“…no respondo por sus zapatos”

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¡También aquí encaja el alma!

- ¿En serio? Cuénteme de ello…

Estos, desgastados y desvencijados, cuya suela raya en la transparencia; estos cuyas cuerdas no anudan ya; son de un alma inconsciente. No se detiene a pensar en asideros metafísicos y, simplemente, vive la vida que le dieron ¡Y la vive intensamente, eso sí! Esta alma no teme los pelones del diario amanecer, ni se percata de consumismos ni modas visuales. Esta alma es pobre ya que no se viste de los superfluo, y ya sabes lo que dicen de las almas pobres: ¡Bienaventuradas serán!

- ¿Y esos que brillan allí, de caballero!

Impecables, brillantes y de piel nutrida; con finos acabados por dentro y suela ponderada, sin cargas a diestra o siniestra. De esa alma tengo compasión. ¡Yo mismo los he calzado, como encajando en personaje ficticio! Esa alma sufre y vive del festín político ¡es débil! …y no soportaría vivir de nuevo la pobreza de su infancia. De esos… he visto caer de altos pisos para no anudarse jamás.

¿Los va a dejar o no? Recuerde que, pasados 30 días, no respondo por su alma.

Foto: Jardín – Antioquia.

 

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Una mirada al interior

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Una pregunta para los lectores ¿Cuando miran al interior de los recuerdos, como quien mira esa casa desde afuera, qué se les viene a la mente?

“Estaba esperando a que llegara el día,
en que todas la nubes… desaparecieran.
Ahora estoy contigo,
ya puedo decir tu nombre.
Ahora podemos oirnos… otra vez”.

Pink Floyd (1996). Wearing the inside out. The Division Bell. [Acetato]. Inglaterra: EMI Music.

…”¡Instinto! Lo pide el alma. Lo reclama. Podría preguntarse por qué no, por qué no saber de dónde venimos, cuál es nuestro origen, cuál es el sustrato económico y social que nos antecede. Como un médico que escribe una historia clínica y pregunta por las enfermedades familiares y generacionales, deberíamos trazar la nuestra en ese ancestro, pues, somos el producto de esa cadena de acontecimientos que hoy nos tienen construyendo la vida, sanando el alma, creando quizás un nuevo código genético, reparándolo y escribiendo un nuevo comienzo. Algún sentido tiene el hogar que acogió nuestra alma, algún sentido debe tener cada uno de esos episodios que nos contextualizan. Es en una búsqueda permanente del alma y en un encuentro con ella cada vez. No intranquiliza esa curiosidad permanente, le da sentido de vida por el contrario ¡alegra cada pieza del rompecabezas con la que me encuentro”.

Extracto del libro no publicado: “No me llames papá”. Foto: Carlos Múnera. Jardín – Antioquia.

La máquina tragamonedas de la salud

Entonces, los payasos salen entre aplausos para hacer su festejo que otros llaman show; salen y se balancean en sus monociclos al vaivén que les dé su oído y hacen piruetas mientras montan sus aparatos con desplazamientos aleatorios. Salen los payasos y les aplaudimos, les damos meñiques y así quedamos entretenidos, que es la peor posición de quien debería ser activo: “entre-tenidos”.

Y resulta que escucho entre los escritorios, a un compañero de trabajo disertando básicamente de la salud; añadiendo que lo único que necesita Colombia, es la salud; a lo cual me uní, alzando mi voz y dejándole saber que me unía a tal posición. Entonces, aparece esta foto tomada en Jardín, en la calle que sube a Balandú y veo que allí está representada esta discusión:

Señoras y señores, pueblo de Colombia, mendigos de la salud; hemos creado el sistema de solicitud de citas para médico general y especialista, jale la palanca roja que para todos hay, cobertura del cienporciento, si cae triple la cita es suya, si no es así: “Sigue intentándolo, suerte para una próxima vez”. Mientras tanto, los televisores nos dan entretenimiento, que ni contenidos hay en esos códigos de barras de colores que la juventud actual desconoce (Así como el puntico blanco al final de la emisión ¿Final? Cómo se le ocurre, el SHOW continúa).

“Adelante, siga y mire el espetáculo de la salú; mire pero no pida, y si pide: botón verde para cita general, rojo pal especialista, amarillo para la autorización de los medicamentos y siga jalando la palanquita roja, hágale muchacho que nada se ha perdido, jale que cita no hay, se me cayó el sistema. Si se me muere, uno menos qué atender”.

Y mientras tanto, en Ciudad Gótica, la maquinita arroja sus réditos, los medicamentos hacen rico al dueño patentario aunque la tajada da para muchos. ¿Lo siniestro? curiosamente lo siniestro está en la diestra de la máquina: CONTROL.

¡Buen viernes!

Ahora, saliéndome del tema… sigo viendo la imagen y de verdad que me impresiona ¿Qué imaginó quien hizo la pintura? ¿Es de verdad un local con máquinas tragamonedas? Porque si es así, la pintura daría para espantar a los conscientes.

Jardín y el alma de su gente

Para qué color sin el hombre, para qué geometrías y bancas de parque, para qué tintos y confites, para qué helados y parques grandes, para qué fuentes y palomas cerca, sin la mirada del hombre que valide tal existencia.

Para qué balcones sin quien otee, para qué puertas y ventanas, para qué jardines, para qué flores si no hay quien las riegue y las admire, les hable cada día y saque cogoyos para multiplicar la belleza.

Para qué cafetos, para qué plataneras si no hay nadie en la cocina que nos haga sentir en el hogar, para qué cocina de leña si no hay nadie que la corte, para qué dulces si no hay quien se haga melcocha con ellos.

Es necesario, entonces, que exista el hombre para que admire lo creado o lo que existe. Es necesario quien eleve una mirada al cielo azul pero tenga la capacidad de ver más allá, en el universo oscuro y reflexione “qué es el hombre para que tengas de él memoria”, como decía el cantor cuidador de ovejas.

Algunos rostros, gestos y piel de Jardín, Antioquia.

Un Jardín que pelecha

Municipio de Jardín / Estos pipiolos saborean una dulce tarde, asoliando una inocente amistad en medio de saludables legumbres y hortalizas. No se les puede llamar aún piernipeludos, porque los infantes estos a duras penas tienen algunos alambres en la tusta.

El sol,  como pasando a través de un colador, se atreve a meterse en cada endija de las ramas de un hermoso árbol, sombra y resguardo de este vendedor.

¿Está fresquita la rracacha? claro que sí, ¿va a llevar cilantro? deme 200.

No hace falta decir que vaya a Jardín

Si es que eso es paseo obligao entre los paisas. No hace falta decirle a nadie que visite el municipio de Jardín, no hace falta hacer encuentas para saber que es uno de los bellos municipios de Antioquia.

Estas son las humildes sillas que abundan en los pueblos, en tabernas y bares… pero estas sillas son elevadas al honor de recibir sobre su piel, bellos paisajes pintados a mano.