Atrapado entre la maraña

Mazos, martillos, cinceles; llaves, francesas, fijas. Hombresolos, tornillos, tuercas, varillas, tubos, tubitos, codos, uniones, escuadras, pinzas; destornilladores de quinta compraventa, llaves de expansión de tres empeños, el repuesto de la “cosa” esa que no sé como se llama; el palustre que le han vendido ya ocho veces…

Es un pequeño local que permanece impecable ante el público que quiera visitar Quincalla N°1, un centro comercial de cachivaches en la calle Maturín, cerca a la estación del Metro, Cisneros. Pero entre cada cosa que reposa ordenada, entre cada hierro que representa a la muchedumbre obrera, reposa el protagonista de este collage de hierro: Gustavo Zapata.

Gustavo Zapata, está enmarañado y hace parte del paisaje curioso de este local de Quincalla N° 1. Permanece inmóvil, como un hierro más a la venta. El orden de este local es impresionante, conociendo otros locales de este tipo de artículos. Así de meticuloso es también con su barba, la que ya cumple más de 20 años con él.

‘Cokito’, 40 años payasiando*

Hoy, los leds, las luces, las impresiones a gran formato, los Media, han desplazado de la geografía a, otrora, protagonistas de la calle, entre ellos, al payaso comercial. Ese rol que enmascara tristes realidades de seres humanos que luchan día a día, no por hacer reír, sino por sobrevivir.

“Es mejor reírse en esta vida, antes que la vida se ría de nosotros”, me dijo Jesús Eduardo, quien representa el arquetipo de ‘Cokito’, con quien ha podido ganarse el sostenimiento por más de 40 años. ¿Y ese es el zapatico? “No, ese es el perrito”, remató Jesús. Lo encontré caminando por locales en Maturín, y luego por Cundinamarca. ¿Vas a estar mañana aquí mismo para conversar con vos?, le pregunté. “No, mañana estoy en Bello; es que yo voy caminando por todas partes”. ¿Y entonces, cuándo estarás por aquí de nuevo? “En ocho días”, me respondió con seguridad.

La publiqué en mi cuenta de Facebook y me contaron que lo han visto en Bello y otra persona tiene foto con él… fascinante en el mundo de las redes. Conexiones. Cuando me manden la foto con él la publico, pues, para eso es esta interacción.

Los dejo con este caleidoscopio de Cokito.

Lujo y exclusividad alrededor de una taza de café: Juan Pablo Villota

El miércoles 12 de marzo, en el Centro de Fe y Culturas, se desarrolló la charla “Lujo y exclusividad alrededor de una taza de café”, por Juan Pablo Villota, gerente de Café San Alberto. La charla, brindada por la Gobernación de Antioquia y el Centro de Ciencia y Tecnología de Antioquia, bajo el programa Antioquia Origen de Cafés Especiales; giró alrededor de la experiencia comercial de esta marca que tiene como público objetivo al consumidor de alto poder adquisitivo; como ejemplo, la libra de café bajo el Sello San Alberto cuesta 35.000 pesos colombianos.

Debo reconocer que la experiencia compartida por Juan Pablo Villota, fue un poco difícil de digerir al principio, por lo menos para mí, que me considero evangelizador del tema; y lo fue porque escuchar términos como: “Café no para todo el mundo”, “café de lujo”; a estas alturas de la economía hace que uno sienta que los esfuerzos por llevar un mejor café al común de las gentes se vea debilitado por un manejo elitista de la marca. Ya se había tocado el “elitismo” como tema en este espacio (Clic)… Pero también hay que ser objetivo y entender que Villota, no dictaba un curso, sino, que compartía la experiencia de una empresa familiar que, como marca, tiene claro cómo nace, para dónde va y quién es su público; y allí, no hay nada para opinar, pues, en el mercado hay para todos y su charla fue integral y excelente.

Para contextualizar de manera breve, San Alberto, de la familia Villota Leyva, exporta grano a Corea del Sur, Suecia Holanda y Canadá; tiene tiendas en el Museo del Oro, en Bogotá y en la plantación, ubicada en Buenavista, Quindío, a 1500 mts del nivel del mar. Han sido premiados como producto del año en el Word Food Moscú 2011 y con 3 Estrellas Doradas por su sabor superior superior a 90 puntos, por el Instituto Internacional de la Calidad y Sabor, Bruselas 2012. Tienen claro que compiten con productos como: vinos, whisky, cerveza, té; todos ellos de alta calidad.

Entre los temas interesantes que expuso, fueron aquellos tópicos sobre los que los asistentes o interesados en el tema, puedan aprender y aplicar en sus experiencias comerciales; las cuales citaré como ideas que quedaron en el aire y que podremos ir desarrollando a los largo de los días, o con el aporte de los mismos lectores del blog que nos compartan sus experiencias.

  • Villota, cree que las certificaciones deberían ser una obligación ética y moral del caficultor; que no se debería trasladar una certificación al precio del café o que, la motivación para certificar una finca no debería ser el precio adicional al producto ofrecido.

Esta idea ¿es de fácil aplicación y más, conociendo la economía de ciertos hogares rurales? Lo que podría ocurrir, es una certificación nacional de buenas prácticas de cultivo, cosecha y poscosecha; aprovechando la existencia de corporaciones, institutos, universidades y entes de gobierno que, podrían asesorar, certificar, invertir y hasta premiar las buenas prácticas de cafetaleros.

  • Villota, piensa que se deben romper esquemas y cambiar de mentalidad y que ha de entenderse que estos cambios mentales ven sus frutos al largo plazo. Que debe estar acompañado de aprendizaje y apertura al cambio.

Lo decía en el marco de la investigación formal e informal, la del cafetalero que ensaya y busca; que prueba, aprueba o descarta. Se sabe que la práctica de siembra de algunas variedades o algunos de modelos de beneficio son casi prohibidos y más cuando se habla de exportación. Pero para Juan Pablo, como iniciativa privada, su familia tiene la libertad de investigar en sus propios cultivos, por ejemplo, aplicar métodos de cultivo de la industria vinícola como es la “poda selectiva”; donde sacrifican un poco la cantidad del fruto a cosechar por el aumento en la calidad del mismo.

  • El finquero (cafetalero) debe ir siempre de la mano en el proceso de producción de Especiales.

Es innegable esta posición de la familia Villota, pues, el tostador es, en términos de Juan Pablo, el transformador del producto y quien tiene una responsabilidad grande un paso antes de llegar a la taza. Ante este tópico nos encontramos con la necesidad de más maestros tostadores que sepan interpretar las necesidades o las diferentes características organolépticas del grano; no de simples operarios de máquinas, sino de intérpretes que sepan cómo jugar con las variables para realzar y no dañar las propiedades de un grano Especial. De este tema sale una pregunta y es la pertinencia de la tostión intensa o alta en un café ¿ocultar defectos? ¿ocultar las propiedades para hacer un café con más carácter? ¡no puede ser!

Fragancia y aroma en el café ¿Cuál es cuál?

Siempre que voy a Pergamino, cerca al Parque Lleras o a Café Santa Bárbara, en el municipio de Caldas, participo de cataciones, comparto pensamientos, pregunto como buen curioso y, además de su café, tengo especial admiración por algo que siempre resalta en esta empresa. Ese algo no es algo sino alguien: Leonardo Henao, de quien he querido hace rato hacer una nota, pero su ser tan sencillo y lo cuidadoso que es con su vida personal y su pensamiento, me ha impedido rescatar elementos que hagan un buen artículo sin quedarle debiendo. Pero es en su pensamiento profesional el que deja ver, pues, es un académico en su labor y un permanente investigador en el tema del café.

Leonardo, es Ingeniero Agroindustrial, Director de Calidades en Café Santa Bárbara, dueños de la tienda de café Pergamino. Trabajó como Analista de Calidades en Virmax Colombia SA, en Popayán y es quien maneja una tostadora Diedrich, de 50 kilos en Café Santa Bárbara.

Tanta presentación es para darle paso a su voz, en el tema del taller de sabores, donde cité algún dato en una de las cataciones, pero que lo traigo con su propia “voz” para darle mayor justicia a su pensamiento. Y aunque ha sido una introducción amplia para unas breves palabras, sería una injusticia no pagar mi deuda de reconocer su excelente trabajo y búsqueda de los sabores de una Colombia en la primera mitad del siglo 20. Los dejo con él, continuando con el tema del Taller de Sabores (Parte 1), (Parte 2)

Por Leonardo Henao, C.I. Café Santa Bárbara

“Tengo para decir sobre el tema que fragancia son los componentes aromáticos volátiles del café y es por esto que se percibe con el olfato directamente, con solo oler el grano recién molido o cuando agregamos el agua caliente. Aroma, son los componentes aromáticos solubles del café y por tal motivo como están solubilizados, debemos sorber y generar un rocío fuerte para que pueda ser percibidos por el olfato.

El gusto, complementa el análisis, pero cuando hablamos de cafés de alta calidad los sabores amargos y salados, no los tengo en cuenta, porque no son propios de este tipo café. Aunque estos últimos sabores se perciben con un café de alta tostión y hay cafés salados de zonas bajas en Brasil y Perú, que tienen trazas de sales, debido a que los suelos son pobres y salinos.

En cafés de alta calidad, nos interesa la intensidad y balance de la acidez y dulzor. El umami, es un concepto Japonés que me intriga porque tengo clientes que dicen sentirlo, pero a veces con la misma muestra dicen no percibirlo. Entonces me es un poco difícil de entenderlo”.

Café Don ‘Chucho’, desde Fredonia, Antioquia

Las fotos de plantas de café o de tazas servidas no tienen fragancia ni aroma si no hay detrás de ellas alguna historia humana, por pequeña que sea; si no conocemos que detrás de ellas hay historias de vidas humanas que sudaron para que ese grano fortaleciera sus caramelos tostados. Una taza de café sabe mejor si reconocemos las sonrisas que hay detrás de ella. Me encuentro en el silencio de mi apartamento dictándole a mi lápiz los aromas de mi última visita al calor de buena taza con grano de Fredonia; su perfil es fuerte y me satisface en boca y unos leves frutales me conversan al fondo. Horas antes, un señor bronceado por el sol de Fredonia nos esperaba y recibía a Diana, mi esposa; a Jacobo, mi hijo y a mí; se trataba de una invitación a conocer una marca de café y otra historia de lucha económica.

Para el momento en que escribo y termino mi segunda taza de café, se me vienen a la mente las dos personas que le dan vida a mi crónica: Javier Pareja, titán de su cultivo; y don ‘Chucho’¨, el patriarca a quien se le hace honor. Javier, quijote de esta historia, quiso darle un mejor perfil al grano de su finca, haciéndole honor al prócer de su historia personal: Jesús Pareja ‘Don Chucho’, su padre y reconocido comerciante en el municipio de Fredonia, en Antioquia. Don ‘Chucho’, pues, es el sello que finaliza un largo proceso productivo con el cual nace una nueva marca. Hay que decir, desde ya, que Javier no tomó café en su vida y hasta hace cuatros años se aficionó a la bebida; y Don ‘Chucho’, quien tuvo la finca desde hace tantos años, solo vino a conocer hasta hace pocos días el sabor de su grano; hoy, ambos son felices con el sabor y el perfil de su grano en taza.

Javier es sencillo, es un hombre con tostión media alta en su piel, con sueños que ha ido materializando como el renuevo, desde hace ocho años, de su cultivo de café, en una finca que se negó a vender en tiempos de crisis; es el único entre sus diez hermanos que se dedicó al tema. Cuenta Javier que a la finca le iban a meter ganado, pero prefirió arrancar de raíz los viejos palos de 15 años y renovar paulatinamente un lote donde hoy tiene 30.000 palos que le brindan una cosecha casi todo el año, debido a las bondades climáticas de este municipio, condiciones, además, que hacen que esta tierra no tenga monocultivos y que por lo contrario, junto a los palos de Castillo, Bourbon y Caturra; crezcan lulos, piñas, aguacates, bananos y chirimoyas; enriqueciendo el perfil de su producto. Javier, también reconoce que dedicarse al tema cafetero es duro, que se trata del negocio de los arrodillados: “Para sembrar las plantas hay que hacerlo arrodillado, si tú lo siembras de pie no quedan bien; para cosechar el grano hay que arrodillársele a la gente para que vaya y desgajen los granos; y, por último, hay que arrodillársele a los agentes de venta o a las cooperativas para que lo paguen bien; así que, estamos permanentemente arrodillados”.

Don ‘Chucho’ y su descendencia, tienen una serie de negocios que lo hace reconocidos comerciantes; al asomarse al interior de sus empresas, entre ellas unos supermercados. Me pregunto por qué los habitantes y coterráneos, prefieren granos genéricos y vencidos importados de otros países, al producto de sus propias manos, de su tierra y de su sudor. Javier Pareja reconoce lo difícil que es vender café de su tierra y explica: “Es duro vender nuestro café, llevan más de 30 años tomando un café viejo y dañino, pero se trata de un sabor arraigado en la mente de muchas personas”. Ante esta problemática, Javier tiene varias ideas para promocionar el producto de su tierra y no solo su marca: un reinado de belleza por veredas para las Fiestas del Café, en diciembre, donde cada candidata diseñe un proyecto y recoja fondos para el mejoramiento de la infraestructura local y a quien gane se le construya el proyecto y concluye: “En las Fiestas del Café se toma todo el alcohol que quiera, pero ni se ve el café ni se muestran los productos de este grano, así que es un momento oportuno para motivar el consumo de nuestro producto de nuestra tierra”.

Esta vez no hubo sancochos en la finca, pues, el jolgorio alimenticio se dio en el casco urbano donde esta familia vive y trabaja; ya que Don ‘Chucho’ y su señora, más sus diez hijos y parientes son reconocidos comerciantes del sector Cuatro Esquinas y en el marco de la plaza de Fredonia; incluso el patriarca, protagonista de la etiqueta, trabaja tras el mostrador de su granero, donde se mantiene activo y a la orden de toda la comunidad urbana y rural del Municipio.

Cuando terminamos la visita, los anfitriones nos empacaron provisiones como madre que le empaca a su hijo en la partida hacia el ejército: gajos de un racimo de bananos, piña recién cortada, aguacates “comprados” del árbol y ají dulce de la mata. De esta familia nos trajimos su generosidad como la que tienen las bellas almas del campo: almas rurales henchidas de sencillez, humildad y generosidad. Me queda la pregunta de siempre ¿Por qué un municipio cafetero, se pierde de la oportunidad de tomar una taza con el sabor de su tierra, y de un grano que no pasa de seis meses de cosechado con menos de 15 días de tostado, para beber una infusión de grano viejo, avinagrado; al que hay que agregarle azúcar para poder enmascararle los desagradables sabores? ¿por qué no consumen su propio esfuerzo y se sienten dignificados?

Ahora sé que más gente puede reconocer por qué nos deleitamos en buscar y tomar tazas de café permeadas de historias vivas y humanas; comienzan a entender que cuando sorbemos una cálida taza, estamos aplaudiendo el esfuerzo campesino para salir adelante y dignificar lo nuestro; a todos ustedes ¡Salud! Salud con café.

Para contacto:

Almácigo de café

Javier Pareja viene renovando, por lotes, el café de su finca; le permite tener cosecha casi todo el año.

Abono de tierra

Los desechos son aprovechados para generar abonos naturales que enriquezcan la tierra.

Palos de café arrancados de raíz

Javier Pareja, prefirió arrancar los viejos palos de su finca para ir renovando su cultivo con nuevas plantas.

‘Dorita’, la niña del aseo que quiere ser barista

“Mi nombre es Dora Jiménez Marín, soy del municipio de Amagá y vengo a presentarles un café de Santa Bárbara, con notas muy acarameladas, sabor a chocolate negro con una alta acidez”. Así presenta ‘Dorita’, el café que se alista a preparar ante los jueces que la calificarán. Da la espalda y se dispone a preparar las bebidas. Al fondo, se escucha el molino y el agua saliendo de la máquina a 15 bares de presión. Prepara cuatro tazas para igual número de jueces y los sirve, incluso, con errores que le valdrían su desclasificación.

‘Dorita’, como la llaman en el laboratorio, no es una barista en pleno concurso internacional y ni siquiera está inscrita en el programa educativo que forma a los expertos en café; ella tiene 29 años y es la encargada del aseo y de los tintos en algunos bloques del Centro de Recursos Naturales Renovables La Salada, del Sena, en el municipio de Caldas. Los jueces, son estudiantes e instructores que simulan serlo, como preparación al próximo concurso interno.

Esta pequeña mujer emula la experiencia del expresidente Marco Fidel Suárez, de quien se dice –sea mito o verdad- que escuchaba las clases desde una ventana de la escuela dada la condición económica de su hogar. Hace algún tiempo, Dora, desarrollaba su labor rápida y cumplidamente, para detenerse y escuchar desde las ventanas al instructor que enseñaba detalles novedosos e interesantes. Luego, tomaba algún papel disponible y tomaba nota de lo que merecía repasarse luego.

Camilo Cuervo Vallejo, es instructor de barismo, pero en sus días de practicante vio el interés de Dora en aprender del tema y le propuso llegar antes de su actividad laboral para enseñarle todo lo que él sabía acerca del café; Dora aceptó y desde aquel momento madruga y llega con dos horas de anticipación, escucha, aprende, toma nota y practica; muele, aprieta, prende máquinas y prepara espressos, bota los ripios y repite el ciclo en un devenir de pasión de la mano de sus mentores. Al principio los nervios y el pánico escénico en clase la dominaban, pero sus instructores la condicionaron a que si volvía a decir “No puedo”, terminaría su proceso y no podría volver al laboratorio como aprendiz; condición que ha cumplido hasta hoy, exceptuando algunas muecas cuando las cosas no le salen bien.

Es tan evidente el ánimo de esta mujer por salir adelante, que algunas de sus amigas le preguntan cómo hace para ser madre, trabajar, estudiar y seguir ese ritmo de vida; ya que la ven “barriendo  allí, trapeando allá, brincando aquí y haciendo café por allá”. Asesora a sus compañeras de trabajo para que mejoren el manejo de la greca y a no hacer café para más de una hora: “Yo les he dicho cómo mejorar su sabor y qué prácticas no hacer”, dice Dora Jiménez, quien ha recibido comentarios de que el café de la institución ha mejorado. “En mi trabajo no tengo que manejar grecas, pero cuando hay eventos del Sena y no hay practicantes del laboratorio de café, me llaman para sea su representante”, detalla Dora, escoba en mano.

“Ella es la de los tintos*, solo que con mucha clase; les habla del origen, sabor y acidez”, apunta Andrés Ruiz, instructor del laboratorio y uno de sus mentores. Cuenta Dora, con orgullo: “Hace poco hubo una reunión internacional y fui quien los atendió: preparé las bebidas en las máquinas del laboratorio y las llevé en termos; serví y, sin que me lo pidieran, les hice una breve presentación del café que iban a consumir”; detalla que en aquella reunión un señor de Costa Rica se le acercó y le preguntó asombrado: “¿Usted es la niña del aseo?… pues la felicitó por esa presentación y por su actitud ante el trabajo”.

Dora o ‘Con-dorita’, como le dicen a veces sus “compañeros”, comienza su día a las cuatro de la mañana cuando se levanta para los oficios normales y para despachar a sus dos hijos de tres y ocho años de edad. Llega a la institución desde las siete para practicar y a las nueve comienza su jornada laboral hasta por la tarde, cuando regresa a su casa en el municipio de Caldas para seguir las labores de madre y del hogar “funcionando”, como dice ella, hasta las 12 de la noche. El padre de sus hijos, su ex esposo, la admira por su gran tesón, por criar a sus hijos con responsabilidad, por estudiar y por destacarse en su trabajo.

Ella se siente orgullosa de su vida y de su trabajo y no le da pena responderle a quien le pregunte, que ella “estudia” y trabaja barriendo y trapeando; pero también confiesa su anhelo de salir adelante: “Aunque siempre he estado agradecida por el trabajo que me ha sacado adelante, qué bueno sería salir y dejar de barrer. Me imagino como barista haciendo café en una gran empresa ¡me veo en esas ya!”, anota ‘Dorita’, como atrapando su sueño en el aire. Dentro de poco su contrato con una empresa temporal terminará y ella aspira hacer parte de un equipo humano que crea en ella. “Ahí estoy a la orden”, finaliza.

*Tinto: taza de café.
Barista: profesional experto en la preparación de bebidas de café.

‘Micko’, un serbio, nos habla de su café

Somos productores de café, pero a veces avergüenza darnos cuenta que poco sabemos del tema y que estamos lejos de preparar una buena bebida. Asómate a otras formas de vivir esta cultura.

Miljko Petronijevic, es un serbio que vive actualmente en Praga; tiene como sobrenombre o nicknameMicko’. Nació en Prijedor, ciudad situada al noroccidente de Bosnia, perteneciente a la República Srpska. Conversé con él y con su novia, Vanessa Ríos Escobar; quienes me contaron un poco de cómo se prepara esta bebida en otras latitudes. Habla ‘Micko’:

Prijedor

“En la ciudad de Prijedor, en nuestra cultura tradicional, compramos las semillas, las tostamos en una especie de plancha o molde para tortas, sobre un horno de leña y vamos revolviendo. Luego, molemos el grano con molino manual.

En una especie de cafetera ponemos a calentar agua casi al punto de ebullición, la bajamos y le agregamos el producto molido según la cantidad de agua, mezclamos y volvemos a poner al fuego. Lo bajamos antes de que se derrame al hervir, limpiamos la espuma y el ripio de encima y servimos.

Para servir, ponemos un poco café en cada taza y luego pasamos de nuevo llenando cada una. Se hace así para que el sabor quede uniforme. No se filtra, pues el ripio se va para el asiento del recipiente”.

Praga

“En Praga, las cosas son más modernas. En el mercado compras lo que llaman pods o también unas cápsulas con café de Etiopía, Perú, Colombia; que se venden para cafeteras especiales. También se puede comprar café verde para ser tostado. Hay ofertas de Eslovenia, Serbia; pero el más comercial es el italiano. En esta ciudad me tomo hasta seis tazas al día, siempre esspreso.

Una jornada cotidiana de sábado, descansando, es así: nos levantamos a las 8:00 de la mañana y lo primero que hacemos es café. Conversamos mientras se planean el almuerzo y la visita del día. En el transcurso de la mañana nos tomamos otra taza; el desayuno viene a las 11:00 u 11:30 de la mañana. Luego, cada uno tiene su responsabilidad y las mujeres se quedan en casa preparando el almuerzo. Los hombres regresamos a las 4:00 de la tarde, hora en que el almuerzo está servido y, después de él, otro café ¡siempre recién preparado! Conversamos o hacemos una siesta, la visita programada y, al llegar, un café nos recibe para darnos un descanso”.

Colombia

Es primera vez que ‘Micko’, viene a Colombia y le ha sido difícil encontrar una bebida fuerte como las que acostumbra a tomar. Este serbio comenta: “Mi novia me dijo: Toma un poquito de café. Al tomarlo me sentí engañado como a un niño ¡eso no es café, no tiene fuerza, no puedo tomar eso!”.

El almuerzo estuvo delicioso, pero sabía que el café no sería de su gusto, así que rechazamos el ofrecimiento de la mesera y opté por recomendarle dos excelentes lugares. Para terminar, una última preguunta:

- ‘Micko’, ¿lo tomas con o sin azúcar?

- Sin azúcar, jejeje, yo tomo café.


El ‘Trespiés’

“Cuando ponga la foto, póngale ‘El Trespiés'”, me dijo Óscar, para que titulara la foto, cuando le mostré cómo había quedado. Óscar es un mendigo a las afueras del Hotel Nutibara en Medellín que perdió la pierna después de pisar un clavo en la herrería donde trabajaba. Hace poco una señora de origen extranjero le regaló la prótesis que tiene en la mano y que le está sacando ampollas mientras se acostumbra “menos mal ya dejé las muletas”.

2007

Juan Fernando Mosquera ¡Este Man no es de la 8!

De algo estoy seguro: Juan Fernando, promotor de la jornada de movilización #YoSoyComuna8, no es de la “8”. Este man, compañero de colegio en la UPB, es de donde haya ser humano, es del territorio, pertenece a la red de tejido humano necesitado o sobrante de amor.

Si algo me ha impresionado de alguien, es que desde muy joven sepa su camino, su vocación, su quéhacer, su misión en la vida, y en Juan Fernando se cumple esta admiración, pues, desde joven, se manifestaron en él la vocación de servicio por el otro, por el prójimo, por expresar. Aún antes de graduarse del colegio, laboró como director del periódico escolar RutaOmega, del Colegio de la UPB. Allí fue periodista, director, escritor, poeta, en fin. Un ser analítico, extremadamente sensible y sincero, y un ser lleno de amor para dar. Quizás por eso la vida lo lleva a Camino al Barrio, programa de donde salió hace pocos días, un programa que sube a los barrios, donde a veces las cámaras poco van y si van, es para hacer planos a los huecos de dejan las balas en los muros de las casas de gente noble.

Pero Juan o Mosquera o el ‘Negro’, sube a los barrios obreros y altos, es a hablar con la gente, o más bien a dejar que la gente hable, se exprese, le cante a la vida, sonría con sus ojos ante unas cámaras extrañas y a veces lejanas. Juan sube a los barrios y se mete en las casas de sus habitantes para que ellos se dejen ver tal y como son en su espíritu y en su consciencia: seres llenos de amor para compartir.

Hacerle estas pocas letras a Mosquera es hacerle unas letras a la gente, al barrio, al territorio, para no hablar solo de Medellín, pues, Mosquera tampoco es de Medellín, Juan es de la consciencia colectiva y una. Juan llevó a muchos a la Comuna 8 de Medellín, pero Juan no es solo de la 8, es de la 3, de la 1, de la 13, de la 10, de los municipios, de las veredas, de donde haya amor. Que lo digan quienes son presa de sus abrazos.

Ricardo Olano Estrada, un Urbanista Olvidado

“Espacios Pachopardo”, otra columna del invitado permanente, Francisco Pardo Téllez ‘Pachopardo'; que le dará más oxígeno y picante al blog. Francisco es ArquiTERCO -perdón- Arquitecto, y su participación estará enmarcada en su conocimiento como urbanista, rolo-paisa, y como persona que también tiene sus recuerdos, “pecados” y virtudes. Los dejo con él…

Al igual que hoy, hace 100 años en las distintas ciudades colombianas, se hicieron varias obras de infraestructura y ornato que no pasan de ser más que gestos aislados para crear “la ciudad del nuevo siglo”.

Si nos atuviéramos a una visión planificadora de la ciudad moderna es posible que los cambios urbanos generados entonces por el transporte con la aparición del automóvil, del tranvía y la llegada del tren, fueron gestos aislados y descoordinados al principio del siglo XX, cuando la vieja trama colonial, se conservó casi inalterable para luego ensanchar algunas de sus calles y actualizarlas a los nuevos medios de movilidad.

La modernidad urbana en Colombia no se inicia con la venida de Le Corbusier a mitad del siglo 20, sino desde mucho antes con la fundación, en 1899, de la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín SMP. Un grupo selecto de ciudadanos notables, gestores de muchas obras como la apertura de calles con su nomenclatura y nombres, rectificación y cubrimiento de quebradas, construcción de parques y otras obras. Se propendió así por un cambio para pasar de la aldea a la ciudad soñada.

Un industrial, comerciante, escritor y político local, promotor del desarrollo urbano de la ciudad,  GERMÁN OLANO ESTRADA (Yolombó 1874-Medellín 1947), fue líder en este desarrollo, Contribuyó con sus artículos a la revista Progreso de la SMP, al periódico Ciudad Futura con la difusión de las ideas del “City planning inglés” y aplicó con sus socios las ideas, al urbanizar, en 1924, el barrio El Prado de Medellín, cercano al centro y buen referente urbano y arquitectónico de la nueva ciudad y hoy, pese a su abandono, es afortunadamente parte de su patrimonio.

Estas y otras experiencias locales lo impulsaron en la promoción de las Sociedades de Mejoras Públicas en otras ciudades de Colombia; así como de su especial participación como promotor en los “Planos Futuros” de Medellín y Bogotá,  que son parte fundamental en los inicios de la planificación urbana en Colombia.

Muchos nombres, a pesar del tiempo, prevalecen y son recodados por sus hechos -muchas veces por sus errores-; por el contrario otros personajes desafortunadamente son olvidados pese a la importancia de sus acciones: tal es el caso de Olano Estrada. Ignoro si en Medellín, en alguna de sus facultades de Arquitectura y Urbanismo, existe una cátedra o algún aula que lleve el nombre de RICARDO OLANO ESTRADA, o si acaso el Concejo ha bautizado alguna de las avenidas con su nombre. Sé que en Bogotá esa recordación tampoco se ha dado. Continuar leyendo

Estrategias para despertar sonrisas

Mija ¿me permite tomarle una foto a su carrito? -¡Sí, claro! Me retiro para tomar la foto a la distancia adecuada y ella lo hace también, para evitar “empañar” la foto. ¡No, no se me vaya! Si puedo tomarla con usted ahí, es mucho mejor. -Qué me va a tomar una foto, yo no estoy bonita. ¡Cómo que no está bonita! Mire esa elegancia la suya, pantalón bien planchado, camisa elegante y mire su cabello: hermoso, todo blanco. -¿Le parece? Hágale pues.

Luego, viene una sonrisa tímida, prudente, que no alcanza a reflejar un estallido de felicidad repentina. Miles, pasan a su lado en la calle Maturín; algunos, se detienen y prenden un cigarrillo con el fuego de un encendedor y de un par de censuradas tetas. Ninguno, sabe la cotidianidad de esta mujer, sus luchas, sus carencias, su enorme riqueza, su ser.

Cada día nos cruzamos a miles de personas ignorando que estamos entretejidos por una red no visible que nos hace uno. Caminamos, corremos, tomamos un bus rumbo a casa y ya: otro día perdido.

Yo me llamo: NICOLÁS CARDONA, filósofo y poeta

¡Por fin! de nuevo salgo al centro de Medellín, después de un periodo de casi un año de no hacer mis salidas fotográficas. Algo me tenía amarrado, quizás, una percepción de inseguridad después de la desintegración de algunas bandas que generó migraciones de violencia al centro de esta ciudad. ¡Valió la pena!

Entre varias fotos que tomé, pedí permiso a un curioso vendedor para que me permitiera tomarle una foto: accedió amablemente. Le pedí que me mostrara el aviso de su chaqueta, que antes perteneció a una “Andrea”, según el “yomellamo” y, al terminar mis tomas, procedí a mostrárselas como gesto de agradecimiento. Lo que me dijo me dejó impactado: “¡Ah, muy bonitas! como unas que me tomó ese señor Carlos Mario Múnera. Ese señor pegó con eso”, dijo este hombre con gesto amable. Le dije: A ver, cómo así, yo soy Carlos Mario Múnera, ¿cuál foto le tomé, qué vendías? – “Esto mismo”, señalando unos collares.

Busqué entre mi archivo cerebral y no daba con el “jpg”, hasta que me dio otra pista y segundos después lo identifiqué y le dije: ¡Claro, yo te tomé una foto afuera del Museo de Antioquia y estabas lleno de cachivaches que vendías! Recordé que se trataba de una foto que envié a El Colombiano, en la navidad de 2007 y que fue publicada en la versión impresa, como respuesta a una convocatoria de interactividad con los lectores con el tema: “Cómo ven la navidad nuestros lectores”.

Lo recordé plenamente y también me entristeció su estado actual de desprotección -La fotos lo evidencian, si comparan la última (2007) con las actuales (2011). Me confesó el impacto de su foto en el periódico y su permanente alegría, además de otras cosas; me invitó a tinto, pero lo invité, mejor, a un postrecito en un café que frecuento en Carabobo.

¡Ahí les queda! No se llama Andrea, como reza en el chaleco, él se llama Nicolás Cardona, filósofo y poeta, como se autonombra. Desea abrir “La Ventanita de los Poetas”, me confesó; así que si me deja los poemas donde le dije que lo podía hacer, les traeré de vez en cuando sus poemas y otras más.

Ella, es María. – Ráquira

Cuando asoma la multitud de arrugas, naturales por el tiempo, el hombre deja de ver lo externo para enfocarse en la verdadera iluminación: el ser. No el cuerpo, ese delineado por las curvas simples del hombre, o las sinuosas y alegres de la mujer; se trata del Ser, el verdadero, el intangible. Así, dejamos de ver lo ilusorio, lo perecedero, lo vacuo; para ver lo eterno del hombre, aquello que luego se hace uno con el Eterno.

Esta, es María. Quizás ignora que es bella, quizás alguna vez anheló ser como alguna vecina; ser más robusta o más delgada; quizás no. Aun así, María desea verse bella -y lo es-, desea pasar por este espacio con huella de una estética vaporosa. Hermosa. En su intimidad, en la de sus pensamientos, María debe tener un acervo de recuerdos, de sueños aún sin realizar; o quizás de paz, tranquilidad y espera.

Ella es María, de Ráquira.

La periodista y analista de tendencis, Beatriz Arango, del blog Qué me pongo, nos tiene una exaltación al atuendo de María…

“Un estilo detenido en el tiempo, de forma sutil. Que sabe que una dama no sale de casa sin su sombrero y que las medias veladas en color piel son indispensables.
Ah, y tal vez sin saberlo, María lleva una de las tendencias más deseadas hoy: el look masculino.
¿Cómo? Con su sombrero estilo Fedora en color oscuro y textura pesada, que remata con una pluma. Y con sus zapatos estilo mocasín, decididamente masculinos.

La clave para lucir este tipo de atuendos también la lleva María: sorprender con nuestros toques femeninos, y ella los luce en sus aretes, el collar pequeño y el color llamativo de su vestido-abrigo de falda de tablas.
Me gusta María: se ve orgullosa de su atuendo y nos recuerda que la moda, las verdaderas tendencias, nacen y se expresan en la calle, de las grandes metrópolis o de Ráquira”.

Cuando la sabiduría se apoya en un bordón

Fotos: Villa de Leiva

Cuando la mano se posa en el bordón, la otra le acolita la acción posando sobre su hermana; así, ambas, parecen enroscarse como protegiéndose la una a la otra. Algunas manos se enroscan por causa de una artritis; otras, porque así deben posar cuando descansan en un bastón. Sea como sea, la pose está presta a la tertulia y ahí comienza el intercambio y esquivar de miradas.

- Ana Josefa, sumercé ¿cómo sigue de la presión?
* ¡Ay! mija, ya más reguladita. Gracias, por preguntar.
– ¿Y Betulio?
* Prestando servicio, sumercé. A ver si por fin saca la libretica.

Luego, los silencios que invitan a mirar al horizonte buscando respuestas, atajando preguntas o simplemente, idas, con la mente en blanco que tanto relaja. Explosiones del ser. No hay necesidad de hablar cuando la amistad está haciendo lo suyo en el instante. El musitar palabra, sería romper un sublime momento, sería romper la cintilla que nos une. Luego:

- Ana, mija ¿sumercé está preparada para irse?
* ¿Cómo irse? ¿morir?
– Sí. ¿No te da miedo?
* Ya no.

La, tan buscada, sabiduría ilumina el momento. No hay miedos. No hay temor. Solo hay satisfacción del paso por esta escuela. A lo lejos se oye en la radio la noticia de un secuestro de militares.

De la belleza que se sale de la piel

Para entender este concepto, echemosle una mirada a nuestra madre, nuestra abuela, esté viva o trascendida… ¿ya? ¿no es bella, acaso?

No importa la piel manchada, las queratosis, el cuerpo encorvado, las manos develando relieves pronunciados; no importa las prendas que las vistan, sus ojeras, su cansada mirada; no importa eso y muchas pendejadas más, porque la belleza, la verdadera, la peremne, se sale de la piel y trasciende más allá, penetra en nuestros corazones y nos conquista.

La mujer es bella por el solo hecho de ser mujer. Las estéticas comerciales solo duran, si acaso, siete parpadeos y desaparecen. La interna, esa luz interna, se siente cuando miramos a los ojos. Hay que reconocer de todas maneras, que hay almas que solo trasmiten pobreza, rencor, odio, vacío, soledad. Compasión.

Támesis

Tiene tanto de nosotros como nosotros de ella

Ella no sabe quién gano Miss Universo; tampoco, que las participantes de tal concurso están igual de flacas que sus congéneres de algunos países africanos en hambruna. Ella no sabe cuál es el patrón de talla corporal que se usa en esta década para las reinas de belleza; tampoco, que tales pabilos se alejan del gusto primitivo de algunos hombres por la mujer de abundantes  carnes.

Ella no sabe cómo es el negocio de la “belleza”, que no es el mismo que el de la estética. Ella no sabe las tendencias que arropan a las participantes de estos concursos mercantiles; no vive al día con los modelos de peinados que más la favorecen. Ignora si todo esto es un negocio.

Ella no se explica porqué se martirizan algunas mujeres para estar en un estado que nunca les generará satisfacción. Ella, solo vive, ríe con el turista,  pide al que tiene, chupa cono, disfruta de la vida ante sus carencias. Es igual que nosotros. Tiene tanto de nosotros como nosotros de ella. ¡Polvo de estrellas! Quizás está más iluminada en este mundo de las súpercuerdas.

Támesis.

Comentario de Jairo Carmona Valencia:

“Qué tal si te digo que esta hermosa señora, de condición humilde, no sabe qué es 90-60-90; le interesa muy poco o nada los cambios de moneda extranjera y si las bolsas caen o suben. Ella, como millones de seres humanos, vive el mundo de lo inmediato, de lo urgente; posiblemente carece de estudios, trabajadora de calle, diplomada en la universidad de la Vida. Puede tener uno o más hijos calaveras, irresponsables. Su cachucha no la usa para que no se le derrame la inteligencia ni para evitar los mortales rayos UV; menos aún le interesan las famosas cremas antisolares. Ella usa su cachucha como escudo protector de las inclemencias del clima y porque le ahorra peinarse. Más de un odontólogo primíparo le habrá hecho alguna propuesta para llenarse de gloria.

Algunos ven el desfile o la procesión desde un quinto piso, y la gran mayoría desde un sótano”.

Offside – Fuera de juego – Fernando Alirio López

Offside.

Esta mañana a la 1:10 a.m. me espantaron. Una grabadora que hay en el cuarto se prendió y unas letanías que transmitían a esa hora por una emisora católica me despertaron: “Ruega por nosotros… ruega por nosotros… ruega por nosotros”, alcancé a escuchar. Me levanté y me acerqué hasta donde estaba la grabadora y, a tientas, busqué la perilla que estaba ubicada en “Radio”, para volverla a poner en “Off”. Me acosté de nuevo y le dije a Diana, mi esposa, “nos espantaron”.

Esta mañana, mientrs esperaba que pasara el “pico y placa”, recibí la llamada de un compañero de trabajo para decirme que, Fernando, mi otro compañero de contrato había fallecido de un paro cardiaco. Llamé a mi esposa y le dije: “ya sé quién nos espantó esta mañana”, y le conté el resto.

Fernando Alirio López Castaño, fue mi compañero de contrato desde hace cuatro años hasta ayer que, en plena carrera Carabobo, su vida en la tierra del espacio-tiempo terminó, para continuar no sé dónde. Me aborda la tristeza porque, además de compañero de trabajo, le faltó una semana para ver mi libro publicado por la UPB, donde él me hizo una voluntaria corrección de estilo pre-edición, hace dos años aproximadamente. Esa gratitud quedó consignada en la página de los agradecimientos; párrafo que, por cierto, me corrigió también ante una palabra que no le pareció la adecuada.

Su familia acaba de llevarse sus cosas del cajón, aprovechando que sabía dónde guardaba la llave del mismo, escondite de donde nos autorizó a sacar la llave “Por si algo…”. Cuenta la familia que, con el cuerpo de Fernando en el suelo, los ignorantes del ser tomaron de sus pertenencias y le robaron algunas joyan que cargaba para acicalar el cuerpo. -¡Ah, maldición que acarrean los vivos para sí!-

Fer, te fuiste antes del lanzamiento donde lo segundo en el orden de la reunión era decirte “Gracias”, por tomarte como tarea voluntaria tu aporte como Filólogo, como conocedor del idioma, como corrector y escritor. No sé cómo será eso en lo no-físico, pero muy “charro” vos ponerme esas letanías a esa hora. ¡No perdés tu sentido del humor! Tu ejemplar del libro lo recibirá tu familia.

Fernando Alirio López. Filólogo de una universidad Rusa. Traductor del ruso al español. Citado por varios autores en el tema de “Narratología” o en lenguaje y pedagogía. Autor de un libro de poesía y coescritor de otro que mañana les traigo el nombre. Algunas de sus crónicas están en nuestra página de la Secretaría de Educación de Antioquia.

Imagen Lea en Seduca: El Viajero seguirá contando historias ¡más allá!

“Tengo amores con Fabiola, con Teresa y con Raquel”, Leonel Ospina

Criado como fui, a la escucha de Cómo amaneció Medellín, Buenos días Antioquia, programas radiales llenos de costumbrismo narrativo y música guasca y montañera, es una alegría presentar un extracto del libro “Los Hijos del Pueblo, Amagá… ¡Un paseo por el cielo!”, de Mario de J. Montoya Cortés, que recopila la memoria del municipio de Amagá, de una manera personal. Se trata de un texto de 372 páginas con amplia información del municipio, producto de una investigación de tres años y un trabajo de observación y escucha de toda una vida. Del libro hablaremos en una próxima oportunidad, para dejarles la historia de Leonel Ospina, cantautor de música popular. Una excelente oportunidad para preservar la memoria rural de Colombia.

Leonel Ospina. Por: Mario de J. Montoya Cortés.
Foto facilitada por el club de fotografía el Poncherazo, de Amagá.

Fue para Antioquia lo que Guillermo Buitrago para toda la costa y ambos para Colombia: los más grandes, mejores y célebres cantores de música decembrina y parrandera, cuyas canciones sonarán eternamente. Leonel, uno de los más virtuosos para rasguear una guitarra, tuvo sus momentos de gloria en las décadas de los cincuenta, sesenta y tal vez a comienzo de los setenta, cuando sus canciones se inmortalizaron con el tiempo: María Teresa, El Jardinero, Ya nació el niño y muchísimas más, que al igual que, El año viejo, del gran compositor Crescencio Salcedo, en cien años todavía estarán escuchándose con las melodiosas voces de Ospina y Tony Camargo y por sus hermosos mensajes navideños.

Estando en la cima de su carrera artística y viviendo en Méjico, su vida comenzó a llenarse de sombras por su bohemia melancólica, la dulzura de unos labios femeninos y el juguetón requiebre de unas caderas seductoras que lo llevaron a la perdición, hasta quedar en las lamentables condiciones que mucho amagaseño conoce.

Desde el comienzo de esta obra estuve tratando de encontrarlo, hasta que el martes 22 de julio de 2008, a las ocho de la mañana, me parqueé en el edificio Coltejer, yendo y viniendo desde la avenida Oriental hasta la carrera Junín y viceversa, añorando la lámpara de Diógenes, no para encontrar un hombre en medio de tantos que se confunden en la multitud, sino a un gran cantante de voz ya apagada y decidido a contactar a un jardinero que llevó “{…} a doña Enriqueta, un ramillete de fresquísimas violetas”, que pregonaba que tuvo “{…} amores con Fabiola, con Teresa y con Raquel{…} con Lucía, con Lucrecia y con Jahel”. Hasta que a las 11:45 vi venir a un hombre anciano con un sucio morral sobre su espalda enjuta y corcovada, con cabeza gacha, mirada perdida y brazos entrelazados atrás, de lerdo caminar “como perdonando al tiempo”, en palabras de Piero, o desafiando al viento o enfrentando al olvido y la soledad, según su destino y sin importarle quién pasaba a su lado o quién sabía de su gloria. Lo abordé con idolatría y respeto con el ánimo de conocer más de su pasado glorioso, por tratarse de uno de los más grandes y sobresalientes hijos del pueblo que orgulloso lo vio nacer y cantar como un zorzal.

No fue la primera vez que se veían la gloria, la música, el arte y la agonía caminando juntos, yendo por el mundo sin rumbo fijo. Vagabundeando errantes sin tener dónde quedarse o a dónde irse… y sin con qué. Sólo basta recordar al gran Gauguin, quien en su elucubrante bohemia cambiaba sus obras por licor, y al maestro Crescencio Salcedo, que murió solo y tristemente abandonado, pero dignificando su nombre vendiendo flautas en Junín con la Playa. Pero este gran cantante que conoció la hipocresía de las felicitaciones cuando era internacionalmente famoso –que no supo administrar sus quince minutos de gloria– es un hombre que sobrevive por sí mismo. Cuando el anfitrión se demora en invitarlo a un almuerzo, pide como aquel sabio cautivante y cínico de la lámpara nacido en Sinope: “Te pido para mi comida, no para mi entierro”,

Esta frase, melancólica y triste, satíricamente lanzada por un genio, podría transferírsele a los poderes del estado y a la sociedad que demoran para arropar, proteger y tener a alguien que fue gran patrimonio nacional, en lugar de pasar asqueados, arrogantes, desafiantes y fríos por su lado, tal vez esperando su entierro para hacerle algunos discursillos hipócritas lamentando “tan irreparable pérdida para la patria, de un virtuoso de la música, la guitarra y el canto”, y vendrán todas las emisoras a rescatar su música archivada, poniéndola a sonar todo el día. Y las disqueras aprovecharán “los momentos de angustia y de dolor” para hacer una recopilación de sus mejores canciones como “homenaje póstumo a su recuerdo”. Mientras que el filósofo odiaba el poder, la cultura, la sociedad y la riqueza, viviendo en un tonel, el cantante vive en un túnel sin verse la luz en su final, tal vez añorando que el poder, la cultura, la sociedad y la riqueza se acuerden de él.

Cuando intenté asomarme a la intimidad de sus silencios, sólo recibí respuestas vagas e incoherentes que no le dirían nada a la posteridad, y en su monologar sin sentido, a veces tuvo destellos de lucidez, recordando que empezó a cantar cuando escuchó la canción Los Ciclistas, y a sus intérpretes, Los Trovadores del Recuerdo. Hasta me cantó sus primeros versos todavía con el timbre de su melodiosa y afinada voz, pero ya melancólica y cansada. Y esos destellos de breve luz se vuelven sombras nuevamente cuando dice que va a volver a cantar y a subirse a los escenarios, y no se cansa de repetir: “es que me tienen envidia”, porque considera que fue superior a Belisario y a Carlos Julio Ramírez e igualado sólo por Los Panchos. mientras tanto va esculcando en su morral, sin saber qué buscaba realmente. Primero saca una hoja con los rostros y nombres de algunos presidentes a quienes les cantó, que de seguro lo hizo cuando “era importante”, pero que ahora “me sacan el cuerpo” según dice. Luego me ofrece en venta un libro grande de antónimos y sinónimos inglés, español, “para que saque de ahí todos mis datos, porque en él está contada toda mi vida”.

Durante el encuentro que fue cordial y reconfortante para mí, sospeché que sí puede hilar con exactitud y rigor sus historias, y con sutileza indígena las niega o las transforma, porque siempre habla de dinero o de que muchos se han aprovechado de él para explotarlo y además, “porque quiero un libro sólo para mí, que sólo se hable de mí”, a lo que trato de explicarle que mi intención es la de hacer conocer por las nuevas generaciones, a las personas que por uno u otro motivo se hayan destacado en cualquier actividad que merezca contarse, y que él es para mí, uno de los más sobresalientes hijos del pueblo.

Este hombre que fue muy famoso, no produjo en mí, lástima o compasión, sino rabia, dolor y rebeldía por la crueldad de un destino buscado pero no merecido, porque es uno de los grandes que el tiempo inmortalizará. Aquellos a quienes invade el delirio y la nostalgia de la persecución de la fama, siendo una de tantas viejas glorias que abusó de ella cuando estaban en el pico más alto, sin avizorar que el paso de los años no tiene piedad con nadie, ni aún con los ídolos, derrumbados por la misma fragilidad con que fueron idolatrados. y Leonel –con su ropaje de pastor–, es el mismo hombre de elegantísima figura y de gran apariencia física, limpio y pulcro como fue, que cambiaba de vestido dos veces al día y que enloquecía a las mujeres, cuyos rasgos finos aún se advierten en su rostro avejentado, aparentando más de sus setenta años, de mirada vaga y aspecto descuidado, habiéndose casado con una hermosa mujer de familia adinerada. Para atajar lágrimas de rabia cuando escribo esto, me solazo escuchando una de sus tantas interpretaciones, que muchos no conocen y que recomiendo sobre todo a los jóvenes para que degusten cómo se pulsa una guitarra con su deliciosa cadencia y cómo canta un ruiseñor:

“Ay qué modas, qué moditas, que está usando la mujer  / de tantas que están llegando, no saben cuál escoger (bis). Por ahí andan por la calle caminando tongoniao  / con la espalda destapada y el ombliguito pelao (coro) Qué moditas, qué modas, esto me tiene aterrao / señoritas y señoras con el ombligo pelao (bis). La moda del ombliguito este año si se metió /  la minifalda y la maxi con él si se cayó (bis). Ya sean bonitas o feas, caminan de medio lao / y para que más suframos, andan con él destapao (coro–bis)”.

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Benditas las manos de quienes cultivan el campo

A pocos les importa las manos que labran la tierra donde se cosecha el alimento que, en cada jornada, se sirve a la mesa. A pocos les importa las condiciones en que viven miles de campesinos. A pocos les importa los sueños, las carencias, las vivencias de miles de familias del campo. Si desplazaron a cien o mataron a diez, “eso no es conmigo”, recita el inconciente colectivo de millones de “citadinos”.

Eso sí, si sube la papa, si está cara la yuca, si la zanahoria no se puede comprar para este mes, que el lulo está muy caro, la mora ni la mire, berenjenas para este mes no. Maldinga sea esta volatilidad en los precios. Maldingo es el que maldice al campo, a su tierra y a quienes la cultivan.

Algunos ignorantes o vacíos ciudadanos, se burlan cuando ven las modas del campesino “fuera de lugar” cuando deambulan en la ciudad y no en la comarca. ¡Ay de ellos! Porque se están riendo de ellos mismos, de sus falacias y su pasado; pues todos llevamos capote en las uñas y harapos en la piel.

Benditos los hogares -con bendición universal y no religiosa- que, unidos o en solitario, bendicen los alimentos y las manos que ayudaron a prepararlos. Que no se les olvide a estos, bendecir a quienes los cultivaron. Esta oración es tan poderosa que hoy, científicos japoneses, han visto el poder del pensamiento, la palabra escrita y la palabra pronunciada en sus experimentos (Ver, Los mensajes del agua).

En la imagen, María y Marcos, hermanos, personas de paz y del campo, anteriores dueños del terreno donde está construida la estación del cable aéreo de la vereda Guatocó, en Sopetrán.

El Bobo del pueblo

Muchos seres que la madre naturaleza no los hizo galanes de la pantallala, se quedaron para siempre acomodados en el recuerdo de quienes andamos encaramados en los pisos de arriba de la existencia. A muchos los llaman el “Bobo del pueblo”, aunque yo no lo creo mucho.

Nacieron para granjearse el cariño de niños, jóvenes y adultos, siempre dispuestos a hacer el “mandado” a la tienda de la esquina, a la botica; prestos a reclamar, en el despacho parroquial, la partida de bautismo de la “muchareja” que se va a casar.

Los hay artistas: tocan dulzaina, interpretan canciones con una hoja de limón, bailan en las cantinas al compás del traganíquel; fieles: detrás del cura para todos lados: peligrosos: que cuentan a las esposas en que andan sus maridos.

José ‘Gondo’, con sombrero en forma de hongo, camisa blanca y una manga del pantalón remangada a media pierna, se quedó ocupando un lugar de privilegio en la anquilosada memoria con su dicho de presentación cuando, con una de sus manos, le tocaba el estómago al feligrés que salía de misa: “Está gondito busté el amigo”. Personajes que la ingratitud olvida.

Una bella sonrisa en las montañas de Guatocó

A primera vista parece una bella mujer, y la verdad es que así es. Es una hermosa joven colombiana. ¿Qué tiene de espacial, entonces, esta imagen?

Lo especial, más no raro, es que para encontrarme con esa imagen viajé hasta el municipio de Sopetrán, occidente antioqueño, viajar una hora adicional hasta la vereda Guatocó y atravesar 770 metros, en Cable aéreo, el cañón de la quebrada La Mirandita.

El hallazgo reafima que la belleza de la mujer colombiana se nos puede atravesar en cualquier lugar de la geografía nacional. Amalia, como se llama la chica de la imagen, no estudia ni trabaja actualmente, pasa sus días entre los quehaceres que demanda la lenta vida rural.

Reciclando pensamientos

Nada nuevo hay bajo el sol, recita el Eclesiastés o predicador. Todo, entonces, lo que pasa por nuestros pensamientos es reciclaje de ideas con prendas distintas. En las noches, el inconsciente procesa lo que no ha sido abordado por el consciente, el cambio de actitud pendiente, la decisión no tomada, la vida entera.

Un tipo de meditación es moler los pensamientos, las ideas, los momentos una y otra vez hasta que el sustrato de la enseñanza salga como zumo vivo para la vida. Ha de prestarse bastante atención al fin último de el hombre: el bien. Para poder escuchar del creador la frase que cierre todo y nos dé la bienvenida al descanso, al Shabat: Y vió que todo era bueno.

En la mañana del viernes 21 de enero, Jairo, este reciclador, buscaba los elementos reciclables que se convirtieran, finalizando la tarde, en dinero para su sustento.

‘Petronila’ existe para hacer reír

En el Parque Bolívar la conocen como ‘Cachirula’, pero ella cambia cuando se disfraza por ‘Petronila’, el cual le gusta más porque con él puede tocar a los hombres, cosa que le gusta mucho. Se disfraza para conseguir dinero y poder embriagarse, “pero no robo”, aclara; además solo toma aguardiente fino, “de ese que hacen en El Poblado, no el de mil pesos”, asegura María Quinchía, verdadero nombre de esta mujer.

Baila, canta canciones a las que les cambia la letra y cuenta historias reales o inventadas. Cree que es especial y enviada por Dios para divertir a la gente, por eso se llama María “como María”, dice ella.

María es amiga de otros personajes reconocidos en el Parque de Bolívar: ‘La Reina de Nueva York’, quien es Oswaldo Gómez que, dice María, le paga para que grite cosas cuando ‘La Reina’ hace su espectáculo en el parque. Y Dany, quien también ha posado en varias oportunidades para esta lente.

Día del hombre

  • Hoy no es el día del hombre que golpea a otro.
  • Hoy no es el día del que se cree hombre porque es el que lleva el dinero a casa.
  • Hoy no es el día del hombre que abusa de su esposa.
  • Hoy no es el día del hombre que roba en cada contrato que firma.
  • Hoy no es el día del hombre, que en su ejercicio político, roba para sí.

Hoy no es el día del hombre para mí.

Imagen tomada en Jericó.

Un rebusque creativo / 5 discos de mi casa

Cinco “lonpleis*” que había en casa:

  • “A Volar” del grupo Menudo (Ese era mío)
  • Richard Clayderman
  • El hombre cuyo número es el 666 (Una prédica protestante de tema escatológico)
  • Thriller, de Michael Jackson (También era mío)
  • Amanda Miguel (Ese lo quebré de rabia después de pelear con mi madre)

En la imagen: Señor en el rebusque. Tiene adaptado un toca discos del cual salen cables que conectan a unas bailarinas, éstas, se mueven a la velocidad con la que el señor mueva manualmente el disco. Colaboración de Julio Eduardo Gómez.

*Lonplei (Long Play) Discos de larga duración. Para los jóvenes: era como un disco compacto pero en vinilo y análogo.

Vea el video en el blog de Reticente

Calixto seguirá escribiendo Nubes Arriba

Hacia la casa del Padre

…Los discípulos de Cristo aprendimos, iluminados por la resurrección del Maestro, a celebrar de un modo propio, el hecho de la muerte. “Porque la vida de los que en Ti creemos, Señor, no termina, sino que se trasforma y la deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”.

Pero además de la fe, los amigos y el tiempo tienen el poder de suavizar nuestra pena.

Un verdadero amigo nos apoya, animándonos a seguir adelante. Y el tiempo cura, poco a poco, todas las heridas del alma.

Vale entonces pensar, delante del Señor y en compañía de quienes nos aman que morir es empezar a vivir otra vida. Decía san Agustín: “Nos hiciste, Señor para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”.

Texto e imágenes tomados del sitio web del Padre Gustavo Vélez Vásquez -Calixto-, capítulo “Hacia la casa del Padre”.

El padre Calixto, de 79 años, era sacerdote de los Misioneros Javerianos de Yarumal.

Alfredo, un hombre sencillo

Alfredo López es hoy, el director general de las orquestas Los Decanos y La Tropibanda, esta última fundada por Humberto Muriel, director del Combo de las Estrellas.

Don Alfredo nació en Amagá, vereda Piedecuesta. Su cuna era una caja de cartón y para estar bajo el cuidado de su padre, éste lo llevaba desde la madrugada a los socavones de las minas de carbón y allí improvisaba una cuna hecha de costales para poner cuidado a su hijo.

Alfredo vivía a pie limpio, sin más zapatos que los que le dejaban ponerse para ir a misa, porque ni para ir a la escuela los calzaba, pues no gustaba aparentar orgullos ante los demás compañeritos.

Cada vez que su padre terminaba la jornada de trabajo, don José visitaba con su tiple la tienda cercana, acompañado por su hijo Alfredo, para que este llevara el ritmo con su charrasca. La carrera musical de Alfredo había comenzado y en la vereda lo extrañaban cuando su padre no lo llevaba a las verbenas musicales.

En tercer año de bachillerato, Alfredo integraba la orquesta del liceo, allí tocaba el güiro y era cantante. Luego fue integrante de la orquesta Ritmos Tropicales en la que permaneció 25 años recorriendo los municipios de Antioquia. Pero el anhelo de formar su propio grupo lo llevó a comprar equipos e instrumentos fundando así la orquesta Los Decanos.

Hoy en día Los Decanos y La Tropibanda salen a dar sus descargas musicales bajo la dirección de este sencillo caballero. Y escribo esto, como un pequeño homenaje a su sencilla persona y porque además nos deja colarnos, a mi esposa y a mi, para viajar por los municipios de Antioquia y engrosar mi acervo fotográfico. Cabe decir, que don Alfredo es el padre de mi esposa.

El Chavo del 8 ó el hombre duplicado

* ¡Ay mija!, ¿ese no es Roberto Gómez Bolaños?
– ¿Será? / Pero que pecado, mirá como está de acabado
* ¿Acabado? pues miralo que está pidiendo plata y todo
– Y mirale ese ojo todo picho
* Lo que hace la televisión, con razón mi mamá me lo tenía prohibido
– Yo a Nelson el menor, no le dejo ver televisión. Va y acaba como el Chavo ese
* ¿Y vos tampoco estás viendo la televisora?
– ¡Oigan a esta, vos crees que me voy a perder la novelita como está de buena. No ves que él ya la besó?
* ¡No jodás!
– ¡Pa que viás!

José Saramago sorprende siempre con sus historias irreverentes, ilógicas, análogas a la realidad política y económica. Ya no sorprende para quienes lo leemos, en su frecuente uso de las comas (,), en las opiniones insertadas a la ficción de sus personajes. Saramago mete la cucharada* de manera acertada, personal, crítica y reflexiva. El Hombre Duplicado es otra de sus obras y me lo trae a la memoria, estas fotos tomadas en la Plaza Botero o Plaza de las Esculturas.

Este es Luis Eduardo Campos, un bogotano, artista de la calle y duplicado de El Chavo del 8, personaje de Roberto Gómez Bolaños. Estuvo de visita en la semana de la Feria de las Flores 2009, semana, por cierto, de boyante recaudo en mendicidad, trabajo callejero y ventas ambulantes. La segunda imagen revela a Luis Eduardo posando con el original Chespirito y con Florinda Meza.

Meter la cucharada: Meterse en un tema ajeno. Participar sin ser invitado. (Yo)

La sonrisa sincera del montañero, del campesino y del arriero

- Una moneda por favor.
* Plata no hay caballero, si quiere, pida algo de comer. A ver, ¿qué quiere comer?
– Ah, entonces deme dosmil pesos en buñuelos.
* Eh, pero pide con cuota y todo. / Dele tres buñuelos al señor.

Ese fue el diálogo de don Abelardo Franco -el Quijote de la imagen- con Alexánder Lucio, amigo mío en el municipio de Támesis, mientras comíamos parva, cada uno con su esposa.

Ir a Támesis es ir a engrosar la lista de amigos y conocidos, es recrear nuevas sonrisas, es dejarse atender y escuchar nuevas historias y cuentos que nos enriquecen o nos entretienen.

Es rico pasearse por los municipios de nuestra Colombia para reconocernos montañeros y felices, para dejar que la tierra y el capote se incruste en nuestras uñas, para que el olor del verde rural penetre en nuestras víceras, para que esa mixtura de olores y sabores se nos impregnen en cada prenda y en nuestra piel.

Puebliar, para recordar las palabras de la abuela, para perpetuar la oralidad en chistes y en historias de espantos y brujas. Es rico alimentarse de la tierra fresca convertida en cebollas, naranjas, tomates, zanahorias y demás.

Qué satisfactorio es el regreso al campo, donde habita la verdadera riqueza -que no es la monetaria-, donde se arman asados y sancochos con imprevista alegría, donde se sirve la aguapanela en cualquier vasija, con más amor que el que nos pueden servir en restaurantes de tres tenedores.

La sonrisa sincera del montañero, del campesino y del arriero, es profunda y sabia, sabe a tinto -así sea de pasilla-, sabe a pueblo, sabe a tierra origen de mis venas. La sonrisa de Abelardo no se ve en la imagen, va por dentro.

No juzgar a nadie por sus zapatos

  • Podría convertirse en un gran ingeniero.
  • Quizás llegue a manejar un bus.
  • Podría morir de manera prematura.
  • Podría coger un vicio, tocar fondo, salir con las heridas correspondientes, oler a quemado, salir de ese infierno y convertirse en un gran líder comunal.
  • Puede que consiga una chaza donde llegara a vender chicles y cigarrillos.
  • Podría ser apadrinado por una institución y terminar estudiando en Alemania.
  • Quizás se vuelva un polizón y llegue a Hong Kong donde entre a alguna mafia.
  • Podría dejar embarazada a su vecina dentro de dos años más.
  • Podría ganarse una lotería después de cuatro años y tres meses de comprarla seguido.

No sabemos cuál será el futuro de este niño y por ello no podemos juzgar su presente. Este joven, solo está mirando los buses que bajan de su barrio al centro de Medellín.

Foto tomada en el barrio San José la Cima, conocido como San Blas. Comuna 3.

Doctor y Doctora Feliz, terapia de la alegría y la ternura en Manizales

Hospitalizar a un niño es un hecho que altera completamente su vida habitual y familiar. La situación generada por la enfermedad, la separación del ambiente familiar, la suspensión de sus actividades diarias, el sometimiento a diagnósticos y curativos son vividos de traumática

Los  profesionales de la salud ignoran, en algunas ocasiones, esa parte emocional de su trabajo, lo que inevitablemente genera una barrera de desconfianza y frialdad con el paciente y su familia, cuando no, de un franco rechazo.

El Hospital Infantil de la Cruz Roja  “Rafael Henao Toro” de Manizales, ha buscado desde su fundación prestar una atención integral a los niños y adolescentes hospitalizados y busca terapias alternativas y lúdicas que acompañen al proceso de mejoramiento en la calidad de vida y de bien-estar de sus pacientes: los niños.

Dos payasos hacen parten de una estructura académica-artística del hospital para el beneficio de los pacientes hospitalizados. La idea empezó a proyectarse desde 2001 con la visita al Hospital del Grupo de Payasos Hospitalarios Hopie Clown de Ginebra,  proyecto que se trabaja en Suiza desde hace algún tiempo.

La labor de los payasos es ayudar a la recuperación del paciente, mediante una labor terapéutica o asistencial a través de la sonrisa y el uso adecuado del humor como herramienta eficaz para disminuir el estrés y el dolor en los niños o adolescentes hospitalizados.

El Doctor Feliz y su compañera Doctora Feliz, son los protagonistas de esta labor, cuyas visitas son esperadas con alegría y con todo el apoyo del estamento médico. Estos dos personajes son un reflejo del amor y de la preocupación del hospital por hacer las cosas bien y por estar a la vanguardia en terapias que ayudan al bienestar de los pacientes. Conocimiento este que está disponible para llevarse a otros hospitales en nuestro territorio.

El Doctor y la Doctora Feliz cambiaron las tablas, la tramoya, las luces y los aplausos por cada rincón del hospital, y partiendo de sus conceptos teatrales, llenaron sus maletines de sueños, de coloridos trajes, de risas y de juguetes para que niños y adolescentes, se conviertan en protagonistas de una historia que los hace volar, reír, cantar, brincar, gozar y superar su dolor, su tristeza y su soledad.

Amén por ellos.

Jacobo Zimerman nos recomienda este video…

Un vigilante civico – militar

Es un vigilante informal de las calles de Manizales y aunque viste chaqueta de la Policía Nacional, exhibe un carné de conducta militar de la Fuerza Aérea Colombiana.

Pero no, no crean tan rápido que este es un hombre de armas, ni un militar retirado. Es más, el carné de conducta que posa en la siguiente foto, no es de él, pues me dijo que se llama: Mario Correa Arango y en el carné dice: Alberto Ocampo Miranda.

El es uno de esos tipos buenos, sencillos y tranquilos, que nos hacen reír con sus locuras.

Así que, servicio social: quien haya perdido unos documentos a nombre de Alberto Ocampo Miranda, puede dirigirse al parque principal de Manizales y reclamarlo. Lleve dinero pa la liga.

Lustrador acicalado

Libardo castaño Gaviria.

Lustrador bonachón, cargado con cientos de símbolos hechos objeto, cargando su propia colección de baratijas y carajadas, llevando el peso del signo, del objeto kitsch, del objeto aparentemente inútil y llevando por siempre una sonrisa.

Está en Manizales, esperando cliente, esperando un par de sucios zapatos y a su dueño, esperando un saludo o simplemente viendo gente, caminando con su afán y con su aterradora indeferencia para con sus pares.

Así son estos seres, así son estos nuestros hermanos de especie: menospreciados algunas veces.

Gabriel Ángel Serna, 55 años perdido en el tiempo

Llegué a las once y siete o por lo menos eso creí hasta que entré a uno de los pequeños locales del Centro Comercial Medellín. Primero me encontré con su gastado rostro, plegado por los años -que hacen lo suyo-, luego me asomé, miré, y no aguanté la tentación de saludar, como hago siempre antes de tomar una foto, o antes de pedir permiso para tomarla.

Les decía que eran las once y siete, pero como una asíntota en el tiempo, todos los meridianos de la tierra pasaban por el pequeño local de Gabriel Ángel Serna. En cada girar de mi cabeza buscando una foto sin tomar aún, una hora distinta aparecía ante mis ojos y ante mi cámara que no sabe de husos horarios: once dieciocho, once veinte, y me quedé allí, hablando con este relojero con 55 años de experiencia y capturado por el encanto de su pequeño territorio laboral.

Don Gabriel, abre cada mañana, su local en el Centro Comercial Medellín, contiguo a la Plaza Minorista de Medellín, para sentarse ante ¿centenas, miles? de piezas, repuestos, bobinas, pulsos y demás maquinaria que le sirve de inventario para arreglar cualquier relojito que le lleven.

Bajo el cristal de otra mica son las cuatro y tres, y así se quedará porque ese reloj ya no tiene remedio. Un Citizen análogo y digital me dice que son las diez y 31, pero hasta esta altura me es difícil creer en la verdadera hora que Colombia ha decidido convenir.

“Ocho y 38” y don Gabriel me comparte detalles de su vida como relojero: aprendí mi oficio por correspondencia a través de un curso de relojería que duraba dos años y que entregaba diploma inclusive. Era el instituto, Nacional, el que impartía los cursos y hacía examen al finalizar. Los fascímil para inscribirse, venían en el periódico El Heraldo y eso me permitió estudiar algo para defenderme en la vida, y ya ve, ahí voy…” “Trabajé nueve años en Barranquilla, en la Joyería Serrano, en Bogotá y aquí en Medellín en la Farmacia San Francisco, en la Prendería monte Verde y en el Centro Comercial llevo 15 años” comenta don Gabriel


Continúo tomando fotos y verificando horas: diez y uno, cuatro y treinta. No sabremos nunca si de la mañana o pasado el meridiano, pues los relojes los hicieron para marcar medios días. Un vendedor de mangos, magullados por cierto, se acerca al mostrador y me vende tres –blanditos- en mil pesos –para jugo están bien- y se queda para ver mi entrevista y hablar de relojes con el experto. “En Barranquilla arreglé varios Rolex genuinos, aquí ya no me caen relojes finos”.

Me quedé admirado con otra sorpresa más de ese local, pero de esa no les comentaré nada -es un tesoro que no quiero compartir si me disculpan el egoísmo-, me quedé tomando fotos, buscando la luz pues no me gustan ni los trípodes, ni las luces falsas, aunque algún flash me tocó sacar. Don Gabriel es uno de esos viejos buena gente, amable entre Jawuacos colgados, falsos unos, cercanos otros. Entre piñones y bobinas, entre pilas y alambritos, entre risas y tres mangos por mil.

Humberto Muriel, director de El Combo de las Estrellas

De niña, mi madre Marlene se asomaba por cualquier hendija que tuviera el radio transistor de la casa, para ver a aquellos locutores y cantantes, cuyas voces escuchaba cada que sintonizaban una emisora. Pero mamá nunca pudo ver a los protagonistas de la vieja radio, que tanto se ensañaban en mantener sus rostros anónimos.

Como a mi madre, a Humberto Muriel también le ocurría lo mismo, allá en Amagá, cuando aún se revelaban las anécdotas a blanco y negro.

Humberto Muriel es el Representante y Manejador de la conocida orquesta El Combo de las Estrellas, desde hace 33 años; cosechando logros, palmas, aplausos al son de los bailantes que tiran paso.

Humberto Muriel, piernipeludo para el momento, se preguntaba cómo hacían los cantantes para tocar su música, allá, encerrados en el primer piano (rockola, traganíquel) que llegaba a Amagá, para distraer a mineros y visitantes en el famoso kiosco del parque. Cómo cabían todos, cómo hacían tantos para encajar allí.

El ayer, músico, y hoy, representante de una de las mejores orquestas embajadoras de la música colombiana, se mantiene montañero, ligado a la tierra que lo vio caminar descalzo por sus calles. Él, y sus amigos de infancia, no veían la hora de salir de misa para quitarse lo más pronto, los zapatos que tanto atormentaban unos pies acostumbrados a sobar la tierra en cada caminar.

Recuerda también, a manera de postal, los días en que las jovencitas de su municipio, se tomaban de gancho entre ellas y pasaban de lado a lado del parque, para mostrarse y coquetear a los chicos que las veían desde el atrio de la iglesia o sentados en las bancas de las heladerías contiguas. Recuerda como si fuera hoy, los diferentes olores a fritanga y morcilla de domingo, en el parque, y los sonidos de metal, de machetes rozando el piso, manipulados por campesinos y mineros en ardientes peleas de calle y de sangre, y luego verlos corriendo rumbo al hospital.

Humberto se mantiene montañero -en el buen sentido de la palabra, aunque no vale la pena aclararlo- cada vez que participa de una sancochada, de una merienda o de un asado en compañía de familia y amigos, recordando así las viejas costumbres que lo ligan a su tierra. Eso me inyecta energía y recuerda mi origen, sobre todo en momentos de cansancio o cuando mi salud es menos amable, comenta.

Cada vez que responde a una entrevista, recuerda su madre tierra, donde jugaba en grandes solares y respondía a su libertad andando a pie limpio, con alegría. Esa misma alegría no ha apagado su mecha y es la que lo confirma como una persona sencilla.

Ante tantos logros, tanta fama y rodeado de ambientes tentadores, Humberto dice que es la música la que lo mantiene pegado al piso, pues es su verdadera pasión: desde que nací, esa era mi inspiración.

Pero estas cortas letras -donde muestro a un Humberto poco conocido- también son espacio para dejar ver la inconformidad, que Muriel, siente por su municipio. No le perdona a Amagá el poco progreso que han inyectado sus líderes y el manejo que han hecho de sus administraciones. A sus paisanos tampoco les perdona la poca exigencia a la hora de elegir a sus gobernantes y lo conformistas que son. Falta cultura y políticas aplicadas para impulsar esta tierra, falta apoyo, por ejemplo: para cultivar valores como la música y el arte.

Rascando guitarras para comer

Ya viene amaneciendo la luz ya nos alumbra para
divisar en donde esta mi amada levantate, no seas
ingrata, comprendeme mira al que te ama,
acosatdita en tu cama y yo en la calle
desvelandome por tu amor

…Y así, de cinco en cinco, vamos llenando el buche compañero, visitando parques, armando corrillos, deleitando oidos, complaciendo temas.

La de maderita que no lo abandona, la uña, necesaria muy. El sombrero para estos días, y para los otros igual. Este es el uniforme. Hay que estar elegante, bien pinchao. “Que porque el indio es pobre, ¿la maleta es de hojas?”

Seguite tocando pues, algún temita, desos que vos te sabés. / José de Jesús. Guitarrista, serenatero.

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