Ocho mitos y realidades de la inteligencia emocional

Por:

Daniel Sánchez García

Profesional en coaching y neurociencia aplicada.

Cerebro en práctica.

http://www.cerebroenpractica.com

Desde la década de los ochenta hasta nuestros días las personas han entendido la importancia de la comprensión y el manejo de las emociones en sus vidas cotidianas y en las organizaciones de cualquier tamaño, razón por la cual  se han publicado toda una gama de artículos, libros y estudios –algunos serios y otros no tanto– sobre inteligencia emocional, lo que ha provocado que surjan muchas ideas ciertas y falsas, lo cual es normal  cuando un tema se da a conocer de manera masiva y hay muchas opiniones al respecto, en esta entrada trataré de hacer algunas claridades sencillas que me han sugerido los lectores y las personas que han asistido a los  cursos y conferencias de Cerebro en Práctica, así que comencemos.

 

1. ¿Debo ser empático y agradable todo el tiempo?

La inteligencia emocional no significa ser empático,  en momentos estratégicos se puede requerir enfrentar a alguien sin rodeos para hacerle ver una verdad importante aunque sea molesta.

 

2. ¿Debo expresar todo lo que siento?

La inteligencia emocional no significa darle rienda suelta a los sentimientos sacando todo lo que se tiene en la mente, contrario a lo que mucha gente piensa, se trata de manejar los sentimientos de tal modo que sean expresados adecuadamente permitiendo evitar roces y conflictos innecesarios, en especial cuando se trata de comunicar ideas o trabajar en equipo.

 

3. ¿Hay demasiada diferencia entre hombres y mujeres en cuanto al manejo de las emociones?

Es cierto que  hombres y mujeres como grupos tienden a compartir un perfil especifico de puntos fuertes y puntos débiles, por ejemplo  las mujeres en promedio tienden a tener  mayor consciencia de sus emociones, demuestran más empatía y son más aptas para las relaciones interpersonales mientras  que los hombres en promedio tienden a adaptarse más fácil a los cambios, son más enfocados  y manejan mejor el estrés, sin embargo aun con lo anteriormente mencionado son muchas  más las similitudes que las diferencias en cuanto al manejo y el entendimiento de las emociones, es fácil encontrar hombres tan empáticos como la más sensible de las mujeres, y mujeres tan capaces de soportar el estrés como el más flexible de los hombres, entonces si se hace un análisis de la inteligencia emocional en una muestra representativa y se suman los puntajes obtenidos de fortalezas y debilidades en ambos sexos, las diferencias  no son tan marcadas como  piensa el común de la gente.

 

4. ¿Los genes y la infancia determinan lo que una persona sea a nivel emocional toda su vida?

El cerebro posee una característica muy especial llamada neuroplasticidad, es decir, puede cambiar, aprender y desaprender, los genes y la infancia no determinan el nivel de inteligencia emocional de una persona, las habilidades en el manejo de las emociones pueden ser desarrolladas y entrenadas a lo largo de la vida y las experiencias.

 

5. En esta vida no hay lugar para las emociones, los hechos son más sólidos y útiles.

La verdad es que las emociones están presentes en todo momento, no podemos dejar de sentir, nuestra conexión con los demás es a través de las emociones y estas nos proporcionan información bastante útil de nosotros mismos y de los demás.

 

6. La inteligencia emocional conlleva más abrazos y toqueteos de lo usual.

A veces expresar una emoción conlleva un aspecto físico –una palmadita en la mano o un abrazo de consuelo–, pero la inteligencia emocional no significa tener permiso para tocar a quien no le apetece que lo toquen. De hecho, eso se considera ser muy poco inteligente emocionalmente  en determinadas situaciones.

 

7. Mis sentimientos o emociones no son perceptibles para los demás.

 Eso es totalmente absurdo. Las personas son tremendamente perceptivas y se dan cuenta cuando las palabras no concuerdan con el lenguaje corporal. Todos tenemos la habilidad de observar las emociones de manera verbal y especialmente de manera no verbal a través del lenguaje facial y corporal.

 

8. Sólo debemos centrarnos en las emociones positivas, no en las negativas.

Esa afirmación tiene mucho de cierto desde el punto de vista de la salud. No obstante, las emociones negativas son un síntoma de que algo necesita cambiar y son importantes; Las emociones negativas son parte de la vida, resulta útil saber cómo afrontarlas e identificar las que más pueden debilitarnos si las dejamos entrar, si las emociones negativas existen es precisamente porque envían mensajes que vale la pena considerar y  no se deben tomar como inexistentes.

 

Mencionado todo lo anterior, les puedo asegurar que existe contenido muy útil en cursos particulares, libros y material audiovisual alojado en la web y redes sociales que aporta muchísimos beneficios a las personas que desean mejorar en sus relaciones personales y tener una mejor calidad de vida al  gestionar adecuadamente las emociones propias y las de los demás, por experiencia les puedo decir que es muy gratificante y vale la pena apostarle.

 

Nos vemos, hasta la próxima.

 

Daniel Sánchez García

Profesional en coaching y neurociencia aplicada.

Centro de capacitaciones y asesorías integrales Cerebro en Práctica.

http://www.cerebroenpractica.com