Escaparate Pop

Escaparate de cuatro cajoneras con simetría rota para generar movimiento y romper la monotonía de los espacios rigurosos. Puede ubicarse en espacios donde la madera tiene el protagonismo. Conviene no aplicar pintura sobre dicha obra, para conservar esa naturalidad de los materiales. Los “cajones” son independientes y modulares que promueven la interacción del usuario.

Guacales apilados para contener frutas o verduras.

Toñito ¿Se te acabó el madroño?

Pues sí señores, una chaza de la carrera Cundinamarca vende cuanta fruta rara hay en la viña del Señor o sino es rara, por lo menos escasa. Entre otras frutas, venden madroño aquella fruta de la canción: Toño, ¿te casaste Toño? Toñito, ¿se te acabó el madroño? Toñilas (¿y de aquello nada?) ehhhh, a ver las dos guayabas. Lo bueno fue ver la cara de una alumna mía probándola por primera vez. Nada como sentir algo nuevo, inesperado y único. Foto tomada por Diana Cristina Miranda, alumna mía de Comunicación Visual. Puro color.

Bebé encaletado

Es la segunda foto que tomo de un bebé encaletado entre el mobiliario de trabajo. En esta ocasión, es el bebé de Lady vendedora de legumbres en la plaza minorista de Medellín. Este afortunado niño, goza de la compañía de la mamá mientras ella trabaja, gozará de una buena alimentación basada en frutas y verduras, legumbres y tubérculos. Este bebé goza del cuidado de su madre y abuela. Este bebé goza de la buena compañía de los vendedores de la plaza, sonrisas y buena merca. Bendiciones para el bebé.

Si quieren ver otro bebé encaletado…

Juan David sigue creciendo

Caseta con niño adentro

Ella es Limonera

Esta señora es una limonera, oficio de gran importancia. Es quien nos vende los limones para un sancocho o para un consomé levantador. Es quien nos vende el limón para marinar el mango o las papitas “manisucias” que le fascinan a mi esposa. Es quien nos vende el limón para lavarnos las manos para después de preparar el pescado, o para marinarlo y comerlo bien tostado. Es quien nos vende el limón para realizar de manera sencilla una limonada de azúcar o de panela.

Afueras de la Plaza Minorista.

Levanta a los que viven en el suelo

Confieso que no me gusta el fútbol, o mejor dicho, no me gusta el fútbol profesional. Todos los días quiero sintonizar alguna emisora del A.M. y lo único que localizo son alegatos y discusiones que no llegan a nada. Camino por ahí, y la gente discute las jugadas equivocadas de otros que trabajan en una manga con tribunas. Los lunes me entero de cuántos asesinatos, accidentes y peleas se dieron por el partido inmediatamente anterior. Familias que se odian, padres que discuten con sus hijos; ¿todo ello por una pasión errónea por lo que corresponde al trabajo de otros?

En el único fútbol que creo es el de los barrios, picaítos esos improvisados en tardes domingueras, con arquerías de ladrillo y balones baratos. Con limonada al final del espectáculo o leche con rollo para compensar.

Imagen del Señor “lastimosamente” caído. Plaza Minorista de Medellín. A mi me gusta es el Señor victorioso, vivo y sonriente.

Una Pulsar cubista

Es en serio, voy a imprimir esta foto en formato tabloide o algo más grande y la mandaré a enmarcar, pero que lo hago lo hago. Es de mi diseño favorito en avisos o carteles populares.

Es que contiene la magia del error y la inexactitud, la alegría de la ausencia de perspectiva, es la fuerza del color, es la inocencia y la naturalidad de un gráfico sin vicios académicos.

Es un dibujo como lo hubiera hecho Picasso acaso o algún otro del cubismo. Es una farola y tacómetro Picasso, es una llanta trasera Kandisky, es un tanque y silla Miró.

Este dibujo pertenece a un taller de motos ubicado sobre la avenida paralela al río o Regional vía a Bello a la altura de la Estación Acevedo del Metro y fue descubierta por Diana mi esposa cómplice.

Día sin brillo

Cajas chuteras. Así llaman a las cajitas de embolar de poca monta. Cajas que no tienenmucha elaboración artesanal y que pueden costar cualquier peso. Así es la caja de este improvisado embolador, una caja sin brillo como la mirada de él mismo, como su voz, ya que no puede expresarse bien. Una mirada perdida en los vacíos de su vida. Una sonrisa tenue, tímida y resignada.

Esperemos que ese camioncito consiga la carga que cada día necesita para transportar el alimento a una panza humilde.

Méjtase conmigo y verá como sale…

Vigilante independiente en la Plaza Minorista de Medellín. Recuerdo a don Álvaro, vigilante del barrio en que me crié. Un voyerista matutino, que antes de tocar a la puerta para el servicio de “despertada”, silenciaba su pito de árbitro y se acercaba a las ventanas a fisgoniar y ver las amas de casa en sus batolas motudas. Ah don Álvaro picarón, ¿dónde estarás?, ¿en que ventana reposará tu rostro senil?

Éxtasis de color

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¿Cómo negarse a ir a la Plaza Minorista de Medellín?
¿Cómo no alimentarse de fruta fresca y color de tierra?
¿Cómo no darle de comer al ojo en esta galería del impresionismo?

No dejo de maravillarme cada vez que visito esta plaza de mercado alumbrada por cítricos amarillos y naranjas que se vuelcan al rojo de la fruta madura. Iluminada también por variados verdes que cambian como sus precios. Matizada por cáscaras cafés, por pulpas rozadas y cremas.

Cómo no sorprenderme sabiendo que esos variopintos colores vienen todos de la tierra negra de nuestros suelos, esa misma tierra que se incrusta en las hermosas y callosas manos de nuestros campesinos.

¿De dónde acá la tierra guarda el verde de un tomate y le daba las reservas para que se convierta en rojo cuando sea grande? ¿Dónde esconde esa tierra negra los cremas mezclados con verde de las copas de la coliflor? ¿En qué envase guarda la tierra negra los aromas con que manda a la albahaca para mi casa y que perfuman mi nevera cada vez que la abro? ¿De dónde el capricho del plátano verde de madurar junto con sus hermanos de gajo y vestirse de amarillo dulce?

Nada como ver ese espectáculo de color y olor. Nada como echar una papa más pacompletar el kilo y partir la yuca pa mirarle el almidón. Nada como pedir la cuenta y tomar rumbo a donde me esperan las frutas, nada como coquetearle a todas ellas y llevarme algunas para mi hogar. Ver, oler, vivir.

No te veo la espada

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Me alegré cuando encontré a este anciano sentado allí junto a este aviso. Me pareció que sería buena foto y que se leería como si el anciano era quien estaba deseando lo que el texto reza. Pero da la casualidad que esa semana me fuí a la biblioteca de Comfenalco a ver libros de fotógrafos y me encontré con que el fotógrafo Donaldo Zuluaga, también había tomado esta misma foto pero con personaje diferente en 1989. -El mundo es un pañuelo-

Estatua de Simón Bolívar, Parque de Bolívar en Medellín.

He aquí estoy a la puerta y llamo…

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He aquí estoy a la puerta y llamo… pero no me abren. Imagen de Judas Tadeo tocando a la puerta de María encerrada con candado. Y yo que marqué la foto como José (mi ignorancia católica).

Recuerdo con tristeza las calcomanías que algunas familias pegaban en las ventanas de las casas en los barrios populares de Medellín, calcomanías que rezaban “AQUÍ SOMOS CATÓLICOS, NO INSISTA”. Tristeza por ese tono en mayúscula, hiriente y excluyente. Tristeza porque se supone que somos hermanos. Tristeza por un significante aviso generador de una violencia muda.

Es la fortuna de haber crecido en un ambiente católico y evangélico, además de tener ascendencia judía por mi abuelo Carlos Zimerman Clark, polaco judío de la diáspora; que supone no volverme fanático.

Se lamina, se plastifica

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Estas ventas me hacen acordar de cuando mamá me plastificaba los cuadernos. Para esa época había varias formas de plastificarlos, entre ellos, con forro de plástico que con el tiempo se arrugaba y uno de ocioso le pasaba la uña deteriorándolo más.

La marcada de los cuadernos era todo un ritual. Daban ganas de comenzar el año con buena letra y así lo hacía uno, hasta que la volquetada de tareas hacía que uno tirara al traste la buena letra y a copiar como sea, que no hay tiempo pa pulir.

Imagen en la calle Boyacá

Arbolito de buñuelos

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Después del puente de la avenida Colombia, en el sector de Suramericana se venden estos buñuelitos recién bajados del arbolito.

Los buñuelos no son solamente el binomio perfecto de la natilla, los “buñelos” caen bien a toda hora solos o con empanada, su otra pareja cuando no es diciembre.

Billar El Indio

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Otrora Billar El Indio. Hoy, venta de tomate de aliño. Plaza Minorista de Medellín.

Además del mural, lo adorna un famoso cuadro que abundaba en tiendas y graneros: “Yo vendí a crédito. Yo vendí al contado”, cuadro desactualizado por demás, porque los sistemas de crédito han llenado los bolsillos de muchos. Mejor dicho, hoy podemos invertir la situación así:

Yo compré a crédito. (Hombre achilado)
Yo compré al contado. (Hombre boyante)