Expresividad cromática, común denominador en Jericó

Tome asiento, reciba la “fresquita” (viento), pase la tarde o la mañana, vea pasar vecinos, salúdelos, diga: “Buenas…”, levante la mano y esboce una sonrisa, critique un poquito si se le antoja, vaya a la nevera y sírvase un jugo de tomate de árbol, saque galletas también, llene un crucigrama, lea si se le antoja o, mejor, le propongo algo:

Saque la bolsa con fríjoles verdes en vaina y póngase a desenvainar. Traiga dos ollas: una para las pepas y otro para las vainas vacías que sirven pa’ la aguamasa. Póngase un trapito entre las piernas pa’ que no ensucie la ropa. Hágale, pues, póngase a sacar fríjoles y entretenga la tarde.

Los dejo con esta tercera tanda de puertas, ventanas y color de Jericó.

Jericó, paroxismo cromático

Conversando con un amigo diseñador e ilustrador de la UPB, Nelson Andrés, me decía que la carta de colores y de combinaciones de las fachadas de casas de nuestro territorio colombiano son atrevidas, hermosa-mente atrevidas. Las de Jericó, para referirme a las imágenes de este post, son lúdicas, llenas de color, vitalidad; son alegres, “lanzadas”, coquetas con el transeúnte que se deja atrapar a su paso paralelo.

Hay un aprovechamiento formal a través del color, en los materiales que hacen parte de las fachadas de estas casas. Es la idiosincracia, nuestra cosmogonía, la percepción colectiva en este pedacito del trópico, es el paroxismo cromático. ¿Exagerado?