A cada quien, le calza la Semana

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Unos, rezan, inclinan rodilla y piden perdón.

Otros, viajan, pasean, separan tiempo para compartir en familia.

Unos, se latigan, sangran para engañar a su mente con aquello que llaman pecado. Entran arrastrados, desplazándose con las rodillas y anhelando la meta del perdón o la respuesta a una plegaria común.

Otros, cuidan carros en procesiones sudorosas y en noches de monumentos. Fusilan con la mirada a dueños de los móviles y reciben estipendio dizque voluntario ¡Ganan más dinero que los penitentes!

Unos, se acuerdan del crucificado y sus heridas escultóricas. Rozan algodón, para llevar el poder de las heridas a casa, como bendiciones portables.

Otros, descansan, duermen, adelantan el aseo de dos meses, barren y dan tres pasadas más. Ven temporadas completas, piden domicilios, también gritan: ¡Aleluya! por un descanso escurridizo.

Unos, oran en silencio, sin visitas ni procesiones; sin imágenes ni representaciones; esconden de su diestra lo que bendijo la siniestra.

Otros, reniegan, cierran puertas, suben volumen. No desean escuchar peroratas, sartales o repeticiones.

Unos y otros, son el mismo, somos nosotros. Consciencia colectiva. Uno espejo del otro. Contrariedades. Complementos. Pléroma. Unicidad. También somos eso que negamos.

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La gruta donde reposa el sabio

Una gruta, una casa de muñecas, una casa, un hogar, la montaña, el planeta. Dentro, alguien que nos espera, una madre, un sabio, nosotros mismos, el Sí Mismo, el ser.

La película “Náufrago”, bien lo ilustra: una necesidad inmensa de socializar, de tener con quién conversar; una necesidad espiritual de conectarse a la numinosidad de la existencia ante la carencia de sentirnos satisfechos con los actuales valores del mundo. Un pelota, animada, humanizada, se convierte en la ausencia de la soledad y somos nosostros quienes le damos el poder de la vida a la pelota, quienes le nombramos Wilson.

Interesante escena, si esta foto fuera la ilustración de un sueño: una lámpara apagada porque la luz del día todo lo llena, una madre, virgen además y poderosa según el imaginario, un reloj que marca un momento, una llave, una escoba y un recogedor de basura, y la tal, recogida.

Esta gruta ha sido hecha por quien hace las veces de cuidador de carros en una zona de El Poblado, cerca al Parque Lleras; es su altar, su gruta, su casa.

Lo divino y lo marrano

Solo una medicina separa lo “divino”, de lo humano; solo un frasco, no sé de qué medicina, separa la representación de la sagrada familia, de lo que puede ser una fábula que humaniza la mundana necesidad del cuerpo. Y aclaro desde ya que, con “mundana”, no califico de manera negativo la actividad genital del ser humano como se entiende en círculos religiosos esta palabra.

La imagen me la encontré tal cual, y aunque la foto es de mala calidad teniendo en cuenta la herramienta con que la tomé, sus significantes me son interesantes para dejarlos ir sin un registro. Detallan, ellas, la dualidad de los pensamientos del hombre: ¿carne o espíritu? ¿sexo – castidad? ¿lo mundano – lo divino? ¿la oración – la pasión? ¿la culpa – la confesión?

Pero se continúa pensando y encuentra que ambas imágenes podrían vivir juntas, pues, la carne a lo suyo -que no es solo sexo, sino, comida, sentidos, etc.- y el espíritu también. Así es como habitan en el hombre deseos de trascender como los que le hacen descender; los unos, para ascender a la iluminación del espíritu (música, observación, lectura…); los otros, para descender, es decir, para vivir la experiencia humana (Comer, dormir, beber, sentir, oler… y de ellos, el placer).

Escribiendo, vienen a mi mente otras imágenes que tengo registradas, no de lo divino, sino de lo humano ¡Perdón! de lo marrano.

Los ojos y los agujeros negros

La mirada y los ojos, que no son lo mismo. Existe, además, la mirada de quien mira y la mirada de lo observado. La María, aquí representada, mira; pero otra es mi mirada a la suya. Entendiendo este croché de palabras, veo en su mirada lo que los astrónomos ven en los agujeros negros: misterio. Pero no con la acepción terrorífica sino desde lo mistérico, lo oculto o vedado, desde lo escatológico, que es el verdadero sentido, por ejemplo, del libro del Apocalipsis (Revelación).

Suena enredado, pero cuando les diga que cuando miramos a los ojos detallamos que hay una parte oscura concéntrica al iris, es más digerible. Esa parte oscura se nos presenta mistérica porque, una vez entra la luz, no sabemos qué hay más allá; no sabemos qué significados elaboró la persona de la luz percibida y, por tanto no sabemos qué tan “iluminado” se encuentra.

Intento y parece que aún está enredada la cuestión. Nuestro cuerpo recibe luz y le vemos y lo ven; pero esa partecita del ojo, que llaman pupila, es solo un portal que nos lleva a otro universo interno. Aunque hace poco le pregunté al optómetra qué ve cuando ve por ese huequito y me dijo “El hueco” y entonces confirmé mi cuestión.

Más oculto o vedado es el mundo que se percibe cuando cerramos dicha ventana y, sin necesidad de párpados abiertos y pupila dilatada, entramos al verdadero mundo inconsciente de los sueños. ¡Ahh! Ese sí que es fascinante, ese donde sí estamos desnudos en un Adam colectivo.

Aún se sabe poco de los agujeros negros del espacio sideral; pero sí sabemos que mucha de la luz que entra en ciertos ojos (en ese agujero negro), se devuelve pernicioso al mundo, convertido en muerte, egoismo, tristeza, des-amor.

Me perdonarán, pero ésta, nunca ha dejado de ser una bitácora personal, ¡nunca!

La Madre, la Montaña y la Cueva

La Madre, carga a su niño, lo que la hace a ella poderosa y numinosa. Allá adentro, tras las rejas que hacen las veces de puerta a lo misterioso, lo inefable o lo desconocido (Oculto), allá adentro reposan dos: la Madre y el Niño; ambos poderosos. Un “arquitecto”, consciente de su acto religioso e inconsciente de su acto personal, cavó la montaña e hizo habitáculo para tremendos arquetipos. Luego, a través de la estético realizó cuadrado y marco que unifica y da sentido a la obra. La “casa”, además, es una flecha que apunta hacia arriba, lo que lleva al hombre a la comprensión o búsqueda de sentido con ese más allá, “arriba” de nosotros mismos. Los colores, no podrían ser más luminosos-numinosos, trascendentes y esperanzadores, llenos de vida y no de muerte.

Todos estamos impregnados de ello: la Montaña, que somos nosotros mismos y a una Madre, individual, colectiva y natural, además. Somos el Niño sin intoxicación, inocente, poderoso. Somos los arquitectos de nuestros propios símbolos, artífices, orfebres de nuestra vida. Solo me preocupa el encierro de tales símbolos, esa “seguridad” hecha rejas que coarta, que impide la manifestación de los mismos; paranoia y justificación por los daños que nos hacen, por las envidias o la incomprensión. También somos animales salvajes.

¿Imagino que han soñado, muchas veces, con la montaña (Subiendo o bajando)?

La ternurización del ídolo religioso

Entonces, en varios pasajes de la Biblia, se nos cuenta que cada vez que se había una epifanía angélica, el honrado con la visita se asustaba grandemente o caía de bruces al suelo. No era ordinaria dicha aparición y, por tanto, casi siempre el saludo era “No temas…”. Sin embargo, hoy me impacta como la imaginería religiosa se ha convertido en un objeto comercial más allá de la creencia o del mito y, aun así, no pierde significados en su relación con el hombre. Me provoca curiosidad, eso sí, una ternurización del ídolo que, otrora, era de apariencia guerrera, fuerte, numinosa o colosal. Pareciera que hoy, el ser humano tan afectado inconscientemente por la pérdida de valores, acuda a la ternura que parece no compartir el ser humano en un ego recalcitrante.

Podría ser una manifestación de un mito, el mito de la ternura, el cual ha sido aplicado al caso de las mascotas, un fenómeno muy comercial o fomentado por el comercio, pero al que los seres avocan para depositar o clamar por esa ternura, ese amor o caritas. Es decir, el actual ídolo o significante religioso, no es solo el depositario de oraciones, peticiones y quejas; sino que es el contenedor de la ternura, una ternura que parece no está siendo compartida por el ser humano.

Ya no se le pide al ídolo, al “bulto”, al yeso, a la representación; tener la apariencia capaz de defender al hombre de los males de este siglo; de mostrar los músculos humanizados de un Miguel, al que tanto invocan; sino que moldean apariencia de niño ya que el adulto racional no ha podido ser el poseedor de la sabiduría que nos saque de tanto egoísmo. El nuevo ídolo, es portado en billeteras con ilustración infantil, en estampados para vestuario, en niños que –esos sí- saben “cuidarnos”. Pareciera que estamos entrando en una etapa donde el arquetipo del niño sabio se fortalece; lo que redunda en la incapacidad racional del adulto.

Jajaj, lo que ve uno viendo una sola vitrina.

Las velas como imaginario religioso

Están a la venta en un puesto itinerante, temporal. Están allí, apagadas, como energía potencial de una oración, petición o agradecimiento. Mientras no se encienda el pabilo, la oración no sale de su cápsula invisible. Entonces, los penitentes o simples creyentes la compran en transacción mundana, para ser santificadas mediante la petición del corazón; adentro, en un templo o en las casas; en negocios o de manera inexplicable en intenciones para nada santas de sicarios y malevos.

Una vez adentro y en ritual humano, la vela es encendida para que la oración comience a humear y a subir a los cielos invisibles, física esta desconocida por nosotros. La petición, entonces, se convierte en llama en llama encendida que con alquimia invisible se hace invisible y “sube” a tronos desconocidos: la llama, la oración o el agradecimiento.

Luego, el penitente se olvida que dejó una vela encendida y vuelve a las lides humanas; al pecado y a la culpa; al arrepentimiento y a la buena obra, para luego comenzar un ciclo interminable que llega hasta el momento de la muerte donde se encienden todas las velas del alma, procurando no perdernos entre lo desconocido, más allá.

Así son las velas que hablan el idioma inefable de la oración. No se sabe porqué, a veces causan estragos en tierra, quemando negocios, casas, vidas, sueños. Algunos culpan a la idolatría; otros, al expiar de los pecados; otros, simplemente saben que el fuego quema y arrasa.

El caso es que las velas son el significante que contiene palabras encerradas en la cera; alaban con su baile en llama, alegran corazones y adornan momentos de pasión. La llama es y será siempre la dominación del fuego, nuestro vínculo con el pasado pre-histórico, con la luz y la caverna; con el pecado y el anhelo de santidad.

¿Deseas conocer un lugar magnético y lleno de paz?

Con una alta frecuencia viajo a La Ceja, en el oriente antioqueño, para descontaminarme de la ciudad y escuchar el silencio, si es que tal cosa se puede hacer. Se trata del Convento Hermanas de Betania del Sagrado Corazón, un lugar encantador y con una arquitectura sencilla donde la luz y el silencio son protagonistas. Lo visito, porque tiene un magnetismo extraño en mí, una atracción fascinante que me obliga a visitarlo cada tanto.

Este bello lugar, sembrado en la vereda San Nicolás, está rodeado de naturaleza, y en ella, sol, frescura, pájaros, ardillas, flores, fragancias y silencio, un silencio casi absoluto, sobre todo dentro de la capilla. Esta última, parece un lugar de encuentro ecuménico, dada la sencillez en su decoración y su misma arquitectura; allí, me siento para no hacer nada, porque este espacio te obliga a quedarte callado y a recibir… tranquilidad, paz, sociego y sabrá cuántas cosas más en el espíritu.

Las encargadas de este lugar brindan atención a todo el que quiera visitar el lugar, brindan alojamiento para retiros, guiados o no, para personas o grupos. Cultivan su propio alimento y, como las fundadoras y directoras son italianas, la comida es sencilla y deliciosa. Tienen, también, la venta de reproducciones de íconos, que ellas enmarcan o pegan en retablo con recubrimiento de gemelos, tarea que hacen con paciencia. La habitación donde tienen la “tienda” de reproducciones, está colmada de olor a madera, bosque y a los gemelos; nuevamente, un lugar magnético.

No se necesita ser católico para visitar este convento, las monjas son sabias y jamás discriminan, aunque jamás se enfrascarían en discusiones. Oran por las parejas que buscan tener hijos y no han podido y por otras necesidades. Una de sus entradas económicas, aparte del alojamiento, son los íconos que tienen a la venta, de los cuales dejo algunas imágenes. Con precios desde 5.000 pesos colombianos, hay representaciones de íconos rusos, bizantinos, griegos, palestinos, italianos, etc. Un lugar para conocer con mucha paz, dejando la religión que cada uno tenga a un lado.

Carrera 16, nº 26-19 Vereda San Nicolás
La Ceja- Antioquía
Colombia

Ya había escrito acerca de este lugar, ver No hay que ir hasta el Oriente por sabiduría.

¿Fervores infantiles?

Mientras la cabeza, mente o consciencia de la madre está puesta en las esperanzas de un sartal de peticiones, los infantes recuerdan el último juego de calle antes de la visita al santuario. Los niños están en algún escondidijo o cargando alguna muñeca o chocando algún carrito; aunque su cuerpo, bajo esa cachirula, esté presente en un ambiente extremadamente cargado de necesidad.

Los niños no tienen petición porque lo tienen todo: sonrisa, alegría, vida, ojos, boca y nariz; pero a su alrededor, hay una muchedumbre que teme que la muerte venga y los encuentre con pecado. Todos oran, todos rezan y mientras las oraciones adultas piden plata, dinero, moneda corriente; salud, ausencia de maleficio y conversión; santificación para que la muerte se les presente preparados; mientras la oración adulta es un pliego de peticiones, la oración infantil quizás sea: “Virgencita, que mi mamá no sea tan brava y que mi papá no me pegue tan duro”.

¿Cuál es su milagro?

Ahí está el vendedor esperando vender sus velas. Ahí están las velas esperando iluminar su santo. Ahí está el santo sin poder hacer milagro porque no está la vela, encendida, que lo alumbre. Ahí están las botellas a la venta, recicladas, para ser llenadas con agua que espera ser bendita para espantar maleficio, pobreza y enfermedad.

Más allá hay empanadas para los fieles hambrientos que se cansaron de la misa de tres horas; hay servilleta por si salieron empapadas de manteca, hay cajita de icopor por si va a llevar docena para más fieles que esperan por milagro.

Ahí están las velas, que hacen las veces de veladora, es decir, rogadoras, penitentes, que alcahuetean a los perezosos para que oren por ellos, pues, la llama encendida es más fiel y constante que el asistente a misa.

Ahí están las veladoras de diferente tamaño; las hay para peticiones ligeras: empleo, agradecimiento, carro o moto. Las hay para cuestiones más duras: cáncer, novio a los 40, lotería y salida de la cárcel. Ahí están las velas de distinto tamaño pero de igual llama, y la que vale es la llama que es piadosa y equitativa con los penitentes.

¿Cuál es su milagro?

¿Muerto o resucitado?

Al hacer un estudio de religión comparada, es interesante ver las variadas representaciones que se hacen de los dioses. Algunas, tienen a dioses de caras feroces; otras, ni siquiera tienen representación para lo inefable; las hay naturalistas que representan su sistema de dioses a través de astros inalcanzables. El cristianismo tiene a Dios tri-uno, con la representación de un Hijo sufriente, crucificado y muerto. El resto de religiones tendría que entender el concepto de la redención para saber porqué Éste, yace muerto en la imaginería popular y religiosa. El protestantismo popular da un paso más adelante en el tiempo y lo representa resucitado casi siempre. Una mirada a la Torá, y de allí un salto al libro de Hebreos en el Nuevo Pacto, nos da una idea del tema de la redención.

El fervor popular gusta de la representación de su Dios sufriente, quizás para sentir en Él, una identificación del sufrimiento humano. En pleno comienzo de los diálogos de paz ¿dónde están los desaparecidos? Se imagina usted viviendo semejante infierno?

Foto tomada en predios de lo que fue La Catedral, “cárcel” de Pablo Escobar.

“Inocentes” bacanales – La Catedral, Envigado

A uno de ellos, rubio, el hartazgo de la bebida lo dejó por el suelo e inconsciente de la bacanal que a sus pies se desarrolla. Otro de ellos, más tostado por el clima, salta al son de los tambores de su corazón. Una pareja, ambos de falo u órganos complementarios, ha sido seducida por las chispas de pasión que salieron del vino y apretan sus cuerpos para dejarse guiar por el primitivo sentir de su genitalidad, lo hacen sabiendo que son mirados y abren sus brazos para que los voyeristas, que son el público, puedan participar de alguna manera en esta entretenida bacanal. Tres que posan en el centro, robustos y entregados a la gula, toman de la porción privada de su barril, añejado quizás con mejores prácticas, vino, al fin y al cabo que ya embriagados las calidad no importa. Hay cuatro, que exprimen los residuales de un barril más amplio, beben, cantan y gozan que hay vida mientras haya elíxir de vida. Uno más, toma lo suyo, junto a los sarmientos enredados en las columnas que le dan lugar a esta “infantil” bacanal.

Así es el hombre, que desde que nace busca el placer de cada una de sus etapas; desde el besar del seno materno, lo que nos identifica con el resto de animales mamí-feros; hasta los últimos pecados alimenticios prohibidos por el médico de cabecera, y que son el placer final de quien espera a la muerte.

Foto tomada en predios de la Fraternidad Monástica Santa Gertrudis, en La Catedral, lo que fue la escandalosa cárcel de Pablo Escobar. Envigado.

Obras similares:

Obra de Pedro Hermoso…

Obra de Nicolás Poussin…

Y la Madre fue crucificada juntamente con Él

La imagen religiosa permite al hombre restarle miedo a lo desconocido, a lo no observado, a lo numinoso, a lo indecible. Es por ello que hace símbolo e imagen de lo eterno para sentirse más confiado, menos inseguro. Hace representación escultórica o pictórica para saber que alguien sí le escucha, que la oración e-le-va-da, llega a algún lugar.

Al presentársele Dios a Moisés en la sarza ardiente, no es claro cómo es el Eterno -nunca lo será- y su nombre trata de representar el todo con su Yo Soy: “Diles que “Yo Soy” te mandó…”. Digo tratar, pues al existir palabra escrita o pronunciada, lo eterno se hace fracción en la palabra y, ésta, no representa el pléroma, es decir, el todo. En fin…

Hace poco leí algo, no sé dónde, de la visión que pudiera tener una persona bastante lejana del cristianismo. El autor llamaba la atención acerca de tener a un asesinado, un cuerpo muerto, como a un Dios. Se sabe que el 50% del sentido del cristianismo está basado en esa muerte, el otro 50 en la resurrección.

Antioquia valora la mujer en su matriarcado, en la presencia de tanto madresolterismo, en la feminidad que representa la tierra y las montañas (Arquetipo de la Madre) en el nombre mismo de Antioquia. Este valor se hace presente al dejar por momentos a la Trinidad, para representar la relación Madre-Hijo, y en la foto que nos comparte Daniel Palacio Tamayo, tomada a una cuadra del parque del barrio Belén, en Medellín, nos lo ilustra. Veamos…

La Virgen de los Mutilados

Cargando sola al muchachito con rostro desconsolado, qué presente le espera a la pareja cuyo padre parece ausente; es la muerte que los separó como sentenció el sacerdote años atrás. La parca se apareció una mañana vestida de verdes que mimetizan y con fusil que aterroriza, entraron por las ventanas, abiertas en pura inocencia, y comenzaron a disparar.

Meses después, la tierra que gozaba de labrado diario, hostigada de sangre tibia dejó de producir, secó y su corazón era un puro terrón. Los pocos chiros que cabían en una bolsa fueron guardados y comenzó el exilio en tierra de hermanos. Ya no era la muerte, era la pobreza y el desconsuelo quienes visitaban a la pareja huérfana  que, corriendo sin mirar atrás, se dieron a la tarea de localizar un nuevo norte…

Esta representación trastocada de María y Jesús infante, refleja muy bien el cuadro real de cientos de “familias” en Colombia. Se me antoja llamarla Virgen de los Mutilados; la de sueños mutilados, la de sonrisas  ausentes, la de esperanzas largas, la de granitos de mostaza, la de los desprotegidos.  Cuando vi este yeso en Sopetrán, con ese rostro montañero, colombiano, rollizo y sencillo, pensé más en la familia colombiana que en religiosidad.

Visiones de un altar saturado

* Bertilda, ¡por Dios! ¿qué son todas esas imágenes que tenés en ese rincón? Vos es que sos incrédula o qué.
– Cómo que incrédula, Luz Mila, no ves, pues, todas las imágenes que tengo. Eso te debería decir qué tan creyente soy.
* Pues no me parece. Si creyeras en tu primera oración, no realizarías la segunda. Si creyeras en uno de tantos, no tendrías que “gritarle” a todos. Si leyeras el Salmo, no tendrías que dejar la Biblia abierta en el 91. Si no tuvieras tanto miedo, no tendrías tanto imaginario reunido.
– ¡Veh, pues, a esta! Ahora se volvió iluminada o qué. ¿Sor Mila habrá que llamarla o qué?
* Tilda, mija, no se me enoje, pero es que veo este rincón tan lleno y hasta con sincretismo religioso, que se me vino a la cabeza lo que te dije.

- Pues, es que entre más santos intercedan, más me hacen el favorcito.
* ¿Tan inaccesible el el mayor de ellos?
– No, pero así me atienden más rápido.
* ¿Y los clavos de olor y la canela?
– Pues para la buena suerte.
* Y esa “Breve historia del lienzo de Nuestra Señora de la Pobreza”? Yo veo que ustedes tienen mucho dinero y ¿entonces?
– Es que qué miedo que lleguemos a perderlo todo.
* Y ¿para qué una Biblia completa que ni estudiás, si solo necesitás dos páginas de un Salmo 91?
– ¡Ay! Luz Mila, si vinites a criticar, salí por donde llegates. A mí respetame. Si vos no crees allá vos si el diablo te lleva.
* Apegos, Tilda, miedos. Todos ustedes están llenos de miedo. Vos sos una incrédula, no confiás ni en tu misma oración. Reconocelo.
– Dejame, pues, que tengo que “alzar” un arroz.
* ¿Le dolió?

Imagen tomada en Amagá

De primeras comuniones y platos fríos

Rito de iniciación es el Bautizo, en la religión católica, protestante y en muchas más. Rito de iniciación es también la Primera Comunión dentro del catolicismo. Rito que pasa insignificante en su escencia para el iniciado, dado que la concentración está en el desfile, en el cirio y, mayormente, en el vestido.

Si se comprendiera la profundidad del compromiso adquirido, no habría violencia, muertes, iras y rencores, pero en nuestro contexto algunos se persignan ante la imagen de María, bendicen la bala, cargan el cartucho de muerte y ¡Pum!… Ese hombre que, años atrás, hizo su Primera Comunión, terminó la vida de su hermano, pues todos lo somos.

Las cosas del espíritu no deberían ser preocupaciones de vestuarios, ‘estrenes’, festejos y piñatas, de zapato nuevo, peinados y cirios adornados. Las cosas del espíritu son meditación, consciencia, trascendencia, alma, silencio y temor. La Primera Comunión, para quienes deseen hacerla o infundirla, debería ser en harapos, con pies descalzos, con cabeza rapada en signo de humillación, debería ser un morir del EGO, del yo terrenal, para que el espíritu se vista de luz, de GLORIA, que es la naturaleza de lo divino, pero…

…Pero sé que esa propuesta no pega, así que, sigan en lo suyo, no dije nada. Estrenar es muy rico, las piñatas también, la comida que sea CALIENTE por favor, si es almuerzo que sea a las 12:30 y no a las 4:00, si es comida, que no pase de las 8:30. El cirio, bien bonito, párese derecho y no se despeine. Los regalos… ¡lo mejor!

Foto: venta de vestidos de Primera Comunión. Amagá

Imaginería religiosa con hostia y encurtido

Esperaría uno, encontrar vírgenes, santos, trinidades, apóstoles, evangelistas y el resto de santoral dispuesto para la venta, pero encontrar en la misma caseta callejera, imaginería religiosa, hostias sin consagrar y encurtidos para las empanadas es bien raro.

Aunque pensándolo bien, ya no me parece tan raro, puesto que el pique o el encurtido, son elementos de la cocina criolla que no están tan alejados de la iglesia. Para echarle a la hostia encurtido, preguntaría alguno. Lo cierto es que son muchas las parroquias que han construido su templo con las ganancias de la venta de empanadas, las más famosas de cuanta variedad existe.

Va una pregunta para todos, aunque últimamente andan muy callados y participando poco: ¿Dónde comprabas las mejores empanadas? ¿Cuál es la mejor empanada? ¿Qué recuerdos te trae el comer empanadas? ¿Con qué asocias la empanada? Respóndanme todas o una de las preguntas…

Foto: caseta de ventas en la Plazuela de San Ignacio, Medellín.

Aquí sí hay familia

¿Aquí sí hay familia? ¿y el papá ónde anda? Tiene razón el aviso que de manera fortuita aparece al lado de esta foto. / Doña María se asoma al umbral de la puerta esperando, como quien sabe que su hombre no volverá pero -uno no sabe y vuelva-. Allí está, para diciendo adiós con su mirada, porque el hombre que feliz la embaucó corriendito se fue. Y no es de María bíblica de quien hablo, es de las Marías comunes y corrientes que llevan en sus buches a niños inocentes y cojos de padre.

Esos mismos niños, son los que después se tatúan “Dios y Madre” porque padre es cualquier… -así lo dicen ellos-. Esos mismos que después toman armas, para dar a su “Divina” madre, no la del cielo, sino la mundana, regalos comprados de la misma paga con olor de sangre.

  • La familia de hoy es sin padre
  • La familia de hoy es de madres solteras
  • Hombres que se volaron sin dar apellido
  • Hombres no dieron le dieron la cara a la preñada
  • Hombres que se asoman de lejos para ver como es la cara del hijo
  • Madres que la sudaron doble, pues es imposible ser madre y padre como algunos dicen
  • Madres cojas pero berracas
  • Madres heridas pero firmes
  • Madres desconfiadas
  • Hombres secuestrados
  • Hombres muertos a manos de la Violencia
  • Hombres confundidos -¡uy parce, matamos al que no era!-
  • Madres solas…

¡Eavemaría! Es que le sacó los mismos ojos

Así suene discordante, el jesús infante luce un buen afro rubio. Reposa para el retrato con sus particulares ojos interespaciales que connotan su universalidad. Las escarapelas o escapularios definen en él su adelantado marianismo.

Me asombra, hablando en serio, la importancia mariana en nustra cultura, dando mayor tamaño al concepto de maternidad, de la misma María, que de quien debería ser el gran protagonista, Jesús. Debería ser María, quien llevara escapularios que hicieran honor al Mesías nacido ya. Por siglos, la iconografía religiosa ha sido permeada de todo tipo de ungüentos icónicos e ideológicos para dar como resultado a la imaginería convencional de hoy.

La última cena por ejemplo no refleja casi en nada a la verdadera cena histórica, sentados en el piso, en tapetes, comiendo de la mano, sin perspetivas de fondo, sin mesa, sin amplitudes, sin ostentaciones. Es más, los asistentes a la cena, entre ellos mujeres, comían al escondido. Busquen en el evangelio una clave: un hombre cargando agua en horas de la noche.

Imagen religiosa pintada en la parte trasera de un bus escalera en el Barrio Sagrado Corazón de Jesús.

Gracias señor por la avena

Un sobrino de mi esposa Juan Diego Gallego Blandón a sus cinco años oraba así: …y Señor, gracias por las avenas, gracias te doy señor por las avenas porque sin ellas no podríamos vivir…

Uno creería que el niño es muy sano y su alimentación muy saludable, para darle gracias al señor por dicho cereal, pero ante la pregunta de mi esposa de cuál avena era que estaba tan agradecido, Juan Diego respondió señalando esas líneas rojizas por debajo de su piel, nuestras venas.

A lo que quiero llamar mi atención, es acerca de la mejor oración que existe, esa de agradecimiento al creador por tanta belleza, minucia, color y sabor en este mundo. Nuestra oración en cambio se ha dejado permear de la bolsa económica y de tanta noticia con ictericia. Nuestra oración es un pliego de peticiones permanente, de demandas y tutelas al Verbo Divino. La oración de los infantes es el resultado del peremne asombro de los porqués respondidos por los adultos curtidos y corruptos. la oración del púber es la gracia de Dios que sube humanizada con aromas infantiles. Nuestra oración es ganar los números de la henchida lotería, la del niño es agradecimiento porque aprendió a contar con los mismos dígitos. Nuestra oración es un carro, la del niño es la ofrenda de su carro de juguete para que Jesús se haga pequeño y juegue con él.

No esperemos estar en cama, heridos, cuadripléjicos para dar gracias por la lotería que ya hemos ganado: Ver, oír, saborear, oler, caminar, sentir, vivir, amar. Gracias señor por las venas, porque sin ellas no podríamos vivir. Amén.

Imágenes tomadas en semana santa, iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, Parque de Berrío. Medellín – Colombia.

Levanta a los que viven en el suelo

Confieso que no me gusta el fútbol, o mejor dicho, no me gusta el fútbol profesional. Todos los días quiero sintonizar alguna emisora del A.M. y lo único que localizo son alegatos y discusiones que no llegan a nada. Camino por ahí, y la gente discute las jugadas equivocadas de otros que trabajan en una manga con tribunas. Los lunes me entero de cuántos asesinatos, accidentes y peleas se dieron por el partido inmediatamente anterior. Familias que se odian, padres que discuten con sus hijos; ¿todo ello por una pasión errónea por lo que corresponde al trabajo de otros?

En el único fútbol que creo es el de los barrios, picaítos esos improvisados en tardes domingueras, con arquerías de ladrillo y balones baratos. Con limonada al final del espectáculo o leche con rollo para compensar.

Imagen del Señor “lastimosamente” caído. Plaza Minorista de Medellín. A mi me gusta es el Señor victorioso, vivo y sonriente.

He aquí estoy a la puerta y llamo…

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He aquí estoy a la puerta y llamo… pero no me abren. Imagen de Judas Tadeo tocando a la puerta de María encerrada con candado. Y yo que marqué la foto como José (mi ignorancia católica).

Recuerdo con tristeza las calcomanías que algunas familias pegaban en las ventanas de las casas en los barrios populares de Medellín, calcomanías que rezaban “AQUÍ SOMOS CATÓLICOS, NO INSISTA”. Tristeza por ese tono en mayúscula, hiriente y excluyente. Tristeza porque se supone que somos hermanos. Tristeza por un significante aviso generador de una violencia muda.

Es la fortuna de haber crecido en un ambiente católico y evangélico, además de tener ascendencia judía por mi abuelo Carlos Zimerman Clark, polaco judío de la diáspora; que supone no volverme fanático.