Juventud que exige calidad en el café

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Los nativos digitales, ávidos de información y experiencias que los hagan sentir vivos, son los nuevos consumidores que están exigiendo del mercado oferente, mejor calidad en lo que se configura como nuestra bebida nacional. Jóvenes exigentes en la información, curiosos, exquisitos en sus gustos, proponentes de experiencias y consumidores de ellas. Por eso mismo, entre muchas razones, es que el café especial entra a ser parte de sus gustos. No se trata solo de una bebida que les avisa que han llegado a la edad adulta, sino de una bebida que nos identifica. ¿Por qué tiene que ser desastrosa una experiencias sensorial por culpa de malas prácticas de preparación, como es la greca que cocina un jarabe por horas, sobre extrayendo componentes que no deberían ir a la taza?

Estos mismos jóvenes, descubren que Colombia sí puede tomar buenas tazas, ricas en sabores y diversas en su origen. Junto a ellos, también caminan las viejas generaciones que no conocían mayor oferta de café que con la que fueron “educados”, para referirnos a la publicidad que les inculcó en sus mentes la publicidad. Generaciones que están permitiéndose el disfrute de dulzuras que existían en el café sin necesidad del uso del azúcar que, a mi parecer, tampoco se puede condenar en los consumidores, pues, el caso del uso de la panela o agua de panela en nuestra bebida es también una usanza muy  colombiana ¿Y por qué no?

Ahí están ellos, jóvenes apasionados por el consumo de una rica bebida estimulante; apasionados por un oficio cuya palabra nos era extraña y apenas se comienza a masificar en nuestras tierras: barista, quien, a veces, tiene que tomar energía prestada del ego para poderse dar a conocer y lucir su conocimiento; y así, abrirse camino en medio de la gastronomía. Ahí va Colombia, descubriendo cosas que creímos dar por sentadas; conociendo algo que creíamos conocer: el café. ¡Y creo que vamos por buen camino, solo que atrasados, con referencia a otros países que ni siquiera son productores!

Comienza a ser importante el consumo interno de café

willis_corotos_coffeentonCuando se habla de café de Colombia, el imaginario nos trae el tema de la exportación a la mesa, pues, es uno de los más importantes renglones de la economía nacional y, también, uno de los más álgidos por aquello de la retribución al caficultor. Pero a la mesa pocas veces se traía una taza, para hablar de ella y del consumo nacional, un consumo de calidad. No es un secreto que la pasilla no puede salir de Colombia, pues, afecta la taza y, por tanto, la venta; lo que hace que esta producción de desecho, sea mezclada con café bueno para que no se pierda del todo.

Sentados en la mesa, el consumidor comienza a ser responsable con lo que está pidiendo y se está preocupando por darle un lugar importante al café, lugar que siempre eclipsó el vino; lo que nos ha llevado a saber más de vinos en un país que no es vinícola, que de café, en un país productor. Ahora, es increíble que extranjeros sean los que ingresen a nuestro país a darnos cátedra de calidad, preparación y cultura; cuando deberíamos ser nosotros quienes demos clase de café, acompañados de nuestra gran producción.

Pero los consumidores internos comienzan a exigirse más y a exigir a tiendas especializadas y restaurantes, un café de calidad, un café consecuente con la publicidad posicionada en la mente del imaginario colectivo. El cliente está aprendiendo y se están ofertando mejores tazas, producto de microlotes cuidados, y de una cosecha y poscosecha responsable. Se nota una “alfabetización” cafetera donde todos, somos embajadores de nuestra bebida nacional. Somos muchos quienes evangelizamos la pasión por este mundo que se complementa con la gastronomía mundial.

Por fin la mirada está puesta en nosotros y no solo en sacar el granito de oro verde, para que otros países lo tuesten y le den valor agregado y, por consiguiente, generen riqueza en sus países. Ahora es nuestro turno de aprender, innovar y dar cátedra al mundo.

 

 

27 de junio – Día Nacional del Café – Salud

Jacobo, mi hijo de cuatro años, continúa jugando con la figura hecha por un barista en ArtLatte.

De niño, me daban el café bautizado con leche para que no fuera iniciado tan temprano en bebida de adultos. Una vez adulto, le quité el vestido blanco y me quedé con el trago negro de una taza de café. Entonces fui haciendo amigos al calor de una amarga taza engolosinada con algo de azúcar.

Ahora como participante iniciado del tema, he descubierto que por muchos años fui engañado y que lo que tomé fueron jarabes de baja calidad. Iniciado, entonces, estoy en la tarea de tomar exquisitas notas en una bebida que, supuestamente, nos identifica como colombianos.

Por eso pruebo nuevas marcas, busco cafés especiales, busco orígenes que me hagan recordar a mis ancestros y sus viejas conversaciones. Busco nuevas conversaciones y busco amigos. Busco tazas bien preparadas, busco personas que poco sepan para que se apasionen como yo.

Brindo con ustedes, y con café, por nuestra bebida, por nuestro grano, por nuestros campesinos y por todos los profesionales que buscan lo mejor para el ser humano, ¡Salud!

Café creciendo entre piñas y lulos

Planta de café creciendo entre piñas y lulos. Café Don Chucho. Fredonia

Mariposas, amigas de los cultivos de café. Café de la Cumbre, Fredonia.

Tostadora de café

Una tostadora de café en Marsella, Risaralda.

Cafeterito Paisa en San Antonio de Pereira, Rionegro - Antioquia.

Estudiantes de Barismo en el SENA, La Salada, Caldas - Antioquia.

Granos de distintos microlotes. El Laboratorio de Café.

Andrés y Cristian, apasionados baristas graduados del Sena.