A la defensa de la Olla, como método y otras críticas

Orión GPS, es un permanente navegante del mundo físico y virtual al que no conozco más que su movida interactividad en este blog y en mi cuenta de Facebook, pero su amplio comentario me pareció importante publicarlo como artículo crítico de las recientes prácticas en torno al café especial y a las tiendas especializadas. Los dejo con él, enviándole, nuevamente, mi invitación a un café cuando pase por Antioquia. Su colección de fotos o re-publicaciones es maravillosa.

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Por Orión

El año pasado pude hacer el barrido de las cafeterías especiales en Londres, incluso, propuse mi candidatura -por pura curiosidad- para un puesto de barista junior durante las noches. La experiencia me dejó boquiabierto: no les interesaba si sabía acerca de cafés de origen, especiales o si buscaba compartir con el cliente la catación. Lo unico importante era cumplir con los estándares universales sobre la debida: forma de preparar en un tiempo record, un espresso o latte, sobre todo este último ya que es la bebida que más se promociona. Se han dado cuenta que la mayoría de los clientes no tienen idea ni interés en saber sobre café, pero, eso sí, pagan muy bien si les hacen el “bendito muñequito” del latte art, para mostrar a sus amigos en Instagram. No cumplí con el modelo necesitado de Barista.

Lo que más me dejó atónito fue la ausencia total de algo que no sé si sea solo colombiano, al momento de tomarse el tinto: la conversada. Ahora que estoy de nuevo en Bogotá, tuve la grata sorpresa de reencontrarme con un vendedor ambulante de tinto, del quien ya había ya hecho mención hace dos años, en un post de este mismo sitio web carlosmunera Puedo ahora asegurar un ciento por ciento, que no cambio por nada en el mundo el tinto que este vendedor prepara a 500 pesos [preparado con todas las normas del arte y de BPM], por un café de 3,30£, así digan que fue preparado por un campeón barista de Inglaterra, en una cafetería de renombre internacional y hecho con la mejor selección y ensamblaje de cafés del mundo.

No se si tengamos un método 100% nuestro, habría que investigar, pero sé que me he convertido en un insurgente contra esa elitización del café, creada por fabricantes de máquinas espresso, importadores de granos y mercachifles de leche. Estoy totalmente de acuerdo con la defensa de la “Olla”, de la panela como miel, del filtro en tela a la usanza de los abuelos.

Atentamente: El Anti-Barista [Este sobrenombre no denigra del barista, sino de ese molde que se quiere imponer como modelo de élite].

Foto: Café móvil en Chiquinquirá

Toppings para ir a la escuela

Un clasificador, un ordenador, una matriz, una plantilla, una cuadrícula, una caja de alojamiento… en fin, un hardware que le permite al ser que piensa, poder encontrar la información de manera rápida y fácil. la “data”: unos botones o “toppings” para adornar el calzado de moda entre profesionales de la salud y la cocina; sandalias de moda que están alejadas de las antiguas quimbas, arrastraderas o chanclas y que se han popularizado dada la alta capacidad de los chinos para emular lo que cualquiera se imagine.

Juan Sebastián, de 7 años, es el dueño del ordenador. Luego de salir de la escuela, llega al centro a la caseta de venta de calzado que su abuela tiene en el centro de Medellín en la zona de Guayaquil. “Siete años y lee de corrido”, cuenta la abuela. “Él llega a las dos de la tarde y se queda conmigo hasta que nos vamos. Con la venta, compra todas sus cosas del estudio”.

Las velas como imaginario religioso

Están a la venta en un puesto itinerante, temporal. Están allí, apagadas, como energía potencial de una oración, petición o agradecimiento. Mientras no se encienda el pabilo, la oración no sale de su cápsula invisible. Entonces, los penitentes o simples creyentes la compran en transacción mundana, para ser santificadas mediante la petición del corazón; adentro, en un templo o en las casas; en negocios o de manera inexplicable en intenciones para nada santas de sicarios y malevos.

Una vez adentro y en ritual humano, la vela es encendida para que la oración comience a humear y a subir a los cielos invisibles, física esta desconocida por nosotros. La petición, entonces, se convierte en llama en llama encendida que con alquimia invisible se hace invisible y “sube” a tronos desconocidos: la llama, la oración o el agradecimiento.

Luego, el penitente se olvida que dejó una vela encendida y vuelve a las lides humanas; al pecado y a la culpa; al arrepentimiento y a la buena obra, para luego comenzar un ciclo interminable que llega hasta el momento de la muerte donde se encienden todas las velas del alma, procurando no perdernos entre lo desconocido, más allá.

Así son las velas que hablan el idioma inefable de la oración. No se sabe porqué, a veces causan estragos en tierra, quemando negocios, casas, vidas, sueños. Algunos culpan a la idolatría; otros, al expiar de los pecados; otros, simplemente saben que el fuego quema y arrasa.

El caso es que las velas son el significante que contiene palabras encerradas en la cera; alaban con su baile en llama, alegran corazones y adornan momentos de pasión. La llama es y será siempre la dominación del fuego, nuestro vínculo con el pasado pre-histórico, con la luz y la caverna; con el pecado y el anhelo de santidad.

Empanada, tinto y cigarrillo

Pasa la doña gritando y la fiel cliente estaba esperando el tesoro alimentició de la canasta popular de mimbre. las tengo calienticas, pesuade la otra doña, deme tres, que hoy viene mi hija sin desayunar. Don Rogelio pasa con la greca ambulante y la doña, nuevamente, detiene al caminante y le pide tinto, que en Colombia significa café pequeño. La señora tiene ya, empanada y tinto en las manos y se dispone a masticar la mezcla y la caja de dientes, si es que lo tiene, sería inexcusable que le adjudicáramos un removible sin que fuera al médico especialista.

La empanada no trae mayor relleno por dentro, papa cocida teñida de amarillo y cáscara de la misma papa, para que se crea que es carne y así cobrar algunos centavos más. El tinto, tampoco es mayor solución, ya que las partículas de café suspendidas en el agua son pocas y el café no tuvo las mejores prácticas de cultivo y de cosecha. Pero hay guargüeros y panzas que hacen de “tripas corazón”.

La mañana transcurre y el buche se queja de lo ingerido, pero hay humanos que a eso no ponen atención, ya le dieron algo pa’ que funcione y que espere pa’ más tarde a ver con qué se le puede completar. Vida no es vida, puede pensar la “seño”, si no le metemos el cierre al desayuno, que con un cigarrillo hacemos del día algo llevadero mientras llega el “nombrededios”, es decir, la primera venta.

Ahí nos vamos yendo mientras se asoma la Parca. Los días son lentos y hay que ayudarle a encontrar su camino. Ahí se queda masticando recuerdos, pasado, empanada, tinto y cigarrillo. Si va a llevar camándulas, vea, vea esta tan bonita, y hoy que viene el padre puede decirle que se la bendiga.

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos. A veces, el fuego es purificador necesario para dejar solo los vestigios más finos. La tierra estará presente toda nuetra vida, pues nosotros mismos somos tierra. El fuego vendrá con la frecuencia necesaria cuando estemos muy soberbios. El agua nos dejará sentir su bondad cuando llueva sobre nosotros y nos permita un andar más resistible. El aire siempre estará allí; a veces, entrará por bocanadas más amplias a modo de descanso o sispiro final.

Este bodegón que ven tiene la presencia del hombre, así esté ausente; pero me impacta más es la textura del fondo: la tierra del barranco que fue arañada para crear concavidad que sirva como tienda temporal para unas ventas populares. Tomé la foto porque los colores me representan. Humo, óxido, dorado de las frituras, terracotas; variados cafés: guadua, palo, leños; todos ellos pátinas del tiempo, del clima y de la realidad.

Este bodegón me representa entanto hombre primitivo, hijo del tiempo, fugaz, débil; con la textura que me dan los pensamientos, con el color que me da el sol y con la dinámica que me da el fuego de la pasión por vivir.

Foto tomada en el Santuario de la Virgen del Jordán, Pereira, zona rural.

Chazas en el parque de Filandia, Quindío

Un caspete, una chaza, un puesto de venta ambulante o estacionario; a mitad de camino, al final, al comienzo; un tinto, una fruta, una fritura; en banca, de paso o un paradito; siempre será bueno encontrarse con algún vendedor disponible que calme algún antojo.

La primera chaza está marcada por una tipografía esténcil, que deja en los ojos de sus letras, triángulos y cuadrados, y la combinación de estilos bold y light en algunas de sus letras, además del típico error de las letras hechas en esténcil: la N alrevés.

La última tienda la observé por su material, por la guadua y las figuras resultantes del trabajo con ella, esa geometría que brinda el material, un material que, por cierto, es propio de su zona cafetera.

Fotos en Filandia, Quindío

Un día cualquiera en Filandia, Quindío

La mañana conoce al que temprano se levanta y sabe que es de modales recios, como el agua fría en la ducha y el horario en el comer, esto incluye los tragos previos al des-ayuno que no son de licor sino de café y más, en tierras del Quindío.

La media-mañana se hace testigo de cómo es la disciplina de quien labora con responsabilidad. El sol es benevolente y la lluvia se hace tardía para que los clientes no se le vayan a esparcir. La calle se le hace amplia y la jornada, de una calidez amena.

El mediodía se presenta para avisar la hora de comer, comer en término general y no como de verbo cenar. Luego del alimento se hace obligatoria la siesta o el motoso como nos lo dice Pachopardo, que así se dice en tierras bogotanas. La siesta, pues, se desarrolla sin más novedad que la de un mosco molesto que zumba cerca al rostro, no por ello tiene menos derechos de existencia, hablando del molesto volador. ¿Qué diría el mosco si supiéramos los pensamientos para con el humano? No nos atañe tal pregunta aquí pues no es de él de quien hablamos.

De la tarde o la noche serán ustedes responsables en inventar carajada alguna, que no se les dé todo a los lectores, que mala costumbre es.

Coche impecable como lo es su camisa. Su mirar es recto y distinguido, atalajado y pulcro es su andar como su ropaje. El delantal revela un cuidado especial por el aseo y el respeto por el cliente. Así es este señor, vendedor móvil en Filandia, Quindío.

La media tatuada

Si ven un monstruo bajito en la calle peatonal de Carabobo, no hay de qué asustarse, podría tratarse de la vitrina del ‘Capi’, un maniquí ambulante que arrastra por las calles del centro exhibiendo la alternativa media tatuada, un velo para usarse en brazos y piernas con tatuajes que adornan la piel y que son la excusa para quienes no quieren tatuarse la piel de manera permanente.

Collar y cocaíta en Rodadero

Cuatro elementos fueron identificados desde que el hombre pensó. Cada uno de ellos emana y provoca la existencia material. Dos de ellos hacen parte de la vida, el imaginario y la ilusión de muchos pueblos costeros: tierra y agua. De la tierra el hombre fue tomado y en su caminar pocas veces tomará contacto con ella, debido al encarcelamiento de sus miembros bajo artificios de cuero.

Hay hombres que buscan su sustento pisando la tierra, una y otra vez; se levantan en las mañanas con la espectativa de un buen día, de unas ventas generosas y un regreso triunfal a casa. Algunos, solo reciben negativas, desprecios y ausencia de miradas; otros más, pisarán un retazo de vidrio de un festejo anterior; otros, verán como la vida se les está yendo sin cumplir sus sueños, sin mirar más allá. Las ventas ambulantes y el hombre; el hombre y su vida ambulante.

Un día creceremos tanto que seremos uno con la tierra, con la arena de mar, con el mar, seremos silicio uno solo; se disiparán los egos, los valles y las montañas serán allanados.

Santa Marta

¡Hoy juega, juega hoy!

Hoy se juega nuestra suerte. Hoy podríamos morir o continuar viviendo. Hoy, en la noche, podríamos ser sujeto de un patatús o iniciar una nueva etapa en nuestras mentes que es donde vale la pena hacer cambios trascendentales.

Hoy juega el 315, el ocho veitiocho, el 5879 con cuña y combinado, el 3 por la de Medellín. Todos los números, del cero al nueve juegan hoy en orgía de cuatro.

Hoy juega la nevera, el tocadiscos, el emepetrés; hoy juega la mato nueva, el carro de los bomberos, la camioneta de los paramilitares.

Hoy juega la perrita sin madre, el cachorro de gato, la bicicleta con flecos, el apartamento amueblado. Hoy juegan los sueños, las esperanzas, las incapacidades. Hoy se juegan la vida miles, se bendicen antes de asesinar, anticipan mortaja.

Hoy, cientos de decenas de miles de millones, arrastran la pesada carga de la esperanza, que solo produce impotencia y ansiedad porque las matemáticas y las estadísticas no son bondadosos con ellos. Hoy juega, no se le olvide, juega hoy. ¡Jugátela toda!

Oítes ¿Sí es verdad que los mariscos…?

Siempre que digo que “NO”, entonces me dicen: “¡Vea! eso se lo pone así”, lo dicen, extendiendo el brazo con la muñeca hacia arriba y la mano izquierda tocando la dureza del antebrazo. “No, no como mariscos”. “¡Hombe, su mujé lo va agradecé”, insisten y concluyen que, definitivamente, soy un montañero -ellos le llaman cachaco-.

No, no como mariscos. Alguna vez le preguntaron a mi mamá: “Oiste, ‘Marle’, ¿sí es verdad eso de los mariscos?” / “¡Ay! mija, yo no sé pero cuando quedé en embarazo de Carlos Mario y a Johana, ambos fueron con  mariscos”.

Nota: No fue con mariscos que mi mamá quedó en embarazo. Solo es una figura literaria. ¡Fue con otra cosa!

Capacidad y talento en personas comunes y corrientes

Quien no tiene un título universitario no deja de ser profesional en su desempeño. Siempre que observo las creaciones de ciudadanos que, para su manutención, se dedican a diseñar objetos útiles, reflexiono acerca de cuál sería la carrera universitaria, técnica o tecnológica que el individuo hubiera estudiado. Mi abuela, como ejemplo, hubiera sido una gran diseñadora industrial; a cambio de eso, la vida se le presentó como recolectora de café, cocinera, viajera y, por supuesto, madre y abuela sabia. La abuela de mi esposa Diana, sería sin duda una excelente arquitecta constructora ya que, aún a sus 90 años de edad, no puede ver que están abriendo una zanja o pegando un ladrillo porque comienza a pontificar acerca de la mejor manera de hacer el muro, el hueco o la casa.

Es así como la plaza pública y los barrios obreros están llenos de cientos de profesionales y expertos en temas variados. Hay cocineros reconocidos que visitan las plazas de mercado para buscar el mejor sancocho de bagre o algún sudado harto reconocido. Hay diseñadores de carros y motos y customizadores de los mismos. Hay zapateros que hacen mejor trabajo que grandes marcas. En fin.

En Santa Marta me encontré estos dos carros para la venta ambulante de mercancía y alimentos y, como siempre, pensé a dónde llegarían tales fabricantes si hubieran enriquecido su talento con el aprendizaje de técnica y tecnología. Por lo pronto, poco se preocupan por tal menester porque lo de ellos es ser feliz y tener sustento; para el primero no se necesitan títulos ni doctorados. Vanidad de vanidades, como dijo el predicador: todo es vanidad.

Cuéntanos qué hubieran sido tus… si hubieran estudiado.

El chuzo playero

La trampa es aplicarle aceite adobado sobre el pincho, chuzo o brocheta que llaman, y al caer éste sobre la carne y sobre los carbones encendidos, nace la humareda que huele a cielo para carnívoros.

Comienza la gente a mirar para los lados y buscar la línea que lleva el humo y el lugar de su origen, porque las salivares ya están haciendo lo suyo y nos antojaron.

Esa es la trampa para no tener que caminar gritando todo el día sin buena técnica vocal; que para evitar enfermedades o problemas de la voz, el olor hace lo suyo y de mejor manera.

Así es la venta de chuzo o pincho, en calles, carreras, estadios y, como en la foto, en la playa; porque la tarde acaece sobre turistas y bien caería un mecatico a esa hora. Va, pues, inserta, la papa criolla en elección de la pequeña. Va el mejor horno que se pudiera construir: barato, funcional y con significación novedosa después de ser tarro de pegante o de pintura.

Santa Marta.

La incertidumbre del rebusque

La mañana llega -Bueno, no llega pero está ahí presente-. Realmente la mañana y la noche ni llegan ni se van, pero así lo nombramos para seguir siendo antropocéntricos ¡En fin!.

La mañana está presente y el ser que quiso encargarse de la manutención del hogar se levanta y practica el ritual completo de aseo y alimentación: se baña, desayuna y se lava los dientes; eso tan resumido para no entrar en detalles innecesarios por el momento.

Se dispone aquel humano a salir a repetir lo de cada día: buscar moneda para el sustento. No sabe él cuánto venderá en el día, si bastante, si poco; él promedia y, con incertidumbre, resuelve una cifra promedio, y es lo que justamente gana -si es que podemos traer la palabra “justicia”-.

La acción comienza y tras ella viene el resultado, principio hartamente conocido, ese y el de la incertidumbre, ambos tan humanos, es decir, tan propios de lo físico, de lo tangible. Nuestro vendedor caminará las playas, una y otra vez, ofrecerá lo que tiene a la venta y el tiempo confirmará la ganancia del día.

Hasta el momento solo se ha hablado de su levantar, desayunar y demás. Poco, de su actuar durante el día y el desarrollo de sus ventas; pero por el momento dejémoslo hasta ahí. ¡Buen día!

Fotos: Santa Marta.

De la imaginería costera e insular

La imaginería costera tiene sus propios símbolos e íconos: el pez, el mar, el sol, la palmera, la playa, la arena, el coco y su pitillo, la rumba, las trenzas, etc.

Dicha imaginería está al servicio de extraños y turistas que creen que en dichas imágenes está encerrada la costa. No es así. La verdadera costa, sea pacífica, caribe o insular, es mucho más que simples monigotes con breves significados. Estos lugares dejan para sí, lo mejor de su cultura.

Es por eso que los rumbeaderos para turistas son la escenificación de ese imaginario, a veces falso o forzado. La verdadera rumba se vive desde la sangre, ritmos autótonos, sonidos africanos, sudores que resisten las horas de movimiento.

Esta rumba es más oscura,más cercana, más atrevida, con más fuego, con más sinceridad, sin pena, lasciva, propositiva y natural.

Los costeros ofrecen al hombre del interior una rumba inventada, un producto adaptado a sus gustos; pero dejan para ellos lo mejor de su cultura. Y entre ellos se entienden. Que viva la diversidad. Esa es la ciudad que habría qué conocer.

Fotos: Santa Marta.

El que tiene tienda que la atienda

Hay momentos en que cada uno, cliente y vendedor, pierden la perspectiva de su papel. Los vendedores creen que nos están haciendo un favor, cuando somos los consumidores los que, relativamente, los beneficiamos y hasta enriquecemos a ellos, los vendedores. Uno siempre dice “¡Gracias!”, cuando debería ser quien oferta, el que diga: “Gracias por su compra o gracias por elegirnos”.

Los meseros son, a veces, grandes pararrayos que soportan nuestra grosería, nuestras demandas, nuestra petulancia; otras veces son ellos los indelicados, los que llevan sus problemas en la bandeja. Unos y otros somos humanos, es decir, tenemos mucho qué aprender o cambios por hacer. Muchas veces es el comprador el que cree que quien oferta está para recibir las humillaciones.

Somos parte de la simbiosis comercial, es decir, el uno no existe sin el otro; así que Todos Somos Iguales.

Remates de Navidad

Se nos quedó en el tintero mucha cosa, pero lo que se hizo: se hizo. Recibimos un 2012 lleno de bendiciones del cielo, de Dios, del Universo, del creador, de la vida, de quien usted desée. Saque la ropa que no quiera usar más, regálela. Busque objetos que ya cumplieron su ciclo, sáquelos. Cuente los años que lleva “eso” que hace rato ni mira, ni se pone, ni le sirve, ni usa, ni sabe dónde está y ¡REGALE TODO ESO! Saque mugre de la casa, salga de lo que no tiene significado, haga feliz a otro, venda, haga venta de garaje, bazar barrial, limpieza mental.

Que este 2012 venga con cambios, que nos renueve, oxigene, cambie y nos ascienda a mejores espectativas. Con el blog, tendré algunos invitados permanentes para que oxigenen, cada uno con su visión, esta forma de ver lo cotidiano, lo menospreciado, lo olvidado. Serán invitados que nos dejarán ver su forma de mirar la vida y su percepción ante ella, siempre poniendo al SER HUMANO como centro de nuestra mirada.

Recuerdo a los lectores y amigos, que con este blog intento rescatar la memoria personal y colectiva, valorar la cotidianidad, exaltar al ser humano, volcar la mirada a los olvidado y menospreciado. Hay unos textos aparentemente ligeros acompañados de imágenes aparentemente simples, pero esos textos y esas imágenes les hacen asociar, recordar, unir temas, desencadenar conversaciones; con esos resultados quedo contento. Feliz, además, cuando aquella colonia colombiana en cada país del extranjero me escribe, me comparte su alegría por ver un mango biche, un chorizo santarrosano, una calle común y corriente o un aviso que le sacó una sonrisa. POR TODOS USTEDES, VALE LA PENA CONTINUAR CON EL BLOG. Es, además, mi LIBRO ROJO del inconsciente y mi bitácora personal (y la de Jacobo).

FELIZ VIDA, FELIZ MOMENTO, FELIZ 2012, FELIZ FAMILIA, FELIZ VIDA, BUENA SALUD PARA TODOS.

Estrategias para despertar sonrisas

Mija ¿me permite tomarle una foto a su carrito? -¡Sí, claro! Me retiro para tomar la foto a la distancia adecuada y ella lo hace también, para evitar “empañar” la foto. ¡No, no se me vaya! Si puedo tomarla con usted ahí, es mucho mejor. -Qué me va a tomar una foto, yo no estoy bonita. ¡Cómo que no está bonita! Mire esa elegancia la suya, pantalón bien planchado, camisa elegante y mire su cabello: hermoso, todo blanco. -¿Le parece? Hágale pues.

Luego, viene una sonrisa tímida, prudente, que no alcanza a reflejar un estallido de felicidad repentina. Miles, pasan a su lado en la calle Maturín; algunos, se detienen y prenden un cigarrillo con el fuego de un encendedor y de un par de censuradas tetas. Ninguno, sabe la cotidianidad de esta mujer, sus luchas, sus carencias, su enorme riqueza, su ser.

Cada día nos cruzamos a miles de personas ignorando que estamos entretejidos por una red no visible que nos hace uno. Caminamos, corremos, tomamos un bus rumbo a casa y ya: otro día perdido.

‘La Mona’ que voló por los aires

En espectacular accidente, sale despedida de su mototriciclo, tras varias maromas irresponsables. El hecho ocurrió en la calle Maturín, donde cientos de personas compraban los traídos para sus hijos.

* Oíste ¿Y qué hay de Lorena?
– ¡Ay, mija bendita! Desde que se salió de la universidad yo mantengo en una pura zozobra.
* ¿Y es que ya no está estudiando abogacía?
– ¡Qué va! Me di cuenta que ella se había matriculado en un curso en el centro. El resto de la plata se la gastó. Ahí entendí de dónde salió esa moto.
* ¿Y es que ya anda en moto?
– ¡Hum! No la bajan de ahí y mantiene subiendo muchachos todos malacarosos. Me han dicho que dizque está vendiendo tarjetas prepago o no sé qué de prepago.
* ¡Hum! Muchachos locos. Les faltó juete.

Al identificarla, se supo que era conocida como ‘La Mona’. Quienes la conocían decían que era “toda una muñequita”.

Venta de ‘traídos’ en Maturín.

Si no le trajo el Niño, espere a los Reyes

* Má, debajo de la cama no hay nada.
– Es que el Niño Dios no le trajo nada.
* ¿Por qué?
– Porque no tiene platica.
* ¿Y Dios no es el creador del universo?
– Sí
* ¿Y cómo no pudo crear mi muñeca?
– Mi amor, no sé. Demás que te van a traer los Reyes.
* Entonces hago otra cartica?
– Sí, pero no pida cosas caras.

Venta de coco en Maturín

Como cada diciembre, la calle Maturín en Medellín se llena de vendedores temporales que ofrecen variada mercancía. Allí es donde el Niño Jesús, lista en mano, va a mercar los pedidos de la muchachada: barbis, bicicletas, piscinas inflables, carros, bendiez, algún “shor” de moda, etcétera. Y como el Niño se cansa y se antoja entre puesto y puesto, la oferta de alimentos también se hace presente, para el caso, se le tiene la porción de coco, o se le tiene entero, caritriste como algunos de la foto, para que lo ralle y se lo agregue a la natilla, junto a una copita de aguardiente.

De regreso a Medellín, a sus calles, a su gente, a sus ventas, al pueblo, a la muchadumbre obrera, al sudor y a la sonrisa.

¡Ah, se me olvidaba! Venga en diez minutos que la “Seño” está raspando un “huesito” de costilla de su “coca” que, faltan cinco pa’ las dos “y yo no había comido”, musita entre masticadas.

Estamos generando ideas

¡Bienpuedan! Entren que ya está barrido y trapeado. Estamos generando ideas, así que entre que hoy no hay más que tinto, agua y ya. Escriba lo que quiera, proponga algo, sea útil, jejejejej. ¡Siempre yo!

Venta ambulante de bombillas en Ciudad Bolívar.

Solteritas y marianas

Uno tiene sus días. No los de ellas, sino, esos… esos días en que nada sale. El ejercicio con el blog es casi de escritura automática, es decir, elijo una foto y espero a ver qué carajada me sale: una veces, muy trascendental; otras, muy ligero; en otras ocasiones, algún texto con humor. Creo que este blog se me configura como el Libro Rojo de Carl Jung, es decir, así como Jung registró su inconsciente en Libro , yo lo estoy haciendo en este blog. No confundan, no me estoy comparando con el sicoanalista, solo estoy reconociendo mi propio Libro Rojo.

Asi que, de manera perentoria, pido a quienes leen este espacio virtual, que dejen de ser zánganos y ayuden de vez en cuando, con la escritura de lo que aquí llamamos alguna veces como carajadas. ¿Qué se les ocurre? ¡Pero ayuden pues! ¿Todo yo?

Foto en Ciudad Bolívar

Los que viven de la olla

Estos hombres están en la olla, no económicamente, sino en el negocio de la olla: en la venta ambulante de la olla, esa que nos sirve de batería para adornar cocinas, no la olla a la que tantos le hullen y que atemoriza como Parca hambrienta de víctima. Entonces, valdría decir mejor: estos hombres está en lo de la olla. Aclarada la frase, procedamos a determinar para qué tanta olla:

  • La pequeña para una infusión de Diente de León, agüita recomendada para el hígado.
  • La que le sigue (arriba-abajo) para poner a hacer un cafecito, “questá siendo mucho frío” (Sic).
  • La otra pa’ una aguapanela está bien.
  • Un sudao pa’ la siguiente.
  • La última, me perdonarán los ortodoxos, servirá para poner a remojar la toalla en límpido, ya que está muy curtida, “¡Es que como el señorito no se estrega, sino que se quita el mugre cuando se seca, me deja esa toalla inmunda! ¿Y a quién le toca? ¡pues a una ques* boba!”, recita la doña como mantra semanal.

Imagen tomada en Ciudad Bolívar.

Arepas de “Sumercé” en Villa de Leiva, Boyacá

¿A su merced, se le antoja una arepa boyacacuna? Vienen mecidas en cuna de mimbre desde el fogón donde las hacen. Vienen mecidas al vaivén de quien las vende. Vienen con fama tal que hasta se comen frías y a “palo seco”.

Sombrero de fieltro, zapatos de lucha, ruana patrocinada, delantal casero, y espectativa del día… Así es quien vende las delicias de otras montañas, las de Boyacá. ¿Se la empaco, sumercé?

“Métale la chancla, no sea miedoso”

Para las generaciones anteriores a la digital, la chacleta era el acicate para contestarle mejor a los padres: alzada la diestra y asida la chancla, el tono amenazante del padre o la madre increpaba de forma perentoria “Cuidaíto, jovencito, contésteme y verá”. El amenzado infante doblaba la cérviz y obedecía de mala gana.

Para las mismas generaciones y la intermedia, la chancleta era herramienta tecnológica para acabar de golpe con algún zancudo o mosquito amenazante: alzada la misma diestra o la zurda para que seamos incluyentes, lanza golpes a imaginarios mosquitos, al aire o, definitivamente, al techo cuando se percata de una pequeñísima sombra en el techo. Luego la tarea será limpiar nuestra propia sangre.

Generaciones actuales usan la chancla o la chancleta para impulsar al conductor del colegio a aumentar la velocidad del bus y sobrepasar los límites permitidos, y así botar “caspa” y adrenalina, “Métale chancleta, don Gilberto, vamos al soco*”, grita la muchachada. “Métale la chancla, no sea miedoso”, reta la misma.

Chanclas que reposan como escamas en puesto de venta. Támesis.

Venta de esqueletos

¿De dónde nace ese gusto tan arraigado de algunos por los huesos? Algunos gustan de adornar sus carros, sus motos, sus cuartos con la representación gráfica de la osamenta. Y con ella, las ancianas se aterran y le ponen placa diabólica a quienes gustan de dicha estética. Creo que los mejicanos podrían darnos excelentes comentarios acerca de este tema con su fervor a la muerte y, por tanto, a la representación del esqueleto.

Pareciera que quisiéramos burlarnos de la Muerte, representada como esqueleto ambulante y a veces vestido para ocultar su “desnudez”. Se representa a la muerte o al esqueleto en eterna y obligada sonrisa, en la ausencia de labios que mengüen la sínica risita con que se mantiene.

¿Será la eterna búsqueda de nuestro ser? ¿será que está “adentro”? ¿será que está en el cerebro? ¿será que está en los huesos? ¿será que la Muerte yace dormida en la osamenta? No son mis preguntas, son solo impresiones ante tanto esqueleto bailarín que se vende por ahí, más los que están pintados en las motos de alto cilindraje comandadas por gruesos aventureros.

Retar a la muerte, burlarnos de ella es temerle, pues, sino le temiéramos ni la voltearíamos a mirar. Es solo un pensamiento, nada de lo que se diga en el blog es La Verdad; lo que se propone es recuperar la memoria, motivar opiniones y conversar entre amigos o conocidos, como en un tertuliadero. Adelante…

Ostrería “La Marina”, ¡no se fía!

Aporte de Divier Ojeda Moreno, quien ya nos había compartido otras estampas del norte de Colombia.

Desde la Guajira envío estas fotos de una ostrería en la Bahía de Santa Marta. Se trata de un “chucito” (puesto de ventas estacionario). Me gustó el sitio porque el señor que vende los mariscos tiene buena fama. Es de los únicos que ha sobrevivido a los cambios que ha tenido la Bahía en la reubicación de sus vendedores estacionarios. El poema, lo escribió un maestro dando reconocimiento a las maravillas que vende.

Artesanías de Ráquira en Antioquia

Que se atenga Ternera, la perra madre de las trillizas: Raquel, Minga, Ajena; crías blancas consideradas de raza, por los habitantes que bordean la carretera camino a El Retiro, Antioquia. Ternera tendrá que explicarle a Fonso, padre de las crías, por qué entre la camada aparece un perro, por ellos nombrado Pelos, que se diferencia “en algo” a sus hermanas.

Fonso está harto de los comentarios de perros y gatos del vecindario que le incitan cuando, con aullidos de burla, le hacen la figura de chachos sobre la coronilla, si es que tal cosa puede hacer un perro. Fonso, pela los dientes, musita algún gruñido y se va, se oculta bajo el camión barado sobre el pasto y no aparece más en el día.

Cerdos y terneros entienden a Fonso, pero también entienden a Ternera, conocedores de aquel día en que a Ternera la llevaron al veterinario de la comarca y que allí, ella fue olisqueada, obligada  y vejada. Cerdos y terneros guardaron con respeto el secreto.

Una vez salió Fonso de su escondite, cruzó la autopista que une ciudad con montaña y fue atropellado por un raudo automóvil. Lo demás es puro cuento.

Saldos de vacaciones por invierno

Por motivo de invierno cruel, intensivo y permanente, se venden saldos de: pantalonetas de baño, bronceadores, flotadores. Al por mayor y al detal. Ya que al parecer la gente prefirió quedarse en sus casas recogidos al calor de un buen mensaje religioso, que salir a descansar bajo la intensa ola de invierno en Colombia.

Meternos en la realidad de los que en estos momentos han perdido su nochero, tocador, comedor, muebles, olla arrocera, cama, colchón, ropa; en la realidad de aquellos a los que sus casas entró la humedad, el muro empantanado, el agua negra que todo lo corroe es difícil.

Que el tiempo de reflexión continúe por el resto del año, para despojarnos del ego que nos viste y seamos uno en pensamiento, obra y sentir.

Mango biche con sal y limón

El mango no es solo una fruta más, es especial, es coautora de la niñez que se encarama en los árboles para bajar, de manera forzada, pequeños e inmaduros frutos que ni tienen pelos en la pepa. El mango es objeto de destreza en manos de los mangueros que, cuchillo en mano, giran la fruta destacando los cascos que antojan a miles. El mango acompaña al niño en su regreso a casa desde el colegio cuando, caminando, se retraza dando vistazos a los árboles que esten “tuquios”.

Pobre el árbol que demuestre su fertilidad, pues será tablero de piedras y palazos en manos de mozuelos que buscan bajar a dos bien maduritos y, que en tal hazaña, terminan bajando dos docenas de pipiolos manguitos.

La mujer también va ligada al mango cuando su panza se hincha con el milagro de la vida. Comienzan los antojos que revelan el milagro adentro. -¡Verónica María, cómo así que está antojada de mango biche con sal y limón hagamelfavor!-, -Arturo, ¡bendito! sé que son las dos de la mañana, pero necesito un mango ya, levantate vos a ver que yo con esta panza qué voy a salir-.

“Mango, mango, mangoooo”, canta con acento de vocal cerrada alargada, “Mango, mango, mangooo”, canta el vendedor al son de un caminar lento. Comienzan asalir los niños atados a casa, comienza el jubilado esquinero; sale la embarazada, el antojado que no quería pero que se antojó al oler el limón. Salen muchos, quedan pocos y ustedes amigos lectores, que diga quién está antojado de un manguito…

Los traguitos mañaneros

Sé que a muchos les gustan los traguitos, esos que los ponen alegres, que los ponen a decir tequieros a sus congéneres, esos que hacen ver por duplicado. No le gastaré más letras a esos tragos ya que son de los otros traguitos de los que quiero hablar.

Una vez el aperezado cuerpo se levanta, a veces a regañadientes y refunfuñando, se dispone el guargüero a despejarse con algo calientico, previamente la madre o la abuela, si a bien la vida aún los tiene, ha calentado una ollada de aguapanela para tomar así o servir de base al tinto, entonces el cuerpo del comenzal se anima al ver la propuesta de un nuevo día con los calores que genera una caliente bebida en la mañana.

Otros, sin embargo, no tienen amor filial y salen sin “despacho”, es decir, sin la vianda empacada en coca de plástico comprada en promoción. A estos, parece que nadie les quisiera y entonces compran café o juagadura del mismo en cualquier puestecito, en cualquier carrito tintero. Compran su café, su tinto y se piden un cigarrillito para desayunar. Me disculpan los diminutivos, que tanto evito, pero así se habla en el argot ambulante, “¿Me das un periquito por favor?”, no sabe uno si va como pregunta o en imperativo, pero el tono resalta lo primero.

Vale aclarar desde ya, que periquito no es una especie de loro o perico australiano, que se trata de un café con leche en porción pequeña de tres onzas. Que tinto es un café de trez onzas y negro. Y que lo que se pide como café, es un café con leche en una porción mayor a seis onzas ¡Qué enredo, por favor! ¿quién se invento semejante madeja de entendidos?

¡Volar! en avioncito de icopor

Una vez “reparamos” en la imagen, se nos vendrían otras con imágenes de niños. Es decir, una vez vemos estos avioncitos de icopor nos imaginamos a los niños compradores y a sus padres pagadores. Nos los imaginamos riendo, jugando, soñando, haciendo con sus labios el sonido del motor, entre otras acciones más.

Pero quiero invitarlos a mirar al viejo, a la sonrisa de la segunda foto, a la espectativa de la tercera, en fin, a realizarnos preguntas que nos conecten con su individualidad: ¿qué tanto se divierte con lo que corresponde su trabajo?, ¿cuántos años lleva piloteando aviones de icopor?, ¿quién es el maestro constructor de los mismos?, ¿dónde queda el hangar para guardar los activos no vendidos?, ¿cuántos aparatos habrá vendido en su vida de piloto y comerciante?, ¿habrá volado en avión?, ¿sueña con viajar algún día?

Pensar en él, es conectarme con él, reconocerme en él, respetarlo, amarlo, ser uno con él. Ahora sí, ustedes, qué tienen para recordar de niños y de aviones… Continúen.

¿Te comés un madurito asao?

“Con ésta sí los maté”. En el ambiente se escucha el sonido de la mantequilla derretida y saltando en la parrilla donde se asa un madurito bien maduro. Y es que cuando digo madurito, me refiero al plátano y cuando pronuncio “bien madurito”, lo hago haciendo sonar la saliva que humedece la lengua y debajo de ella.

A este madurito asado se le puede poner alma de quesito, de mozarela y hasta ser caprichoso y meterle su corte de bocadillo, empalagoso, por demás. Podemos establecer una cita, hoy mismo, con tal vianda, y reconocer la felicidad de los sentidos a la primera mordida.

Imagínese no más… El dulce humilde del plátano, combinándose con el simple sabor del quesito y unas chispas de explosión de bocadillo ya derretido. ¿Desea chocolate? Eso, acompañado de una buena conversa, recordando recetas, rememorando nuestro quéhacer ayudando en la cocina con escasos años de edad… ¿Le aso uno?

Comenta Alberto Mejía Vélez: “Cuando la mantequilla y el quesito venían envueltos en hojas de plátano, la nevera era una taza con agua y los maduros se los contaban por racimos. Era de costumbre hogareña poner en el fogón de carbón de leña, sobre la parrilla los más maduros, se iban volteando y cuando nuestra madre, que siempre estaba en casa, veía que estaban a punto, los embadurnaba de mantequilla en el corte que les hacía por la mitad, los adornaba con largas tajadas de quesito y descargaba para rematar un “lingote” de bocadillo de guayaba. Sentados sobre los taburetes nos los engulliámos, sin importar que nuestra ropa quedara chorreada, uno de los buenos manjares puesto para alegría del hogar”.

Comenta Sirirí: “Si a esos humildes platanitos que yacen ahí, como aperezados y sin rumbo, te atreves a preparar en recipiente metálico, una mezcla de azúcar y ron, le metes candela y lo derramas suavemente sobre los platanos, estarías como un genio convirtiendo algo relativamente plebeyo en un postre gourmet… ¡sencillamente delicioso!

Para que no queden dudas: venta de pescao vivo

Venta de pescao vivo, es decir que sería lo mismo decir: venta de pez. Para que no queden dudas, para que no tenga que untarse tan dignas manos de agua de pescao, abrir las entrañas del mismo después de una cesárea innecesaria. Para que no tenga que meter el dedo en ojo a ver si es saltarían, si brilla o le muestra el alma trascendida del pez.

Venta de pescao vivo, por si una vez capturado, usted se conduele y lo deja partir en buena obra de caridad, o si desea darle segunda vida menos digna en pecera de medio metro. Pescao vivo empacado con dos chorritos de agua que de nada sirven más que para estresar la carne. Asi es… rumbo al Peñol y Guatapé, se vende pescao vivo.

Chupe mamoncillo pa’ que se entretenga

Pa chupar, hay paleta, mantecado, bolis y mamoncillo. Decida usted, hoy viernes, con qué quiere entretener la muelamenta. La casa le recomienda el mamoncillo que es de origen natural. Móntese a un árbol de dicho fruto, si lo prefiere compre los gajos ya bajados, use los labidentales para partir la cascarita que proteje el embrión, succione y entreténgase buen rato con la peluda pepa del fruto invitado.

Una vez adentro, haga ejercicios de malabarismo entre lengua y oclusodentales, mándela para arriba, deténgala con el paladar, escóndala bajo la lengua, chúpesela todita. No exagere el ejercicio hasta llegar al núcleo, túsela con el chupar pero no exagere, que hay cien más. No deje la bola limpia al alcance de la vista ya que similar a un removible dental es. Bótelas lejitos, no las deje en el quicio de la casa, no se las deje al niño que se atraganta, además está usada, guarde una docena para pasar la tarde o por si se va la luz, repita la próxima semana, sea niño y siéntase feliz.

Venta de frutos en Santa Fe de Antioquia.

Exhibidores caseros -“Hágalo usted mismo”-

Dele la sopa al niño, que sea de Guineo que tanto alimenta, insístale, no se deje convencer de que no quiere más, dele la sopita que bien le hace, luego, al terminar, lave bien el plato y haga negocio. Búsquese una caja de ganchos para pañal de tela -sí, aún hay familias que no tienen para los desechables-, saque los ganchos y téngalos ahí. Caliente aguja capotera, perfore el plato de manera sistemática, hágalo con un cabo de vela, no lo intente con encendedor. Terminados los orificios, proceda a enganchar y haga negocio: cuelgue una docena de carajaditas varias, algo misceláneo, baratijas y antojitos y deje que la presa venga, que el cliente se acerque y proceda.

Ventas estacionarias en Santa Fe de Antioquia.

Hay pies que matan lechuzas

Hay pies, empolvados, que llevan el evangelio a otras criaturas. Hay pies que, solamente, caminan para buscar poemas. Hay pies o PATAS, que les da por patear #lechuzas en campos de fútbol, hoy en día convertidos en campos de batalla. Hay hermosos pies que seducen a variados fetichistas. Hay pies que dan pata en la cancha de fútbol y hay otros que las dan fuera de ella.

Hay pies que caminan pidiendo limosna por las mañanas. Hay pies con callos gruesos y juanetes enormes. Hay pies que nunca se asoman y permanecen encerrados entre cueros y suelas. Hay pies rebeldes, de niños y de grandes, que se soban en el piso y caminan a pie limpio -o sucio-.

Hay pies, adolescentes y descarados, que patean en culos y en bolas. Hay pies, hábiles y productivos, que mueven multitud de billetes. Hay pies que se asoman entre las letras de los poetas y otros pies que se aparecen en escenas eróticas. Hay pies hermosos y hay pies olorosos enemigos de las pedicuristas.

Pero el pie que más detesto en el momento, es el que pateó la hermosa LECHUZA, fallecida por causa del golpe.

Venta de chanclas en Santa Fe de Antioquia.

estéticas en el ofrecimiento de productos de calle

El vendedor de calle, ambulante o fijo, autorizado o invasor, fijo o de feria; es un gran conocedor de la importancia de la estética a la hora de promocionar visualmente sus productos. Armonía del color, contraste, agrupación, dirección, continuidad, entre muchos otros, son conceptos puestos en práctica por venteros que, quizás sin formación académica, ven potencializada la venta de sus productos al causar efectos sicológicos en la mente del potencial comprador.

El ‘agosto’ que representa diciembre

Remoje la carne, pele la mazorca, compre la ‘merca’, vaya al hueco y compre dulces, arme los chuzos, limpie los pinchos, compre vasos, parta la morcilla, hágale cortes a la chunchurria, ase las papas, caliente las arepas… llegó diciembre, se fue diciembre, cuente la plata, reparta el dinero, cuente ganancias, compre el traído, dele al llevado, cómprese el estrén, ‘saque’ a la novia, viva diciembre, ruegue en enero.

Agosto: “se hizo el agosto”. Buenas ventas, ventas cuantiosas, ganancias, superavit.

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