Amos de casa ¿Oficio sin sueldo?

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No estamos acostumbrados a leer esta palabra en género masculino y, usar el “Amos y amas”, me es fastidioso cuando el idioma ya lo tiene resuelto hace mucho tiempo. Cabe, pues, traer este genérico para hablar de quienes ofician el cargo de manera libre y voluntaria; y de quienes el desempleo u otro infortunio les ha forzado a permanecer en casa y a las actividades que ésta demanda. Continuar leyendo

El arriero, colonizador de sabores

Como un lienzo, se me antoja ver este mural que nos deja ver algo de un arriero que, por fortuna, también es caficultor. Para protección, se prestó del sombrero de otra región, pues, en el campo, todo sirve, todo es útil, no hay uniformes porque todo es práctico. No son estampas prediseñadas, sino, que es la realidad misma que se refleja en un muro. Del café, solo decir que este hombre representa la tarea bien hecha: recolectar solo los granos que han llegado a su madurez, ya que el azúcar de la fruta está en buen punto, apropiado para, luego y después de un buen proceso, darnos una taza limpia de defectos. Bienaventurado el hombre del campo porque nos estimula con su cosecha cada día.

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El oficio de mendigar

El tarro debe sonar para llamar la atención del público que se espera cautivar. El tarro puede o no, estar quieto. El tarro no debe estar lleno pues no necesitaría; tampoco vacío, porque entonces, es que nadie le cree. Algunos usan andrajos para reforzar el concepto de mendigo; otros, visten impecable, el que sea indio no obliga a una maleta de hojas. Debe existir un sonsonete, un audiotipo que le identifique, ya que inventarse día a día un nuevo estribillo debe ser agotador e inútil. La cara deberá ser lavada según la calle donde se pida; igual las manos, para recibir billete.

Debe estar equipado con costal, morral, mochila o bolsa; para una jornada completa. En su interior: agua, saco, bolsas, comida de casa, café con leche y algunas carajadas más que nunca se imagina uno. El aviso puede o no usar orto-grafía; si es de desplazamiento se aconseja el error en la misma. El punto debe ser elegido con cuidado; territorio diario de amplia circulación peatonal. Debe el mendigo prepararse a los atracos, pues, a ellos también les roban, los extorsionan y les piden pedazo del botín.

En fin, un trabajo más si se mira la disciplina, el protocolo y la secuencia de procedimientos para ejecutarlo. No se paga impuesto aunque sí se recibe mucho sol. Así que empaque paraguas.

A la mujer común y corriente: la extraordinaria

Mil excusas por la falta de actualización esta semana, he tenido problemas técnicos con el blog.

Esta entrada estaba programada para ayer, que era, increíblemente, el Día de la Mujer. ¿Solo tienen un día? ¡Qué pesar! Lo bueno es que, como siempre, se activa la economía, las ventas ambulantes, el flujo de dinero, etcétera.

Esta entrada está dedicada, por siempre, a la mujer que:

  • …se levanta temprano a hacerle la “coca” (comida, almuerzo para llevar) a los hijos, al esposo.
  • …no tiene medidas “perfectas”.
  • …viven de algún oficio: cosen, lavan, venden.
  • …tiene las manos callosas y sus uñas nunca gozan de una manicura.
  • …su piel está caída; su cabello, cano; sus ojos, gastados.
  • …están solas criando varios muchachitos.
  • …viven con su madre.

La vida, el universo, el mundo, la pasarela eterna de la calle; están llenas de mujeres comunes y corrientes que se hacen extraordinarias cuando se valoran correctamente. Las pasarelas de calle y carrera, no están llenas de mujeres retocadas en Photoshop, ni aun las modelos son tan perfectas como en las carátulas. Viven, ríen, lloran.

Plaza de mercado en Caldas.

Los semáforos se ‘chispotearon’

Avenida San Juan a la altura de la Alpujarra. La informalidad se hace presente y hace teatro mientras el semáforo se pone colorado. La aburrida espera que hacen los conductores se ve mermada por la actuación de dos actores que pretenden la moneda o el billete de los espectadores al volante. Una pequeña y gestual obra de teatro es realizada en cuarenta segundos, suficientes para convencer y ver cómo algunas ventanillas se abren y de ellas sale un brazo amigo con el donativo en pago por la actuación. Los protagonistas: unos buenos imitadores del Chavo y la Chilindrina.

Para caminar tranquilo…

Para caminar tranquilo se ha de tener las manos limpias, el cuerpo relajado y el ser alejado de las fútiles distracciones que alejan de la meta. Para caminar tranquilo se ha de obedecer a los códigos morales o éticos que nos acercan al SER CIVILIZADO. Para caminar tranquilo se ha de llevar la voluntad de ceder el paso, esperar el verde en el semáforo peatonal, cruzar por la esquina y continuar.

Detenerse para la dádiva de la alegría, para brindar ayuda y apoyo, para contemplar lo mínimo, para oler y recordar paralelamente. Para caminar tranquilo jamás se ha de mirar la suela del zapato: allí se depositan excrementos de lo despreciado.

Lavadores de papa en Sonsón

* Elkin Fernando, vaya a la tienda y me compra dos kilos de papa.
– Amá, mande a Francisca ¡siempre yo!
* Ella está ‘ciendo oficio*. Vaya hágame’l favor.

- Don Roque, que si me vende dos kilos de papa y dos Bon Bon Bum, y que le apunte a mi mamá los Bon Bon Bum que ella en estos días se los paga.
* ¿Bon Bon Bum? Su mamá me tiene prohibido venderle dulces a usted, mijo.
– Don Roque, es que no son pa’mí, son la hija de una visita que hay en la casa.
* Siendo así, tome mijo y dígale a su mamá que ya me debe mucho en puras golosinas.
– Yo le digo, Don Roque. Gracias

- Má, que vea la papa, que como a usted le gusta.
* ¿Y ese Bon Bon Bum? No me diga que se lo compró con las devueltas.
– No, Má, me lo dio don Roque que por buena papa.
* ¡Ah, ese Roque es un amor, tan alcahueta.

Llegando al municipio de Sonsón, en el Oriente antioqueño, se respira el humor de la tierra mojada, de la tierra revolcada por las manos de los cultivadores de papa. Se respira cultivo de fríjol, de Hortencias y de otras bondades de la tierra. En los charcos que hacen las quebradas a su paso, los lavadores de papa aprovechan para lavar el tubérculo y mandarlos para la ciudad bien limpio.

Comentario de Luis Carlos Torres: “ummm, esto me huele a papa, a esa papa Capira, unica del oriente Antioqueño. Olor de la papa negra, del amanecer lavando papa. Gracias a Dios mi “papa” o mejor mi Papá me dio la oportunidad de compartir este oficio con el, nos levantabamos a las 4:00 de la mañana, tomabamos aguapanela y agale mijo. Obviamente poniamos algun Caset de Dario Gomez o algun otro mano a mano del despecho”.

El afilador de cuchillos en Sonsón

Hermoso oficio ejercen estas personas. En el municipio de Bello, pasaba un anciano que anunciaba, puerta a puerta, su servicio de afilada de cuchillos, machetes, peinillas, tijeras, navajas y demás utencilios que esperaban filo.

El anciano reposaba sus desgastadas nalgas en la piedra que había en el ante jardín y por espacio de una hora le sacaba filo a las ‘armas’ metálicas que guardábamos en casa, entre ellas, una peinilla (machete) con que me tocó por muchos años, cortar el pasto que nacía en el espacio para el futuro garaje. ‘Motilar’ el pasto: uno de los tantos y eternos oficios de mi adolescencia, junto a la molida del maíz para las arepas.

Òmar, el señor de la fotografía, es joven y cuenta con su vehículo con el que presta sus domicilios. Un buen aviso, con color, forma y diagramación. Un buen diseño, excepto por el número de celular entrecortado y mal ubicado.

Imagen tomada en el municipio de Sonsón.

Escondrijos de una carpintería

Agenda telefónica de una carpintería, ubicada en La Paz con Cúcuta, Medellín. Un segundo piso que alberga polvo, ripio, viruta, aserrín y dos personajes introvertidos, que transforman la madera en objeto y polvo.

Este tipo de agendas en pared, son muy comunes en algunas casas, no habiendo papel… o habiendo, para qué… ¿Donde fue que lo anoté?

Aserrín, aserrán, los maderon de San Juan…

A veces lo llaman Benjamín. Simplemente un interruptor para colgar. El benjamín, es aquel interruptor que sirve también para poner una bombilla. Mi abuela aún enciende su lamparita de noche de un interruptor de estos.

Soy cotero, llevo mi propia cruz

Sudando cada gota de huevo, arepa y chocolate, que come en la mañana. Callando su amargura, llevando el peso de su propio destino.

Luego al terminar la jornada, este temple de hombre, sumerge su otredad, la amarga, en tres cervezas bien heladas.

Su sangre hierve cada día, entre troncos de dura fibra y sudor de medio día. Sus músculos se hacen más fuertes con cada envión, pero de igual manera, los músculos de su soledad, se hacen mas duros también.

Después de esta breve descripción, y por respeto al hombre que me permitió esta foto, les cuento que no me crean tanto, que la carajada anterior, nada tiene que ver, con la verdad que lleva él. Simplemente ví la imagen, y vino a mi mente, aquel estribillo que suena: ella va, triste y vacía, llorando una traición con amargura…

Algunos dirán: pero él, es él, no ella. Ome… se me vino simplemente.

Pelando cebollas en Tejelo

* Soraya, ¿vos que tenés? ¿te embobaste llorando sola?
– ¡Ay Maritza, no friegue!
* No me contestés así, Soraya del Carmen, hacemel favor. Mientras vivás en esta casa, me tenés que respetar.
– ¡Eh, ni que fuera mi mamá!
* No seré tu mamá, pero soy la que te compra los chiros y te mantengo
– ¿Me estás sacando en cara los cucos que me regalaste o qué? Pues ya mismo me los quito, ¡venesta!
* No sias boba que no te lo estoy restregando en la cara, te estoy diciendo que no me contestés tan feo. ¿Y es que terminaste con Alfredo que estás llorando?
– Alfredo no, boba, se llama Alfonso. Además él está en Anserma en una empresa toda prestante y viene cada quince.
* ¿Y entonces por qué esta llorando? ¿Por el zumbambico ese?
– No sias ñoña home, no ves questoy pelando esta cebolla que me tiene como loca. Pa qué se pone a inventar bobadas que no son.

Limpiador de cebolla en el mercado callejero de Tejelo, detrás del edificio Miguel de Aguinaga.

Rascando guitarras para comer

Ya viene amaneciendo la luz ya nos alumbra para
divisar en donde esta mi amada levantate, no seas
ingrata, comprendeme mira al que te ama,
acosatdita en tu cama y yo en la calle
desvelandome por tu amor

…Y así, de cinco en cinco, vamos llenando el buche compañero, visitando parques, armando corrillos, deleitando oidos, complaciendo temas.

La de maderita que no lo abandona, la uña, necesaria muy. El sombrero para estos días, y para los otros igual. Este es el uniforme. Hay que estar elegante, bien pinchao. “Que porque el indio es pobre, ¿la maleta es de hojas?”

Seguite tocando pues, algún temita, desos que vos te sabés. / José de Jesús. Guitarrista, serenatero.

Las historias están en los huecos

Humberto de Jesús, de Amagá, Antioquia. Un trabajador y artesano del vidrio “lo que yo hago, no lo hace nadie más en el mundo”. La verdad, él trabaja con vidrio y espejos y no es que sea único su trabajo, es la hipérbole que acompaña el amor por lo que hace.

Calle La Paz con Cúcuta, decenas de chatarrerías. Buscaba cualquier rincón para ampliar mi archivo de fotos para el blog. Entonces, me asomo, pregunto, toco, me meto, me agacho, husmeo, huelo, miro, calculo y pido permisos para unas cuantas vistas.

Encuentro personajes, hago amigos, tomo tinto barato, me asomo a la imagen y tomo las fotos. Así es la calle, así son los huecos, así son los intersticios entre ladrillo y cemento, con sorpresas entre las hendijas.

Pericomancia, un oficio casi extinto

Pocos son los pericos que tienen como oficio la cartomancia, pero no a través del póker, sino, de cartas que rezan la fortuna y el destino de cristianos desobedientes, que contra todo mandato de la iglesia, cristianos hay, que insisten en conocer los afortunados o desabridos visajes del destino.

¿A cómo el futuro, señor?
A mil pesitos no más.
Sáqueme uno, pues.

Y al instante, este señor con más de 50 años en el oficio, toma en sus viejas manos, uno de los pericos mánticos, para que cumpla la misión para la cual fue entrenado. Cabe decir, que para darse picos con su parejita, no fue entrenado, que ello corresponde a su fiel naturaleza. –Como al mico le es, el sacar piojos y comérselos y al hombre a veces, matar-

Del pico de este emplumado agorero, tomé el papel que reza lo que sería el destino de mi vida. Antes, había preguntado al destino cuál era la fecha de mi muerte. Me guardé el papelito que quizás tuviera la fecha y hora de mi deceso y lo guardé en el bolsillo de mi camisa esperando estar preparado para saber el momento de mi muerte –Como en las cartas rozadas de la Muerte en “Intermitencias de la Muerte, de Saramago”.

Después de haber visitado, pues, el pueblito recreado de Tutucán, no fui capaz de desempacar el sobre de la muerte y saber cuándo partiría de este mundo -mi carne a verdes pastos, mi alma a un cielo nuevo- y en la valentía de vivir sin saber mi fecha de vencimiento, me acerqué al puesto de trabajo de los pericos y devolví esas terribles letras al cajón de los destinos.

¡Qué cuentos! Yo en esa fecha no me muero ¡qué va! Que se vaya otro ese día, que lo que soy yo, aquí me quedo. Rebelde y majadero.

Imagenes tomadas en Tutucán, una representación de pueblo antioqueño en Rionegro / El término: Pericomancia ha sido acuñado por mí, para este texto.

Aquellas manos que cosen

Aquellas manos que cosen, para luego poder comer. Aquellas manos que cosen, para luego poder ver a sus hijos levantarse. Aquellas manos que cosen, para luego poder comer pan y pez. Aquellas manos, que sin machismos cosen, esas mismas manos que acarician a sus hijos de regreso a casa. Aquellas poderosas manos que convierten el hilo en sueños; la tela, en artesanía; el machismo, en risa.

Esas son manos poderosas que no les dan pena “un que dirían”. Manos poderosas, que sin manicure trabajan, sin rangos ni abolengos. Son manos poderosas, de pieles curtidas y uñas non sanctas.

Así son las manos de quienes trabajan en el barrio Sagrado Corazón de Jesús, un grupo de trabajadores que tras de una Singer, una Paff o un híbrido, trabajan bajo las nubes como único techo. Trabajan en las esquinas, en plena acera, sin más luz que la que hizo Dios el día de la creación. Trabajan haciendo carpas para camiones, reparándolas, parchándolas, cogiéndole ruedo sin mucha factura, haciendo dobladillos y facturando a camioneros.

Así son las manos de algunas madres de nosostros, de algunas abuelas, de algunas tías casadas y de otras que no conocieron hombre. Manos sencillas y creadoras, sucias pero bendecidas, deformadas pero cariñosas, enfermas pero bienechoras, callosas pero expresivas.

Cambiando de tema: estoy actualizando desde la casa de una gran amiga y me acaba de pasar, sorprendida, un recibo de cobro a nombre del señor: Walt Disney de Jesús Vásquez… / … Había escuchado mucho de gente que tiene este nombre, pero no lo había visto tan de cerca, sólo me falta conocerlo, pero para ello me tocaría ir hasta Uramita, en Antioquia.

Los aromas de una zapatería

Toma por su cuenta aquel zapato viejo, cuyo honor se ha hecho en Cartagena, meter la mano adentro en el vacío, llenar con los dedos el espacio que ocupa el pie, examinarlo y darle el dictamen: Hay que cambiarle suelas. Un cuchillo desgastado de mil afiladas despega el zapato del zapato, y entonces la suela vieja es mudada para dar paso al nuevo caucho que amortiguará un cuerpo cansado de tanto caminar.

Tres clavos reposan entre labios como punkero acicalado, toda la herramienta es puesta en marcha mientras el paciente espera. ¿Es muy grave el asunto? – No señor, son las suelas, hay que cambiarlas. ¿Cuesta mucho? – Por plata no se preocupe que no dejamos de negociar.

Las medias entonces del viejo paciente, respiran y conocen mientras tanto, los venires de la Avenida San Juan, calcetines casi únicos, húmedos y aventureros. Descansemos mientras tanto, mientras la piel inferior de los zapatos es cambiada, mientras su piel es mudada y pueda él de nuevo encerrar sus pies en esa cárcel necesaria.

Imagen tomada en la Avenida San Juan en Medellín, cuadra arriba de Bolívar.

Tan juicioso que es él

- ¡Ay no jodás Berenice!, ¿Te vas a casar con él questá tan viejo?
* Vehh y por qué no. Él es muy juicioso, muy querendón y respetuoso ques lo importante
- ¿Cómo así que lo más importante?
* Ay vos sabés. Qué se va a poner uno con esas groserías. Ya uno con estos años y estos rollos que no los puedo ni esconder. Ay qué pena mija ponerse uno ya en esas.
- ¿Y sí es juicioso o hay que recogerle las porquerías de por ahí?
* ¡Que si qué! Rodolfo lava, plancha, zurce medias, cose lo más de bueno. Él fue el que le cogió a este slack.
- ¡Vea! ¿E hijos qué?
* Yas tan grandes, deso ya no hay qué preocuparse.
- Pues hasta bueno ome Odila. ¡Yo sí me quedé fue sola mija!…

En la imagen: Barrio Sagrado Corazón de Jesús. Zona de reparación de carpas para carrocerías. Cosen en plena calle y a la luz del día.

5 cosas que antes se reparaban

5 cosas que antes se reparaban, no sé ahora.

  • El caucho de la olla a presión (Olla atómica, olla pitadora). Un señor pasaba gritando vendiendo el repuesto.
  • La manilla de algodón que sirve de mecha para el fogón de petróleo de mi abuela
  • Las tijeras y los cuchillos se los dejaba a un señor que pasaba por la casa afilándolos
  • Los cables de asbesto de la estufa que mamá mantenia arreglando
  • A las estanterías, camas, bibliotecas, escaparates y chifonier, se les ponía una tranca o cuña que ayudara en cualquier desnivel. La cuña era cualquier volante de esos que echan debajo de la puerta, doblado en 8.

Méjtase conmigo y verá como sale…

Vigilante independiente en la Plaza Minorista de Medellín. Recuerdo a don Álvaro, vigilante del barrio en que me crié. Un voyerista matutino, que antes de tocar a la puerta para el servicio de “despertada”, silenciaba su pito de árbitro y se acercaba a las ventanas a fisgoniar y ver las amas de casa en sus batolas motudas. Ah don Álvaro picarón, ¿dónde estarás?, ¿en que ventana reposará tu rostro senil?