Tan íntimo y tan público… como el café

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Cuatro mujeres se deleitan en una calurosa tarde citadina. Son profesionales y decidieron celebrar el cumpleaños de una de ellas en un café. Los bolsos ocupan una silla, y los celulares están prohibidos; quien conteste paga la cuenta, a menos que sea para selfies ¡Cómo no hacerlo cuando estamos más bonitas!, comentan. El café, como lugar, es acogedor y los capuccinos, aunque no tienen esas figuras hechas con la crema de la leche, están ricos ¡Parece que es buen café!

Dos de ellas, van al baño, las restantes se ríen en complicidad y revisan sus celulares, tuitean, envían, replican, mandan mensaje: “Hoy no regresamos”. Las que visitaron el servicio se devuelven espantadas y haciendo bromas ¿la causa? El baño. Lo que debería ser un buen remate de atención se tiró hasta en la propina y en una segunda ronda de pasabocas con más café. Crean más chistes, piden la cuenta y salen, despavoridas.

Y es que tal cuarto no puede ser el último en diseñar, en atender y en ambientar. No es el cuarto de rebujo y mucho menos el guardadero de escobas e inventario del local ¿Han entrado, alguna vez, al baño de una sala de manicure? Cada espacio está atacado con toallas y toallitas que cuelgan por doquier absorbiendo el aire para intentar secarse. ¿Con cuál de ellas me seco luego de usar el lavamanos? ¡Cualquiera, qué cuenta se van a dar!

Es así como el baño, de cualquier establecimiento comercial, debe ser el primer espacio en quedar resuelto para la necesidad de clientes y visitantes. Debe ser el lugar “secreto” para mirarse, peinarse, acicalarse, pues, no es exclusivo de lo físico. El baño es, también, lugar de la vanidad y el descanso, lugar del escape y la sonrisa frente a un espejo y, ellas lo saben, lugar de muchos secretos y chismes.

El festejo no terminó. Sugirieron un nuevo lugar que, aunque un poco más costoso, daba la garantía que la mejor mesa del establecimiento podría ser ubicada en los baños. Suena exagerado, pero estos sí saben cómo mantener y ambientar un espacio tan íntimo y tan público a la vez.

Foto: venta de segundas en el Centro Comercial Medellín.

Sinéctica: “Atracción de cosas diferentes en una única conexión”. Este concepto, creado por el psicólogo William J. J. Gordon alude a la unión de elementos distintos y en apariencia irrelevantes o ilógicos; para crear nuevos conceptos, aparatos, innovación o solución a planteamientos y problemas.

Desde tierras cafeteras: chivas y flores

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Porque en estas latitudes el sol cae perpendicular, y tal acción de la naturaleza eleva los colores a su máxima expresión y, consecuente con ello, el hombre aprovecha las leyes de la luz -aunque no sepa de números-, para elevar la alegría por medio de la pintura del alma; comunica esa fiesta al sol con el uso de pinturas, contrastes, combinaciones y manchas geométricas, sin miedo, sin temor al exceso, sin pedir perdón a la opulencia, sin guardarse un lugarcito para el silencio estético.

Por eso, la geometría alza la mano y se hace presente, grita con su luz y exhibe su color; para alegrar a otros y gritar “viva la luz, viva el sol”, lo tenemos en abundancia y por eso somos alegres, no nos guardamos nada para la noche, el derroche es perenne. Sol, también trae con la luz, el humor, que no se escapa de nuestros bolsillos y sale a hacer lo suyo, a dejar la impronta que nos identifica; creatividad que se refleja en todo: un dicho, el uso de la imaginería popular adaptada, la resignificación de nuestros objetos y nuestra definición del ser.

Los dejo, con este comienzo especial de Chivas y Flores, en el marco de la Feria de las Flores 2015… Vienen más.

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Renó 4 – El eterno modificable

El carro de la familia colombiana; el de las eternas transformaciones, el que se deja modificar para expresar el imaginario de muchos colombianos. El carro de los que tenían un sueño y lo alcanzaron. El de tantos paseos con pasajeros apretados ¡No importa! que ahí cabemos todos y lo importantes es pasar bueno. El que une a la familia, allí dentro, en su angosto espacio que recoge a cada uno en apretado lazo. Los “renoles” han llenado casas y calles y han recorrido kilómetros de alegría; en su interior se han destapados miles de fiambres y se han acomodado decenas de miles de paquetes y maletas en raudos paseos, de olla y de ciudad.

Colombianadas le llaman algunos. El caso es que, manufactureros, artesanos o técnicos, incluso sin títulos universitarios, hacen del Renol uno de los íconos de Colombia.

De tazas, jarros y pocillos

La quinta esencia de los no iniciados es el café, bebida que pasa imperceptible, a veces, pero que se hace del rogar o del necesitar cuando estamos en ciertas circunstancias. La necesita el universitario que recién se integra a la bebida y reconoce que activa sus neuronas ante el nerviosismo de parciales y finales. La necesita el trabajador para despegar la mañana con citas, reuniones y responsabilidades. La bebe el hombre maduro que, entrado en años, se siente menos solitario cuando sus labios y su paladar siente la tibiez del amargo elíxir.

Pero la bebida necesita un continente que ataje el descaro de todo fluido de buscar fáciles salidas; tal necesidad se junta con la compulsiva obsesión del hombre de coleccionar todo tipo de cosas, para nuestro caso, pocillos, mugs, tazas y demás jarros relacionados con el café. Unos, coleccionan por impulso acumulador, por detallar una taxonomía del objeto que a veces se desborda y raya en la locura. Otros, no es que coleccionen sino que se aferran a los objetos, usando hasta su quiebre, aquellas tazas que avisan desvaríos, res quebramientos y despicados; sacarles una taza a estos, es como ganarles una difícil partida de ajedrez.

He aquí algunas tazas de esas que no han probado chocolate o café; sino que pasaron de la venta a la exhibición privada en repisas y anaqueles. Fueron creadas para acompañar a los oficinistas en sus escritorios, como pocillo de niño que es marcado con nombres, apellidos y grado escolar del infante; tazas como éstas, forman una variopinta muestra en las alacenas de las cocinetas de las empresas, cada quien sabe cuál es la suya y si hay pares, son diferenciadas con marcador por debajo.

Algo hay de íntimo en las tazas para beber, quizás por la acción misma para la que fueron creadas y el beso que nos corresponde darles para tomar una cálida bebida. Es íntima porque somos cuidadosos con los fluidos, no los del café, sino los de nuestra boca. En cafeterías centrales no importa semejante tontería, dirían los comensales, lo que importa es que el café esté recién servido de la greca, que haya cucharita y cubitos de azúcar. ¡Salud!

¿Tiene tazas, jarros o pocillos? Envíeme la foto y cuénteme un renglón con la historia ¿Qué dice?

Antecesores del IPod y el IPhone

Entonces, el más joven de la casa llama a gritos a la más vieja: “Máaa, que al teléfonooo”. La más vieja, palabra ésta que no es peyorativa sino descriptiva del tiempo, se debe acercar al auricular si desea saber quién es. Una vez, teléfono en mano, la doña habrá de quedarse sentada en la silla que fue diseñada para tal fin, pues el teléfono es lo que llaman verdaderamente “fijo”, ya que está empotrado en la pared y de allí no se moverá a menos que haya trasteo, no de voton, sí de chécheres.

La llamada se desarrolla sin más detalle, que estos no interesan a los lectores del blog. Colgado el auricular, verbo que se quedó para referirse a la terminación de la llamada, ahora el que suena al fondo es el tocadiscos portátil, cuya memoria no es digital ni le caben canciones en el equipo, ya que las canciones están grabadas en los zurcos de acetato del disco de “larga duración”, chiste éste último, ya que los jóvenes de la era digital saben que la larga duración de hoy en día se mide en Gigas y Teras de información, que corresponde a horas y horas de música en sus pequeños ordenadores.

En fin. Para cada uno será problemático acceder a la tecnología del otro: a los de hoy, les dará dificultad entender el placer de la tecnología de ayer. A los de ayer, se les dificultará navegar por la intuitiva sencillez de la tecnología de hoy. Unos y otros, se necesitan. El ímpetud del joven con la consciencia y sabiduría del adulto y del viejo.

Teléfono de Alberto Mejía y tocadiscos en Angelópolis.

Capacidad y talento en personas comunes y corrientes

Quien no tiene un título universitario no deja de ser profesional en su desempeño. Siempre que observo las creaciones de ciudadanos que, para su manutención, se dedican a diseñar objetos útiles, reflexiono acerca de cuál sería la carrera universitaria, técnica o tecnológica que el individuo hubiera estudiado. Mi abuela, como ejemplo, hubiera sido una gran diseñadora industrial; a cambio de eso, la vida se le presentó como recolectora de café, cocinera, viajera y, por supuesto, madre y abuela sabia. La abuela de mi esposa Diana, sería sin duda una excelente arquitecta constructora ya que, aún a sus 90 años de edad, no puede ver que están abriendo una zanja o pegando un ladrillo porque comienza a pontificar acerca de la mejor manera de hacer el muro, el hueco o la casa.

Es así como la plaza pública y los barrios obreros están llenos de cientos de profesionales y expertos en temas variados. Hay cocineros reconocidos que visitan las plazas de mercado para buscar el mejor sancocho de bagre o algún sudado harto reconocido. Hay diseñadores de carros y motos y customizadores de los mismos. Hay zapateros que hacen mejor trabajo que grandes marcas. En fin.

En Santa Marta me encontré estos dos carros para la venta ambulante de mercancía y alimentos y, como siempre, pensé a dónde llegarían tales fabricantes si hubieran enriquecido su talento con el aprendizaje de técnica y tecnología. Por lo pronto, poco se preocupan por tal menester porque lo de ellos es ser feliz y tener sustento; para el primero no se necesitan títulos ni doctorados. Vanidad de vanidades, como dijo el predicador: todo es vanidad.

Cuéntanos qué hubieran sido tus… si hubieran estudiado.

Reloj despertador Diamond – La tienda de Mune

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Nuevo objeto a la venta. Reloj despertador Diamond, Shangai.China. En perfectas condiciones. Baquelita y metal. Calendario automático y alarma análoga. $90.000.

Ver historia de la fábrica…

De escobas, traperos y zocos

Desconozco el nombre científico de aquella planta considerada como maleza, que crece a borde de carretera en las zonas rurales y que, los campesinos, llaman “Escoba”. Recorría uno, entonces, la carretera para arrancar aquella planta que serviría para asirla a un palo, que más parecía un báculo, y hacer con ello la útil y necesaria escoba de barrer.

“Mijo, tráigame el “zoco” pa’ barrer el caño”, indicaba la madre a su hijo que, en las mañanas, le ayudaba en los oficios de la casa. -La escoba buena, la sintética, solo se usa para el interior de la casa, el zoco pa’ darle duro-.

Con tripa de pollo se hace la trapeadora, (TRAPERAS en Televida), alter ego de la escoba de barrer, matrimonio indisoluble que reposa en cada casa: la escoba, para barrer primero; la trapeadora, para pasarla luego. “Y no me pise todavía que me falta una pasada”, grita la doña ofuscada.

Llegado el fin matrimonial de escoba y trapeadora, los infantes de barrios altos se alegran con creativa idea, de hacer con el palo, un carrito de mano: A un carrito se le quitan las llantas con su eje. Se perfora el palo de escoba en la parte inferior. Se inserta el eje en el orificio del palo y se asegura la rueda. Se toma el nuevo juguete por la parte superior y a jugar con la manada del barrio.

Y así… salen historias de una escoba. Las de la imagen, se venden en Támesis.

Artefactos tecnológicos que nos recuerdan un camino

Jóvenes, estimados amigos, lectores, cuidadanos todos; este artefacto que ven en las manos del anciano también es TECNOLOGÍA, una sin ínfulas, sin egos, sin esnobismos, sin lenguajes extraños, sin orgullos pendejos. Esta tecnología que ven, es la adaptación del OBJETO a la necesidad del hombre y, este último, refleja el camino al que algunos llegaremos: la senetud, la vejez, la piel seca, la arruga, el ser y la consciencia. Algunos, llegarán iluminados; otros, repetirán el camino. Que este bastón, pues, nos invite a caminar con prudencia y sin caminados de pavo real.

No se olviden pues que las TECNOLOGÍAS, suntuosas o sencillas -como la de la foto-, están al servicio del ser y no al contrario. Que el fin último de todo bite activo, sea el de enaltecer la vida del hombre y de toda vida.

Recuerden, señores participantes del Campus Party, bañarse todos los días.

Esconda la chupa que llegó visita

La chupa, el destaqueador, objeto útil en casa de algunos, prohibido en casa de otros. -Morelia, por dios, escondé rápido la chupa del baño que llegó visita-. De allí para acá, de aquí para allá; poco se toca, al lavarlo se hace con asco, al guardarlo es preferible seco.

Integrante del conjunto de objetos de la casa, pero menospreciado, excepto cuando surge la necesidad de un colapso penoso. -Morelia, traelo otra vez, bendita querida, questo se va a derramar-, se escucha con nervioso acento de lo que será fatalidad doméstica.

La visita entrará entre el corre corre que exige la emergencia, verá la vida real de primera mano, ayudará, si el don de la misericordia está con ella, pedirá un lavamanos y dejará el pandequesito para otra ocasión. *Morelia, mija, yo vengo mañana más bien, yo la veo a usted muy apurada*, concluirá en tono perentorio.

La canasta de mimbre

La madre de Caperucita echó los sueños de una madre (abuela de ‘Caperuza’) con menos achaques y más salud; en cambio, Caperucita tiró a la zahurda su inocencia y destapó la rebeldía que la llevó, con la curiosidad en el bolsillo, a explorar nuevos caminos en la vida. ¡Casi sale preñada!

En esta canasta cientos de familias han depositado lo que valga al momento el sudor de la frente, agua salada que cada vez vale menos. esta canasta ha sabido de huevos y cebollas junca, de libritas de arroz y tomates chonto. Esta canasta sabe que con solo $200 de cilantro se pasa bien un sancocho montañero, sabe que una chocolatina refundida bien abajo, alegrará a la bien amada que espera en la ventana al regresar del fiao.

¿Fiao? Sí, no hay pa’ más, toca fiar porque Hidelfonso se la bebió toda otra vez, le pegó a Marucha y se la tomó toda, para prometer de nuevo que será la última vez. -Marucha, mija, deje de ser boba, mándelo pa’ la mierda de una vez por todas! Toca fiar, pero hasta el viernes porque el tendero no me da más espera.

Esta canastica de mimbre ha sido vituperada, manoseada por políticos y analistas de mercado, ha sido ultrajada y caballito de batalla. Cada vez, algunas familias no la necesitarán más, no porque pasó de moda, ni más faltaba con la historia y con la artesanía, sino que ya lo que pueden comprar algunas familias cabe en la mano y en la otra, otra bolsita más.

Juguemos amados lectores ¿Quién me dice qué reposa dentro de la canastica?

Desgranando mazorcas en la comarca, con una máquina de 1909

Sé que en muchas oportunidades he escrito acerca de la máquina de moler, pero cómo desligarme de severo aparato cuando molí el maíz cocinado para las arepas hasta los 33 años. Como recuerdo de mis años boleando manibela, me di a la búsqueda de aquella maquinita de moler de juguete, infructuosamente pregunté por ella en los más recónditos almacenes de Guayaquil, en Medellín; en viejos almacenes de algunos municipios de Antioquia, hasta que mi cuñada, Sandra López, me la regaló. Eso ya es cuento viejo.

Siendo la máquina de moler un artefacto de mis afectos, del cual formé algún músculo del brazo, mi ojo ha sido seducido por algunas máquinas de moler que aún existen por allí y por acá, sobre todo, en los barrios populares (donde vive el pueblo), donde aún muelen -Gracias a la vida que aún lo hacen- y hacen sus arepas de manera artesanal.

Una de esas máquinas es esta Black Hawk Sheller A.H. Patch, de 1906, máquina para desgranar mazorca, chócolo, choclo, etc.. En la tercera imagen se ve el lugar por donde se mete la tuza con su grano y los dientes que arrancan el maíz. Una hermosa máquina de moler, cuya imagen tomé en el cuarto TomaTodo en Amagá.

Ya me imagino una cocina tiznada de humo de leña, olor a la misma, quemada. Un chocolate en el fogón con un humo menos dañino, un garabato con siete chorizos curándose, un radiecito sintonizando mal las noticias de la comarca, unos butacos con comensales esperando, un gato paseándose por la mitad, un perro afuera mirando al páramo, un piso  de tierra afuera, una vaca pastando, dos cucaracheros en los calados de la ventana de la cocina y, por supuesto, cuatro arepas tostándose en el fogón de leña. Escucho suspiros. ¡Claro que esta escena es surrealista y hasta dadaísta para un joven de las tecnourbes.

El hombre y la silla (III parte) – No es como el fabricante quiera…

Antropometría, ergonomía, resistencia, apilabilidad, costo; conceptos que el fabricante inyectó en la materia de los polímeros una vez el hombre posó nalgas en asiento duro. El objeto duró algún tiempo y por inclemencias del uso, del clima y del accidente, la silla, artefacto hecho objeto industrial, aparentemente cesó de cumplir su uso y fue arrimado a la esquina que espera la visita del carro recolector en miércoles. Pero un hombre, menospreciado por su indumentaria y por el bulto que cuelga de su hombro, vio más allá, y vio, además, lucro, objeto vivo, útil en tercera mano, reciclaje, nueva semántica. Y lo vendió.

Le dieron pesos por él, dinero contante. Y dio de comer a sus hijos. Mientras tanto, la silla en nueva significación, operó de nuevo, fue útil al hombre, sirvió de algo. Su mutilación fue bendición para el jubilado que en los parques espera la mesada, no la catorce. La silla, pues, se adaptó a los muros, a las barandas, fue enser privado y mobiliario público improvisado. Porque algo falta en algunos parques y es el recostadero para la espalda, extensión necesaria para quedarse un ratico más, para no cansarse ligero y migrar a casa. Cuando la silla de verdad muera, será polímero, polvo sintético, para ser silla de nuevo o quizás salero.

Barrer con la escoba de campo

En el campo no se complican, ni con modas ni con marcas ni con los objetos del diseño. Para barrer no se complican, si escoba no hay, se improvisa: se camina al borde del camino, se arrancan algunas matas llamadas de maleza denominadas como ‘Escoba’, así, genéricamente. Se regresa a la casa de campo, se busca el palo re-usado mil veces y se amarran los chamizos y se barre con la escoba ‘nueva’, de nuevo.

Así me tocó en Guaduas, Cundinamarca, vereda Versalles, como también me tocó la vela de sebo cuando no había llegado la energía a la vereda.

El hombre y la silla (Parte II)

Una vez el hombre caminó erguido y quizo pensar, sacar conclusión, busco asiento para sus pensamientos y arrimó piedra, butaco, silla primigenia, reposo: entonces se sentó y descansó al séptimo día. Viendo que pensar demoraba tanto y que era tanto su placer, puso cojín al banco, al asiento improvisado, le puso remaches y lo perfeccionó, lo dejó acolchonado.

Acabado el filo de la sierra, se ideó inyectores que fabricaran un asiento democrático, universal, apilable, lavable, barato y bonito. Fue así como la silla de polímero inyectado se rayó en papel, se hizo y se usó, entró a las casas de gusto fino y a la del lujo ausente, entró a fiestas de quinces y fue vestida en matrimonios de alcurnia, democrática, sencilla, popular, industrial. Una silla de masas.

Vea la primera parte del hombre y la silla…

Lea el texto: De la comodidad y otros demonios… Rimax y su ciclo de vida.

Los rituales infantiles a paso de caballo

Los llaman carrusel, tíovivos, no sé cómo más. Pero este juego infantil, rueda como la existencia en permanente devenir a cambio de unas cuantas monedas.

Y como la vida misma, el paso de estos caballos inanimados, fluctúa en sus giros: ahora arriba, después abajo y gira de nuevo.

Y como en la vida misma, algunos, por fuera de la rueda, te saludan, te sonríen, te elevan la mano y te quieren hacer reír, te toman foto.

Y como en la vida misma, hubo un montarse, con inexperiencia, miedo al principio y un bajarse al final. Ayudado por alguien con experiencia -padres-, a veces solo en total independencia.

Y como en la vida misma, existen tío vivos o carruseles, unos más ostentosos que otros. Unos muy humildes y creativos, como el de la imagen, otros llenos de ornamentos y elementos que podrían sobrar pero que también embellecen.

Y tú, ¿qué recuerdas de estos carruseles? ¡Cuéntame!

La ‘Carevaca’ – Fredonia

Otra imagen para El Objeto Adobado, el nuevo blog colaborativo donde hablamos de objetos transformados, reciclados, resemantizados.

Hago la invitación a diseñadores gráficos e industriales, artistas plásticos, etnógrafos, antropólogos, docentes, investigadores a que hagan parte de este proyecto colectivo y aportar con sus críticas, visiones, interpretaciones, imágenes. Invito, igualmente, a todos los lectores en general a participar con sus comentarios, sus recuerdos, sus percepciones o con lo primero que se le venga a la cabeza. Adobemos juntos el objeto.

La contraria imagen de tu substancia

Lazo plástico, cabuya natural, fique de la tierra, un tronco, mutilado pedazo de un árbol extinto, un espejo y un universo paralelo, al revés, contrario a todo. Vida en el color, fondo de contraste. Es el objeto adobado, creado e intervenido que refleja el momento del ser, un estadio del hombre, un estar.

Allí todo es contrariedad. Digo derecha y terca izquierda se manifiesta. Se hace lo que yo hago en irrespetuosa imitación. Pero mis gritos te son imposibles, no hueles como aspiro yo los aromas. No tienes feromonas. Ja. PObre mundo en el que vives.

Espejo ubicado en un restaurante de Valparaiso.

La fuerza que impulsa al juego

Los infantes caminan cabizbajos, imitando a sus padres, los adultos. Los niños ya no ven a la distancia, no reconocen colores, saben ya poco de sabores. Los ‘tecnobabys’ no saben de materiales, materias primas, madera, latón, hule. Los niños de hoy, de la urbe moderna, de unidades residenciales -presidiarias-; perdieron interés por el juego: no se esconden, no gritan, no se tiran agua, no brincan, no hacen comidas de mentiras, no hacen de papá y mamá. El Blackberry los ha consumido, se los ha tragado.

Los infantes caminan cabizbajos, chatean todo el tiempo, no miran pa’ delante, no ríen, solo mandan caritas felices o tristes. Se encaminaron por la estupidez, ya no salen, no se bañan en piscinas. Del televisor pasan al computador, y de éste al pequeño hipnotizador con sabor a cereza negra de silicio.

Ya solo nos quedan los niños llamados pobres, que se inventan juguetes, que convierten cajas y tarros en carros y latas, que hacen del polvo muñecas y les dan soplo de vida con recursividad y creatividad. Quedan los niños pobres que juegan a las muñecas y aún le pegan a una llanta para hacerla rodar o le ponen cabestro con dos palos de escoba. De pobres no tienen nada, pero loss ricos así les llaman. No saben ellos, los ricos, que más pobres son sus hijos de futuro asegurado, que no han encontrado la alegría en hogares de padres ausentes. Ricos ellos, los niños pobres, que encontraron la alegría y la chispa creativa para inventarse su propio mundo de ilusiones.

LO QUE FALTA SON OPORTUNIDADES.

Imagen tomada en Guatapé. Rueda Chicago impulsada con fuerza humana.

Carencias materiales producen ingenios perdurables

Detrás de la cotidianidad que me gusta está la recursividad necesaria para resolver carencias materiales. Está la adaptación a las circustancias que configura la economía. En los barrios altos de las comunas marginadas de Medellín, abunda la creatividad aplicada a la lúdica, al mercadeo de objetos, a la creación de objetos o adaptación de los mismos. Las necesidades de diversión, trabajo, compra y uso de objetos últiles; son resueltas con un ingenio que para muchos se presenta cómico.

La necesidad de comunicar un mensaje prima sobre la orto-grafía conocida por el emisor del mensaje. Importa el contenido, la escencia, el resultado final. La necesidad de diversión invita al niño a no mirar marcas ni material del juguete, importa sí la capacidad de satisfacer las necesidades motrices que inviten a la diversión.

En la imagen, una pelota hecha de trapo, forrada por un plástico que la retiene y reforzada por un elástico que la amarra y sirve además para atarse al dedo y jugar con la pelota simulando una raqueta conla mano.

El hombre y la silla

Fotos: Alex Duran M. / Texto: Carlos Múnera

Posó sus nalgas en asiento duro y descubrió que podía sentarse. A partir de allí busco piedra, asiento, butaco, silla natural, ladrillo, banco, burro o mecedora. Aburrido, a veces, de las cuatro patas de la silla, recostó la misma en pared de bahareque solo usando las patas traseras y así se dedicó a evaluar las tardes de clima cálido.

Remendó, cuando se hizo necesario, la mecedora con tiras de cabuya o fique, luego diseñó, proyectó y fundió termoplásticos, industrializó y democratizó el diseño. Otros, mientras tanto, hicieron menos sillas, elitizaron, marginaron a las muchedumbres del diseño que eleva el nivel de vida. Los usuarios no tuvieron moneda de cambio para acceder a sofás de autor, líneas de exclusividad, orgullos pendejos.

Hoy aún el hombre se detiene en su caminar y se recuesta en alguna piedra, se sienta, posa sus nalgas, cojín natural. Se sienta, respira y mira hacia atrás.

Caldo de matas en olla de aluminio

Doña Juana esperaba la visita al barrio de aquel señor que arreglaba la “de presión”, u olla atómica como se le bautizó en las postrimerías de la ‘guerra fría’. Don Arturo no pasaba hace días y varias ollas que esperaban por su reparadora mano se quedaron jubiladas, retiradas de la cocina, aisladas en el cuarto de rebujo (o reblujo, como le llamé por muchos años).

Misia Juana, decidió entonces, que era hora de cambiarle tierrita a las matas y sacó las jubiladas ollas de la oscuridad y las hirió con la piedra de la cocina y con el cuchillo que se usaba para partir la panela. Le abrió respiraderos y desagües y pasó las maticas, que reposaban en bolsa negra, a su nuevo recipiente, de lujo.

En cuanto a la olla a presión que estaba mala, mando a perforar algunos huecos donde Martín, el de la esquina, el de la cerrajería. Allí, en la olla, sembró su planta preferida.

Plantas y materos de una casa en Jericó, Antioquia.

Venga a Perillan Park – Ciudad de Hierro en La Pintada

Como algunos saben que estoy en la recuperación de una cirugía que me fue practicada bajo anestesia general, deseo aclarar que las imágenes de la “Ciudad de Hierro” fueron tomadas el 3 de julio en el marco de la transmisión del programa Antioqueño Venga a mi Pueblo Antioqueño, por Teleantioquia, con la participación de la orquesta La Tropibanda, dirigida por el suegro. Vale la pena la aclaración por cuestiones laborales (Podrían decir que no estaba incapacitado, sino que estaba paseando).

El dueño de Perillan Park, compró estas viejas máquinas en Risaralda, su parada anterior fue en el municipio de Valparaiso y se encontraban de paso por La Pintada. Instalados a un lado de la carretera, esperaban a grandes y chicos para ofrecer la poca adrenalina que dan estas máquinas, y sí, la mucha alegría que puede brindar a niños.

Se puede montar en los aviones de hierro que giran en un radio no muy extenso, impulsado por el fuerte brazo de uno de los trabajadores, que si no estoy mal, impulsa también el Barco, otra de las atracciones. Probar la suerte usted puede, en la Rana o en el casino Rico Rico. Otras atracciones hay en Perillan Park, en los municipios que anden de fiesta.

Taburetes pa’ tintiar en fríos mañaneros

El taburete es uno de los diseños de silla personalizados por sus dueños. Se pintan, se acolchan, se usa recostada a la pared sostenida de las patas traseras. Las hay peludas con piel de res, las hay curadas al sol, las hay desvencijadas.

Invito a Marta Laverde, docente de Diseño a doctrinar sobre la silla. Diseñadores industriales ¿Qué tienen para decir?

Taburetes en Jericó, Antioquia.

Los niños hacen juguetes de cualquier cosa

El concepto de marca en un juguete solo complace al dadivoso y no al infante que gozará con él. Por eso, los pequeños, gozan con cualquier objeto que se les presente interesante y que sugiera componentes a descubrir: un radio malo, una vasija que hace bulla, un cajón lleno de chécheres, una caja de cartón con objetos adentro que produzcan bulla, dos tapas de olla de aluminio, un artefacto extraño y hasta un torototó, aquel tubo donde se envuelve el papel higiénico que al agotarse, sirve para emitir sonidos semejantes a los de trompeta: “torototóooo, torototóooo”.

Así son los niños: despojados de vanos conceptos. Aún no ha llegado a ellos la vanidad.

Soy un aficionado a la tecnología de punta

Sí señores, me encanta la tecnología de punta, es por eso que en mi casa tengo varios artefactos de punta en temas de tecnología, actividades consecuentes con las tecnologías, cito algunas:

  • Tengo una calculadora Casio M1 restaurada.
  • El tinto que se sirve en mi casa se muele en molino para café (Molino manual)
  • Las arepas que se le sirven a las visitas son amasadas. (A mano)
  • El café que hago lo hago en olla. Dejo hervir el agua, apago, hecho el café, espero que decante.
  • Camino rumbo al Metro.
  • Leo libros de papel.
  • Ilustro con lápices de color Prismacolor.
  • Caliento la comida en sartén, el microondas sólo lo uso para guardar un pan que sobró. (nada como un arroz tostado)
  • Los jugos que se sirven a la carta en mi casa son hechos de fruta recién cortada. Nada de pulpas.
  • La despepada de la guanábana se hace en casa, compramos la fruta.
  • El limón lo exprimimos con el índice y el pulgar.
  • No usamos caldo Maggi o Knorr

Como ven, en casa continúo la tradición de lo que para mi abuela, era la tecnología de punta, en su época de buena moza. Y saben tan rico las comidas así…

Fotos tomadas en la tienda de Héctor, en Angelópolis, Antioquia.

la chacita de El Gallito – Tinto barato

A mí me tocó billete de peso; de dos pesos, con los que compraba Ponque Ramo; de cinco pesos, con que pagaba el pasaje a tres con 50 pesos; de diez pesos, con que compraba un pan gigante para mi edad.

Me tocó el billete de 100 pesos con el cual se mercaba la verdura, me toco el viejo billete de mil pesos, que era algo inimaginable, era oro en papel, era sinónimo de riqueza, el cenit del dinero, el culmen de un bolsillo boyante.

A mi me tocó jugar con veletas hechas con papel de cuaderno, jugar “La vuelta a Colombia” con tapas de gaseosa con cáscara de naranja por dentro, me tocó jugar escondidijo, Yeimy, ponchao, montar en bicicleta Monark de flecos en los manilares, me tocó reir, jugar y vivir.

A mi me tocó tomar jugo de tomate simple, de zanahoria y remolacha, me tocó el jugo de piña, de guayaba, de mango y de banano con leche y naranja. A mi me tocó beber aguapanela sola y aguapanela con leche, que era el tetero de uno. Me tocó beber leche con ajo machacado y una copita de aguardiente con limón para las lombrices.

El tinto era prohibido para los niños, era sólo una bebida para grandes, aburridora, amarga bebida. ¡Y saber lo tanto que me gusta el expreso!

A mi me gusta este carrito ambulante de tintos. “Tómele al aviso, es que a mí me dicen El Gallito.

Imagen en Plazuela San Ignacio.

Sancho y su “Rucio”, Bolívar con su “Palomo”

Estas imágenes son una colaboración de Luis Fernando Jaramillo, director y realizador en el canal Televida, mejor dicho, mi jefe inmediato en El Artesano. Por lo especial de ese lugar y la cantidad de historia que Luis Fernando y su novia Natalia Agudelo tienen de este lugar, les voy a quedar debiendo más imágenes y sus historias. Este es un lugar que bien podría estar en los libros de García Márquez.

Carlos Múnera: Hermosa creación de un caballito de juguete. Unos lo ven como pobreza, yo lo veo como una oportunidad de desarrollo, creatividad, recursividad, lúdica y diversión.

Luis Fernando: Sancho y “su Rucio” y Bolívar con su “Palomo”, blanco como  una nube.
En esta escena montaron a pelo por el afán de dar una bienvenida a quienes visitan su pueblo.

El Sitio, vereda El Roble, Corozal. Sucre

¿Quieres leer una crónica acerca de los juguetes? Se llama El baúl de los juguetes.

La silla y el hombre

Sé que el tema de la silla es un tema adecuado para diseñadores industriales y poco para los gráficos, pero por lecturas, sé de todo el tema que se esconde en este artificio. La silla que conocemos como Rimax, es un verdadero producto industrial, económico, al alcance de muchos, apilable, durable. Y digo que es verdadero producto industrial, porque es un diseño pensado al común de las gentes, es diseño para muchedumbres y no para élites.

El diseño industrial no se creó para responder a egos, sino, para solucionar o cubrir necesidades a muchos, con precios accequibles, con una buena forma y lógicamente con utilidad, es decir, que tenga los aspectos: producción, función y comunicación, en favor de las gentes.

Las empresas fabricantes no pueden darle gusto a necesidades particulares, si ello no es rentable económicamente, por ello, el señor de la imagen, de oficio, mecánico, ha cercenado las cuatro patas de esta silla, proponiendo un modelo de silla donde puede descansar sus piernas de mejor forma, sobre todo, en largas jornadas de espera.

Ahí está, pues, este mecánico a la espera de pinchado alguno, que llevando largo tiempo de empujar su cacharro, encuentre este oasis en medio del desierto, de asfalto y de cemento. ¡Viva el diseño!

Anti aspersor para la llave del agua

De una vez lo digo: Esa llave del agua no es de mi casa. Pero he de confesar, que la llave del agua del lavadero de mi casa, sí tiene trapito anti aspersor.

Se trata del típico trapito amarrado con sus mismas puntas o ayudado de cuerda alguna, para evitar que el agua salga como regadera, sino, que pueda salir en un chorro continuo y sin variaciones en su dirección.

Si no se tiene el trapito, se puede optar por un trono no mayor a 20 centímetros, de neumático de llanta. Se amarra de la llave con alambre o con lo que tenga a mano, y así se podrá dirigir el chorro a voluntad.

No se preocupe por el tipo de tela, para esta modificación del diseño original, se pueden utilizar las siguientes telas: algdón, nylon, terlenka, terilene, frescolene, seda; pero es recomendable, que sea la manga de una camisa que ya no se use.

Para ello usted corte las mangas de la camisa, una para untar betún y la otra para brillar. El resto de la camisa se corta en dos, una parte como trapito para el baño, y el otro para la llave del agua.

¿Oíste, en serio vos tenés trapito en la llave del agua? Sí, pero me lo puso doña Fabiola, la suegra mía.

Plantas que pelechan en cualquier vasija

  • Un frasco de aceite
  • Envase para empacar sopas en restaurantes
  • Envase para empacar 14 litros de aceite
  • Una papelera para el sanitario
  • Una papelera para la cocina
  • Un galón de pintura
  • Un frasco para el azúcar
  • Un valde

Es que las matas (plantas) no están estratificadas entre ellas mismas a la hora de florecer. Rosales y demás plantas de florecer, pueden ser empacadas en cualquier tarrito, el cual, una vez resignificado, sirve para acoger tallos robados, cogollos regalados y semillas compradas.

Para sembrar plantas para la casa, hace falta no más, la voluntad de la doña que con buena mano alista la tierra y la parla para el día día. También sirve la mano -no faltaba más- del macho pensionado de labores y ardores de sol en sol.

Traigo, pues, estos tarros que ven aquí, traigo también el adobe y el ladrillo, le traigo el alambre para colgar y para quienes no ven sino lo obvio, les traigo unas maticas, que de nombres saben más ustedes que yo.

Imágenes tomadas en Asociación Sacerdotal Siervos del Espíritu Santo. La Ceja, Antioquia.

Cuando la muerte es bendición

En Medellín y no sé en qué otra ciudad, se recita a veces un dicho que dice: no hay muerto malo, que rescata lo mejor del finado, por muy sicario que haya sido.

Para el caso de Michael Jackson, sucede que su muerte será de bendición para el rescate de su buen nombre, manchado por sus últimas y manchadas apariciones. Los especiales que resumen la vida de este músico, devolverán al mundo, la memoria exitosa de su vida y su trabajo como productor, director, coreógrafo, bailarín y músico.

Volveremos a saber de Michael, por sus cosas buenas, más que por sus malas acciones, volveremos a recordar sus canciones, a desempolvar acetatos. Para Jackson, la muerte será una bendición ante una carrera que no prometía un futuro de nuevo.

Imagen tomada en Tutucán, Rionegro.

Talleres de mecánica automotriz – Eternos cuartos de rebujo

Siempre que he ido a “parchar” un neumático me he preguntado, si no existe alguna herramienta industrial para tal efecto. Es que siempre he visto la misma herramienta, creada de eclécticas partes de otros objetos, ya jubilados tal vez.

La imagen siguiente, revela la típica herramienta para parchar neumáticos. Un torque, un pedazo de plancha vieja, alambres sueltos y pelados, un fósforo que avisa cuándo retirar la plancha del neumático… -increíble, irrisorio- ¿ponerle un fósforo, sin usar claro está, como herramienta para tomar el tiempo en que la plancha “funde” parche con neumático?

Así son esos talleres de mecánica -pregunte por lo que no vea- eternos cuartos de rebujo donde hallarás lo que alguna vez tanto buscabas, pero que, botaste en esas operaciones de limpieza doméstica.

Cuando necesites algo, ya lo habrás botado. Taller de mecánica de don Augusto, en Aranjuez.

Vení querida sentate un ratico, que tengo estos pies hinchados

“Llevao de su parecer” decía mi madre Merlene de mí. “Cascarrabias”, decía mi abuela Juana. “…Todo por llevar la contraria…” dice mi esposa Diana, actualmente.

Y así es, por qué lo voy a negar. No comer entero, preguntarlo todo, auscultarlo, mirar por debajo, dudar de mucho, mirar por el revés, tocar, oler, volver a ver. Resultado: ver lo que otros no ven, conocer más, aprehender de todo, saberlo más, reír, disfrutar con lo poco, con lo simple, con lo bello y lo feo.

Las sillas, por ejemplo, obra de diseñadores industriales, resultado de la disciplina entre la forma y el hombre, y el uso que este último hace de ella; las sillas, decía, hablan de un estadio de la historia, de nuevas configuraciones, de las tecnologías usadas y nuevamente, del uso y la apropiación.

Las sillas de autor, exitosas claramente, tienen su lugar en la historia del hombre y el diseño, la tecnología y sus usos; pero a este cascarrabias, le gustan las sillas configuradas a nuevos contextos, como las de la imagen, sillas, cuyo contexto fue trasladado; cuyo uso, sigue vigente; cuya estética, sigue siendo aceptada o no, dependiendo del transeúnte del momento.

Lo que es a mí, me fascina. La banca de abajo, incluso, me gusta más, con sus variaciones, intervenciones y adaptaciones al nuevo uso: véase las patas, véase el cojín del sentadero. En fin, a este llevao de su parecer, le gustan estas cosas, que ofenden a los minimalistas, a los puristas del diseño, a los ortodoxos de la línea.

Mil carajadas en un Ford del 42

A los niños los bautizan con agua asperjada, a los protestantes los bautizan por inmersión, a los barcos los bautizan pegándole con una botella de champagne y a los carros… la verdad no sé cómo los bautizan, pero muchos tienen el nombre de la hija del conductor, el nombre del año en que ganó su equipo de fútbol preferido o un nombre que acompañe el modelo de fabricación del carro.

Pero hago una interpelación: no sé porque bautizar y poner nombre, son sinónimos. Bautizar significa sumergir, y es más un rito de iniciación, que el ritual de denominar algo.

El caso es que por ahí, ruedan muchos buses, camiones y carros, exhibiendo orgullosos, nombres dados por sus dueños, además de: cucarrones en la palanca de cambios, un zapatico del bautizo de Yeferson, la foto de las hijas, una corte de santos en láminas y bultitos, llaveros, cidís que no suenan, bombillas que prenden y apagan, espejos convexos y mil carajadas más.

Aquellos carros de rodillos

Éramos par piernipeludos y rodillones adolescentes, cuando mi finado amigo Herberth y yo, gozábamos la vida haciendo rechinar los rodillos de nuestros carritos de balineras contra la calle.

Chispas salían de las ruedas de metal y chispas salían de los vecinos, que desesperados, salían a exigirnos respeto y consideración. Tenían toda la razón. Quién se soportaba el desesperante ruido de ocho a diez cada noche.

¡Mi madre lo soportaba! Mi madre soportaba con alegría egoísta, las eclécticas, variadas y maldadosas creaciones de su bello engendro. Para colmo de males, Herberth –un cerebro fugado y finado- hacía con mejor factura, los carritos de salineras, lo que generó algunos pedidos por parte de Edwar Guillermo, y Wilson, vecinos nuestros.

Cuando los vecinos nos veían juntos y con mucha risa, se prestaban para la vigilancia y sacaban un rostro reservado para la iras caseras y comenzaban a preguntarse –Qué estarán tramando ya, estos dos- /…¡Un trabuco! Pero esa se las cuento después. Cosas que me pasan.

En la imagen: carrito de balineras que sirve a su dueño para hacer de mecánico itinerante, para trasladar la herramienta según su especialidad: muelles, ruedas y resortes. Lugar: barrio Sagrado Corazón de Jesús.

Montañeros con orgullo

Por qué a algunos les ofende el término “montañero”. Sé que esta palabra ha sido usada en tono peyorativo, pero para mí significa: montaña, aire puro, guarniel, frisoles, cabuya, aguapanela, traguitos, tinto, arepa y sombrero. Montañero huela a campo, a estiércol de vaca, a cochera e marrano, a tierra negra, a yuca recién arrancada. Montañero sabe a negocios, a malicia, a picardía, a sonrisa y saludo de buenos días. Montañero se parece a arranque, a caminada sin cansancio.

Yo soy montañero nacido en el valle, nieto de campesina que recogió café. Soy montañero del vivo y del bobo también, del vivo que no engaña sino que vive; y del bobo que no chorrea baba, sino, que no se deja amedrentar.

pala de cuerno que sirve como cuchara para sacar grano de los graneros.

Las tres cajas que ven a continuación, corresponden a las antiguas medidas de peso para comprar grano en tiendas y graneros: Cuartillo, Pucha y Media Pucha. Y el papel periódico para hacer un cono y envolver la compra.

Jericó, Antioquia. Subregión Suroeste.

El negrito aquel

Sigamos con esta saga involuntaria de los muñecos de la casa de mi madre y mi abuela -que es la misma-. Sigamos desnudando los secretos de las repisas que cuelgan en la paredes. Este negrito ahí donde lo ven, no es ningún niño -como creería uno-, no es ningún infante sin experiencia de la vida; este negrito, tan tieso y tan majo, tiene la bobadita de 55 años. ¿CINCUENTAICINCO AÑOS? así es, es todo un señor, hecho y derecho pero sin prole alguna. ¿Y por qué sus prendas desgastadas, como sarrapastroso? Pues te cuento que sus prendas tienen la misma edad que él, ropas que por cierto, hizo mi tía Sebastiana, a la que le encantaba muñequiar a cada momento.

¿Y el negrito es hindú o algo así? No nada, cosas de Sebastiana que lo vistió así. / Muñeco de 4 centímetros.

¿Querés ver más muñecas de la casa de mi madre y abuela?

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