Éxtasis de color

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¿Cómo negarse a ir a la Plaza Minorista de Medellín?
¿Cómo no alimentarse de fruta fresca y color de tierra?
¿Cómo no darle de comer al ojo en esta galería del impresionismo?

No dejo de maravillarme cada vez que visito esta plaza de mercado alumbrada por cítricos amarillos y naranjas que se vuelcan al rojo de la fruta madura. Iluminada también por variados verdes que cambian como sus precios. Matizada por cáscaras cafés, por pulpas rozadas y cremas.

Cómo no sorprenderme sabiendo que esos variopintos colores vienen todos de la tierra negra de nuestros suelos, esa misma tierra que se incrusta en las hermosas y callosas manos de nuestros campesinos.

¿De dónde acá la tierra guarda el verde de un tomate y le daba las reservas para que se convierta en rojo cuando sea grande? ¿Dónde esconde esa tierra negra los cremas mezclados con verde de las copas de la coliflor? ¿En qué envase guarda la tierra negra los aromas con que manda a la albahaca para mi casa y que perfuman mi nevera cada vez que la abro? ¿De dónde el capricho del plátano verde de madurar junto con sus hermanos de gajo y vestirse de amarillo dulce?

Nada como ver ese espectáculo de color y olor. Nada como echar una papa más pacompletar el kilo y partir la yuca pa mirarle el almidón. Nada como pedir la cuenta y tomar rumbo a donde me esperan las frutas, nada como coquetearle a todas ellas y llevarme algunas para mi hogar. Ver, oler, vivir.

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