Riqueza y pobreza: estados mentales

dulces_del_jardin1

Hay quienes no soportan que su reflejo se vea en la imagen inversa del otro. Hay quienes no soportan verse en esos espejos. Es difícil ver nuestra riqueza o pobreza; solo en ocasiones que la imagen del otro nos permite atisbar la nuestra.

Hay quienes gozan de la inmutabilidad de las cosas, de la vida del vecino, de la economía del barrio. Anhelan “salir adelante”, pero con el egoísmo de ser los únicos, como si necesitara un referente atrás para poder hacerse a una imagen.

Hay quienes pegan un grito en silencio cuando algún vecino logra el avance de su economía. Juzgan, maldicen en silencio. Envidian. Esperan la caída y la imaginan. Lo que deja ver la realidad del verdadero significado de “pobreza”: un estado mental y no económico.

Hace algún tiempo, fui invitado a pernoctar con mi familia en una gran hogar. Este hogar se crió bajo el rechazado olor de pata de res quemada, para extraer y fabricar con ella, algo inesperado: dulce. Gelatina de pata. Jalea, blanca y negra, como gritan en algunas calles aún. Nos dejaron ver una historia de superación mental, de necesidades económicas superadas y de una mujer ¡GRANDE! Mariela Arango Jaramillo. De unos hijos levantados a punta de unos leños que chamuscaban los pelos de las patas de res, muchas veces bajo el rechazo vecino provocado por el olor de tal alquimia. Pero el hambre acosa más que las cuentas de servicio y hay que mover las manos. Hoy son emprendedores incansables, creativos, insatisfechos por la necesidad de crear. Lograron atravesar la barrera de su propia mente y crean lo que tanto soñaron: dulces, café, vivero, comida.

Dulces del Jardín, en el municipio de Jardín en Antioquia, es una lección de empresarial. Un genio de inteligencia económica que se pasea entre los genes de cada integrante de esta familia. La pequeña y oscura entrada que dejaba ver unas pailas atendidas por quienes se afanaban para sacar los dulces del sustento, quedó atrás. Al visitante, se abren los viejos portones para mostrar una la grandeza de la mente familiar que hoy orbita en otro estado, haciendo aún más bello a este municipio de Jardín, localizado en el suroeste antioqueño.

Agradecimiento: Hernán Cruz Arango. Aún estoy en deuda por la visita… Quedan aún unas letras por salir.

dulces_del_jardin4 dulces_del_jardin5 dulces_del_jardin6

dulces_del_jardin2 dulces_del_jardin3

Cicatrices que alegran, en la madurez del recuerdo

finca_hector_giraldo

Comienza, con este recuerdo de Héctor, el juego de “café y mamoncillo”, una excusa para hablar de muchas cosas, distintas entre sí -si se quiere-, con una taza de café de por medio, como agente que une y cohesiona. Si usted, que lee, tiene recuerdos, imágenes o un aporte con el que hagamos este tejido de retazos, es bienvenido en coffeenton@gmail.com. / Carlos Múnera.

hector_giraldo

Por Héctor Giraldo

Corría el 1966, y tenía siete años cuando vivía el paseo de vacaciones que siempre nos daba papá en la finca del abuelo. Uno de esos días disfrutaba con mi hermano mayor en la pesebrera, con los terneros y, cerca de allí, tratábamos de despulpar un puñado de café en la despulpadora; en un descuido tan frecuente a esa edad, metí  mi mano izquierda a la tolva, con tan mala suerte que dos de mis dedos quedaron atrapados ¿Pueden imaginarlo?

El problema vino, luego, para liberarme. Fue solo después de varios intentos, que logré sacar mi mano ¿adivinen cuántos dedos salieron? Por fortuna, todos, con algunas cortadas pero libres al fin y sin fractura ¡nunca olvidare esa imagen! Y más aún, porque en mis dedos quedó la cicatriz de este accidente…todo por el café y la curiosidad infantil. De recuerdo, me compré una réplica de una maquinita de esas, despulpadora, que siempre conservo como una de mis mejores instantáneas de mi vida.

Juventud que exige calidad en el café

jovenes_nuevos_consumidores

Los nativos digitales, ávidos de información y experiencias que los hagan sentir vivos, son los nuevos consumidores que están exigiendo del mercado oferente, mejor calidad en lo que se configura como nuestra bebida nacional. Jóvenes exigentes en la información, curiosos, exquisitos en sus gustos, proponentes de experiencias y consumidores de ellas. Por eso mismo, entre muchas razones, es que el café especial entra a ser parte de sus gustos. No se trata solo de una bebida que les avisa que han llegado a la edad adulta, sino de una bebida que nos identifica. ¿Por qué tiene que ser desastrosa una experiencias sensorial por culpa de malas prácticas de preparación, como es la greca que cocina un jarabe por horas, sobre extrayendo componentes que no deberían ir a la taza?

Estos mismos jóvenes, descubren que Colombia sí puede tomar buenas tazas, ricas en sabores y diversas en su origen. Junto a ellos, también caminan las viejas generaciones que no conocían mayor oferta de café que con la que fueron “educados”, para referirnos a la publicidad que les inculcó en sus mentes la publicidad. Generaciones que están permitiéndose el disfrute de dulzuras que existían en el café sin necesidad del uso del azúcar que, a mi parecer, tampoco se puede condenar en los consumidores, pues, el caso del uso de la panela o agua de panela en nuestra bebida es también una usanza muy  colombiana ¿Y por qué no?

Ahí están ellos, jóvenes apasionados por el consumo de una rica bebida estimulante; apasionados por un oficio cuya palabra nos era extraña y apenas se comienza a masificar en nuestras tierras: barista, quien, a veces, tiene que tomar energía prestada del ego para poderse dar a conocer y lucir su conocimiento; y así, abrirse camino en medio de la gastronomía. Ahí va Colombia, descubriendo cosas que creímos dar por sentadas; conociendo algo que creíamos conocer: el café. ¡Y creo que vamos por buen camino, solo que atrasados, con referencia a otros países que ni siquiera son productores!

“Últimos segundos de vida del café”

jose_zapata_carinito_coffeenton

La frase del título, la escuché hace poco, en el Primer Encuentro Departamental de Baristas y Catadores, organizado por el proyecto de la Gobernación, Antioquia, origen de cafés especiales. Se la escuché a José Zapata, barista de Cariñito Café y, la verdad, se quedó anotada en mi agenda. Zapata, hablaba de ella, para ilustrar el cuidado con el que hay que servir la bebida luego de que el grano haya atravesado toda una cadena de tratamiento.

Muchas personas ignoran o no tienen consciencia de la cantidad de trabajo manual que hay detrás de la taza de café que tienen al frente cada día. Ignoran o no perciben que la tintura o extracción que tienen en sus tazas, provienen de granos que fueron arrancados manualmente de la planta y, que luego de otros procesos, fueron tostados con cuidado, si es que estamos hablando del buen café. Así que no es exagerado decir que nos estamos tomando el fruto del trabajo del hombre, como se escucha de la vid en cada misa.

“Los últimos segundos de vida del café”, deben, por tanto, ser una experiencia de tal magnitud, que no opaquen el esfuerzo realizado por cada una de las personas que intervinieron en su producción. Los últimos segundos de vida del café, deben ser de un residual agradable, que invite a volver, a regresar, a repetir y a invitar.

Sé que muchos lectores se identifican con las malas experiencias en renombrados restaurantes en sus ciudades, cuando, luego de una exquisita comida, culminan el ritual social con una taza de café que, en muchos casos, borra la agradable experiencia con un pésimo sabor a jarabe quemado, y que por obvias razones, rompe la experiencia dejando un mal recuerdo, solo porque se trataba de un tinto malo gratis.

Aunque la vida del grano de café termina cuando entra en la tostadora y su germen muere para dar paso a una deliciosa caramelización, esos últimos segundos de vida, deben dejarnos antojados a repetir la experiencia, que más que gastronómica, es social, que es, para mí, lo relevante de nuestra bebida: “…Seamos amigos”, remata el copy de una tradicional marca.

¿Café o tinto?

tinto_cafe_coffeenton

Varias han sido las discusiones en cuanto al término “tinto”, para referirse a una taza de café negro, en algunas zonas de Colombia. Pero ¿es correcto su uso? ¿se confunde con el vino?

Escribo desde lo personal cuando defiendo el modismo “tinto”, para normbrar una taza de café negro, no muy espesa, producto de métodos filtrados o de un percolado (greca). Lo qué no parece lógico es que, en Colombia, recibas un café con leche cuando se pide un “café”.

El origen de este artículo, que estaba en mora de escribir, se aceleró con una discusión en redes sociales con el periodista gastronómico, Lorenzo Villegas; el instructor de Barismo, Andrés Ruiz Márquez y otros lectores más. Lorenzo, con razón, defiende el uso del “tinto”, para referirse al vino “oscuro”; a lo cual, Ruiz, en defensa del tinto dice: “Creo que llego el momento de definir nuestra identidad, llevamos algunos años copiando procedimientos extranjeros. Usamos métodos y prácticas de baristas de países consumidores y con razón. Me sueño el día en que desarrollemos conocimiento, nuestras formas, nuestros métodos, nuestra propia identidad. Porque merecemos tomarnos nuestro mejor café y conocerlo mejor que otros. Hace poco escuche a una BARISTA principiante decir que alguien le critico un procedimiento (eso no se hace así). Seguramente porque en otra parte no se hace así. Ella le preguntó, por qué no se puede? La respuesta sin fundamento técnico fue: “Porque no se puede”. Solo -copiar pegar-. Llegó la hora de desarrollar una fuerte cultura propia de consumo de café”.

El debate sigue abierto, lo cual nos invita a encontrar el origen de este modismo. Una breve búsqueda en el oráculo del Internet, nos puede arrojar escasas luces: “Durante mucho tiempo nuestros abuelos y padres tomaron una mezcla de cafés, que era muy económica y que incluso cuando subió de precio se rendía con agua. Ese es el origen de la palabra tinto”, Ana Sierra Restrepo, coordinadora ejecutiva del Programa Toma café. El Mundo.com. Y del http://es.wiktionary.org/wiki/tinto Etimología: del latín tinctus1 , y este participio de perfecto de tingere, del protoindoeuropeo *teng-2 . Compárese tintatintura.

Hay más citas que nos pueden dar luces al respecto, pero, en mi opinión, defiendo el modismo en discusión como uso lingüístico que nos lleva a nombrar a nuestra bebida, ya que se trata de un “agua teñida” (no debe leerse como un peyorativo), pues, a la final eso es un filtrado, un agua que extrae del grano molido, algunos sólidos que la “tiñen”.

Ahora, como país que no es vinícola, así hayan algunos cultivos; sí es cafetero y nuestra cereza (grano de café en la planta) vive algunos procesos que podrían ser análogos al proceso de la uva. Más interesante aún es hablar de un perfil “vinoso” o “avinado”, para referirse a un perfil de taza con fragancia y sabores a frutos rojos, frutos maduros, uvas; que hacen que nuestro “tinto”, sea nuestro “vino”. Ver: ¿Tenemos café-vino en Antioquia?

Creo que, como invita Ruiz Márquez: “Llegó la hora de desarrollar una fuerte cultura, propia, de consumo de café”. Agregaría que, llegó la hora de buscar cuál es nuestro método, llego la hora de defender la “Olla”, como uno de ellos; llego la hora de aceptar el uso de la panela como nuestra miel; llegó la hora de llevar a equilibrio nuestra autoestima nacional.

Foto: Cartago, Valle.

Una brisa veraniega ventila el café de Gallo, en Barbosa (Parte 1)

Cuando dicen Barbosa, se te vienen las imágenes de sol, piña, caña y de un clima intensamente iluminado, pero ¿café? ¡Pues sí! Café hay en muchas partes, así sean pocos palos, pero no falta el cultivo de grano en muchas fincas de nuestra Colombia. Así que, acepté la invitación que me hiciera un lector de CaféContigo y, cámara empacada y familia a bordo, nos fuimos a conocer una nueva historia de esas que en Colombia abundan.

Con Carlos Mario Gallo, dueño de la finca, conversé en varias oportunidades por celular sin llegar a conocer su rostro, pero así somos en Antioquia, familiares todos, hasta que llegó el día de armar visita y conocer su rincón cafetero: 3.000 palos bañados por el sol a una altura de 1.650 msnm., una familia que cuida su pedazo de montaña y unas mascotas que le añaden sonido de campo a ese terruño.

Carlos Mario Gallo, no es hombre de campo, lo de él es el comercio, los negocios ¡y la política!, Gallo, ha tenido multitud de negocios en los que se ha desarrollado como hombre de empresa. Llegó a tener hasta 500 empleados en una compañía de muebles, en temporada normal y 1.000, en temporada decembrina. Fue alcalde del municipio de Ituango (Antioquia) en el periodo 2008 a 2011, territorio de directa influencia de la hidroeléctrica más grande de Colombia. Así que, más que hablar de sus palos, de lo que hablamos fue de política, de gobiernos, de chismes y confirmaciones; como quien hace análisis elocuentes de las distintas realidades de nuestro territorio. Lo que allí hablamos se lo sostenemos a Canela, una gata perezosa y a Blanca y Cheli, canes recogidos por la hermana de Gallo, en Abejorral ¡A nadie más!

De Carlos Mario no hay fotos porque pa’ protagonista me salió bien esquivo, solo me queda una foto de él aspirando la fragancia de su propio café en una cata improvisada del grano de su finca; foto que no lo deja bien salvado si quisieran definirlo a partir de su sombrero, jejeje, uno desvencijado que lo que me dice, es que Gallo, es un hombre sencillo, sin ganas de aparentar o llamar la atención con más tesoros que los que lleva dentro de sí y de su memoria. Cabe anotar que dicha foto, casi que se la robé.

El marco de este encuentro político-civil –en broma-, de este par de familias montañeras –la de Gallo y la mía-; se dio ante la espectacular vista que ofrecía una terraza donde estaba ubicado el comedor de la casa, pues, cómo dejar presos los ojos cuando se pueden sacar las salas y los comedores a la vista de pájaros y montañas; así que ante la inmensidad del paisaje nos fuimos yendo entre temas de café y política. Los demás, recorrían diferentes escenarios de la casa: Jacobo, mi hijo, y los demás niños corriendo entre los pisos de la casa, la mamá de Carlos Mario en una cocina adornada por una ventana de postal; los mayordomos en sus quehaceres; Diana y yo, recibiendo la fresca de la mañana, que es así como le decimos a la brisa del viento.

Llegó la hora de conocer la tierra de la finca y los protagonistas: sus palos de café; pero confieso que me entretuve, mejor, entre una imagen para mí más envidiable: una huerta casera que les permite no tener que mercar en tiendas e hipermercados, y sí, arrancar lo necesario para “levantar” unos fríjoles o un sancocho campesino con los insumos más frescos y saludables que uno pueda desear. Así que, en vez de reparar por algunos granos maduros de su cafetal, me interesé en admirar el tamaño de las hojas del cilantro allí sembrado, por unas acelgas, por la textura de la habichuela. Aproveché, lógicamente, para enseñarle a Jacobo de dónde viene la zanahoria; el repollo y la yuca. (Los niños de las unidades residenciales creen que la comida viene del supermercado). El punto culminante fue ver a Jacobo sacando los huevos –aún tibios- recién “publicados” por las gallinas con sus cacareos; hasta allí ‘Jaco’, solo los veía en la nevera y fríos.

Luego llegó el ritual que no puede faltar en el campo: el almuerzo, y digo ritual, porque cuando hay visita, el almuerzo deja de ser un mecánico acto para ser la bienvenida del forastero; es la manera como abrimos las puertas al desconocido. Parecía, además, que esta nueva conexión tenía años de haberse concebido. El almuerzo nos convocó a seguir conversando de temas, de obispos, de alcaldes y gobernadores, de cafés verdes, pergaminos y tostados. La excusa del café para la visita, pareció no ser tan protagonista como se hubiera pensado, pues, se interpuso el tema humano de primero, objetivo supremo en una taza de café. Mi esposa disfrutaba de todo y de la conversación de doña Ángela María Uribe y doña Orfa Machado; esposa de Carlos Mario, la primera; y madre, la segunda. Canela, la de la foto tomada por nuestro hijo, parecía ajena a la visita, ignorándonos desde “su” sillón. John Hincapié, mayordono de la finca volteaba de allí para acá como haciendo lo suyo, preparando lo que iban a ser los sorbos de la tarde, de café –por supuesto-, que visita a casa cafetera sin los sorbos de palo propio y con tostada artesanal no sería visita seria.

Lea la parte 2 de este relato: apartes del almuerzo, el arte de doña Orfa, la cata de café y el ritual de despedida…

De tazas, jarros y pocillos

La quinta esencia de los no iniciados es el café, bebida que pasa imperceptible, a veces, pero que se hace del rogar o del necesitar cuando estamos en ciertas circunstancias. La necesita el universitario que recién se integra a la bebida y reconoce que activa sus neuronas ante el nerviosismo de parciales y finales. La necesita el trabajador para despegar la mañana con citas, reuniones y responsabilidades. La bebe el hombre maduro que, entrado en años, se siente menos solitario cuando sus labios y su paladar siente la tibiez del amargo elíxir.

Pero la bebida necesita un continente que ataje el descaro de todo fluido de buscar fáciles salidas; tal necesidad se junta con la compulsiva obsesión del hombre de coleccionar todo tipo de cosas, para nuestro caso, pocillos, mugs, tazas y demás jarros relacionados con el café. Unos, coleccionan por impulso acumulador, por detallar una taxonomía del objeto que a veces se desborda y raya en la locura. Otros, no es que coleccionen sino que se aferran a los objetos, usando hasta su quiebre, aquellas tazas que avisan desvaríos, res quebramientos y despicados; sacarles una taza a estos, es como ganarles una difícil partida de ajedrez.

He aquí algunas tazas de esas que no han probado chocolate o café; sino que pasaron de la venta a la exhibición privada en repisas y anaqueles. Fueron creadas para acompañar a los oficinistas en sus escritorios, como pocillo de niño que es marcado con nombres, apellidos y grado escolar del infante; tazas como éstas, forman una variopinta muestra en las alacenas de las cocinetas de las empresas, cada quien sabe cuál es la suya y si hay pares, son diferenciadas con marcador por debajo.

Algo hay de íntimo en las tazas para beber, quizás por la acción misma para la que fueron creadas y el beso que nos corresponde darles para tomar una cálida bebida. Es íntima porque somos cuidadosos con los fluidos, no los del café, sino los de nuestra boca. En cafeterías centrales no importa semejante tontería, dirían los comensales, lo que importa es que el café esté recién servido de la greca, que haya cucharita y cubitos de azúcar. ¡Salud!

¿Tiene tazas, jarros o pocillos? Envíeme la foto y cuénteme un renglón con la historia ¿Qué dice?

Buen café, conversa y recuerdo

Hace pocos minutos recibí el reporte de que unos iniciados del tema, visitaban una tienda de café cercana a mi habitual lugar de trabajo. Ayer, recibí otro reporte de una lectora que tuvo una deliciosa experiencia con un espresso machiatto. Estos dos recientes comentarios hechos de manera personal y a mi correo; confirman que el anhelo de ver a más gente adoptando al café como su bebida de cabecera va confirmándose.

Ahora la propuesta es hacer visible otro objetivo de este espacio virtual: el recuerdo y la conversa; pues hay mucho reporte de buen café, de nuevas costumbres y de mejoramiento de prácticas; pero nos estamos quedando cortos con que los lectores del blog nos cuentes sus recuerdos. Toda imagen pasada es valiosa como inicio de una conversación entre varios, de nada vale un buen café si no lo sorbemos con alguien que escuche nuestros pensamientos.

Qué tal si hablamos de aquellos mejores momentos de nuestra niñez; qué tal si nos comparten el nombre de aquella primera chica a la que le pusiste los ojos –solo los ojos-. Qué tal si nos describen aquel plato de comida de la niñez que nunca olvidarán. Qué tal aquel sonido a cascos de caballo; de muleros gritando en la plaza; de plaza de ferias. Qué tal ese viaje que nunca olvidarás; esa visita a ese museo; ese hombre o mujer que viste pasar y que jamás olvidarás así nunca hayas sabido su nombre. Qué tal si nos cuentas qué te empacaban en tu lonchera; qué juguetes llevabas a la escuela; qué juguete quisieras recuperar o si ibas a pie limpio.

¡Dale! Contame pues, a mí, poco me importan las grafías ortodoxas; las tildes mal puestas; a mí, lo que me fascina es conversar, desentrañar la mente humana y escarbar en el recuerdo; a mí lo que me gusta es tener comunidades reales, de carne y hueso que interactúen en mente y en presencia. Lo rico es despertar a los detalles sencillos, los verdaderos milagros cotidianos; no seas egoísta, tímido o callado; compartí tus letras así estén mal puestas para que, el otro, se identifique con vos y se unan en un recuerdo.

¿Entonces? ¿Quién dijo “este es mi recuerdo”?

¡Saludos al que se burló de mí por moler el café en un picatodo!

Oro rojo en las montañas colombianas

Serpentea el hombre por caminos artificiales que llevan a recónditos parajes de gentes humildes. No confunda el hombre humildad con pobreza, que ésta última se ve más en las ciudades que en el campo. La humildad del campesino va en la sabiduría misma que hace que no conozca el ego, sino, la generosidad, y cuando el hombre del campo es generoso, entonces es rico.

Cuando la familia del campo se levanta, lo hace temprano porque sabe que la sabiduría también se levanta de mañana, es místico este asunto. Una vez sale a trabajar la tierra, la familia campesina ve que las plantas han crecido y llevan sobre sus hojas el agua del rocío nocturno; es entonces cuando se eleva una oración indecible desde el corazón del hombre, una oración que reconoce la inteligencia del cosmos y lo sagrado de su perfección.

Cuando el forastero que visita el campo para recordar su ser primitivo, es recibido por la bondad de las familias campesinas que, siempre, tienen la cocina abierta para recibir al que llega. Es entonces cuando humea el pabilo y es encendido de nuevo el fogón, es puesta la olla de aguapanela o el café montañero a calentar para hacer la bienvenida más gloriosa.

Que el café sea de campo, entonces; que el café haya sido acariciado, exigimos; que el café haya pasado por los mimos de un buen beneficio y abrazado con una buena trilla. Que el café haya sido tostado como de quien quiere exaltar los caramelos de su fruta; que sea molido como de quien quiere extraer la perla del sabor…

El sabor le toca a ustedes… ¿a qué les sabe?

Foto: Jara. Betania, Antioquia.

Para vestirse de café

Interacción Café del Mundo. Mónica Arcila, calígrafa e invitada varias veces a El Artesano, en Televida.

Saludos, Carlos Mario. Comparto esta foto de mi  delantal sobre el café, comprado en Roma. El cappuccino italiano es delicioso, muy cremosito, espumoso y lo sirven en tazas pequeñas como redondas.

Hablemos de café

Café contigo es la tercera etapa de Todos Somos Iguales, el blog donde por algunos años he querido abordar el territorio y su tejido social. Con Café Contigo, deseo transmitir mi pasión por el tema del café y toda la cultura que de allí se desarrolla. Café Contigo es una nueva excusa para encontrarnos, conversar y crear una comunidad amante del café en todas sus preparaciones y en toda su cadena de producción.

Aquí les contaré historias del campo, de cultivadores; recetas, noticias, convocatorias, recomendaciones. Un espacio para hablar de BUEN CAFÉ, para mejorar las prácticas de consumo de esta bebida. Un momento para que compartamos formas de preparación, productos y prácticas que nos enriquezcan, como  país productor y poco consumidor de este producto que por tantos años fue nuestra riqueza, y que deberíamos posicionar nuevamente de adentro hacia afuera.

De la misma manera seguirá este blog compartiendo con ustedes: con fotos, con crónicas y con un tono personal; una manera de acercarnos y tejer una red social,

Desde ya los invito a ponerse en contacto conmigo para cualquier cosa relacionada con el tema del café: cultivo, beneficio, transporte, trillado, tostado, preparación y consumo. Vamos a ver, pues, si nos tomamos un mejor “cafecito”, ¡Bienvenido!

Seleccionar los granos para un buen café

Hermosa escena que me encontré en Sonsón. Me perdonan el olvido del nombre de este caballero, que en su tienda, elegía el mejor grano para hacer un buen café. En su tienda también vende jíqueras hechas de fique para la recolección de frutas, bozales en este mismo material, conocido también como cabuya.

Hablando de café, en los últimos meses he venido comprando café de hacienda, entre ellos: Café de origen del Huila Juan Valdez; Fredonia; La Virgen de oro, de Támesis; Cartama, de Briceño. De ellos, Fredonia me ha parecido delicioso, con una tostión ideal y un color de grano rojizo, cárdeno; cuerpo mediano, sabor frutal y acidez media: un café para repetir. Lo conseguí donde uno no debería comprar café: en el Museo de Antioquia. Otro café delicioso es La Virgen de Oro, ganador de varios premios y certificado, además.

A ver, pues, quién me invita a tinto bueno…

la chacita de El Gallito – Tinto barato

A mí me tocó billete de peso; de dos pesos, con los que compraba Ponque Ramo; de cinco pesos, con que pagaba el pasaje a tres con 50 pesos; de diez pesos, con que compraba un pan gigante para mi edad.

Me tocó el billete de 100 pesos con el cual se mercaba la verdura, me toco el viejo billete de mil pesos, que era algo inimaginable, era oro en papel, era sinónimo de riqueza, el cenit del dinero, el culmen de un bolsillo boyante.

A mi me tocó jugar con veletas hechas con papel de cuaderno, jugar “La vuelta a Colombia” con tapas de gaseosa con cáscara de naranja por dentro, me tocó jugar escondidijo, Yeimy, ponchao, montar en bicicleta Monark de flecos en los manilares, me tocó reir, jugar y vivir.

A mi me tocó tomar jugo de tomate simple, de zanahoria y remolacha, me tocó el jugo de piña, de guayaba, de mango y de banano con leche y naranja. A mi me tocó beber aguapanela sola y aguapanela con leche, que era el tetero de uno. Me tocó beber leche con ajo machacado y una copita de aguardiente con limón para las lombrices.

El tinto era prohibido para los niños, era sólo una bebida para grandes, aburridora, amarga bebida. ¡Y saber lo tanto que me gusta el expreso!

A mi me gusta este carrito ambulante de tintos. “Tómele al aviso, es que a mí me dicen El Gallito.

Imagen en Plazuela San Ignacio.