

Me encanta este aviso porque deja ver varias realidades:

  1. Un aviso con la prohibición, no sirve o no sirvió.
  2. El aviso de multa por arrojar basuras, no sirve o no sirvió.
  3. El pago por información determinante es efectivo.
  4. Que el aviso podría terminar en coma (,) y añadírsele el faltante: “…que ya está prohibido arrojarlas”.

Quedan algunas preguntas:

  1. Qué tan “buena” es la recompensa. ¿De cuánto estamos hablando?
  2. Si yo arrojo basuras y luego me acuso, ¿me dan la recompensa?
  3. Una vez informe a quien arroje basuras y reclame la recompensa ¿qué le hacen a la persona que ensució el lugar?
  4. ¿Puedo llamar al 543 21 23 y declarar un falso positivo y acusar a cualquiera?

Preguntas que me hice en El Carmen de Viboral.

Clínica para los pies y los dientes

María, simplemente María, nos comparte su mirada en el ejercicio de ver más allá de lo evidente y reconocer sorpresas en el camino. ¿Qué tal esta combinación de servicios? Clínica para los pies y los dientes. ¡Muy holística!

Relieves inesperados, hechos por un sol de medio día

Saliendo del parqueadero del nuevo proyecto Plaza de la Libertad, contiguo a La Alpujarra, me encontré con esta imagen: unas líneas gruesas, grises, simulando un relieve tortuoso, con momentos sinoidales. Lo interesante de este efecto de medio día, es que tales líneas en movimiento son producidas por un enrejado anclado al muro para que una planta enredadera se vaya enlazando a tal entramado de alambre. La malla es una cuadrícula fija y no tiene el movimiento que se refleja en la sombra.

Me pareción interesante y quise traérselas y seguir reforzando la invitación de ver más allá de lo evidente, sorprenderse con las peculiaridades que nos trae la luz, la naturaleza, la vida.

“Venga hágame un mandado”

Llegó carta para Elbacé
La Ciudad

Estimada y leída Elbacé, columnista de El Colombiano, tenga la bondad de recibir mi agradecimiento por las palabras que plasmó en su columna de dicho periódico el 24 de abril de 2011, donde se refiere a mi particular colección de cartas recogidas del suelo que, como usted bien lo dice, son mi tesoro literario. Agradezco dedicar esas letras que resaltan la escritura del pueblo que aún tiene al papel y la tinta como su desahogo.

Respetada contertulia, no sabía que, al calor y olor de un café recién molido en mi casa, usted y los demás contertulios invitados esa noche, iba a nacer una más de sus columnas. Faltaron algunos rituales de iniciación aquella noche, pero quedaron esas cartas que tanto nos hacen reflexionar. 234 cartas están escaneadas y faltan otras por restaurary rescatar para poder indexar, y no sabe la cantidad de historias, dolor, amor y desamor que yace allí, en letras maltrechas y grafías no ortodoxas.

Le traigo aquí, a usted y los demás lectores, cuatro mandados, como llamamos en Antioquia, al oficio casi siempre infantil de ir a la tienda, papelito en mano, a comprar la parva*, la leche y demás. Espero que también hablemos de los mandados…

Ya en otro tono, Elbacé, quedates comprometida a que la próxima es en tu casa… pa seguir rajando de aquel. Jajajajaj

Un bello colgandejo en Amagá

Aunque el ritual de tirar los zapatos a los cables de energía no ha dejado de celebrarse, y que cada vez hay más marcas de calzado colgando de cables de energía: desde los más humildes hasta los de abolengo de marca, desde los más desgastados hasta los que merecían media vida más en pies de algún indigente, engarzar todo tipo de objetos para acertar en los cables ha sido juego de entretenimiento, de competencias y de aciertos.

Ahora, en Amagá me encontré esta bella realización: un conjunto de tapas plásticas de gaseosa, asidas por un nylon que las atravesaba por un pequeño orificio hecho por un ingenioso ocupante del espacio lúdico que el tiempo le permitió; algunos observadores lo llamarían: desocupado.

Mi labor como observador de lo in-observado es observar y percibir lo que otros no miran o que se afanarían a calificar como necedad del ocio. El caso es que me gustó y aunque es una opinión personal, sezgada y parcial, mi invitación siempre es a encontrar tesoros de la estética, el color y el diseño en creaciones cotidianas y en rincones inesperados fuera de museos. Estas tapas, por ejemplo, rompen el arquetipo del zapato colgado para convertirse en un modelo que quiebra la continuidad de dicho ritual.

El primer campesino: Dios

El primer campesino: Yahweh. Y si no les gusta el término, entonces digamos: agricultor. Curada esta salvedad tomemos el texto que soporta esta afirmación: “Estos son los orígenes de los cielos y de la Tierra cuando fueron creados, el día que Yahweh Dios hizo los cielos y la Tierra, y todos los árboles del campo, cuando todavía no existían en la Tierra, y toda hierba del campo cuando aún no había brotado (Lo que indica que la semilla estaba sembrada en la tierra), porque Yahweh Dios todavía no hacía llover sobre la superficie de la tierra.” Sipra d’Berita (Aram., Libro de la Creación -Génesis-), 2: 2-5.

Otro texto que traigo de la Biblia Peshitta (traducción del Arameo al español): “Y Yahweh Dios hizo que brotara de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para alimento”. Gen. 2:9. Y eso para no citar el pasaje donde siembra dos árboles particulares en su Huerto del Eden, que valga la pena decirlo, se ubicaba en lo que se conoce hoy como Irak.

Hoy, no sé si la palabra del creador sería “Y vió que todo era bueno”. La muerte prematura visita sin ser invitada los campos de nuestra tierra, los violentos la arrebatan, los cegadores  de vidas se cuelan y se la toman. La manigua está llena de hueso mientras que en casa sobreviven los deudos vivientes, los huérfanos con caras de espanto, las madres preñadas y viudas. La tierra, signo de riqueza, es la maldición de muchos que no les queda sino, esperar la Prometida, la tierra prometida donde fluye leche y miel, y no la sangre. Me alegra que entre tantos oficios de la Providencia esté el de campesino, y si no le gusta, el de agricultor.

Cartas de ultramar – De gerundios y participios

Estimado Hornilla de Aragón, extrañarás estas letras antes del tiempo navideño en que solemos compartirlas como obliga el buen obrar, pero la urgencia de mi necesidad obliga a redactar sílabas y letras. Sorpresa será para ti el saber de fuente fidedigna, como es la mía, que me encuentro estudiando Lengua Materna y Literatura, y que más que alegría, me ha causado dolor y sinsabor la primera clase a la que he asistido dictada por un ortodoxo de la lengua española. Reza él, magistralmente, es decir, tras el magisterio que reposa anclado al lado del tablero en el salón de clase, que los gerundios no son los mejores amigos del escritor, ni de los cuentos, ni de los libros.

Te imaginarás, con anticipada conclusión, la angustia nominal en la que entró mi ser, pues mi nombre, heredado de padre y madre, es Hernando Oquendo Obando, con triple gerundio; lo que me lleva a pedirte, como notario primero que eres, allá en la provincia de mi tierra, tu ayuda diligente para que mi nombre sea cambiado por otro, quizás con participio para no alejarme tanto, como: Gido Maldonado Preciado, que son los segundos apellidos de mis padres y así recompensar el olvido al que se vieron obligadas mis bisabuelas con la desaparición de su estirpe montañera.

Espero tu respuesta, no para navidad, sino en la corta distancia que lleve tu rúbrica en mi partida de bautizo. Ayúdame, señor y amigo, para poder continuar en mis estudios, acá, en la distancia de ultramar.

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Hernando Oquendo Obando, por poco tiempo.

Desfile virtual de Renault 4

El Renault 4, conocido y pronunciado como ‘El Renó’, auto ampliamente modificado, transformado. Representante de la alegría del estrato medio. Ícono de la solvencia económica del segmento de familias con ganas de salir adelante. Ícono popular de diseño desde su creación.

Con el perdón de algunas fotos, rechazadas previamente, pero traídas hoy aprovechando el tema del Desfile de Autos Antiguos en el marco de la Feria de las Flores.

¿El Espectador se queda sin banco fotográfico?

Uno conoce sus fotos ¡definitivamente!

Visitaba el portal de El Espectador.com en su edición del 29 de abril de 2010 y se me hizo familiar un retazo de foto que me llamó la atención. Ese cono dibujado y esa particular olla con tapa en acero inoxidables se me hicieron conocidos. Ingresé en el buscador la palabra albóndiga y ¡BINGO!, sabía que no estaba equivocado: era una fotografía mía, tomada en la carrera Cundinamarca donde ‘Pinocho’ vende sus famosas albóndigas.

¿Se ha quedado El Espectador sin banco fotográfico? EFE mandó noticia pero no mandó ‘fotico’. Tendré que ir donde Pinocho, no para comprar albóndigas -que a veces me caen mal (no las de él)-, sino para decirle que le están haciendo publicidad desde Bogotá -Aunque le cortaron la ‘marca’-.

Habrá que darle espacio a ‘Pinocho’ para que aclare que no es él, quien vende albóndigas con carne de mono. -Aunque tampoco sé qué carne usa él para sus muy vendidas albóndigas-.

A este ‘imp pant’ le añadí el cabezote del periódico para ilustrar mejor la captura desde el medio.

Oración y paciencia. Tome asiento.

Hay oraciones cuya respuesta demora en llegar y cuando llega, no trae la noticia que esperábamos. Así, pues, el sí que esperábamos como respuesta no llega y por el contrario un NO desalienta el ejercico espiritual. Asi dispone las cosas la Providencia, pues no vemos el panorama completo. Inescrutables son esas esferas de la vida.

Por aquello de las demoras en la comunicación entre criaturas y Providencia, se dispuso, vía a San Pedro de los Milagros, un sofá en medio de la carretera y bajo una cruz sembrada en piedra, para que los fieles a la trinidad hagan sus oraciones y si desean esperar respuesta alguna, tomen asiento de manera cómoda y esperen… esperen… esperen…

Confieso que fumé cigarrillo desde los cuatro años

Espero que mi madre y mi abuela no se escandalicen con esta confesión: fumé cigarrillo desde los cuatro años.

Mi abuela ha cosido durante muchos años y cuando nací, estuve rodeado, además de juguetes, de lanas, chiros y chilangos, telas y retales, hilos, agujas y del sonido, primeramente de la Singer y después de la máquina de coser eléctrica.

En ese jugar entre retazos y agujas, encontraba tubinos de hilo, esos tubitos de plástico o papel, donde viene enrollado el hilo para coser. Eran esos tubitos los que yo utilizaba para “fumar”, para fumar de mentiritas.

Tomaba esos tubinos entre índice y corazón, dedos de mi diestra y me entregaba al sano vicio de fumar tubino. Creo que mi abuela nunca supo que me fumaba los tubinos que me entregaba como juguetes recursivos, si lo hubiera sabido, no me los hubiera entregado, en cambio, sí me pondría a recoger más tapas de gaseosa para crear figuras geométricas, que era la tarea que me ponía en las tardes… además de recoger boñiga pa las matas.

Venta de tubinos de hilo en Támesis, Antioquia.

¡Mira cuántas arrugas tienes! -Cosas de niños-

Hace un tiempo publiqué historias de niños. Esas respuestas que lo dejan a uno mirando pal techo. Hoy les traigo una colaboración de la Comunicadora Social, Clara Tamayo Palacio, Coordinadora Prensa Escuela en El Colombiano. He aquí la historia en palabras de Clara:

Se trata de Miguel, mi hijo. En aquella época tenía 5 años, ya tiene 9 meses más. Entonces tomó de la mano a la tía abuela, que ya rebasa los 80 años, la miró de una manera muy circunspecta, con objetividad de médico, y dijo: “Pero mira cuántas arrugas tienes…” y sentenció con un tono solemne: “Pronto morirás”.

Por fortuna para nosotros, que tanto la queremos, la tía abuela sigue viva y con una memoria frágil que le permitió olvidar semejante comentario después de dos minutos. Nuestras eventuales visitas dominicales aún se mantienen, con todo el amor por esta tía abuela y por su hermana mayor, quien también vive con ella en la misma casa de religiosas en retiro.

¿Tienes alguna historia como esta? Envíamela.

Llegó una:

Comenta Claudia: A los ojos de los niños, siempre estamos muy viejos… yo soy una “sardina” de 35 primaveras… y el año pasado una de mis sobrinas de 5 años, al ver que me estaba maquillando para salir, me mira por largo rato y luego dice: “tía, así pareces joven!”.

Otra de Luis Enrique:

Efectivamente, la realidad de los niños es distinta a la nuestra, donde la vejez ya es parte de la misma. Regina, mi hija de tres años y ocho meses, al acercármele y notar los surcos de las arrugas de mi frente, me pregunta cándidamente: “y eto que e”. No tuve el ánimo de explicar el término arruga. Lo dejo para cuando me toque que explicarle junto con otras tristezas de la vida (me río escribiéndo esto).

De José Fernando Montoya Ortega:

En cierta ocasión los nietos se gozaban a su abuela que tenía 80 años, por sus dichos y olvidos, y ella con su sabiduría les dijo: tranquilos, que yo también tuve 20 años y ustedes llegarán a 80.

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