Las expectativas que tengamos sobre alguien potencian o limitan sus pensamientos y acciones

Por:

Daniel Sánchez García

Profesional en coaching y neurociencia aplicada.

Cerebro en práctica.

http://www.cerebroenpractica.com

 

“Si te acepto tal y como eres te estaré haciendo daño; en cambio, si te trato según lo que pienso que eres capaz de hacer, te ayudaré a lograrlo”.

Johhann Wolfgang Von Goethe.

 

Muchos hemos oído hablar de los experimentos de Ivan Pavlov, quien entrenó a unos perros para que salivaran ante el sonido de un timbre porque era la señal de recibir comida, después de un tiempo sólo con sonar el timbre los perros salivaban, por una razón muy simple, tenían  una expectativa de ser alimentados.

 

Una persona tiende a tomar decisiones en función de cómo esperan los demás que actúe, es decir, cumple las expectativas negativas o positivas; hay una frase muy popular, lo que se mide se hace, en este caso, lo que se espera es lo que pasa en realidad.

 

Una persona se esfuerza inconscientemente por cumplir las expectativas, si usted cree en alguien, muestre confianza en esa persona, expréselo, espere que tenga éxito y verá muy rápido resultados diferentes, como alguna vez dijo Jonh H. Spalding: “Los que creen en nuestra capacidad hacen algo más que estimularnos, nos crean un ambiente en el que es más fácil tener éxito”.

 

La mayoría de nosotros inconscientemente enviamos a los demás nuestras propias expectativas, el poder que podemos ejercer al querer influenciar de manera positiva radica en hacerlo de forma consciente, ¿cómo hacerlo?

 

Diga palabras positivas a las personas, piense que en verdad pueden, confíe así el otro se equivoque, transmítalo a través de sus palabras, de su lenguaje no verbal, adjudíquele responsabilidades a esa persona irresponsable y piense sinceramente en que logrará cumplir, esa persona programará su cerebro al logro, visualice esa persona haciendo cosas que todos pensarían que no haría bien,  etiquetar al otro de forma negativa y a priori es muy fácil, hágase el propósito de etiquetar al otro de forma positiva y manifestárselo incluso públicamente, con seguridad esa persona querrá cumplir para defender su honor.

 

Es muy simple, sea como Pavlov que con el sonido del timbre hacía que los perros salivaran y esperaran comida, haga que cada una de sus acciones hacia los demás sean el sonido del timbre  y que las expectativas de esas personas sean esforzarse,  motivarse y finalmente hacer las cosas bien, y si es posible haga el ejercicio con usted mismo, cree expectativas positivas para usted mismo y con certeza comenzará a crear expectativas positivas en los demás con más frecuencia y facilidad, su cerebro y sus resultados se lo agradecerán.

 

Nos vemos, hasta la próxima.

 

Daniel Sánchez García

Profesional en coaching y neurociencia aplicada.

Centro de capacitaciones y asesorías integrales Cerebro en Práctica.

http://www.cerebroenpractica.com